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El Heredero Prohibido del Alpha CEO
img img El Heredero Prohibido del Alpha CEO img Capítulo 1 Cazando a una Malhore
1 Capítulo
Capítulo 6 El secreto de los Malhore img
Capítulo 7 La Cenicienta de sangre img
Capítulo 8 El heredero ha llegado img
Capítulo 9 Mentiras sobre mentiras img
Capítulo 10 No puedes huir de un Redd img
Capítulo 11 Reclamar lo que es mío img
Capítulo 12 El precio de llevar a un Redd img
Capítulo 13 El regreso del hermano prohibido img
Capítulo 14 Celos en el ático img
Capítulo 15 La traición de la madre img
Capítulo 16 Placer y castigo img
Capítulo 17 El sonido que lo cambió todo img
Capítulo 18 Veneno en la copa img
Capítulo 19 No me dejes, Jeane img
Capítulo 20 Tu cuerpo es mi único templo img
Capítulo 21 Propiedad exclusiva de los Redd img
Capítulo 22 Pecados sobre el altar img
Capítulo 23 La primera Sra.Redd img
Capítulo 24 Consuelo prohibido img
Capítulo 25 El regreso del pasado img
Capítulo 26 El secreto tras el código img
Capítulo 27 La voz en las sombras img
Capítulo 28 Despertar img
Capítulo 29 Cadenas de seda en la nieve img
Capítulo 30 La noche del juicio img
Capítulo 31 El silencio de las cenizas img
Capítulo 32 La dama de la mansión img
Capítulo 33 Lecciones de fuego img
Capítulo 34 El veredicto de la sangre img
Capítulo 35 El último adiós de una Malhore img
Capítulo 36 El vuelo a Ginebra img
Capítulo 37 El bautismo de hielo img
Capítulo 38 El peso del nombre img
Capítulo 39 El santuario de la verdad img
Capítulo 40 Filtrado del pecado img
Capítulo 41 El asedio del diablo img
Capítulo 42 El juicio final de los Redd img
Capítulo 43 El legado de las cenizas img
Capítulo 44 La marca de la posesión img
Capítulo 45 Banquete de lobos img
Capítulo 46 Sangre en el Támesis img
Capítulo 47 Pacto de las sombras img
Capítulo 48 Descenso al infierno img
Capítulo 49 Cenizas de oro img
Capítulo 50 El encuentro en la selva img
Capítulo 51 Fuego en el Amazonas img
Capítulo 52 El resurgir de los Redd img
Capítulo 53 El complejo del Edén img
Capítulo 54 Cenizas sobre Londres img
Capítulo 55 El sacrificio de la traición img
Capítulo 56 El regreso del abismo img
Capítulo 57 El veneno de la reina img
Capítulo 58 La herencia de sangre img
Capítulo 59 El juego de los tres reyes img
Capítulo 60 El trono de los lotos de sangre img
Capítulo 61 La reina retorna img
Capítulo 62 El refugio de los pecadores img
Capítulo 63 El asedio de la montaña blanca img
Capítulo 64 Fugitivos del deseo img
Capítulo 65 Sangre y arena img
Capítulo 66 Abismo azul img
Capítulo 67 Tierra de nadie img
Capítulo 68 El camino de los fantasmas img
Capítulo 69 El borde del mundo img
Capítulo 70 El amanecer de los olvidados img
Capítulo 71 El beso de Lisboa img
Capítulo 72 El pozo de la iniciación img
Capítulo 73 Bosque de los capuchos img
Capítulo 74 El santuario de cristal img
Capítulo 75 Testamento de sangre img
Capítulo 76 El trono de las sombras blancas img
Capítulo 77 El camino de las cenizas frías img
Capítulo 78 Flores del olvido img
Capítulo 79 El hijo del hielo img
Capítulo 80 Mausoleo de las sombras img
Capítulo 81 Espejo roto img
Capítulo 82 Sinfonía del hielo img
Capítulo 83 El pulso de la montaña img
Capítulo 84 Eco en el hueso img
Capítulo 85 Nuestro abismo de cristal img
Capítulo 86 La piel del lobo img
Capítulo 87 El carnaval de las cenizas img
Capítulo 88 El oráculo de sal img
Capítulo 89 El altar de los despojos img
Capítulo 90 El rugido del arenal img
Capítulo 91 El silencio del metal img
Capítulo 92 La última confesión img
Capítulo 93 El corazón del invierno negro img
Capítulo 94 La red de las sombras img
Capítulo 95 Bazar de espejismos img
Capítulo 96 Nido de neón img
Capítulo 97 El código de la sangre img
Capítulo 98 El peso de nuestra memoria img
Capítulo 99 El precio de la mortalidad img
Capítulo 100 La ley de la marea img
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El Heredero Prohibido del Alpha CEO

Autor: G. V. STELLARIS
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Capítulo 1 Cazando a una Malhore

POV DE JEANE

El apellido Malhore solía abrir puertas de oro en esta ciudad. Ahora, solo sirve para que la gente cierre sus ventanas y se asegure de que las cerraduras estén puestas.

Caminé por el pasillo de la Torre Redd sintiendo que mis tacones baratos hacían demasiado ruido sobre el mármol pulido. Mi traje sastre estaba desgastado en los puños, y el hambre de la mañana -esa que ya se había vuelto una constante en mi vida- me provocaba un ligero temblor en las manos. Pero me obligué a erguir la espalda. Mi padre me enseñó que, aunque no te quede ni un centavo, el orgullo es lo último que se entrega.

-La oficina del señor Redd es la última a la derecha -dijo una secretaria cuya mirada recorrió mi ropa con un desprecio mal disimulado-. No le gusta esperar.

Asentí sin decir palabra. No estaba allí para hacer amigos. Estaba allí porque Asher Redd era el único hombre con el poder suficiente para detener la subasta de la casa de mi padre. Y también porque, según los documentos que encontré en la caja fuerte familiar, Asher le debía la vida a mi apellido.

Abrí las puertas dobles de cristal ahumado.

El despacho era inmenso, minimalista y tan frío como un glaciar. Detrás de un escritorio de obsidiana, estaba él. Asher Redd.

No levantó la vista de su tablet. Su cabello negro estaba perfectamente peinado hacia atrás, y su traje gris marengo parecía una armadura de mil dólares. Tenía esa mandíbula afilada que veía en las revistas de negocios, pero de cerca, el aura de peligro que desprendía era casi asfixiante.

-Tienes tres minutos, Malhore -dijo su voz. Era grave, con un matiz metálico que me erizó los vellos de la nuca-. Y ya has gastado treinta segundos respirando mi aire.

-Vengo por la deuda de 1998 -solté de golpe, plantándome frente a su escritorio.

Asher dejó la tablet lentamente. Levantó la vista y sus ojos grises, tormentosos y gélidos, chocaron contra los míos. Sentí un impacto en el pecho. No era solo un hombre guapo; era un depredador que acababa de detectar una presa en su territorio.

-¿La deuda de 1998? -Se reclinó en su silla de cuero, entrelazando sus dedos largos y fuertes-. Tu padre murió arruinado, Jeane. Los Malhore no tienen deudas que cobrar, solo cenizas que limpiar.

-Mi padre salvó a tu familia de la bancarrota cuando tu abuelo apostó el imperio Redd en Macao -dije, tratando de que mi voz no temblara-. Hay un pagaré. Un compromiso de honor que tu familia nunca liquidó. Necesito ese dinero hoy.

Asher soltó una carcajada seca, carente de humor. Se puso en pie y me di cuenta de lo alto que era. Dominaba el espacio con una facilidad insultante. Caminó alrededor del escritorio, acortando la distancia hasta que pude oler su perfume: sándalo, bourbon y algo puramente masculino que me hizo retroceder un paso hasta chocar contra la pared de cristal.

-El honor no es una moneda que aceptemos en este edificio -susurró, inclinándose hacia mí. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo-. Sé exactamente por qué estás aquí. Sé que el banco te quita la mansión mañana. Sé que tu hermano está en una clínica que no puedes pagar. Y sé... -Hizo una pausa, su mirada descendió por mi cuello hasta detenerse en mi pecho, haciéndome sentir desnuda- ...que vendrías a buscarme.

Me quedé helada.

-¿Lo sabías?

-Yo provoqué la quiebra de los Malhore, Jeane -confesó con una sonrisa cruel-. Compré a tus proveedores. Soborné a tus contadores. Corté cada salida que tenías hasta que solo quedó una puerta abierta: la mía.

El aire se escapó de mis pulmones. La rabia empezó a hervir en mi sangre, superando al miedo. Levanté la mano para abofetearlo, pero sus dedos atraparon mi muñeca en el aire con una fuerza de hierro. Me pegó contra el cristal, su cuerpo bloqueando cualquier escape.

-Suéltame, psicópata -siseé, forcejeando.

-No me obligues a usar la fuerza, todavía no -su voz bajó a un tono peligrosamente bajo-. No quiero tu pagaré viejo. No quiero tu orgullo. Quiero algo que solo tú puedes darme.

-No me voy a acostar contigo por dinero -escupí, aunque mi cuerpo reaccionaba de forma traicionera a su cercanía.

-No quiero una noche, Jeane. Quiero un año. Y quiero un heredero.

Me quedé sin palabras. Sus ojos recorrían mi rostro con una intensidad devoradora.

-Mi abuelo dejó una cláusula -continuó él, su pulgar acariciando la piel sensible de mi muñeca de una forma que no sabía si era una caricia o una amenaza-. Si no tengo un hijo antes de cumplir los treinta, pierdo el control mayoritario de Redd Enterprises. Tú tienes la sangre aristocrática que mi linaje necesita para ser respetado, y la desesperación suficiente para ser mi esposa de papel.

-Estás loco. Busca a una mujer que te quiera.

-Las mujeres que me quieren son aburridas. Yo quiero a alguien que me odie tanto que cada vez que la toque, sea una batalla.

Asher soltó mi mano y regresó a su escritorio. Sacó un sobre de cuero negro y lo lanzó sobre la mesa.

-Ahí está el contrato. Un año de matrimonio. Un heredero varón. A cambio, tu hermano recibe el mejor tratamiento del mundo, la mansión Malhore vuelve a tu nombre y te daré una asignación mensual que te hará olvidar que alguna vez fuiste pobre.

Miré el sobre como si fuera una serpiente venenosa.

-¿Y si me niego?

Asher volvió a mirar su tablet, dándome a entender que la conversación estaba terminando.

-Entonces sal de aquí. Pero para cuando llegues al lobby, tu hermano habrá sido trasladado a un hospital público, y mañana verás cómo las máquinas de demolición tiran abajo los recuerdos de tu padre.

Mis rodillas amenazaron con fallar. Era un monstruo. Un demonio vestido de Armani que me había cazado sistemáticamente hasta acorralarme en este piso 50.

-Tienes diez segundos para decidir, Jeane -dijo sin mirarme-. Nueve... ocho...

Miré por la ventana. La ciudad se extendía a mis pies, indiferente a mi tragedia. Pensé en mi hermano, en su rostro pálido, en la promesa que le hice a mi padre en su lecho de muerte.

-Siete... seis...

Caminé hacia el escritorio. Mi mano temblaba cuando tomé la pluma estilográfica que descansaba sobre el contrato. El peso del oro se sentía como plomo.

-Cinco... cuatro...

-Lo haré -dije, mi voz apenas un susurro quebrado-. Pero quiero que sepas algo, Asher Redd.

Él levantó la vista, una chispa de triunfo oscuro bailando en sus ojos.

-Dime.

-Puedes comprar mi nombre. Puedes comprar mi cuerpo para darte ese hijo. Pero juro que haré que cada día de este año sea un infierno para ti. No voy a ser tu esposa, voy a ser tu peor pesadilla.

Asher se puso en pie lentamente. Se acercó a mí, tomó la pluma de mi mano y la dejó a un lado. Luego, deslizó sus dedos por mi barbilla, obligándome a mirarlo.

-Eso espero, Jeane -murmuró, su aliento rozando mis labios-. Porque no hay nada que me guste más que una presa que muerde antes de ser domada. Firma. Ahora.

Firmé. El nombre "Jeane Malhore" quedó estampado en el papel, vendiéndole mi vida al hombre que había destruido a mi familia.

No sabía que, en ese momento, el contrato no era solo por un bebé. Era el inicio de una guerra de la que ninguno de los dos saldría ileso. Y lo peor de todo es que, mientras lo veía sonreír, una parte de mí, una parte oscura y prohibida, deseó que me atrapara para siempre.

            
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