Su mano estalló contra mi mejilla en una cachetada aguda y punzante. La fuerza del golpe sacudió mi cabeza hacia un lado. Al mismo tiempo, desató toda la fuerza brutal de su Comando de Alfa: un mazo psíquico destinado a destrozar mi voluntad.
*¡Guardarás silencio! ¡Obedecerás!*
Mi cuerpo se agarrotó, paralizado por el Comando. El lado de mi cara ardía con un fuego blanco. Pero adentro, en el núcleo de mi ser, una calma extraña y aterradora descendió. El dolor era distante, como si le estuviera sucediendo a alguien más.
Y entonces, algo se rompió.
La sangre del Lobo Blanco dentro de mí no solo hirvió; se encendió. Un torrente de energía pura, blanca y plateada, surgió a través de mis venas, un poder tan inmenso y primitivo que hizo añicos el Comando de Alfa de Santino como vidrio frágil. Sentí las cadenas psíquicas caer, y por primera vez, escuché a mi propia loba interior.
No fue un gruñido. Fue un rugido que sacudió los cimientos de mi alma.
Lentamente, me puse de pie. Mis movimientos eran fluidos, deliberados. Miré a Santino, mis ojos vacíos, antiguos.
Desenrollé mis dedos sangrantes y dejé caer los fragmentos rotos de la piedra lunar al suelo a sus pies.
Una ofrenda final a un amor muerto.
Tomé una respiración profunda. El aire en la habitación parecía crepitar con energía. Luego, con una voz que era inquietantemente clara y firme, pronuncié las palabras que terminarían nuestro mundo.
-Yo, Alessia Bianchi, te rechazo a ti, Santino Moretti, como mi compañero.
En el momento en que las palabras dejaron mis labios, una onda de choque invisible estalló desde mi propia alma. El lazo de Compañeros, el vínculo sagrado que nos había atado, se rompió. El sonido fue un grito silencioso en mi mente, una agonía física tan intensa que dobló mis rodillas. Jadeé, aferrando mi pecho como si mi corazón hubiera sido arrancado físicamente de él.
Al otro lado de la habitación, Santino soltó un grito ahogado e inhumano y colapsó de rodillas. Podía sentir a su lobo Alfa, su esencia misma, aullando en el abismo donde solía estar nuestro lazo. Podía sentir su desesperación, su agonía al ser arrancado de su otra mitad. Compartíamos el dolor de la separación, pero el suyo era el tormento del que se queda atrás.
El rostro de Valentina, por una fracción de segundo, mostró shock, luego un destello de triunfo puro y sin adulterar. Rápidamente compuso sus facciones en una máscara de preocupación mientras corría al lado de Santino.
Un silencio atónito cayó sobre los miembros de la manada que se habían reunido en el pasillo. Una Luna rechazando a su Alfa era un evento de proporciones cataclísmicas. Era una traición fundamental a la estructura de la manada, un desafío a la misma Diosa Luna.
Pero mientras el dolor abrasador del rechazo corría a través de mí, fue recibido por la marea creciente de mi poder despertado. Sentí la energía del Lobo Blanco fusionarse a mi alrededor, un aura tenue y plateada brillando en el aire.
Damián estuvo instantáneamente a mi lado, su brazo fuerte sosteniéndome, evitando que cayera.
-Alessia -susurró, su voz espesa con una mezcla de horror y lealtad feroz.
Santino se puso de pie a duras penas, su rostro una máscara de incredulidad y pánico.
-No -respiró, lanzándose hacia mí-. No puedes.
Damián bloqueó su camino.
-¡Soy tu Alfa! ¡Te ordeno que lo retires!
Su Comando de Alfa me bañó, pero esta vez, fue como una brisa suave contra una montaña. No tenía poder sobre mí. Ya no.
Lo miré, mi mirada tan fría y distante como una estrella moribunda.
-Cortaste nuestro lazo en el momento en que levantaste tu mano contra mí -dije, mi voz plana y hueca.
Justo entonces, una fuerza de inmenso poder se estrelló contra mi mente. No fue un ataque, sino una llegada. Un Link Mental tan poderoso que empequeñecía al de Santino.
*Hija mía. ¡Voy en camino!*
Era mi padre. El Alfa Marcello Bianchi. El León de la Manada Lobo Blanco.
Una ola de alivio y un deseo ardiente de venganza me invadieron. El juego había cambiado.
Los padres de Santino, Leonor y el Alfa Mayor Moretti, irrumpieron en la habitación, atraídos por la conmoción.
-¿Cuál es el significado de esta locura? -chilló Leonor, sus ojos llameando hacia mí-. ¡Cómo te atreves a causar tal escena!
Enderecé mis hombros, apartándome del apoyo de Damián. Me paré por mi cuenta, llena de una fuerza nueva y escalofriante. Encontré la mirada furiosa de mi ex suegra sin pestañear.
-Tu hijo -anuncié, mi voz resonando con claridad- usó su Comando de Alfa para golpear a su Luna. Ha profanado el lazo sagrado que nos dio la Diosa.
Sin otra palabra, les di la espalda a todos. Al collar destrozado. Al hombre roto que alguna vez fue mi mundo. A las ruinas de mi vida.
Con Damián a mi lado, salí de la Casa del Alfa. Mi espalda estaba recta, mi cabeza en alto.
Ya no era una Luna desvaneciéndose.
Era una reina caminando desde las cenizas de su reino caído, lista para construir uno nuevo forjado en venganza.