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Cenizas del Trono de Escamas
img img Cenizas del Trono de Escamas img Capítulo 5 El Vínculo es sagrado
5 Capítulo
Capítulo 6 La Celda de la Erudita img
Capítulo 7 La alarma de intrusión aérea img
Capítulo 8 Susurros en los Muros img
Capítulo 9 El Puente de los Suspiros img
Capítulo 10 La Historia Oculta img
Capítulo 11 El Refugio de los Olvidados img
Capítulo 12 Ecos en la Nieve img
Capítulo 13 El Bosque de los Lamentos img
Capítulo 14 El Pacto de Sangre y Sombra img
Capítulo 15 Acero y Ceniza img
Capítulo 16 La Garganta del Viento img
Capítulo 17 La Prisión de Hielo img
Capítulo 18 La Última Lección img
Capítulo 19 Renacido en Luz Blanca img
Capítulo 20 El Cielo Roto img
Capítulo 21 Danza de Hueso y Acero img
Capítulo 22 El Primer Amanecer Libre img
Capítulo 23 La Marea de Hierro img
Capítulo 24 El Protocolo de Hierro img
Capítulo 25 La Estrategia del Invierno img
Capítulo 26 Termodinámica de la Ira img
Capítulo 27 La Paz de la Escarcha img
Capítulo 28 La Alquimia del Vapor img
Capítulo 29 La Piel de la Quimera img
Capítulo 30 El Parlamento de las Bestias img
Capítulo 31 La Danza de los Segadores img
Capítulo 32 Caída Libre y Fuego Ascendente img
Capítulo 33 El Precio del Mañana img
Capítulo 34 La Ciudad de Vapor y Runas img
Capítulo 35 La Frontera de Cristal img
Capítulo 36 El Circuito de Lázaro img
Capítulo 37 La Sombra del Coloso img
Capítulo 38 El Silencio de Dios img
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Capítulo 5 El Vínculo es sagrado

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Incluso el general Kaelen contuvo el aliento.

Sobre la mesa yacía un fragmento de ala de dragón. Pero no era piel, ni carne, ni escama. Era piedra. Una piedra gris, porosa y muerta, que conservaba la forma perfecta de las venas y la membrana del ala, petrificada en un instante de agonía.

Aeric sintió que la sangre se le helaba en las venas. Era exactamente lo que había visto en el flanco de Pyroth, pero en una etapa terminal.

-Esto -dijo Varek, señalando el horror con un dedo acusador- pertenecía a Vermithrax, el dragón de la guarnición del Este. Murió hace tres días. No por una flecha, ni por una lanza. Simplemente... se detuvo. Sus pulmones se convirtieron en granito mientras dormía.

-La Peste de Plata... -susurró el Rey Thorian, el terror asomando en sus ojos nublados-. Creí que eran rumores de campesinos.

-Es real, majestad -confirmó Varek, su tono grave pero extrañamente carente de empatía-. Y es contagiosa. No es una enfermedad biológica, es una resonancia mágica. Una disonancia en el Vínculo que une a jinete y bestia. Cuando un dragón enferma, su magia se corrompe. Y esa corrupción se extiende. Si Vermithrax hubiera estado en el Nido Real... ahora tendríamos una colección de estatuas en lugar de una fuerza aérea.

Aeric apretó los puños bajo la mesa hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Varek estaba mintiendo. O al menos, torciendo la verdad. La Peste no era natural, Elara se lo había sugerido en sus cartas antes de ser encarcelada. Pero no podía decir nada. No sin admitir que había estado consultando a una criminal.

-¿Qué propones, Varek? -preguntó el Rey, su voz temblorosa.

Varek sonrió, una mueca fina y depredadora.

-Propongo el Protocolo de Purga, majestad.

La palabra quedó flotando en el aire, fría y definitiva.

-¿Purga? -repitió Aeric, poniéndose de pie de golpe-. ¿Estás sugiriendo matar a nuestros dragones?

-Estoy sugiriendo salvar al reino, alteza -respondió Varek con calma, girándose para enfrentarlo-. Un dragón infectado es una bomba de tiempo mágica. Si la infección llega al núcleo del animal, la explosión de energía arcana podría arrasar esta ciudadela. Debemos inspeccionar a cada bestia. A la primera señal de la mancha plateada... debe ser neutralizada. Su esencia mágica debe ser extraída antes de que se pudra.

-¡Son seres vivos! -gritó Aeric-. ¡Son nuestros aliados!

-Son herramientas, Aeric -cortó el Rey, golpeando el brazo del trono. La fuerza repentina del anciano sorprendió a todos-. Y una herramienta rota es peligrosa. Varek... ¿tienes una alternativa? Si matamos a los dragones, ¿con qué nos defendemos?

Varek asintió, como si hubiera estado esperando esa pregunta exacta.

-La ciencia arcana ha avanzado, majestad. No necesitamos bestias caprichosas que comen, duermen y enferman. He estado trabajando en los Constructos. Gólems de hueso y acero, animados por la esencia pura extraída de los dragones... sacrificados. Obedientes. Sin miedo. Inmunes a la peste.

Varek sacó un pergamino de su manga y lo desenrolló sobre la mesa. Mostraba diagramas de esqueletos de dragón reforzados con placas de metal y runas brillantes en lugar de órganos. Era una abominación. Era nigromancia disfrazada de ingeniería.

-Para activar los primeros prototipos, necesito núcleos de dragón frescos -dijo Varek, mirando fijamente a Aeric-. El Protocolo de Purga nos dará la materia prima para construir un ejército eterno.

-¡Es una locura! -Aeric miró a su padre, buscando un rastro del guerrero que había sido-. Padre, no puedes permitir esto. Es traición a la Vieja Ley. El Vínculo es sagrado.

El Rey Thorian miró el fragmento de ala petrificada. Luego miró los planos de Varek. El miedo a perder el poder, el miedo a la invasión, pesaba más que cualquier tradición.

-El reino debe sobrevivir, Aeric -murmuró el Rey, desviando la mirada-. La supervivencia no entiende de santidad.

El Rey tomó la pluma que Varek le ofrecía.

-Mañana -dijo Varek, mientras el Rey firmaba el decreto con mano temblorosa-, durante el Vuelo de Ceniza, mis inspectores examinarán a cada dragón antes del despegue. Cualquier bestia con una sola escama gris será... procesada. Empezando por los más grandes.

El corazón de Aeric se detuvo. Mañana.

Varek enrolló el pergamino firmado con una satisfacción lenta y metódica.

-Será un día glorioso para el progreso, alteza -dijo Varek, inclinando la cabeza hacia Aeric con una burla velada-. Asegúrese de que Pyroth esté listo. Sería una lástima que el símbolo de nuestra dinastía tuviera algún... defecto.

Aeric no respondió. No podía. Sentía la bilis subiendo por su garganta. Sabía que Varek sospechaba. Quizás incluso lo sabía. La Peste no era una casualidad; era el pretexto perfecto para el golpe de estado de Varek, para cambiar la biología por la nigromancia y tomar el control total.

El príncipe hizo una reverencia rígida y salió de la sala sin esperar permiso.

Mientras las puertas se cerraban a sus espaldas, amortiguando la voz del general Kaelen preguntando por los detalles técnicos de los "Constructos", Aeric se apoyó contra el muro de piedra fría del pasillo. Le temblaban las piernas.

Tenía menos de veinticuatro horas.

Mañana al amanecer, los inspectores de Varek entrarían en el Nido Real. Encontrarían la mancha en Pyroth. Y lo matarían para convertirlo en una marioneta de huesos.

Aeric miró hacia la torre norte del castillo, la más alta y solitaria, donde se encontraban las celdas de los prisioneros políticos y los herejes mágicos.

Solo había una persona que sabía más de magia antigua que Varek. Una persona que le había advertido que esto pasaría. Una persona a la que él mismo había ayudado a encarcelar hace un año por practicar la Magia de Sangre.

Elara.

Aeric se desabrochó la capa ceremonial y la tiró al suelo. Ya no le importaba el protocolo. Si iba a cometer alta traición, más valía empezar ya.

Echó a correr hacia las mazmorras.

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