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El Heredero Prohibido del Alpha CEO
img img El Heredero Prohibido del Alpha CEO img Capítulo 5 Bajo las sábanas de seda
5 Capítulo
Capítulo 6 El secreto de los Malhore img
Capítulo 7 La Cenicienta de sangre img
Capítulo 8 El heredero ha llegado img
Capítulo 9 Mentiras sobre mentiras img
Capítulo 10 No puedes huir de un Redd img
Capítulo 11 Reclamar lo que es mío img
Capítulo 12 El precio de llevar a un Redd img
Capítulo 13 El regreso del hermano prohibido img
Capítulo 14 Celos en el ático img
Capítulo 15 La traición de la madre img
Capítulo 16 Placer y castigo img
Capítulo 17 El sonido que lo cambió todo img
Capítulo 18 Veneno en la copa img
Capítulo 19 No me dejes, Jeane img
Capítulo 20 Tu cuerpo es mi único templo img
Capítulo 21 Propiedad exclusiva de los Redd img
Capítulo 22 Pecados sobre el altar img
Capítulo 23 La primera Sra.Redd img
Capítulo 24 Consuelo prohibido img
Capítulo 25 El regreso del pasado img
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Capítulo 5 Bajo las sábanas de seda

POV DE JEANE

El "clic" del cerrojo resonó en el silencio de la suite como un disparo. Mi primer instinto fue lanzarme al suelo para recoger la nota, pero fue tarde. La puerta secreta se abrió con una lentitud tortuosa, revelando la silueta de Asher recortada contra la luz tenue de su propio dormitorio.

Ya no vestía la camisa blanca. Llevaba una bata de seda negra, abierta a la altura de su pecho ancho y bronceado. Sus pies descalzos sobre el mármol no hacían ruido, dándole ese aspecto de depredador nocturno que me hacía querer correr y, al mismo tiempo, quedarme paralizada bajo su escrutinio.

-¿Qué haces en el suelo, Jeane? -su voz era un susurro ronco que vibró en mi abdomen.

Escondí la nota bajo la palma de mi mano, deslizándola con disimulo bajo el borde de la alfombra mientras me levantaba. Mi corazón martilleaba contra mis costillas con tanta fuerza que estaba segura de que él podía verlo a través del fino satén de mi vestido.

-Se me cayó... un arete -mentí, tratando de que mi voz no temblara.

Asher no me creyó. Sus ojos grises escanearon la habitación con una agudeza clínica antes de detenerse en mí. Caminó hacia el centro de la estancia, ignorando mi excusa. El aire a su alrededor olía a whisky caro y a ese sándalo que empezaba a asociar con el peligro.

-Olvida el arete -dijo, deteniéndose a solo un paso de mí. Su altura me obligó a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo mi garganta, un gesto de sumisión que odiaba-. He revisado el calendario. No tengo tiempo que perder con cenas dramáticas y juegos de poder con mi madre. El contrato es claro, Jeane. Cada noche que pasas en esta casa sin que el heredero sea concebido, es una pérdida de dinero para mi empresa.

-¿Ahora mismo? -el pánico empezó a filtrarse en mis palabras-. Asher, apenas acabo de llegar. Necesito... tiempo.

-El tiempo es un lujo que no te compré -respondió él. Su mano subió hasta mi rostro, sus dedos largos y fríos acariciando el borde del collar de zafiros-. Te di la clínica para tu hermano. Te di tu casa. Ahora quiero mi parte del trato. Quítate el vestido.

El mundo pareció detenerse. Sabía que este momento llegaría, me lo había repetido mil veces frente al espejo, pero la realidad era un muro de concreto desplomándose sobre mí.

-No puedo -susurré, retrocediendo hasta que mis muslos chocaron contra el borde de la cama.

Asher soltó un suspiro de impaciencia y dio un paso adelante, invadiendo mi espacio personal. Me tomó por la cintura, tirando de mí hasta que nuestros cuerpos se sellaron. La dureza de su pecho contra mis pechos sensibles me hizo soltar un jadeo.

-¿No puedes o no quieres? -inquirió, su rostro a milímetros del mío-. Porque el contrato no menciona tus ganas, Jeane. Menciona tu obligación. No me hagas ser más despiadado de lo que ya soy.

Sus labios rozaron mi oreja y sentí el calor de su aliento quemándome la piel. Sus manos descendieron por mi espalda, acariciando la curva de mis caderas con una posesividad que me dejó sin aliento. Mi cuerpo, traidor y hambriento, reaccionó con un estremecimiento que no pude ocultar.

-Asher... detente -logré decir, aunque mis manos, en lugar de empujarlo, se aferraron a sus hombros-. Hay algo que no sabes.

Él se detuvo, pero no me soltó. Me miró con una mezcla de burla y deseo.

-¿Qué? ¿Vas a decirme que tienes el periodo? ¿O que tienes otra cláusula secreta escrita en tu mente?

-Soy virgen -solté de golpe.

El silencio que siguió fue asfixiante. Asher se quedó inmóvil, mirándome como si acabara de hablar en un idioma olvidado. Luego, una sonrisa cínica curvó sus labios.

-¿Virgen? ¿Una Malhore? -se echó a reír, un sonido seco que me dolió más que un insulto-. Jeane, por favor. Sé con quién salías. Julian Vane no es precisamente un hombre que se conforme con tomar el té. No trates de encarecer el producto con mentiras infantiles.

-¡No es una mentira! -grité, mis ojos llenándose de lágrimas de pura rabia y humillación-. Julian... él quería esperar al matrimonio, y yo también. Nunca dejé que nadie me tocara así. ¡Nunca!

Traté de soltarme, pero Asher me sujetó con más fuerza, estudiando mi rostro. Buscaba el rastro de la mentira, pero lo que encontró fue un pánico genuino, un temblor en mis labios y una mirada de terror que no podía ser fingida. Sus ojos se oscurecieron, pasando de la burla a una intensidad depredadora mucho más peligrosa.

-¿Es cierto? -preguntó, su voz ahora era un hilo de seda peligroso.

-Sí -susurré, bajando la mirada-. Así que, por favor... ten algo de decencia. No estoy lista para que esto sea una "transacción" comercial.

Asher guardó silencio un largo momento. Sentí su pulso acelerarse contra mi mano. De repente, me empujó suavemente hacia atrás hasta que caí sentada en la cama. Él se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas sin brusquedad pero con firmeza. Sus manos subieron por mis muslos, levantando el satén del vestido, y el contacto de su piel contra la mía me hizo soltar un sollozo ahogado.

-Virgen... -repitió, casi para sí mismo. Su mirada ya no era fría; era la de un hombre que acaba de descubrir un tesoro que no sabía que deseaba-. Eso cambia las cosas, Jeane. No voy a ser suave, pero voy a ser el único. Voy a ser el primero y el último que te vea así.

Se inclinó sobre mí, atrapando mis labios en un beso que empezó lento y terminó siendo una tormenta de lengua y dientes. Sus manos subieron hasta mi pecho, reclamándolo a través de la tela, y por primera vez en mi vida, sentí esa electricidad líquida correr por mis venas. El odio se mezcló con un deseo primitivo. Quería que se detuviera y quería que me destrozara al mismo tiempo.

Justo cuando su mano buscaba el cierre de mi vestido y mi espalda se arqueaba hacia él en una rendición involuntaria, un golpe violento en la puerta principal de la suite rompió el hechizo.

-¡Señor Redd! -era la voz de Markov, su jefe de seguridad, sonando urgida.

Asher se detuvo en seco, su frente apoyada contra la mía, su respiración agitada golpeando mis labios.

-¡Vete, Markov! -rugió Asher, sin soltarme-. ¡A menos que el mundo se esté acabando, lárgate!

-Señor... han entrado en el servidor central de la sede -la voz de Markov no vaciló-. Alguien está intentando quemar los archivos físicos de la auditoría Malhore y borrar las copias digitales. El edificio principal está bajo ataque.

Asher se tensó como una cuerda de violín a punto de romperse. La mención de los archivos Malhore fue como un balde de agua fría para ambos. Esos documentos eran la única prueba de cómo él había destruido a mi familia.

Se separó de mí con una brusquedad que me hizo sentir un vacío repentino. Se puso en pie, ajustándose la bata con manos firmes, mientras su rostro volvía a convertirse en esa máscara de hierro impenetrable.

-Quédate aquí -ordenó, mirándome con una advertencia letal-. No te muevas de esta cama. Si descubro que tuviste algo que ver con esto, Jeane, desearás no haber nacido.

-¡Yo no hice nada! -exclamé, cubriéndome con las sábanas, sintiéndome repentinamente expuesta.

Asher no respondió. Salió de la habitación a zancadas, cerrando la puerta con tal fuerza que los cristales vibraron.

Me quedé sola, temblando, con el corazón en la garganta. El rastro de su toque seguía quemando mi piel. Miré hacia el borde de la alfombra donde había escondido la nota. "No eres la primera que firma ese contrato".

Alguien estaba intentando borrar las huellas de Asher. ¿Eran sus enemigos o eran sus cómplices? Y lo más importante: ¿quién era la mujer que estuvo en esta cama antes que yo y qué le había pasado realmente?

Me levanté y corrí hacia la puerta secreta. Quería cerrarla, quería huir, pero entonces me di cuenta de algo que me heló la sangre. En el marco de la puerta de Asher, había una pequeña cámara oculta, apuntando directamente a mi cama.

Él no solo quería un heredero. Él quería observar cada uno de mis movimientos, incluso cuando no estaba presente. Estaba en una jaula, y el león acababa de salir a cazar, pero me había dejado marcada para su regreso.

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