-No, Daniel, es que me parece que todo es un sueño, por eso quiero comprobar mi cordura; es que cuando consideraba que las cosas no se podían complicar aún más, pues me sucede esto; es que te aseguro que esto es una cosa de locos. -El CEO se levanta de la silla y se pone a observar por la ventana como llueve.
-Danilo, es que te falta, ve los problemas como oportunidades, según la filosofía que leí en un libro titulado "Me enamoré de mi gurú", que no hay mal, que por bien no venga. -Daniel saca un librito azul de su escritorio y se lo alcanza a su compañero.
-Aguarda, es que no le veo forma a lo que me dices, ¿cómo le puedo ver algo bueno a que es posible que me quede en la calle? Que pase de la opulencia a la pobreza, no puedo considerar que es probable que me toque volver a montar en bus, después de que tuve un jet privado. Te prometo que quisiera convertirme en un topo y esconderme en un agujero hasta que esto se resuelva solo. -Danilo no le recibió el libro, dejándolo con la mano estirada.
-Morales, por meterte en un hueco, estás en estos problemas; lo que tienes que hacer es tratar de sacarle provecho a las cosas; es como dicen que una patada en la espalda le puede servir a uno para darle impulso; puedes unir todas tus tormentas de desgracias y convertirlas en viento para que te empujen las velas de tus barcos. -Daniel volvió a guardar el libro y se reclinó en la silla.
-Daniel, más o menos lo mismo estaba pensando, cuando salía del hospital, hasta que me llamó mi esposa. -Morales se despeinó con los dedos y se sentó de nuevo para luego volverse a levantar como si el sofá estuviera caliente.
Daniel sacudió una mano haciéndola tronar y dijo con voz de preocupación: -La pobre debe de estar histérica.
-Yo pensé que estaba parada en las pestañas, pero me equivoqué; en realidad estaba muy preocupada por una demanda en su contra, temía que eso pudiera llevarla a la cárcel. Para su distinguida familia, sería un desastre de proporciones bíblicas. -Morales de nuevo miró por la ventana; en la calle vio a una mujer en minifalda roja y no le dieron ganas de gritarle un piropo como en otros tiempos.
-Por supuesto, ella es campeona de artes marciales, tiene todas las de perder ante la corte; lo único es que alegue lo de la infidelidad y además están todas esas fotos que le darían la razón, que también le servirían en el proceso del divorcio para dejarte como un pollo desplumado. -Daniel lanzó un golpe de karate al aire y luego se apretó el cuello.
Danilo, sentado en el suelo y apoyado contra la pared, dice: -Eso sería un desastre. No debí haber sacado ese capital para adquirir la hacienda; mantuve la empresa funcionando casi a diario; seguramente ella se quedará con todo y yo terminaré en prisión.
Daniel se levanta del asiento, coge una botella con un líquido dorado y sirve dos copas. -Esto se merece un brindis, pues ahí lo tienes, une toda esa madeja. Sugiere a tu esposa que se tranquilice con el divorcio, mientras tú apaciguas a la familia de la niña. El tiempo que te dé ese periodo lo puedes usar para poner los bienes a nombre de alguien que no te perjudique.
El CEO, mediante un salto, se reincorporó y cogió una copa. -Es buena idea, aunque no sé a quién le pueda encargar mis bienes y la empresa. Con respecto a lo de la señorita, controlarla me saldría muy caro, bastante costoso.
-Morralitos, ¿es que la familia de la niña te está pidiendo como pedirle a Dios? ¿Qué cifra tan astronómica de dinero te están exigiendo?, ¿un millón de millones? -Daniel, vacío la copa de un solo sorbo sin hacer gestos por la ardiente bebida.
Morales torció la boca y exhaló: -No, ya fuera dinero, de alguna forma se lo consigo, pero lo que ella quiere es este cuerpecito, aunque no la culpo, es lo que todas desean.
Daniel apretó la boca para evitar lanzar una carcajada y le contestó: -Por supuesto, es que se me olvidaba que eras el Adonis irresistible, el galán de galanes. Pues ahí está tu solución: la enamoras para que desista de demandas y a tu esposa le cuentas que lo haces para evitar que la envíen a la cárcel por intento de homicidio. De esa forma tienes tiempo para pasar todos los bienes a nombre de un tercero. Ganas por lado y lado; serás muy afortunado; es como si tu mujer te diera permiso de tener amante.
Danilo bebió la copa haciendo muecas y balbuceos. -Como lo dices, se escucha fácil, aunque tu risita estúpida, me muestra que hay algo que me quieres decir; sé qué tiene que ver algo con esas fotos, apuesto que las has visto mil veces; vamos, escupe eso que te atraganta.
Daniel expulsó una risotada para luego añadir: -Danilo, ay, usted sí me perdona, pero se metió una descachada ni la verraca. ¿Es que usted qué le vio a esa vieja? No tiene nada bueno. Debiste haber estado borracho o algo, ¿cómo es posible? Que estando casado con una ex-reina, con un cuerpazo de deportista, te metas con esa niña con la cara en desorden y el cuerpo en recreo.
-Tampoco está tan fea, no exagere, Danielito. -Morales sirvió otras dos copas, además.
Daniel se lanzó a la silla y alzó las piernas sacudiéndolas. -Con decirle que estoy por lavarme los ojos con blanqueador para ver si se me quita la imagen de esa mujer, no sé cómo pudiste; por lo menos ya no nos burlaremos de Rafael.
-No exageres, lo que le pasó a Rafael fue un fiasco monumental, estuvo con esa señora y al final le salió con antena; eso ya son otras cosas; al menos esta sí es mujer. -Danilo le enseñó la palma de la mano y arrugó la frente.
-Pues como están las cosas, prefiero un hombre bonito que una mujer así de fea. -Bebió la copa y sirvió otras dos.
-Daniel, es como si no te acordaras de lo que hicimos con nuestra compañera, la peluca; esa no era una princesa que yo recuerde. -El CEO lo señaló con ambos índices.
Su amigo giró la cabeza en negación para responderle: -Es que esos eran tiempos de colegio, cuando el desarrollo nos acosaba por desfogarnos y esta chica nos hizo el favor a todos. Fue una cosa de locos, es como si nos hubieran metido carbones al rojo vivo en los calzoncillos y ella nos ayudó a apagarlos. Qué buenos tiempos, aunque ella era mucho mejor que tu actual novia, perdón, tu futura esposa.
Con el anhelo de que la copa le quemara la angustia que llevaba dentro, Danilo la tomó y dijo: -No estoy para esas cosas, sinceramente; además, existen problemas más serios que pueden hacerme ir a una cárcel de máxima seguridad en Norteamérica o, lo que es aún peor, a un cementerio.
Su compañero, estirando los labios, le comentó: -Me gustaría poder contrariarte, pero ese es el principal motivo por el que lo llamé; resulta que ya no voy a poder cubrir más fraudes. Las cosas se están complicando. Es que desde ya se me está dificultando. Debido a que van a cambiar a mis jefes y se rumora que llegará alguien que no se deja sobornar, donde eso ocurra, es mejor apague y vámonos.
El CEO se abofeteó para reaccionar, interponiendo: -De seguro encontraré una solución para ello, siempre las encuentro; lo que sí veo muy complicado es estar con esa señorita.
Daniel de nuevo le llenó la copa, exponiéndole: -Morales, eso es algo muy elemental; con una botella, la verás bella, un agua ardiente para pelarle el diente y con un vino, hasta yo me animo.
Danilo se rasca la barba y dice: -Esa podría ser la solución; me la llevo a bailar, me pego una locura de padre y señor mío, después le doy su buena atendida para que se le olvide todo lo malo y no demande a mi esposa. Que quede tan cansada y feliz que ni lea lo que yo le haga firmar.
-Ese es mi Danilo, el mismo pícaro que he conocido toda la vida; sabía que esa apariencia de caballero inglés era solo una fachada. Apuesto a que estás con tu mujer, no por su belleza, sino por la fortuna de sus padres; sé que tu suegro es tu mayor socio. -Daniel le aplaudió tres veces haciéndole reverencias.
Morales torció la cabeza para explicarle: -Esa es una de las razones por las que no me puedo divorciar. Sé que Ángela es una mujer hermosa, aunque una como ella la puedo conseguir muy fácil, pero a una con un padre multimillonario y que no tenga hermanos, eso sí, es complicadísimo. Es que recuerda lo horrible que vivíamos cuando éramos pobres, es que no puedo volver a serlo, no lo resistiría, por eso siempre tengo mi plan B.
Daniel tiró al piso el frasco de lápices, vociferando: -Otra vez con esa bobada, tu plan «B» de bala, las que tienes en la recámara de tu arma, ¿es que prefieres suicidarte a volver a la pobreza? Eso sería una cobardía. Mejor primero ve y haz feliz a esa muchacha que está en el hospital por culpa de los celos de tu mujer. Luego trata de que tu esposa acceda a tu loco plan; de seguro lo lograrás, ella te ama mucho. No sé qué vio en ti esa señora, es muy pegajosa; yo le he sugerido que vaya a un psicólogo por ese mal gusto que tiene o que se haga revisar los ojos.
Don Morales se le acercó con una sonrisa enorme y le dijo: "Daniel, mi esposa tiene un gusto y un busto excelentes; tú sabes que no tiene presa mala". Yo apuesto a que aún te gusta mucho y no superas que te la gane.
Daniel se sentó, borrándosele la sonrisa. -Danilo, no digas estupideces, eso sucedió hace muchos años; te aseguro que he estado con mejores.
-¿En serio? -Danilo levantó una sola ceja sin quitarle la mirada.
-Sí, por supuesto... ¡Pero pagando! -Daniel volvió a levantar las piernas, moviéndolas en el aire, cogiéndose el estómago y dando risotadas.