-Así que estás tratando de escapar -mencionó el hombre con una cicatriz enorme en su rostro-. Al jefe no le va a gustar para nada enterarse que no le van a pagar el dinero.
-Sí le pagaré -respondió Aurora con seguridad-. Le pagaré todo.
El hombre comenzó a reír, su mirada la asqueaba por completo.
-¿Entonces por qué estás escapando? -él lame sus labios mientras habla, Aurora siente pánico, solo puede apretar con fuerza la mano de su hermana.
Aurora miró de reojo a su hermana, las deudas la estaban sofocando, en esos momentos le era imposible pagar su préstamo y cubrir con todos los gastos de la casa, lo único que quería era ponerla a salvo.
-Eres una desagradecida. No solo se te dio dinero para que cubrieras con los gastos de tu abuela, sino que también para que pudieras darle de comer a tu hermana y así es como pagas el favor. Si no fuera por ese dinero, estarían muertas.
-Lo pagaré, pagaré hasta el último centavo -habló con voz agitada Aurora intentando retroceder.
-Es que ya no hay más tiempo... mi jefe ya no quiere esperar más. Y si no nos pagas nos toca cobrarnos de otras formas. -Él chasqueó sus dedos haciendo que el miedo se apoderara de ella.
Aurora sintió terror, la manera en la que él las miraba, la atemorizaba por completo.
Lo único que pasaba por su cabeza era correr... correr con todas sus fuerzas, y confiar de que esa era la mejor manera de escapar.
No obstante, había que ser realista. Ellas dos contra él, no eran nada.
-¿Y bien? -él preguntó sacándola de su ensoñación.
Ella dejó a su hermana a un lado, y caminó hacia el hombre.
Había perdido a sus padres hace poco tiempo provocando un dolor insuperable en ella, no estaba dispuesta a perder a nadie más. Su hermana y su abuela eran lo único que le quedaba.
Desde el momento que perdió a sus padres, la vida de Aurora era todo un caos, escapando de una y otra cosa por las malas decisiones de ellos.
Cuando estuvo muy cerca de él, gritó con fuerza.
-¡Corre hermana! -dijo y luego lo empujó, creyendo que sería más rápida.
Sin embargo, él la sujetó fuertemente evitando que ella pudiera soltarse de su agarre.
Aurora vio como su hermana corrió lejos de ellos. No le importaba a donde pudiera llegar, lo único que quería era que estuviera bien, lejos del peligro que sus malas decisiones podrían ocasionar.
Aurora intentó soltarse, él con una sola mano la llevaba directo hasta el carro. Mientras mantenía una sonrisa triunfante en su rostro.
Su mirada se cristalizó, era el fin, y ni siquiera había podido despedirse de su abuela y agradecerle por todo o garantizar que su hermana estuviera bien.
Aurora intentó una vez más luchar, lo mordió fuertemente, él se quejó sintiendo como su mano se mojaba con aquel líquido rojizo.
Ella intentó correr al creer que ese era el momento, sin embargo, de nuevo se equivocó.
Sintió la presión en su cabello cuando él la jaló con fuerza y de un solo empujón la metió en el carro, ella comenzó a gritar y se movió de un lado a otro intentando llamar la atención de alguien, abrir la puerta del carro o que al menos el hombre tuviera compasión por ella y la dejara libre.
Él sonrió y sin esperar más tiempo, y le inyectó algo dejándola completamente inconsciente.
Aurora abrió los ojos, no recordaba mucho. Su cabeza dolía, todo su cuerpo se sentía pesado y el hecho de no recordar absolutamente nada la abrumaba mucho más.
Ella intentó moverse, pero sus manos y piernas estaban atadas, su cabeza dolía, todo su cuerpo dolía.
-¡Ayuda! -gritó creyendo que alguien la podía sacar de allí-. ¡Alguien que me ayude!... por favor.
El silencio era perturbador, estaba en medio de cuatro paredes que no dejaban que ni un rastro de sonido saliera de ahí.
Sus mejillas se llenaron de lágrimas, la desesperación la estaba carcomiendo totalmente.
Ella perdió la noción del tiempo, no sabía cuántos minutos u horas habían pasado desde que despertó.
Sus manos dolían de la fuerza que estaba haciendo para intentar soltarse. Ella se sobresaltó cuando escuchó el crujir de la puerta avisando que alguien estaba acercándose.
Se llenó de valor, sin importar lo que fuera a pasar. Necesita recuperar su libertad a como diera lugar.
Un hombre alto, vestido completamente de negro apareció. Era joven y lo suficientemente apuesto como para descrestar a cualquier persona.
Él se acercó de forma peligrosa a ella, el pecho de Aurora comenzó a subir y a bajar con rapidez, su presencia generaba un torbellino de emociones dentro de ella.
-Quiero que me suelten, ya les dije que pagaré todo -espetó.
Él negó moviendo su cabeza, soltó una sonora carcajada, su voz gruesa y ronca hizo que ella se erizara por completo. El olor amaderado que emanaba de él, entró por las fosas nasales de Aurora.
Luciano sacó un pequeño cuchillo y le puso muy cerca de ella.
-Son unos cobardes, esto es un delito, me tienen en contra de mi voluntad, esto no se quedará así. Tú y tu jefe se pueden ir al infierno. -Ella escupió, él movió su rostro y limpió su mejilla.
-Soy el jefe niñita y sí, seguramente allí iré. Pero no me molesta... el infierno es mi lugar favorito. -Él la agarró con fuerza de sus mejillas haciendo que lo mirara-. Y si no quieres ir a hacerme compañía más te vale pagar hasta el último centavo de lo que me debes..
-Lo haré, lo prometo que lo haré.
-Por muchos días envíe a mis hombres, pero no pudieron hacerse cargo de ti. -Él curvó la comisura de sus labios con una sonrisa-. Ahora seré yo quién se encargará de cobrarte tu deuda... y ya no me interesa que me pagues con dinero.