Perversa obsesión del mafioso
img img Perversa obsesión del mafioso img Capítulo 5 No puedes escapar de mí
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Capítulo 6 Tensión img
Capítulo 7 Enfrentamiento img
Capítulo 8 Nadie toca lo mío img
Capítulo 9 Tortura img
Capítulo 10 Karma img
Capítulo 11 Ataque img
Capítulo 12 ¿Enamorado img
Capítulo 13 Nuevo trato img
Capítulo 14 Poder img
Capítulo 15 Entrega img
Capítulo 16 Agradecimiento img
Capítulo 17 Enfrentandolo img
Capítulo 18 Lección img
Capítulo 19 ¿Trampa img
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Capítulo 5 No puedes escapar de mí

Luciano siguió a Aurora luego de que escapó del infierno. Sus hombres se encargaron de quitar del camino a cada uno de los que decidieron infiltrarse en uno de sus bares. Los cuerpos inertes de cada uno de los integrantes de aquella pandilla fueron sacados de ahí como si nada hubiera pasado.

Él la siguió hasta la casa de ella, una casa pobre y en ruinas. Él vio a los hombres de su peor enemigo, ese hombre que un día había sido su socio, pero que había decidido traicionarlo.

Sin esperar más tiempo le disparó con precisión a los hombres que estaban custodiando la casa, sin menor esfuerzo. Era experto en hacerlo.

Se hizo al lado de la puerta escuchando la conversación, las amenazas de su enemigo y prácticamente las súplicas de Aurora.

Sonrío porque había encontrado el momento adecuado para encargarse de ellos dos al mismo tiempo. Como siempre todo se acomodaba a su favor evitando que él saliera perdiendo.

Escuchó el disparo, le hizo señas a sus hombres para que aguardaran.

Justo cuando vio el momento adecuado entró, lo que más disfrutaba era verle la cara cargada de frustración al hombre que lo traicionó.

Y Aurora... debía pagarle cualquier manera la deuda que tenía con él.

-Te equivocas, Aurora no irá contigo a ningún lado porque ella es mi esposa -dijo Luciano con seguridad.

Aurora con los ojos completamente aguados lo miró, sus miradas se conectaron por unos cuantos segundos haciendo que ella tuviera la misma sensación de cuando lo vio por primera vez.

-¿Tu esposa?... basta Luciano, ni tú mismo te crees tus mentiras. Más te vale que te largues o te vuelo los sesos -Luciano sonrió ante las amenazas de su enemigo.

Luciano sonrío ampliamente chasqueó con sus dedos y en ese momento sus hombres entraron todos apuntándole.

-¿Así que me volarás los sesos? estás en completa desventaja. Estás solo, porque los inservibles que te cuidaban la espalda ahora tienen una bala en la cabeza. Mira tendré compasión contigo y te dejaré ir porque no mereces morir de esta manera.

Luciano dio dos pasos acercándose a él sin dejar de apuntarle, endureció cada uno de sus músculos mientras la rabia se apoderaba de él.

-Mereces morir peor que una rata, lenta y tortuosamente. Y disfrutaré cada segundo que te haga agonizar, ahora vete.

El hombre le dio una mirada a Aurora y luego de nuevo miró a Luciano fijamente. La guerra entre ellos no había terminado.

-Ganaste está vez Luciano, pero nadie me quita lo que es mío.

-Te equivocas, Aurora no es, ni será tuya -Luciano respondió sin quitarle la mirada.

Luciano vio como él salió de allí, como un perdedor.

Sonrío lleno de satisfacción.

Aurora con temor agarrando fuertemente a su hermana ignorando por completo la presencia de Luciano, camino hasta donde su abuela.

La mujer estaba sangrando. Aurora comenzó a temblar mientras que sus manos se dirigían hacia la herida de ella.

-Por favor aguanta... Lo siento tanto. Todo esto es mi culpa -dijo mientras lloraba sin detenerse.

Luciano la miró desde su posición, sin causar un poco de compasión en él la escena que tenía al frente.

Llegó hasta donde ella y se agachó.

-Creo que ahora no solo tienes la deuda económica conmigo, sino que también me debes que te haya salvado de ese malnacido.

-Solo quiero que ella sobreviva -respondió Aurora con su voz entristecida.

Dándose completamente por vencida.

Luciano hizo señas y uno de sus hombres se acercó al cuerpo de la abuela de Aurora y le tomó los signos. Sin embargo, la falta de pulso en la mujer hizo que el mundo de Aurora se desmoronara.

-Ya no tiene pulso, la herida fue fulminante.

Esas palabras cayeron como balde de agua helada sobre ella. De nuevo, perdía a alguien que amaba sin poder hacer nada.

La culpa, el remordimiento y el dolor.... Uno tras otro fue apareciendo en ella, sin piedad alguna.

Su hermana lloraba desconsolada, pero Aurora no podía hacerlo, estaba totalmente aturdida. Estaba en shock.

Aurora sintió como todo su cuerpo comenzó a sudar frío, hasta perder por completo su conciencia y caer.

Ella tardó un poco en abrir los ojos luego de que estos se acostumbraran a la luz. No reconoció el lugar en donde estaba, miró a su alrededor y no veía nada más que cuatro paredes.

Estaba acostada en una cama, sin ataduras.

Intentó levantarse, pero su cabeza le dolía.

Se sentó y en ese momento una ráfaga de recuerdos llegaron a ella. Necesitaba salir de allí, y buscarlas.

Justo cuando estaba a punto de levantarse de la cama la puerta se abrió y Luciano entró con su porte intimidante.

-¿Qué intentas hacer? -preguntó él.

-¿En dónde estoy?

-En una de mis casas -respondió él con naturalidad-. Te desmayaste.

-Mi abuela... ella...

-Ella está muerta, Dante Russo la mató.

Aurora tapó su boca y comenzó a llorar, no había sido un mal sueño, era incluso peor, era una completa pesadilla.

Había perdido a su abuela, por culpa de un hombre que solamente la buscaba ella.

Ella lloró. Lloro todo lo que no pudo en ese momento cargado de conmoción.

-¿En dónde está mi hermana? -preguntó al mismo tiempo que limpiaba todo su rostro, cuando reaccionó-. Respóndeme ¿en dónde está ella? -Aurora subió su voz.

Su paciencia había acabado y toda ella era un caos completo en esos momentos.

-Ella está bien, está durmiendo en una habitación aquí al lado. -Él se acercó a ella-. No debería ser tan bueno contigo, especialmente porque me debes dinero y aún sabiendo eso decidiste escapar y no pagar.

Ella apretó sus dientes, sentía rabia al escucharlo hablar.

-Sin embargo, encontré en ti algo que necesito. Te ayudaré a que puedas vengarte de Dante Russo. Al mismo tiempo que pagas la deuda que tienes conmigo.

Aurora detuvo su llanto, un escalofrío le recorrió de nuevo con sus palabras.

-Al parecer le interesas mucho y eso es un punto muy a mi favor.

-No lo conozco, no sé quién es él. Pierdes tu tiempo.

-Puede que tu no lo conozcas, pero él sí te conoce. Le gustas, le interesas y eso me conviene. -Él hizo una pausa y la tomó del mentón haciendo que ella lo mirara-. No tienes otra opción más que aceptar, me pagarás la deuda, te vengarás de ese maldito con mi ayuda, lo destruiré y si haces bien tu trabajo, te protegeré a ti y a tu hermana.

-¿Y qué pasará si no acepto?

-¿No creo que quieras perder a alguien más o me equivoco? -ella negó con su cabeza-. Perfecto, entonces a partir de ahora serás mi esposa, te casarás conmigo Aurora.

-Está bien, acepto.

Aurora lo observó fijamente, se encontraba entre la espada de la pared. Solo esperaba que ese trato con Luciano no le fuera a costar su vida.

                         

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