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¿Que pasa si no te supero?
img img ¿Que pasa si no te supero? img Capítulo 3 El arte de no saber respirar
3 Capítulo
Capítulo 6 El santuario de los proscritos img
Capítulo 7 El precio del silencio img
Capítulo 8 El arte de las segundas oportunidades img
Capítulo 9 El eco de las promesas rotas img
Capítulo 10 El color de la memoria img
Capítulo 11 El refugio de los Pecados img
Capítulo 12 Melodia en las sombras img
Capítulo 13 El lenguaje de las cicatrices img
Capítulo 14 Corazón 1, Cerebro 0 img
Capítulo 15 El filo del Deseo img
Capítulo 16 La reina del castillo de Naipes img
Capítulo 17 Acordes Disonantes img
Capítulo 18 El peso de la deuda img
Capítulo 19 Telas, verdades y nuevos comienzos. img
Capítulo 20 El precio de la verdad img
Capítulo 21 El desierto de la Duda img
Capítulo 22 El ejército de las sombras img
Capítulo 23 El eco de la traición img
Capítulo 24 El caballo de Troya img
Capítulo 25 Comienza el juego img
Capítulo 26 Grietas en la armadura img
Capítulo 27 La Semilla de La duda img
Capítulo 28 Milagro en medio de la tormenta img
Capítulo 29 Dos líneas y una mentira img
Capítulo 30 Un soplo de aire fresco img
Capítulo 31 El precio de la verdad img
Capítulo 32 Cambio de reglas img
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Capítulo 3 El arte de no saber respirar

Logan. 10 años atrás...

Escucho las voces de los demás como una melodía diseñada exclusivamente para aturdirme. Nunca me han gustado las multitudes; el ruido de la gente hablando al mismo tiempo se siente en mi cerebro como estática de radio a todo volumen. El simple hecho de pensar en entablar una conversación con alguien fuera de mi círculo familiar me provoca una jaqueca instantánea. Pero el doctor Newman fue claro: si quería "funcionar" en el mundo real, debía salir del aislamiento de la educación en casa e inscribirme en una escuela de verdad.

Así es como termino caminando por los pasillos de Northside High, sintiéndome como un cerdo directo al matadero. Me hundo en la capucha de mi sudadera negra, tratando de ignorar los cuchicheos. La gente aquí es tan discreta como un hipopótamo con tutú.

Lo único que me mantiene en pie es la posibilidad de verla. Mi madre mencionó que los Stewart asistían a este colegio. No es que me importe el gorila de su hermano, pero ella... ella es diferente. Pequeña, delicada, con unos ojos celestes que atraparon mi atención la primera vez que se cruzaron con los míos en la cafetería. Jamás he tenido el valor de decirle más que el precio de un café. ¿Qué iba a decirle? ¿En qué planeta una chica como ella se fijaría en un fenómeno social como yo? En ninguno, obviamente.

Sin embargo, al entrar al salón, el destino decide jugarme una broma pesada: el único asiento libre está justo a su lado. El pánico empieza a subir por mi garganta como bilis. Vuelve a casa, Logan, me susurra mi mente. Pero entonces recuerdo las palabras de mi hermana: "Es solo una chica, Logan. Lo peor que puede pasar es que no esté interesada, pero al menos dejarás de vivir en el '¿qué hubiera pasado?'".

Grace tiene razón. Por primera vez en mi vida, ignoro el impulso de salir corriendo y me planto frente a su mesa.

-¿Está libre?

No sé cómo logré articular las palabras sin atragantarme con mi propia saliva o tropezar con mis pies. Ella me mira como si fuera un fantasma. De inmediato, mi ansiedad dispara una ráfaga de dudas: ¿Tengo la camisa manchada? ¿Huelo mal? ¿Por qué me mira así?

Ella asiente, sonrojada y nerviosa. Me siento antes de que mis piernas fallen. Durante la clase, no escucho ni una palabra del profesor. Mi atención está anclada en ella. Murmura cosas para sí misma: "té", "pie", "voz". Se ve fascinante cuando arruga la frente en concentración. De repente, la veo olfatear discretamente hacia mi dirección. Mi primer pensamiento es que huelo a sudor frío por los nervios, pero entonces la escucho susurrar:

-Es absolutamente perfecto... lo más lindo que han visto mis ojos en diecisiete años.

El mundo se detiene. No puede ser conmigo. ¿O sí? Repaso sus visitas constantes a la cafetería, el hecho de que siempre busca pagarme a mí personalmente... La chica de mis sueños me ha notado. Y aunque esto pudiera ser una broma cruel de los populares, estoy dispuesto a correr el riesgo.

-También eres lo más bonito que han visto mis ojos en dieciocho años -le suelto, con una valentía que no sabía que poseía.

Me pongo de pie y salgo a toda prisa. En cuanto cruzo el umbral, el ataque de pánico me golpea con toda su fuerza. Mis manos sudan, el rostro me pica y el aire se vuelve sólido, imposible de tragar. Llego a mi auto por puro instinto y me encierro tras los cristales polarizados. Es mi único refugio.

Minutos después, Grace aparece. Su rostro es una mezcla de preocupación y furia protectora. Me tiende una bolsa con uno de sus tés de hierbas; saben a rayos, pero extrañamente logran bajar mis revoluciones.

-¿Qué pasó? -pregunta, sosteniendo la puerta.

-Hablé con ella -logro decir, recuperando el aliento-. Básicamente le confesé que estoy obsesionado. Debo parecer un idiota.

-Logan, me parece que estás siendo un dramático -responde ella con una sonrisa de suficiencia-. Está claro que le gustas. ¿Por qué no la invitas a salir de una vez?

Horas más tarde, estoy en la cafetería de Carine, limpiando obsesivamente una mancha en la máquina de expreso. Jonah es un imbécil, siempre deja todo pegajoso. Estoy tan concentrado en mi tarea que no escucho la campanilla, solo su voz.

-Hola, ¿hemos llegado muy temprano?

Me giro con tanta brusquedad que mi frente choca contra la lámpara de metal. El estruendo es digno de una comedia barata. El servilletero sale volando por los aires.

-No... ahora las atiendo -respondo, sintiendo el calor de la vergüenza quemarme las mejillas.

Espero que se aleje, pero ella hace lo contrario. Abre la pequeña puerta del mostrador, recoge las servilletas del suelo y se acerca tanto que mi cerebro olvida cómo enviar la señal de "respirar" a mis pulmones.

-¿Estás bien? -pregunta, acercando su mano a mi rostro. Sus ojos piden permiso.

Asiento. Sus dedos rozan mi ceja, justo donde me golpeé. Podría estar echándome ácido y me daría igual con tal de que no dejara de tocarme.

-Sí, solo... me sorprendiste. Lo siento.

-¿Te hago tropezar y te disculpas tú? -suelta una risita burlona que me desarma.

-Soy un poco idiota, pero eso ya lo saben todos -respondo a la defensiva, el viejo mecanismo de protección activándose por sí solo.

-A mí no me lo parece -dice ella, y por un segundo se muerde el labio, nerviosa.

Se da la vuelta para salir y sé que es ahora o nunca. Como arrancar una bandita.

-¿Quieres-salir-conmigo? -Lo digo tan rápido que parece una sola palabra alemana.

-¿Qué? -se detiene, confundida.

Trago saliva. Mis manos son un mar de sudor, pero no puedo retroceder.

-¿Quieres salir alguna vez conmigo?

Ella sonríe. Es una sonrisa cegadora, como si viera el sol por primera vez. Se acerca, toma el bolígrafo de mi delantal y escribe algo en una servilleta.

-Llámame -dice, poniéndose de puntillas para dejar que sus labios rocen mi mejilla en un beso fugaz-. Adiós, Logan.

Se marcha y me deja ahí, sosteniendo un pedazo de papel como si fuera un tesoro nacional. Tengo una cita con la diosa de mis sueños y no tengo ni la menor idea de a dónde llevarla. La culpa es de Grace. Pero mientras guardo su número en mi teléfono, me doy cuenta de que, por primera vez en años, el aire entra en mis pulmones sin esfuerzo. Si esto es una trampa, soy la víctima más feliz del mundo.

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