Ethan escuchó la noticia en silencio, afilando su cuchillo de caza con movimientos precisos. Lila estaba preparando una infusión de hierbas calmantes – para todos nosotros, porque sabíamos que el momento de la confrontación se acercaba.
"No pueden seguir mintiendo a todo el mundo", dijo Kai, el joven que no podía transformarse completamente pero que tenía un oído tan agudo que podía escuchar conversaciones a kilómetros de distancia. "Dicen que Carmen es la que cumplió la profecía, que su hijo será el más poderoso de todos los tiempos".
Yo me sentaba en la entrada de mi pequeña casa – la que habíamos construido con nuestras propias manos, con paredes de piedra y techo de paja que olía a sol y tierra. Había decorado el interior con cuerdas de flores secas y pieles de animales que habíamos cazado para comer, nada como las lujosas habitaciones que tenía en el Bosque de Otoño... pero esta era mía, construida con esfuerzo y cariño.
"Ellos creen en sus propias mentiras", dije, pasando la mano por la cicatriz de mi mejilla. Ya no me molestaba – ahora me recordaba de dónde venía y a dónde iba. "Rafael necesita que todos crean que su hijo es especial para mantener su poder. Carmen necesita creerlo para justificar lo que hicieron".
Ethan se acercó y se sentó a mi lado, pasando una mano por el suelo como si estuviera conectándose con la tierra misma.
"La ceremonia será el momento perfecto", dijo. "Todos los ancianos estarán allí, todos los ojos estarán puestos en ellos. Si vamos a decir la verdad, será entonces cuando más gente la escuche".
"Pero ¿cómo? – pregunté, mirándolo a los ojos. – Ellos nos acusarán de mentir, de estar celosos. Nadie creerá a una mujer sin loba interior frente al alfa más poderoso del Bosque de Otoño".
Ethan sonrió suavemente y señaló hacia el bosque que nos rodeaba – nuestros árboles, nuestros senderos ocultos, nuestras casas pequeñas pero sólidas.
"Ellos no creerán solo tu palabra", dijo. "Pero creerán lo que ven. Creerán en la manada que hemos construido, en las personas que hemos ayudado. Nosotros no vamos para atacarlos – vamos para decir la verdad. Para mostrarles que hay otra manera de hacer las cosas".
Dos días antes de la luna llena, decidí ir al Bosque de Otoño solo – para ver cómo estaban preparando la ceremonia, para encontrar el mejor lugar para hablar, para ver si había alguien allí que todavía recordara a la chica que fue su luna.
Me transformé en sombra, moviéndome por los senderos que yo misma había diseñado años atrás. Todo seguía igual – los mismos árboles, las mismas piedras marcadoras, el mismo olor a coníferas y tierra húmeda. Pero algo estaba diferente: había más guardias de lo normal, todos con las orejas bien puestas y los ojos alerta. Parecían más nerviosos que protectores.
Llegué cerca de la plaza central donde se preparaba la ceremonia. Habían puesto toldos de colores brillantes, habían allanado el suelo para que todos pudieran entrar, habían colocado antorchas en forma de espiral alrededor del fuego central. Vi a Marta la sanadora supervisando la preparación de algunas hierbas sagradas que usaban en las ceremonias – su rostro estaba más arrugado que antes, sus ojos más cansados.
Me acerqué más, manteniéndome oculta en las sombras de los árboles. Marta estaba hablando con uno de los ancianos, un hombre con pelo blanco como la nieve y ojos cansados.
"¿Segura que es la profecía correcta?" escuché que preguntara el anciano. "El hijo de Orion siempre fue muy cuidadoso con estas cosas. ¿Estamos seguros de que esta es la niña que mencionó?"
Marta suspiró, mirando hacia la casa del alfa donde se veían las luces encendidas.
"No sé, Ernesto", dijo con voz baja. "La profecía hablaba de una niña que había sufrido mucho, que había perdido a sus padres. De una niña que no era como los demás. Carmen es fuerte, sí... pero no tiene esa luz que la otra tenía".
Mi corazón dio un vuelco. Marta todavía recordaba.
"La otra ya no está aquí", dijo Ernesto, con tristeza en la voz. "Y Rafael es el alfa. Tenemos que seguirlo".
Marta asintió, pero vi cómo movía la cabeza con desacuerdo antes de volver a sus hierbas.
Seguí moviéndome por la aldea, hasta llegar a la casa del alfa. La puerta estaba entreabierta, y pude escuchar las voces de Rafael y Carmen desde dentro.
"¿Seguro que la ceremonia será suficiente?" preguntó Carmen, con un tono de preocupación que nunca había escuchado antes. "¿Seguro que todos creerán que soy la de la profecía?"
"Claro que sí", respondió Rafael, con voz segura. "La gente quiere creer en algo grande, en algo especial. Ellos no necesitan saber la verdad – necesitan saber lo que les digo yo".
"Y la otra... ¿qué pasa si regresa?" preguntó Carmen, y escuché cómo movía algo en la habitación – quizás una silla. "Ethan Darkpine es conocido por ayudar a los marginados. ¿Qué pasa si la ha tomado bajo su protección?"
"Ella no volverá", dijo Rafael, con tono de desprecio. "Estaba a punto de morir cuando la dejé. Y aunque hubiera sobrevivido, ¿qué podría hacer? No tiene loba interior, no tiene poder. Nadie la seguiría".
Sentí cómo la ira se acumulaba en mi pecho, pero la controlé. No era el momento. Me quedé allí un poco más, escuchando cómo planeaban la ceremonia, quiénes vendrían, qué dirían. Luego me fui silenciosamente, volviendo hacia nuestra manada con toda la información que necesitábamos.
La noche de la luna llena llegaron más rápido de lo esperado. Nos preparamos con calma – vestimos ropas sencillas pero resistentes, llevamos hierbas que nos ayudarían a protegernos si algo salía mal, pero nada que pareciera un arma. Fuimos diez en total – Ethan, Lila, Kai y otros siete miembros de nuestra manada que querían acompañarnos para mostrar su apoyo.
Llegamos al Bosque de Otoño cuando la ceremonia estaba a punto de empezar. La plaza central estaba llena de lobos de todas las manadas – vi rostros conocidos y desconocidos, ancianos sentados en los lugares de honor, jóvenes alrededor del fuego esperando la celebración.
Rafael y Carmen estaban en lo alto de una plataforma de madera, él con su túnica de alfa de piel negra y ella con un vestido blanco brillante que parecía hecha de luz de luna. Eran una pareja imponente, todos miraban hacia ellos con admiración.
Empezó la ceremonia con los antiguos cantos, con la ofrenda de hierbas al fuego, con las palabras del anciano Ernesto sobre la profecía y el futuro de la manada. Cuando llegó el momento de presentar a Carmen como la nueva luna, Ethan dio un paso adelante y levantó la mano.
"Permiso para hablar, alfa Rafael", dijo con voz clara que se escuchó en toda la plaza.
Todos los ojos se volvieron hacia nosotros. Vi cómo Rafael se tensaba, cómo Carmen palidecía un poco al vernos.
"Ethan Darkpine", dijo Rafael, con voz fría. "No estaba esperando a la manada del Rocío Gris en nuestra ceremonia. ¿Qué hace usted aquí?"
"Venimos no como enemigos, sino como testigos de la verdad", respondió Ethan, moviéndose a un lado para que todos me vieran.
Rafael se rio, un sonido seco y cruel.
"¿Esa? Esa es la mujer que decían estar muerta. La que no podía darme un heredero, la que no era más que una carga para nuestra manada", dijo, pero vi cómo sus ojos se estrechaban cuando me miraba a los ojos.
Yo di un paso adelante, sintiendo cómo mi don se activaba – no para esconderme, sino para hacer que mi voz se escuchara en cada rincón de la plaza, para que todos pudieran sentir la verdad en mis palabras.
"Soy Nyx Silverwood", dije, y vi cómo algunos rostros mostraban reconocimiento, cómo Marta la sanadora se levantaba de su asiento. "Fui la luna del Bosque de Otoño durante tres años. Me casé con Rafael porque su padre, el alfa Orion, creyó que yo era la de la profecía".
Empecé a contar mi historia – cómo llegué a la manada, cómo me convertí en luna, cómo me enteré de estar embarazada, cómo descubrí que todo había sido una mentira. Conté sobre Carmen, sobre que era la mate predestinada de Rafael, sobre el trato que habían hecho. Conté sobre el ataque en el acantilado, sobre cómo me dejaron para morir.
Al principio hubo murmullos, algunas risas de incredulidad, pero a medida que hablaba, el silencio se hizo más profundo. Vi cómo los ancianos miraban a Rafael con desconfianza, cómo algunos lobos de la manada empezaban a murmurarse entre sí.
"Estás mintiendo", dijo Carmen, bajándose de la plataforma y acercándose a mí con paso firme. "Eres una mujer celosa que no puede aceptar que Rafael eligió a quien realmente ama".
"¿Es eso cierto?" pregunté, mirándola a los ojos. "¿O acaso no te acordás de la tarde en que me dijiste que había oído de una emergencia para Rafael? ¿O acaso no te acordás de mi cinta azul que llevas en el pelo? ¿La que te regalé cuando creía que eras mi hermana?"
Carmen se quedó callada, bajando la cabeza y apartando la mirada.
"Y tú, Rafael", dije, volviéndome hacia él. "¿Qué tienes que decir? ¿Negarás que me atacaste? ¿Negarás que mataste a nuestro bebé?"
Rafael se acercó hasta quedarnos frente a frente, con los ojos dorados brillando con furia.
"Eres una mujer desquiciada", dijo con voz baja pero amenazante. "No tienes pruebas de nada de lo que dices".
"¿No?" pregunté, y entonces moví mi mano hacia mi cuello, mostrando la cicatriz que todos podían ver ahora. "Esta es una herida de tus garras. Marta la sanadora puede confirmar que las marcas coinciden con las de un lobo de tu pelaje. Y además..." – cerré los ojos y me concentré en mi don – "todos pueden oler la verdad si se dejan llevar por sus sentidos".
Sentí cómo la energía del lugar cambiaba – cómo el olor de mentira que envolvía a Rafael y Carmen se hacía más fuerte, cómo la verdad de mis palabras se extendía por toda la plaza. Vi cómo algunos lobos empezaban a alejarse de la plataforma, cómo los ancianos se reunían para hablar entre sí.
"Lo que ella dice es cierto", dijo Marta, levantándose de su asiento y acercándose a nosotros. "Yo fui quien le dijo que estaba embarazada. Yo fui quien vio las heridas cuando alguien la encontró en el río – heridas que solo podía haber hecho un alfa como tú, Rafael".
Otro lobo se levantó – el que había sido mi amigo antes de casarme con Rafael.
"Yo también sé la verdad", dijo, con voz temblorosa. "Escuché a Rafael hablar con Carmen sobre el trato. Pensé que era un sueño, que no podía ser cierto... pero ahora sé que sí".
Uno a uno, más lobos empezaron a hablar – algunos habían visto cosas, otros habían escuchado rumores, todos sabían que algo no estaba bien. La ceremonia se había convertido en algo completamente diferente: en un momento de verdad para toda la manada.
Rafael se quedó solo en la plataforma, con Carmen a su lado mirándolo con ojos llenos de miedo. Los lobos que antes lo admiraban ahora lo miraban con desconfianza, con tristeza, con rabia.
"No puedo creer que mi padre confiara en ti", dijo Ernesto, el anciano más antiguo, acercándose a Rafael con paso firme. "Él enseñó que un alfa debe proteger a todos sus lobos, especialmente a su luna. Pero tú... tú has hecho lo contrario".
Rafael intentó hablar, pero no salió nada de su boca. Sabía que había perdido el control, que su poder se desvanecía con cada palabra que decían contra él.
"La manada decidirá qué hacer contigo", dijo Ernesto, mirando a todos los presentes. "Pero por ahora, ya no eres nuestro alfa. Te pedimos que dejes el Bosque de Otoño y no vuelvas hasta que la manada decida tu destino".
Rafael miró a su alrededor, viendo que no tenía nadie de su lado. Carmen lo miró con los ojos llenos de lágrimas, pero no dijo nada. Finalmente, dio media vuelta y se fue caminando hacia el bosque, solo, con la cabeza baja. Carmen lo siguió después de un momento, mirándonos con una mezcla de culpa y rabia antes de desaparecer entre los árboles.
La plaza se llenó de murmullos, de preguntas, de discusiones sobre qué hacer ahora. Los ancianos se reunieron para hablar de quién sería el próximo alfa, de cómo cambiar las reglas para que nada así volviera a pasar. Marta se acercó a mí y me abrazó con cuidado, con lágrimas en los ojos.
"Lo siento, Nyx", dijo. "No supe lo que estaba pasando. Nunca hubiera ayudado a ocultarlo si lo hubiera sabido".
"Lo sé, Marta", le dije, abrazándola de vuelta. "No es tu culpa".
Ethan se acercó y me tomó la mano.
"¿Qué harás ahora?" preguntó. "Podrías quedarte aquí, ser la luna de nuevo si la manada lo decide".
Miré alrededor de la plaza – de los lobos que me miraban con admiración y tristeza, de la casa del alfa que había sido mi hogar durante tres años, del bosque que conocía como la palma de mi mano. Pero ya no era mi lugar. Mi lugar estaba donde había construido algo nuevo, algo justo.
"No", dije, sonriendo suavemente. "Ya soy la Guardiana de las Sombras en mi propia manada. Aquí necesitan alguien que los ayude a empezar de nuevo, pero yo ya tengo mi hogar".
Los ancianos nos dieron las gracias por decir la verdad, nos ofrecieron comida y refugio para la noche, pero les dimos las gracias y les dijimos que teníamos que volver. Nuestra manada nos esperaba, y había mucho trabajo por hacer.
En el camino de regreso, la luna llena brillaba sobre nosotros, iluminando nuestros senderos ocultos. Sentí cómo mi cuerpo se llenaba de paz – no la paz de la rendición, sino la paz de haber hecho lo correcto. Mi bebé nunca volvería, pero al menos ahora la verdad estaba al descubierto, al menos ahora nadie más sufriría lo que yo sufrí.
"¿Qué vendrá ahora?" preguntó Kai, caminando a mi lado.
"Lo que nosotros decidamos", respondí, mirando hacia nuestra manada donde ya se veían las luces de nuestras casas. "Ahora tenemos la oportunidad de construir un mundo donde nadie sea marginado por ser diferente. Un mundo donde todos tengan un lugar donde pertenecer".
Ethan me apretó la mano, y vi cómo todos los demás caminaban con la cabeza alta, con orgullo de lo que habíamos logrado. Sabía que el camino seguiría siendo difícil, que habría más desafíos por delante, pero también sabía que no estaría sola.
Yo era Nyx Silverwood, la Guardiana de las Sombras. Ya no era la luna que nunca existió – era algo mucho más importante que eso.
Y así empezó un nuevo capítulo para todas las manadas – un capítulo donde la verdad valía más que el poder, donde la diferencia era vista como fortaleza, y donde incluso las sombras podían brillar con luz propia.