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Psicópata suicida
img img Psicópata suicida img Capítulo 5 El pacto de las sombras y la serenata del verdugo
5 Capítulo
Capítulo 6 El altar de barro y la luna de hiel img
Capítulo 7 El eco de las sombras y el hilo de Cantalicia img
Capítulo 8 El banquete del verdugo img
Capítulo 9 Humo, fantasmas, y el código del verduy img
Capítulo 10 Oro, Sangre y humo img
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Capítulo 5 El pacto de las sombras y la serenata del verdugo

El aire en la habitación de Kristtyn se sentía eléctrico, una mezcla de lavanda, miedo residual y la colonia amaderada de Darren. Esa noche, los consejos de Laura resonaban en su cabeza como un mantra de liberación. "Si no te adueñas de tu propio cuerpo, alguien más lo hará por ti", le había dicho su amiga entre risas y copas de vino.

Kristtyn miró a Darren. Él no era un depredador; era un refugio.

-Laura dijo que tenía que... ser valiente -murmuró Kristtyn, con las mejillas encendidas bajo la tenue luz de la lámpara.

Darren sonrió. Era un hombre de pocas palabras, pero sus ojos decían todo lo que Elías nunca pudo. Había una ternura ruda en él, una paciencia que Kristtyn no sabía que existía.

-No tienes que ser valiente, Kristtyn. Solo tienes que ser tú misma. Y si no quieres, lo entiendo. No hay prisa.

-No, sí quiero. Pero... -ella soltó una risita nerviosa- tenme paciencia. Sé que puedo ser un poco torpe.

Darren se acercó, reduciendo el espacio hasta que ella pudo sentir el calor que emanaba de su pecho. Le tomó la cara entre sus manos ásperas, marcadas por el trabajo honrado.

-A mí no me importa la torpeza. Me importa que estés aquí, conmigo.

El beso que siguió fue largo, una marea que arrastró las dudas de Kristtyn. Cuando Darren la levantó en brazos para llevarla a la cama, ella sintió una urgencia que nunca había experimentado: no era el "éxtasis" frío y disociativo de Elías, era un fuego vivo.

> Kristtyn: (Riendo entre besos, mientras forcejeaba con la ropa de él) ¡Espera! ¡Por Dios, Darren! ¡El cinturón! ¡Tienes más hebillas que un vaquero en pleno rodeo! ¿Es necesario tanto metal?

> Darren: (Deteniéndose, con la respiración entrecortada y una sonrisa de medio lado) Lo siento, es la emoción. Y la impaciencia. ¿Cómo se supone que me quite este armatoste sin hacer un escándalo?

> Kristtyn: (Apartando las manos de él con un brillo travieso en los ojos) Déjame a mí, vaquero. (Se concentró en la hebilla, sus dedos rozando la piel caliente de Darren). Esto se siente como desactivar una bomba en una película de acción. ¡Qué horror de ingeniería!

> Darren: (Mirándola con una mezcla de deseo y adoración) Eres increíble, ¿lo sabes?

> Kristtyn: (Mordiéndose el labio, ya más segura) Ya sabes lo que dice Laura... Que si un hombre te gusta de verdad, tienes que tomar las riendas y... bueno, ella usó términos más "coloridos".

> Darren: (Acercándose a su oído, con voz ronca) ¿Ah sí? ¿Qué términos? Cuéntame todo lo que esa loca te aconsejó...

> Kristtyn: (Susurrando, mientras finalmente soltaba el cinturón) Dijo que un buen rodeo necesita una vaquera que sepa cuándo apretar las riendas para que el semental no se escape... o para que galope más fuerte.

>

La tensión se rompió con una carcajada compartida que desarmó cualquier rastro de trauma. El resto de la noche fue una exploración mutua, un baile entre la inexperiencia de ella y el deseo protector de él. Por primera vez, Kristtyn no se sintió como una pieza de anatomía siendo observada, sino como una mujer amada. El sexo con Darren fue su acto de rebelión, su antídoto personal contra la sombra de Elías Kross.

El tiempo en Oblivar y sus alrededores parecía correr distinto. Pasaron dos años. Kristtyn floreció en la universidad; sus notas eran excelentes y su relación con Darren era el secreto peor guardado y más dulce del pueblo. Él había progresado en la construcción, ahorrando cada centavo para sacarla de allí.

Pero el destino, o la lógica retorcida de un psicópata, tenía otros planes.

Una noche, mientras Kristtyn subrayaba un libro de derecho, un sonido discordante rompió la paz. No era el viento, ni los perros. Era una música cursi, de cuerdas desafinadas, que flotaba en la calle como una niebla sucia.

-¡Kristtyn! ¡Mi amor, mi luz! ¡Asómate, que he vuelto por lo que es mío!

Esa voz. Kristtyn sintió que la sangre se le convertía en granizo. Se acercó a la ventana con las piernas temblando. Abajo, iluminado por una farola parpadeante, estaba Elías.

Dos años de ausencia no lo habían suavizado. Estaba más delgado, con los ojos hundidos como dos pozos de alquitrán, pero mantenía esa postura de estatua. Detrás de él, dos músicos locales tocaban con una expresión de terror puro, como si tuvieran una pistola apuntándoles a la espalda.

Elías cantó una canción sobre el destino, una letra que en cualquier otro contexto sería romántica, pero en su voz sonaba a sentencia de muerte. Al terminar, se arrodilló sobre el asfalto.

-¡Kristtyn Kross! -gritó para que todo el vecindario lo oyera-. He vuelto para reclamar mi lugar. He vuelto para que seas mi esposa. ¡Cásate conmigo!

-¡No! ¡Vete de aquí, Elías! ¡Estás loco! -gritó ella, retrocediendo hacia la oscuridad de su cuarto.

Pero la puerta de su habitación se abrió de golpe. Su madre, con el rostro desencajado por la ambición y el miedo al "qué dirán", la tomó del brazo.

-¡Kristtyn, por Dios! No me avergüences más. Es Elías, ha vuelto con dinero, ha vuelto como un hombre de bien. ¡Sal ahora mismo y dale el "sí"!

-¡Mamá, él es un monstruo! Tú no sabes de lo que es capaz...

-¡Lo que sé es que estamos solas y él es un buen partido! -la madre la empujó hacia la salida-. ¡No vas a desperdiciar esta oportunidad por ese obrero de Darren! ¡Vas a aceptar!

Bajo la presión física y psicológica de su madre, Kristtyn bajó las escaleras como quien camina hacia el patíbulo. Elías la esperaba. Sin mediar palabra, le tomó la mano fría y le deslizó un anillo de oro macizo, demasiado pesado, demasiado real.

-Sabía que dirías que sí -susurró Elías al oído de ella. Sus labios rozaron su piel y Kristtyn sintió el olor a tabaco y a algo metálico... algo que le recordó a la sangre.

El Abismo y el Rescate

A la mañana siguiente, Kristtyn se encerró en el baño con un frasco de pastillas en la mano. El mundo se le había cerrado. No podía casarse con él, pero sabía que si huía, Elías encontraría a Darren. Y si se quedaba, moriría por dentro.

Llamó a Laura, con la voz rota.

-Laura... no puedo más. Me puso el anillo. Mi mamá me tiene encerrada preparando la boda. Prefiero morirme, de verdad te lo digo... ya no tengo fuerzas.

-¡NI SE TE OCURRA, KRISTTYN! -el grito de Laura casi le revienta el tímpano-. ¡Escúchame bien, maldita sea! No le vas a dar el gusto a ese infeliz de verte muerta. ¡Tú quédate quieta, que voy para allá y te saco de ese agujero así tenga que atropellar a tu madre!

Laura llegó como un torbellino. Ignoró los gritos de la madre de Kristtyn y entró al baño, tirando la puerta abajo si era necesario. Abrazó a su amiga, que temblaba en el suelo.

-Mírame -le dijo Laura, tomándola por los hombros-. Vas a fingir. Vamos a jugar su juego. Acepta la boda, acepta los preparativos. Pero tú y yo sabemos que ese imbécil no va a tocarte ni un pelo. Vamos a planear esto, pero primero, necesitas ver a Darren. Necesitas recordar por qué estás luchando.

La Cena del Pacto Secreto

Esa misma noche, lejos de los ojos vigilantes de Elías, los tres se reunieron en un restaurante pequeño y oscuro en las afueras. Kristtyn llevaba el anillo de compromiso, una mancha brillante en su mano que Darren no dejaba de mirar con amargura.

-Estoy comprometida -dijo Kristtyn, dejando caer la mano sobre la mesa.

Darren apretó la mandíbula, pero en lugar de gritar, le tomó la otra mano, la que estaba libre.

-Si tu madre te obliga y ese tipo te tiene amenazada, lo entiendo -dijo Darren con una voz que vibraba de dolor contenido-. Pero no creas que voy a dejarte ir.

> Laura: (Vaciando su copa de vino y golpeando la mesa) ¡Exacto! ¡Esa es la actitud! A ver, tortolitos, pónganme atención. Esto no es el fin del mundo, es el inicio de nuestra propia novela de espías. Kristtyn, vas a ser la novia perfecta frente a Oblivar. Vas a sonreír, vas a elegir el vestido, vas a dejar que tu mamá presuma al "yerno de oro".

> Kristtyn: (Llorando) Pero, Laura... ¿cómo voy a vivir con él? ¿Cómo voy a dormir con él?

> Laura: ¡Ahí es donde entra el ingenio! (Se inclina hacia ellos, con tono cómplice). Tú vas a inventar excusas, dolores de cabeza, lo que sea. Y mientras tanto, Darren... tú no te vas a separar de ella. Serán amantes.

> Darren: ¿Amantes de mi propia novia? Suena jodido, Laura.

> Laura: (Soltando una risa jocosa) ¡Suena picante, macho! Imagínate el riesgo. Verse a escondidas mientras el psicópata cree que la tiene bajo llave. Darren, vas a tener que ser muy creativo. Necesito que la mantengas feliz, que le recuerdes qué es el sexo de verdad para que el recuerdo de ese tipo ni siquiera la roce.

> Darren: (Mirando a Kristtyn a los ojos) Te lo prometo, Kristtyn. No importa que ese anillo esté en tu dedo. Elías es el contrato, pero yo soy el dueño de tu corazón y de cada centímetro de tu piel. No nos vamos a separar nunca.

> Laura: ¡Eso! Y si Elías se pone pesado, me avisan. Yo me encargo de distraerlo o de ponerle algo en la bebida para que duerma como un tronco mientras ustedes se escapan por la ventana. ¡Esta boda va a ser el mejor teatro de Oblivar!

>

Kristtyn miró a sus dos pilares. Por primera vez desde que Elías regresó, la idea de la muerte se disipó, reemplazada por una adrenalina peligrosa. Iba a casarse con el diablo, sí, pero iba a tener al cielo de su lado, en encuentros clandestinos cargados de un deseo que ahora, con el peligro acechando, quemaba más que nunca.

El pacto estaba hecho. Elías Kross creía haber ganado, pero no sabía que estaba invitando a sus propios enemigos a compartir el banquete.

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