Mientras lo ajustaban por última vez, Kael respiraba lento. No había marcha atrás. Ya no era solo una fachada: estaba a punto de firmar una vida que no era suya. Pensó en Camila. Pensó en sus manos, en su voz, en la promesa que se habían hecho. Se obligó a endurecer el rostro. Tenía que sobrevivir a ese día.
Valentina apareció al fondo del salón. Vestida de blanco, no estaba nerviosa. Caminó hacia él con una calma que inquietaba. Cuando se detuvo frente a Kael, lo miró como si algo no encajara del todo. No dijo nada. Solo sostuvo su mirada más de lo necesario. -¿Estás bien? -preguntó en voz baja-. A veces siento que eres otro, tus manos, tus besos. ¿Qué sucedió contigo Kael? Cambiaste desde que regresaste de esa finca.
Kael admiró la belleza de Valentina y se preguntó en el silencio de su mente: "¿Por qué Emiliano no se enamoró de ella? ¿Qué hay más allá de un simple matrimonio arreglado?
-¿En verdad te sientes bien? -preguntó Valentina nuevamente-. ¿Dudas casarte hoy?
Kael la observó y en lugar de hablar. ¡La besó! Los invitados se sorprendieron. -¿Por qué no habría de casarme hoy?
La música comenzó. Los invitados se pusieron de pie. El padre de Valentina observaba todo desde su lugar, atento. Para él, ese matrimonio fue su cereza. No veía siquiera a su propia hija. Solo movimientos y futuras posesiones.
Mientras tanto en la finca, Emiliano intentaba hacer algo que no sabía hacer: montar un caballo. No era parte del plan. Nunca lo había sido. Pero ese día necesitaba moverse, sentir el cuerpo cansado, sacar de la cabeza que ese día el estaría en lugar de Kael.
Camila lo observó de lejos y presintió lo que parecía ya un hecho inevitable, diciéndose a sí misma. -Ese hombre piensa que puede manejarlo todo solo con su nombre. -no fue rechazo, solo un sentimiento que se colaba en su pecho.
El caballo se mostró inquieto desde el inicio. Camila lo observaba cuidadosamente. Sabía que Emiliano no pertenecía a ese lugar. Solo Kael montaba los caballos antes del anochecer. Aun así, no lo detuvo. Algo dentro de ella quería verlo fracasar, pero otra parte quería sostenerlo.
Emiliano sonrió brevemente antes de dar el salto. El animal dio un paso brusco y, en segundos, todo se descontroló. Cayó al suelo con fuerza. El golpe fue seco. Camila corrió hacia él sin pensarlo. -¿Estás loco? -dijo, arrodillándose a su lado-. ¿Te hiciste daño?
Emiliano intentó incorporarse, pero el dolor se lo impidió. Camila apoyó una mano en su pecho para que no se levantara de golpe. Ese contacto fue suficiente para que ambos se quedaran quietos. -No debí hacerlo -dijo Emiliano, respirando agitado-. Los animales parecieran no quererme.
-Ellos no... -respondió Camila.
-Entonces ¿Quién si me quiere aquí? -la interrumpió con un suspiro de dolor y esperanza.
La tensión creció sin permiso. Camila retiró la mano, pero Emiliano la atrapó por la muñeca, no con fuerza, sino con urgencia. Ella no se soltó. No dijo nada. El silencio fue peor. -Esto no puede pasar -dijo ella negando con la boca, pero su corazón gritaba otra cosa.
-Lo sé -respondió él-. Es solo que no puedo explicar lo que siento...
No terminó la frase. Camila lo ayudó a sentarse. Al hacerlo, sus cuerpos se rozaron. No fue accidental. Emiliano cerró los ojos un segundo. Camila también. Fue el punto de quiebre.
En la ciudad, el sacerdote comenzó la ceremonia. Kael escuchaba las palabras como si vinieran desde lejos. Cada frase era un paso más hacia una vida que no eligió. Valentina respondió con seguridad. Cuando fue el turno de Kael, tardó un segundo de más. -¡Acepto! -dijo al fin, con un pesar que parecía estar aceptando su futuro.
En ese mismo instante la entrada explotó y los invitados gritaron, salieron corriendo y otros escondiéndose. Un grupo de hombres enmascarados irrumpió en el lugar. Gritos. Sillas cayendo. Confusión total. Antes de que alguien pudiera reaccionar, uno de ellos empujó a Kael con violencia. Otro sacó armas de grueso calibre. El caos fue inmediato.
Valentina gritó desconcertada. Su padre se levantó de golpe. Nadie entendía nada. No era parte del plan. ¡Al menos no ese día!
Kael intentó cubrirse, pero uno de los atacantes logró herirlo en el costado. El dolor fue intenso. Cayó al suelo. Valentina se lanzó sobre él sin pensarlo, cubriéndolo con su cuerpo. -¡No lo toquen! -gritó-. ¡Está herido!
Mientras que en el establo la línea se rompió y Emiliano dirigió sus labios hacia los de Camila, ella lo recibió sin pensarlo. ¡No era una traición concebida! Solo sucedió como la primera vez. -Lo siento. -dijo ella apartándose ligeramente sin querer hacerlo.
-Por favor... no te vallas -susurro Emiliano sin soltarla-. Quédate, necesito que te quedes esta vez.
Y entonces sucedió. Ella lo abrazo y se dejo envolver por los brazos de Emiliano. La culpa la asaltó nuevamente y mas violentamente. -¡Kael! -grito ella mientras Emiliano la besaba religiosamente en el pecho-. Él se dará cuenta.
Emiliano regreso a su rostro y le susurró. -El también ha besado y tocado a Valentina, en cambio yo... -hizo una breve pausa-. Me enamoré de ti y siento que tú también sientes lo mismo.
Camila no respondió y no lo negó. Se aferró a las caricias de Emiliano y ese establo comenzó a ser testigo de un amor que comenzó a crecer en el tiempo de siembra del café, mientras que en la boda uno de los enmascarados se acercó más a Kael. Se inclinó y su voz salió distorsionada, pero clara. -No era hoy -dijo-. Pero cuanto antes mejor.
Valentina levantó la mirada, furiosa. El hombre retrocedió. -Déjalo maldito imbécil. -grito ella en segundos-. ¿Quién te envió?
-El se salvará, pero tu no. -murmuró el hombre enmascarado.
Todo acontecía de mala manera para Kael, pero Camila y Emiliano no desperdiciaron el arranque del deseo o del corazón. Todo fue una mezcla inesperada para ambos. -¡Quiero amarte sin miedo! -murmuró Emiliano, la traición fue en ambas partes.
Camila no respondió y permitió que Emiliano entrara en ella como Kael lo hizo ese ultimo día que lo vio en la finca. -Tengo miedo. -sollozo ella entre un gemido que se escapó-. Que te aproveches de mi y luego me deseches.
-¡Eso no sucederá! -aseveró Emiliano-. ¡Te lo juro! Solo mantengámoslo en secreto mientras se aclara mas el panorama con Kael.
No se dijeron mas nada, ella se abrió por completo y Emiliano acaricio cada parte que Kael había recorrido, cada centímetro de su piel la besó con devoción. Con urgencia, con un amor inexplicable. -Eres exquisita, Camila. Tu aroma me inunda los sentidos. ¡Eres mejor que todo el café de este mundo!
Ella sonrió y lo forzó a que entrara en su cavidad sin pudor. Emiliano se desarmó por completo y se rindió ante esa mujer que partió su corazón en dos y se inclino por el camino del despecho en su mente, pero del sentimiento inexplicable en su corazón.
Kael respiraba con dificultad. Valentina seguía al lado de él, protegiéndolo. Ella lo miró Algo cambió en su expresión. -¿Estás bien, amor? -preguntó, tocándole el rostro.
Kael no respondió de inmediato. La miró como si no supiera quién era. Valentina sintió un escalofrío. Algo en sus ojos le hizo sentir que no era el mismo Emiliano que conocía. Pero entonces: el enmascarado arrebató a Valentina del brazo de Kael. -Tu vienes con nosotros. -murmuró el enmascarado antes de dar la orden de abandonar el lugar.
Valentina grito desesperadamente, Kael intentó defenderla, pero un tiro se alojó en su pierna y cayo al suelo. El padre de Valentina corrió a defenderla, pero fue inútil. El grupo se marchó con Valentina a la fuerza y ella no sabía que pensar.
En el establo, Emiliano y Camila habían cruzado una línea invisible. No hubo palabras para describir lo sucedido. Solo una verdad incómoda: lo que sentían ya no se podía negar.
Camila se apartó primero. -Esto no puede volver a pasar -dijo-. Kael está allá. Casándose.
Emiliano se levantó con dificultad. -Lo sé, pero creí que...
-Lo siento Emiliano. ¡Creíste mal! -lo interrumpió de golpe sin mirarlo-. ¡Me arrepiento de haberme dejado seducir por tu cuerpo!
Emiliano a medio vestir se levanto y la tomó por el brazo. -¿Te arrepientes? Eso no me decías hace unos segundos.
Ella no respondió, dio la vuelta y entonces la noticia llegó más rápido al establo que a los noticieros. -¡Emiliano! -entró gritando Mynor, sorprendiéndolos-. ¿Qué sucedió aquí?
Camila se tapó y se dio la vuelta. Emiliano se devolvió hacia Mynor y le preguntó. -¿Qué haces aquí?
-¡No importa! Tu sabrás como arreglar esto. -dijo con alusión a lo que observó-. Unos matones irrumpieron la boda y secuestraron a Valentina.
El rostro de Emiliano lo hizo saber todo. -¿Secuestraron a Valentina?
Camila aun tapándose, como queriendo ocultar la vergüenza. Giro rápidamente y preguntó con desesperación. -Kael ¿Qué sucedió con Kael?
Mynor respondió entre dientes. -Se encuentra Herido...
Camila lo interrumpió y golpeo el pecho de Emiliano con rabia. -Kael se encuentra herido por mi culpa. ¡Por mi traición!
-¿Quiénes? -preguntó Emiliano.
-No lo sabemos, lo que puedo asegurarte es que no fue por parte del padre de Valentina. -Mynor lo observó detenidamente y le preguntó-. ¿Sabías algo al respecto?
Emiliano no respondió y Camila lo observó, mientras que Mynor sospechaba.