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Tres hermanos, una reina
img img Tres hermanos, una reina img Capítulo 3 Una chica en apuros
3 Capítulo
Capítulo 8 Sus tres hermanos img
Capítulo 9 Bienvenida a casa img
Capítulo 10 Superioridad mezclada con celos img
Capítulo 11 La curiosidad de Isabel img
Capítulo 12 ¿Luchando por cada bocado img
Capítulo 13 ¿Qué hice para que me pusieran en la lista negra img
Capítulo 14 Me gustaría someterme a una revisión también img
Capítulo 15 Admirando la fuerza y definición de su físico img
Capítulo 16 ¿De verdad eres mi madre img
Capítulo 17 Son prácticamente idénticas img
Capítulo 18 Regalos extravagantes img
Capítulo 19 Resultados de la prueba de adn img
Capítulo 20 La familia arrogante img
Capítulo 21 Haré que el presidente te expulse img
Capítulo 22 Las reglas son las reglas img
Capítulo 23 Todo un despliegue img
Capítulo 24 ¿Un espectáculo img
Capítulo 25 La gélida reacción de owen img
Capítulo 26 Un apartamento compartido img
Capítulo 27 Una discusión acalorada img
Capítulo 28 No puedes ayudarla img
Capítulo 29 Sin avances img
Capítulo 30 Le molestaba más de lo que le gustaría admitir img
Capítulo 31 La hija de un guardaespaldas img
Capítulo 32 ¿Alguna vez has considerado que podría no ser pobre img
Capítulo 33 Eres mi heroína img
Capítulo 34 Para callarla img
Capítulo 35 Waylon le sonrió a Stephanie img
Capítulo 36 Cristina siguió a Stephanie img
Capítulo 37 El orgullo herido de Aimee img
Capítulo 38 ¿De quién es mejor el cuadro img
Capítulo 39 Un concurso justo img
Capítulo 40 Vino preparada img
Capítulo 41 Una encuesta en línea img
Capítulo 42 El resultado img
Capítulo 43 Que pinte algo ahora mismo img
Capítulo 44 El castigo de correr desnuda img
Capítulo 45 La venganza de aimee img
Capítulo 46 Alguien pujaba contra ella img
Capítulo 47 Visitando a sus salvadores img
Capítulo 48 Saldando una deuda img
Capítulo 49 La actitud de Stephanie hacia Waylon img
Capítulo 50 ¿Qué batido prefieres img
Capítulo 51 Diez millones por la obra de una novata img
Capítulo 52 Cuidado con la venganza img
Capítulo 53 También hay que ocuparse de Stephanie img
Capítulo 54 Un autobús extraño img
Capítulo 55 Piérdete si no quieres morir img
Capítulo 56 ¿Eso es todo lo que tienes img
Capítulo 57 Confesarlo todo img
Capítulo 58 ¿De verdad estás bien img
Capítulo 59 Su plan salió mal img
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Capítulo 3 Una chica en apuros

Los dos guardias de seguridad se acercaron y, sujetando el bicicleta de Stephanie, se dispusieron a quitarla de en medio.

Ella no se molestó en oponer resistencia; ya había perdido la cuenta de cuántas veces la habían subestimado por su edad.

Con calma, sacó el celular, preparó el pulgar sobre la pantalla y declaró: "Esperen. Muéstrenle esto a los Elliott. Soy la doctora Clayton, me invitaron para una consulta médica".

La doctora Clayton era el nombre profesional que usaba en el Instituto Nacional de Biotecnología e Investigación.

Los guardias se encogieron de hombros, indiferentes. "¿Doctora Clayton? Nunca hemos oído hablar de nadie así. Anda, muévete y no sigas bloqueando la entrada".

Con un suspiro de resignación, Stephanie negó con la cabeza. No importaba lo lejos que hubiera llegado; siempre habría gente dispuesta a juzgarla por las apariencias.

Antes de que pudiera hacer un nuevo intento, una voz familiar interrumpió el alboroto: "¿Stephanie? ¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que tenías que volver corriendo al campo?".

Al girarse, la joven se encontró cara a cara con Aimee.

Esta mostró una mueca de desprecio. "Lugares como este no son para alguien como tú".

Aimee, que recién comenzaba a estudiar pintura al óleo en la Universidad Veridia, había llegado al hotel con la esperanza de conocer al pintor Carlos Russell. Toparse con Stephanie allí era lo último que se esperaba.

El vestíbulo estaba lleno de gente famosa y Aimee sintió cómo sus mejillas se encendían al pensar que alguien pudiera relacionarla con Stephanie, cuya ropa sencilla y apariencia modesta contrastaban por completo con la elegancia de la multitud.

Desesperada por guardar las apariencias, Aimee intentó apartarla a toda prisa.

Stephanie apenas le prestó atención y se dio la vuelta sin dudar.

En realidad, la consulta de Waylon Elliott nunca le había importado, así que no tenía ningún problema en irse.

De pronto, unos gritos estallaron cerca de la entrada principal del hotel.

"¡Ayuda! ¿Hay algún médico? ¡Alguien acaba de desmayarse!".

La multitud rápidamente se amontonó alrededor del alboroto.

"¡Miren sus labios, se le están poniendo morados! Y tiene la cara pálidísima. No para de temblar. ¿Se va a morir?".

"Está empapada en sudor, lleva la camisa chorreando...".

Sin dudarlo un instante, Stephanie se montó en su escúter y aceleró hacia el centro del alboroto.

"¡Stephanie, ¿a dónde vas?!", gritó Aimee, apresurándose a seguirla.

Cuando Stephanie llegó al lugar, lo que vio la hizo detenerse.

En el suelo, una joven yacía con un lado del cuerpo visiblemente más grande que el otro, y sus rasgos faciales extrañamente desproporcionados. Su cuerpo temblaba intensamente, y sus extremidades se retorcían en ángulos extraños. Su boca y sus ojos se desviaban bruscamente hacia un lado y su expresión estaba completamente distorsionada.

La condición era inconfundible: un caso extremadamente raro de hemihipoplasia.

"¿Nació así?".

"Qué aspecto tan extraño tiene...".

"Por favor, todos hacia atrás. Soy médica".

Stephanie sacó su estetoscopio e inició un examen rápido pero minucioso: le revisó las pupilas a la joven y le auscultó el corazón y los pulmones.

Aimee observaba desde el borde del círculo, asombrada por la habilidad con la que Stephanie trabajaba. Finalmente, incapaz de contenerse, espetó: "¡Stephanie! ¿Qué demonios crees que haces? ¡¿Cómo te atreves a hacerte pasar por doctora?!".

La aludida le lanzó una mirada firme y respondió: "Cállate".

Sin dejarse afectar por la apariencia deformada de la joven, la apartó suavemente del sol y la colocó a la sombra.

Decidida a impedir que Stephanie se luciera, Aimee alzó la voz para que todos la oyeran: "¡Escuchen todos! ¡La conozco! ¡No es médico de verdad! Solo está fingiendo. Si la dejan seguir, ¡va a matar a esta pobre chica! ¡Hay que detenerla ya!".

"Pues parece que sabe lo que hace", comentó una mujer entre la multitud.

"Lleva un estetoscopio. Quién sabe, a lo mejor es doctora de verdad. No deberías juzgarla tan a la ligera". Un hombre asintió, dándole la razón a la mujer.

"¡Están equivocados! ¡Es imposible que sepa nada de medicina! ¡Va a matar a esta pobre chica!", gritó Aimee, con más fuerza si cabe, sin dar su brazo a torcer.

Se abalanzó hacia delante, intentando apartar a Stephanie. "¡Basta ya! ¿Acaso has estudiado medicina? ¡Apártate y no molestes!".

Sin perder la calma, Stephanie la miró directamente a los ojos. "Si no puedes ayudar, al menos no estorbes. No compliques más las cosas".

Ignorando el caos a su alrededor, abrió su mochila y sacó un botiquín metálico compacto, lleno de frascos, jeringas y herramientas estériles perfectamente organizadas.

Sacó un frasco blanco, extrajo una pastilla azul y, con mucho cuidado, ayudó a la joven a tomarla.

Los segundos pasaron lentamente. Las convulsiones amainaron hasta desaparecer por completo. Finalmente, la joven se quedó quieta, con la respiración ya regular y sosegada.

El silencio fue absoluto, hasta que Aimee gritó: "¡Stephanie, ¿qué has hecho?! ¡La has matado!".

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