/0/20999/coverbig.jpg?v=5e26b77f9e1505408efaa48dfcf180cc)
"Señor Stanley, puedo asegurarle que mis dos hijas son extraordinarias. Serán las esposas perfectas para sus nietos. Ya verá, una vez que se concreten los matrimonios, esta será la mejor decisión de su vida".
Una voz que Gracie conocía demasiado bien resonó en sus oídos: cálida, entusiasta, descaradamente orgullosa.
Sus ojos se abrieron de golpe y su respiración se entrecortó en su garganta.
Se suponía que ella estaba muerta; recordaba la caída desde el piso dieciocho, el silbido del viento y el impacto brutal. ¿Cómo demonios estaba de nuevo dentro de la finca de su familia?
La sala de estar se extendía ante ella, inmaculada como siempre. La luz del sol se filtraba por el tragaluz alto, esparciendo un calor dorado sobre los brillantes pisos. Una delicada fragancia, de jazmín o quizás de lirios, flotaba débilmente en el aire.
De repente, todo volvió a ella de golpe.
Ese día marcaba la llegada de Kevin Stanley con una audaz propuesta: entrelazar sus familias a través de dos matrimonios.
Gracie había elegido a su nieto menor, Theo, una decisión que abrió la puerta a una oscuridad que un día le costaría la vida.
Sin embargo, ahora, al despertar en la familiaridad de la situación, un pensamiento escalofriante la golpeó: ¿había renacido?
Si el destino le ofrecía una segunda oportunidad, reescribiría cada una de sus decisiones. Ya no volvería a ser tan ingenua; todas las personas que la habían lastimado pagarían por ello.
La familia Stanley se encontraba indudablemente en la cima, su imperio entretejido en la estructura misma de la ciudad.
Casarse con uno de ellos era el sueño de muchas personas.
Sin embargo, la familia Stanley los había elegido a ellos porque, décadas atrás, el abuelo de Gracie, Danny Sullivan, había servido junto a Kevin en el ejército. Danny le había salvado la vida una vez y, en agradecimiento, Kevin había jurado una deuda de honor: sus linajes se unirían algún día por matrimonio.
Cuando los nietos alcanzaron la mayoría de edad, los Stanley se sintieron obligados por honor a hacer una propuesta formal, independientemente del resultado.
Para entonces, la fortuna de los Sullivan había decaído, por lo que la propuesta se sintió como una bendición que no podían rechazar.
Una sombra cruzó la mirada de Gracie. En su vida anterior, su media hermana menor, Ellie Sullivan, había tomado su decisión primero, atrapando a Brayden, heredero del poderoso conglomerado de la familia.
Convertirse en la esposa de Brayden significaba entrar de lleno en un mundo de lujo e influencia.
Sin embargo, el corazón de él ya pertenecía a otra mujer, y casarse con una hija de los Sullivan no era más que un gesto de deber a los deseos de su familia.
Tras casarse, Brayden mantuvo a Ellie a raya. En público, interpretaban el papel de una pareja perfecta, pero a puerta cerrada sus vidas apenas se tocaban.
Demasiado orgullosa para ser la segunda opción de nadie, Ellie arremetió en secreto contra la mujer a la que él amaba de verdad, conspirando, atacando y empujándolo paso a paso hacia la tragedia. Su crueldad lo destrozó física y espiritualmente, y la muerte de Ellie llegó poco después, al morir en el parto.
Gracie levantó lentamente la barbilla y sus ojos se encontraron con los de Theo con tranquila determinación.
Él parpadeó, levemente sorprendido, antes de esbozar una sonrisa suave. Cada centímetro de su cuerpo exudaba seguridad y una elegancia cultivada; era la imagen misma de un hombre imposible de no admirar.
Aun así, un escalofrío recorrió a Gracie mientras el pavor le arañaba el cuerpo; conocía demasiado bien la crueldad que se ocultaba tras su pulcro aspecto.
Fragmentos de su vida anterior volvieron a su mente, drenando el color de su rostro. Bajó la mirada instintivamente, sin querer encontrarse con la suya.
"¿Qué le parece esto, señor Sullivan? Dejemos que las chicas elijan con quién quieren casarse", dijo Kevin y soltó una carcajada sonora.
Alan Sullivan, el padre de Gracie, se rio con tranquilidad. "Excelente idea".
Gracie mantuvo la cabeza gacha, clavándose las uñas en las palmas de las manos para mantenerse concentrada.
Su padre nunca rechazaría una unión con los Stanley; ni ella ni Ellie tenían voz ni voto en el asunto.
"¡Papá!", dijo Ellie, rompiendo el silencio. "Elijo a Theo".
Gracie se sorprendió. Eso no era lo que había pasado en su vida anterior. ¿Por qué Ellie había cambiado de decisión esta vez?
Jane Sullivan, la madre de Ellie, le lanzó una mirada aguda y le dijo en voz baja pero cortante: "Piensa con cuidado antes de hablar".
Brayden iba a heredar la vasta fortuna de los Stanley, mientras que Theo, por muy brillante que fuera, no tenía ningún gusto por los negocios. ¿Qué clase de futuro podría traerle un matrimonio con él?
"Elijo a Theo". Ellie se levantó con elegancia y con una sonrisa brillante y segura, mientras sus ojos se encontraban con los de Theo.
Este se rio levemente en respuesta, aunque su mirada se posó en Gracie un instante antes de apartarla.
Alan frunció el ceño. No aprobaba esta elección, pero no podía negarle nada, así que guardó silencio.
"¿Y tú, Gracie?", preguntó.
Tomando una respiración profunda, la aludida alzó la vista y señaló lentamente a Brayden.
La expresión del hijo mayor permaneció helada; le dedicó una mirada fugaz antes de desviar la vista hacia otro lado.
Cuando Gracie dejó caer la mano, notó el peso de una mirada burlona que le rozó la piel como hielo y un temblor la recorrió.
Se obligó a tragar el nudo que sentía en la garganta mientras su pulso se aceleraba.
El resto de la conversación le resultó como en una neblina: las palabras pasaban como el viento y sus pensamientos giraban en su interior.
¿Acaso esta segunda oportunidad en la vida no era más que una cruel ilusión?
Pero el escozor de sus uñas clavándose en la palma de su mano le dijo que no era un sueño en absoluto.
Cuando terminó la conversación, todos se dirigieron al comedor. Los Stanley se disculparon poco después de la cena.
Theo se demoró para una despedida cortés, con una voz suave y magnética y una mirada que contenía un encanto tranquilo.
Brayden, en cambio, no dirigió ni una sola mirada a Gracie ni a Ellie; simplemente se dio la vuelta y se marchó.
Cuando la atención de Theo se desvió, la tensión abandonó el cuerpo de Gracie, que exhaló un largo suspiro del que no era consciente.
Se levantó de su asiento y se dirigió a su habitación.
Al pasar por el estudio, unas voces bajas llegaron a sus oídos: una conversación que no tenía intención de escuchar.
"¿Perdiste la cabeza? ¿Por qué elegiste a Theo? Con Brayden en escena, Theo no tiene ninguna posibilidad de heredar el imperio Stanley", le espetó Jane a su hija, con la voz cargada de irritación.
Ellie y Gracie compartían padre, pero no madre: la madre de Gracie había fallecido un año antes de que Alan se volviera a casar. Jane se había integrado en la familia poco después, trayendo consigo a su propia hija, Ellie.
No era ningún secreto que Alan había traicionado a la madre de Gracie y, durante años, esta había vivido en su propia casa como una intrusa.
"¡Mamá, no lo entiendes!", dijo Ellie con voz tensa por la frustración. "Brayden está enamorado de otra persona. Solo aceptó este arreglo porque no tenía otra opción. Haga lo que haga, ni siquiera me mirará".
Jane replicó, con tono cortante y ansioso: "¡Pero si te casas con Theo, le estás entregando todo ese prestigio directamente a Gracie!".
Ellie soltó una risa quebradiza. "Por favor. ¿Qué la hace digna de eso? El corazón de Brayden pertenece a otra mujer. Gracie no podría competir ni aunque quisiera. Aunque se casara con él, su naturaleza tranquila nunca captaría su afecto. Theo, en cambio, era considerado, de habla suave, de modales firmes y totalmente devoto una vez que se preocupaba por alguien. Y el sucesor del imperio Stanley todavía está lejos de decidirse".
Bajando la mirada, Gracie empujó la puerta y se apoyó ligeramente en el marco. Sus ojos se desviaron hacia su muñeca, lisa, impecable, sin una sola cicatriz. Una horrible cicatriz había marcado ese lugar en su vida anterior.
¿Theo era devoto? Ellie no podía estar más equivocada. En realidad, ese hombre era frío, manipulador y perturbadoramente hábil para retorcer la mente de la gente. Todo lo que había ganado antes se había construido sobre el sufrimiento de Gracie.
Juró que en esta vida nadie volvería a hacerle daño de la misma manera.
Bajo el disfraz
Cuando eran niños, Derek le salvó la vida a Norah. Años después, Derek quedó en estado vegetativo tras un accidente automovilístico y Norah se casó con él sin vacilar ni un instante. Con sus conocimientos médicos, incluso lo curó. Durante dos años, lo Norah amó con todo su corazón, esperando poder devolverle su bondad. Pero cuando el primer amor de Derek regresó, él pidió el divorcio. Sin dudarlo, ella firmó el documento. Lo que pocas personas sabían era que ella, etiquetada como "abandonada", era en realidad una piloto de carreras, una famosa diseñadora, una genio hacker y una reconocida doctora. Arrepentido de su decisión, Derek le suplicó perdón. Justo entonces, un encantador CEO intervino, abrazó a Norah y advirtió: "¡Aléjate! ¡Es mi mujer!". Sorprendida, Norah soltó: "¿Qué?".
Leer ahora
Mi inútil esposo resultó ser un billonario
Linsey fue abandonada por su novio, quien huyó con otra mujer el día de su boda. Furiosa, ella agarró a un desconocido al azar y declaró: "¡Casémonos!". Había actuado por impulso, pero luego se dio cuenta de que su nuevo esposo era el famoso inútil Collin. El público se rio de ella, e incluso su fugitivo ex se ofreció a reconciliarse. Pero Linsey se burló de él. "¡Mi esposo y yo estamos muy enamorados!". Aunque todos pensaron que deliraba. Entonces se reveló que Collin era el hombre más rico del mundo. Delante de todos, se arrodilló y levantó un impresionante anillo de diamantes mientras declaraba: "Estoy deseando que sea para siempre, cariño".
Leer ahora
Sus múltiples identidades ocultas
Era una doctora talentosa de fama mundial, CEO de una empresa que cotiza en bolsa, la mercenaria más formidable y un genio de la tecnología de primer nivel. Marissa, una magnate con una plétora de identidades secretas, había ocultado su verdadera identidad para casarse con un joven aparentemente empobrecido. Sin embargo, en vísperas de su boda, su prometido, que en realidad era el heredero perdido de una familia adinerada, canceló el compromiso, incluso la humilló y se burló de ella. Cuando las identidades ocultas de la chica salieron a la luz, su exprometido se quedó atónito y le suplicó desesperadamente que lo perdonara. De pie, protector ante Marissa, un magnate increíblemente influyente y temible declaró: "Esta es mi esposa. ¿Quién se atrevería a quitármela?".
Leer ahora
El voto de la madre olvidada: Recuperando lo que es suyo
Isabelle amó a Kolton con devoción inquebrantable por quince largos años, hasta que el día del parto la sumió en un coma. Él se acercó a su oído y musitó con dulzura venenosa: "No despiertes nunca. Para mí, ya no vales nada". El hombre que creía tierno y dedicado, en realidad solo sentía por ella un hastío infinito y una utilidad infinita. Los gemelos que ella dio a luz con tanto riesgo, junto a su lecho de enferma, llamaron "mamá" con dulzura a su amor platónico. Con el corazón completamente roto, al despertar, lo primero que hizo Isabelle fue divorciarse con determinación. Tras el divorcio, Kolton solo entonces cayó en la cuenta de que su vida estaba plagada de los rastros de Isabelle, y esa mujer se había convertido en su costumbre. Cuando se reencontraron, Isabelle apareció en la conferencia como la experta médica principal, deslumbrante y acaparando todas las miradas. Esa mujer que una vez lo tuvo en su corazón y mirada, ahora ni siquiera le dirigía una mirada. Kolton creía que solo estaba enojada, que con solo que él hablara, Isabelle volvería, pues lo había amado hasta los huesos. Pero en su gala de compromiso, saltó a los brazos de un magnate. Kolton enloqueció de celos, con los ojos enrojecidos, aplastó una copa hasta que la sangre manó...
Leer ahora
Amor posesivo: mi marido discapacitado
"Necesitas una novia, yo necesito un novio. ¿Por qué no nos casamos?". Ambos abandonados en el altar, Elyse decidió casarse con un hombre desconocido con una discapacidad. Compadeciéndose de su situación, prometió cuidarlo y mimarlo una vez que estuvieran casados. Poco sabía ella que él era en realidad un rico influyente. Jayden pensaba que Elyse solo se casaba con él por su dinero y tenía la intención de divorciarse de ella cuando ya no le sirviera. Pero después de convertirse en su esposo, se enfrentó a un nuevo dilema. "¡Ella sigue pidiendo el divorcio, pero yo no quiero eso! ¿Qué debería hacer?".
Leer ahora
Su arrepentimiento después de divorciarse
Estimado lectores, este libro ha reanudado las actualizaciones diarias. A Sabrina le tomó tres años completos darse cuenta de que su esposo, Tyrone, no tenía corazón. Era el hombre más frío e indiferente que jamás había conocido. Nunca le sonrió, y mucho menos la trató como su esposa. Para empeorar las cosas, el regreso de la mujer por la que él tenía interés solo le trajo a Sabrina los papeles del divorcio. Esta última sintió que se le rompía el corazón. Con la esperanza de que aún hubiera una oportunidad para trabajar en su matrimonio, preguntó: "Tyrone, hay una pregunta que me atormenta. ¿Todavía te divorciarías de mí te dijera que estoy embarazada?". "¡Por supuesto!", respondió él. Al darse cuenta de que no significaba nada para él, Sabrina decidió dejarlo ir. Firmó el acuerdo de divorcio mientras yacía en su cama de enferma con el corazón destrozado. Sorprendentemente, ese no fue el final para la pareja. Parecía que a Tyrone se le abrieron los ojos después de firmar los papeles. l hombre que una vez fue tan desalmado se arrodilló junto a su cama y rogó: "Sabrina, cometí un gran error. Por favor, no te divorcies de mí. Prometo cambiar". Sabrina sonrió débilmente, sin saber qué hacer...
Leer ahora