-Me voy -dijo Elías, mirando el agua estancada.
Kristtyn sintió un golpe en el pecho.
-¿Te vas? ¿A dónde?
-Lejos. A la ciudad. No hay futuro aquí.
Ella tomó su mano, la misma mano que había cometido actos indescriptibles.
-Pero... ¿y nosotros? Acabamos de empezar.
La noticia la envolvió en una tormenta emocional. La tristeza por la inminente pérdida, mezclada con una punzada de felicidad por él; al fin y al cabo, siempre había soñado que se fueran de Oblivar.
Esa noche, Kristtyn no fue a casa. Fue a la única tienda que vendía licor fuerte. Consumida por el alcohol, la tristeza y un deseo reprimido que buscaba desesperadamente anclar a Elías a algo real, lo llamó.
Se encontraron en la vieja caseta abandonada detrás de la iglesia. El ambiente era pesado, cargado de desesperación.
-No te vayas así, Elías -murmuró ella, con la voz pastosa por la bebida. Sus ojos verdes suplicaban.
-Tengo que irme -repitió él, sin emoción.
-Entonces... hazme tuya. Quiero algo para recordar. Quiero sentirme como todas las demás chicas.
Fue un acto torpe, desesperado y fugaz. Para ambos, fue la primera vez. La inexperiencia se mezcló con el alcohol y la ansiedad. A pesar de la torpeza, Kristtyn sintió la conexión física, el calor que buscaba. Lo disfrutaron, pero mientras ella se acurrucaba contra él, sintió el mismo abismo: Elías estaba distante. Su mente parecía estar en otro lugar, observando la escena desde lejos.
Dos días después, Kristtyn buscó a Elías. Estaban tomando café en la panadería. Ella estaba tratando de revivir el momento, buscando la intimidad que había anhelado.
-¿Recuerdas cómo fue la otra noche? -preguntó ella, con una sonrisa tímida.
Elías la miró, su rostro una hoja en blanco.
-¿La otra noche? ¿Qué pasó la otra noche, Kristtyn?
Ella sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
-¿Cómo que qué pasó? Estuvimos... tú sabes. Juntos.
Elías frunció el ceño, el esfuerzo por recordar era visible, pero fútil.
-No lo recuerdo. Debí haber estado muy... drogado, supongo.
La honestidad brutal la golpeó más que una mentira. No se acordaba de absolutamente nada. Su primer acto de amor, la entrega de su intimidad, había sido borrado por el escudo químico que Elías usaba para escapar de la realidad. Kristtyn se sintió vacía, humillada, pero aún más desconcertada. Se suponía que estaban profundamente enamorados.
Llegó el día de la despedida. Kristtyn lo esperó en la parada del autobús.
-No me olvides, Elías -logró decir, la garganta anudada.
Fue Kristtyn quien lloró desconsoladamente. Las lágrimas le corrían por las mejillas, el dolor de la soledad inminente era insoportable.
Elías, sin embargo, se limitó a mirarla. Su rostro era totalmente neutro, sin un atisbo de tristeza, ni siquiera de afecto.
-Adiós, Kristtyn. Cuídate -dijo, tomando su mochila.
No hubo abrazo de despedida, ni promesa de volver. Él simplemente subió al autobús, dejando a Kristtyn sola en el polvo de Oblivar. Era como si la hubiera borrado de su mente con la misma frialdad con la que había borrado a las chicas.
El Nuevo Comienzo y la Parada de los Crímenes
El tiempo pasó, lento para Kristtyn, quien no recibió ni una sola carta, ni una respuesta a sus mensajes. Elías la había dejado sola.
Mientras tanto, en Oblivar, las investigaciones policiales se habían estancado. Había cuatro desapariciones, luego tres más, pero cero evidencia física. Elías no había dejado cabos sueltos, y la complacencia del pueblo lo había protegido.
Lo más extraño para los investigadores fue la parada abrupta de los crímenes cuando Elías se fue. Era una coincidencia que no podían ignorar, pero que no podían probar. La policía solo pudo archivar los casos, la sombra del asesino en serie de Oblivar se convirtió en una leyenda de pueblo.
Kristtyn, herida y sola, se permitió seguir adelante. Fue entonces cuando conoció a Darren.
Darren era diferente. Un hombre de veintitantos, que trabajaba en el sector de la construcción, con el rostro un poco tosco y una actitud reservada. Pero era atento, caballeroso y con un impulso genuino por avanzar en la vida. Hacía hasta lo imposible por verla feliz, pequeños gestos que Elías nunca había sabido dar.
Ella se sintió atraída, no solo por su bondad, sino por un detalle sutil: Darren le recordaba a Elías. La misma intensidad en la mirada, la misma aura de misterio, aunque la suya era la de un hombre trabajador, no la de un sociópata. Esa familiaridad tóxica la ató a él.
En la ciudad, Laura, la mejor amiga de Kristtyn, había mantenido un contacto constante. Hablaban de todo: la universidad, los hombres, los sueños. Sin embargo, nunca habían tocado el tema de Elías. Era un fantasma que había sido convenientemente borrado de sus conversaciones.
La Instantánea y la Sombra Regresada
La vida de Kristtyn estaba finalmente tomando un rumbo. Había sido admitida en la universidad pública en la carrera de sus sueños. Para celebrarlo, organizó una pequeña reunión en su casa con Darren y una amiga en común.
La música estaba baja. Kristtyn y Darren estaban sentados en el sofá. Ella se sentía ligera, libre. Estaban hablando de un viaje que planeaban.
-...entonces, ¿por fin podremos ir a esa playa que querías? -preguntó Darren, su mano rozando la de ella.
Kristtyn se inclinó, sus ojos fijos en los de él. Estaban a punto de besarse. El momento era perfecto, lleno de promesas de un futuro sin sombras.
CLICK.
El sonido de un obturador de cámara rompió el silencio. No era el flash de un celular, sino el sonido distintivo de una cámara profesional.
Ambos se separaron, mirando a la ventana, que daba al callejón oscuro. No había nadie. Solo la negrura de la noche.
Un escalofrío helado recorrió a Kristtyn. Elías había usado las sombras de Oblivar como su escondite.
Se levantó, temblando. En ese instante, una certeza brutal la golpeó: Elías no había desaparecido. La estaba vigilando. El silencio no había sido olvido, sino acecho.
Desesperada, tomó su teléfono y llamó a Laura, su mejor amiga.
-Laura, tienes que decirme algo. ¿Has sabido algo de Elías?
Hubo un silencio incómodo del otro lado.
-Kristtyn, yo... sí. Lo he visto.
-¿Dónde? ¿Cómo está?
La voz de Laura se hizo un susurro cargado de juicio.
-Está aquí, en la comuna más jodida de la ciudad. Lo he visto. Él no es el mismo, Kristtyn. Está siempre con esa mirada. Lo he visto fumando cigarros de mierda, bebiendo demasiado alcohol y... peor. Lo he visto en el bar de mala muerte de la esquina, tocando sensualmente a varias mujeres a la vez. No son novias, son... solo chicas.
La noticia fue como un puñetazo en el estómago. Kristtyn se sintió devastada. No era que aún lo amara, pero la realidad de su indiferencia y su descenso a la decadencia era un golpe de oscura traición a la pureza que ella creía haber visto en él.
A pesar de la verdad, Kristtyn había encontrado consuelo en Darren. Decidió darse una oportunidad con él, aunque fuera a escondidas de su propia duda.
Una tarde de aburrimiento, la curiosidad de Kristtyn la empujó a llamar a Laura, buscando un escape de la paranoia del "click" de la cámara.
-Laura, ¿cómo estás? Estoy harta de esta ciudad.
-¡Yo también! Y adivina qué, voy a volver a Oblivar por unos días. Necesito escapar de este circo.
-¡No te puedo creer! Tenemos que vernos.
-Sí, pero espera un momento. Hoy es nuestro aniversario con Luis. Esta noche va a ser pasión pura.
Laura, con su tono naturalmente picante y jocoso, se lanzó a los detalles.
-Te digo, Kristtyn, se lo prometí. Le dije que lo iba a recibir con lencería negra, la de las transparencias que te mostré. Le dije: "Esta noche, vas a olvidar tu nombre, Luis".
Kristtyn rió, un sonido que se sentía ajeno después de tanto miedo.
-¡Qué bárbara! ¿Y cómo planeas hacerlo?
-Pues ya sabes, un poco de vino para relajar, la música adecuada... Y luego, a la faena. Con ganas, Kristtyn. Sin miedo. Quiero que esa noche sea tan buena que la recuerde por el resto del año. Con lujo de detalles.
Laura suspiró, el placer anticipado resonando en su voz.
-Oye, y tú, ¿qué onda con Darren? ¿Ya se te quitó la tontería de si "está bien" o "está mal"? Ya estás en la universidad, Kristtyn. ¡A vivir!
Kristtyn se mordió el labio.
-Es que... me gustaría hacer lo mismo con él. Me pone tan nerviosa... Pero no sé si estoy haciendo lo correcto, ya sabes, después de lo de Elías.
La risa de Laura explotó al otro lado de la pantalla, una carcajada desinhibida y fuerte.
-¡Ay, Kristtyn! ¡Todavía con eso! Más te vale que lo hagas, mujer. Los hombres como él son un tesoro. Escúchame bien: más tarde te voy a dar consejitos para que no se te escape. Pero ahora, tengo que colgar. ¡El deber llama y mi hombre está en camino!
Kristtyn colgó, sintiendo una mezcla de excitación y terror. El eco de la cámara de Elías seguía resonando, pero las palabras de Laura habían encendido una chispa de atrevimiento.
Ella no lo sabía, pero mientras hablaba con su amiga de su inminente regreso a Oblivar y de su noche de pasión, el obturador de la cámara de Elías había vuelto a sonar. El cazador tenía un nuevo plan, una nueva razón para volver a casa. La llama de Kristtyn y la vida de Laura se habían convertido en los nuevos objetivos del "orden" de Elías.
Elías ahora sabe que Kristtyn está con otro y que su mejor amiga, Laura, volverá a Oblivar y tendrá una noche de pasión.