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El Trato de la Herencia
img img El Trato de la Herencia img Capítulo 3 La Crisis de Elena: El precio de un latido
3 Capítulo
Capítulo 6 Boda Express img
Capítulo 7 Mudanza al Ático img
Capítulo 8 La Primera Cena img
Capítulo 9 El Debut Social img
Capítulo 10 Celos en el Salón img
Capítulo 11 Vulnerabilidad a Medianoche img
Capítulo 12 El Lado Humano img
Capítulo 13 Invasión de Espacio img
Capítulo 14 Guerra en la Oficina img
Capítulo 15 La Cena con la Madre img
Capítulo 16 El Regalo Inesperado img
Capítulo 17 Tormenta y Confinamiento img
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Capítulo 3 La Crisis de Elena: El precio de un latido

-Hablemos de negocios, Elena -dijo Alexander. Su tono había cambiado. Ya no era el jefe irritado, sino el negociador implacable-. Mi abuelo ha creado un problema que requiere una solución inmediata y discreta. Tú tienes un problema que requiere una solución financiera masiva e inmediata.

Elena sintió un escalofrío. Sabía hacia dónde iba esto. El aire en la habitación parecía haberse vuelto más pesado, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de sus brazos se erizara.

-Usted quiere que yo sea la mujer de la "Cláusula de Hierro" -susurró ella. No era una pregunta.

-Piénsalo objetivamente. Una modelo o una heredera de otra familia industrial traería consigo un circo mediático y demandas de poder. Querrían aparecer en revistas, querrían cambiar mi casa, querrían hijos que aseguren su parte del pastel. Tú... tú ya conoces mi carácter. Sabes que no soy un hombre de detalles románticos ni de cenas familiares. Conoces mis horarios, mis secretos y mis enemigos.

Él se levantó de nuevo y caminó hacia ella, deteniéndose justo en el borde de su espacio personal. Elena podía oler su perfume, una mezcla de sándalo y cuero caro, y sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

-Si nos casamos -continuó él, bajando el tono de voz hasta que fue poco más que un murmullo magnético-, la junta no sospechará. Diré que nuestra relación ha sido un secreto profesional para evitar conflictos de interés. Es creíble. Es lógico. Y lo más importante: es eficiente.

-¿Y qué gano yo, además del dinero para mi madre? -preguntó Elena, tratando de mantener su voz firme a pesar de que su corazón martilleaba contra sus costillas.

Alexander sonrió de una manera que no llegó a sus ojos. Era la sonrisa de un tiburón que acaba de cercar a su presa.

-Ganarás un contrato de hierro. Pagaremos todas las facturas médicas de tu madre, presentes y futuras, en la mejor clínica de la costa este. Tendrás una asignación mensual independiente y, al finalizar el año, un fideicomiso a tu nombre con cinco millones de dólares. Además de un divorcio rápido, limpio y con una cláusula de confidencialidad que te protegerá de cualquier represalia de los Thorne.

Elena cerró los ojos por un momento. Cinco millones. La vida de su madre. La seguridad para siempre. El precio era vender su alma, su libertad y lo que quedaba de su corazón al hombre que amaba en secreto y que acababa de proponerle matrimonio como si estuviera comprando una subsidiaria en quiebra.

-Un año -dijo ella, abriendo los ojos.

-Trescientos sesenta y cinco días -confirmó él-. Viviendo en mi ático. Asistiendo a eventos como mi esposa. Fingiendo que el "monstruo del piso cincuenta" ha sido domado por la única mujer que realmente lo conoce.

-Tengo mis propias condiciones, Alexander -dijo ella, usando su nombre de pila por primera vez, lo que lo hizo tensar la mandíbula-. No seré un trofeo silencioso. Si voy a ser su esposa, exigiré respeto. Y quiero que el contrato especifique que no habrá... intimidad forzada.

Alexander la miró de arriba abajo, una mirada lenta que hizo que a Elena le ardieran las mejillas.

-Elena, soy un hombre de negocios, no un animal. No compro afecto. Si quieres que este trato funcione, el respeto será la base. En cuanto a lo otro... -hizo una pausa, y por un segundo, un destello de algo parecido a la humanidad cruzó sus ojos grises-, no tengo interés en complicar las cosas con sentimientos o impulsos. Esto es un pacto de supervivencia.

Se extendió el brazo hacia ella, ofreciéndole su mano.

-¿Tenemos un trato, futura señora Thorne?

Elena miró la mano de Alexander. Sabía que al estrecharla estaba firmando su propia sentencia de cárcel, pero también sabía que era la única forma de que su madre volviera a sonreír. Pensó en los pasillos fríos del hospital y luego en los ojos implacables de Alexander.

Lentamente, extendió su mano y la puso sobre la de él. Su piel estaba fría, pero el contacto envió una descarga eléctrica que la hizo estremecer.

-Tenemos un trato -respondió ella con firmeza.

Alexander apretó su mano con fuerza, sellando el destino de ambos.

-Mañana a medianoche, aquí mismo. Mi abogado tendrá listo el documento. No habrá vuelta atrás, Elena. Asegúrate de despedirte de tu antigua vida esta noche. Mañana, serás la mujer más envidiada y odiada de Nueva York.

Cuando Elena salió del despacho, sus piernas temblaban tanto que tuvo que apoyarse en la pared del pasillo. Había salvado a su madre, pero acababa de entrar en una jaula de cristal con el depredador más peligroso de la ciudad. Y lo peor de todo era que, a pesar del contrato y del miedo, una parte traidora de su ser estaba gritando de una alegría oscura y desesperada.

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