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Seré Tu Esposa,  No Tu Mujer.
img img Seré Tu Esposa, No Tu Mujer. img Capítulo 4 Engaño
4 Capítulo
Capítulo 6 Su Esposa img
Capítulo 7 Listo El Plan img
Capítulo 8 Solo Una Mentira img
Capítulo 9 ¿Celos img
Capítulo 10 ¿Naciendo El Amor img
Capítulo 11 Lorena, Una Enemiga Peligrosa img
Capítulo 12 El Veneno De Lorena img
Capítulo 13 La Trampa img
Capítulo 14 La Verdad img
Capítulo 15 Comprensión img
Capítulo 16 El Amor img
Capítulo 17 Interrogatorio img
Capítulo 18 Un Adios img
Capítulo 19 Víboras img
Capítulo 20 Descubre Todo img
Capítulo 21 La Verdad img
Capítulo 22 Duro Golpe img
Capítulo 23 Caída Del Poder img
Capítulo 24 Lobos Feroces img
Capítulo 25 Triunfa El Amor img
Capítulo 26 Solo Es Un Contrato img
Capítulo 27 Indignación img
Capítulo 28 Quiero Ser Su Esposa img
Capítulo 29 Luchando Por Ella img
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Capítulo 4 Engaño

Rodrigo, tras escuchar la desgarradora historia de Ana Laura, comprendió que su vulnerabilidad era su mayor activo para el plan.

​-Ana Laura, voy a llamar ahora mismo a la Clínica del Bosque. Es la mejor en oncología infantil. Irán por tu hermano hoy mismo -sentenció Rodrigo con seguridad.

​Rodrigo cumplió su palabra. En menos de dos horas, una ambulancia privada trasladó a Diego. Al verlo entrar en aquella clínica de lujo, Ana Laura sintió que por primera vez en años podía respirar, aunque fuera a cambio de su propia libertad. Sin embargo, Alejandro estaba a punto de echarlo todo abajo.

​-¿Qué? ¡Estás loco! -rugió Alejandro en el departamento, caminando de un lado a otro-. ¿Qué te pasa, Rodrigo?

-Oye, me pediste alguien sin pasado dudoso, con buena reputación.

-¡Y también te dije sexy, hermosa y de buena familia!

-Eso no es cierto, de buena familia no dijiste nada -replicó Rodrigo con calma-. Y por lo hermosa, no hay problema. Se le quitan esos trapos viejos y queda mejor que cualquiera de la alta sociedad. Es muy bonita, créeme.

-No me voy a casar con alguien así. No es discriminación, ¡es que no es posible!

​-¡Cálmate! No te vas a acostar con ella -lo interrumpió Rodrigo-. Solo se casarán. Además, ella puede ser lo que tú quieras. No tiene pasado, le crearemos uno ideal. Vive en un barrio bajo, no tiene estudios, tiene un hermano enfermo... ¡Aceptará todo lo que le pidamos! Es perfecta.

-Quiero verla -sentenció el italiano.

-Ahora no, tengo que llevarla a una transformación primero.

-¡No! Tengo que verla ahora. Mañana me voy a Italia y necesito saber con qué voy a cargar.

​Rodrigo buscó a Ana Laura en la clínica. Ella estaba sentada junto a la cama de Diego, viéndolo dormir bajo sábanas limpias.

-¿Hoy? ¿Lo voy a conocer hoy? -preguntó ella, sintiendo que el corazón se le salía del pecho.

-Sí. Yo no quería, pero insistió. Vamos, Ana Laura. Trato es trato.

-Está bien... vamos.

​Alejandro esperaba impaciente en el departamento. Cuando Rodrigo abrió la puerta, anunció con un gesto:

-Listo. Aquí está.

​Ana Laura entró tímidamente. Al ver a Alejandro, se quedó sin aliento. "¡Qué hombre tan bello! ¡Qué elegante!", pensó, comparándolo con un galán de Hollywood. Pero Alejandro no compartía la misma fascinación. Sus ojos recorrieron la ropa desgastada de la joven y sus manos maltratadas por el trabajo en el mercado.

​-Hola. Soy Alejandro Barcherotti.

-Hola, señor... Soy Ana Laura Chávez -respondió ella casi en un susurro.

-¿Me puedes dejar un momento a solas con Rodrigo, per favore? -pidió él en italiano, sin dejar de mirarla con frialdad.

-¿Puedes salir un momento, Ana? -indicó Rodrigo.

-Sí, claro -dijo ella, saliendo con la cabeza baja.

​En cuanto se cerró la puerta, Alejandro estalló:

-¿Estás loco? ¿Quieres que me case con ella? ¿La ves como la veo yo?

-¿Y cómo la ves?

-¡Mira, no es fea, vale! Es bonita, pero... ¡se le nota la pobreza!

-¡Es un diamante en bruto! -exclamó Rodrigo-. No le he puesto ni un dedo encima. Imagínatela transformada... será una belleza.

-Mira, no sé cómo lo vas a hacer, pero cuando regrese por ella la quiero preciosa, elegante y con un pasado ideal. ¿Entendido?

​Mentiras en Florencia

​Alejandro regresó a Italia, donde la presión familiar lo esperaba como una guillotina. Su padre, Luciano, lo recibió con ansiedad.

​-Hijo, ¿cómo te fue? ¿Revisaste los contratos?

-Bien, papá. Todo marcha perfecto -dijo Alejandro, sirviéndose una copa de vino-. De hecho, conocí a una ragazza en México... y me enamoré.

-¿Qué? ¿En solo unos días? -preguntó su padre, atónito.

-Papá, ¿lo dudas? Es hermosa, bella, elegante y de buena familia. Se llama Ana Laura.

-¿Y el apellido?

​Alejandro dudó un segundo, buscando en su memoria un nombre que sonara a dinero.

-Del Castillo. Ana Laura del Castillo. Una familia muy distinguida.

-¡Ah! ¿Son los dueños de la importante tequilera? -preguntó Luciano, tratando de encajar las piezas.

-Sí, exacto. Me voy a casar en un mes, máximo.

​Luciano, radiante, se encargó de difundir la noticia. Pero Mariela, la madre de Alejandro, no se dejó engañar tan fácilmente. Llevó a su hijo a la biblioteca y cerró la puerta.

​-A mí no me engañas, Alejandro. ¿Quién es ella?.

-Mamá, ya escuchaste...

-¡No! -lo cortó ella-. ¿Rodrigo es tu cómplice en esto? ¿De dónde sacaste a esa novia? Si no me dices, lo investigaré yo misma.

​Alejandro suspiró, derrotado por la perspicacia de su madre.

-Está bien. Es una chica que Rodrigo conoció. Necesita dinero para el tratamiento de su hermano con cáncer y aceptó casarse conmigo.

-¿Es pobre entonces? -preguntó Mariela, horrorizada.

-Mucho. No tiene nada: ni educación, ni alcurnia. ¿Contenta?.

-¿O sea que mi hijo se aprovecha de la necesidad de una muchacha humilde para complacer a su padre?

-¡Tú me dijiste que me casara! Ella sale beneficiada, salvará a su hermano. Yo soy su salvación, mamá.

-Está bien... Pero nadie puede saber la verdad. ¡Nadie!

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