Género Ranking
Instalar APP HOT
ENTRE HILOS DEL DESTINO
img img ENTRE HILOS DEL DESTINO img Capítulo 5 Territorio hostil y el escape
5 Capítulo
Capítulo 6 El muro de silencio y el peso del martes img
Capítulo 7 Bajo observación img
Capítulo 8 El juego de Lucía img
Capítulo 9 Juego de tres img
Capítulo 10 Enemigos bajo el mismo techo img
img
  /  1
img

Capítulo 5 Territorio hostil y el escape

Mi primer impulso es ignorar la presencia de Alex y centrarme solo en desempacar, pero la quietud del cuarto es tensa, pesada. Pasa casi una hora en la que solo se escucha el murmullo de la música que escapa de los auriculares de Alex y el sonido de mis perchas al chocar contra el armario. Alex sigue con la espalda hacia mí, ajeno. O al menos finge estarlo.

Justo cuando he terminado de organizar mi lado de la habitación hasta la perfección, la puerta se abre de golpe.

-¡Luck! ¿Estás vi... -Jordán se detiene en seco, su voz alegre cortada por la visión del nuevo compañero.

Alex ni siquiera se inmuta; sigue concentrado en su caja.

-¿Qué haces entrando así? -le digo, molesto por la interrupción de mi paz recién conquistada.

-Vine a ver tu nueva mansión, pero parece que está habitada por... ¿una estatua? -Jordán susurra, pero lo suficientemente alto para que Alex pueda escucharlo.

Me acerco a Jordán, asegurándome de que estemos fuera del radio de audición de Alex.

-Te presento a Alex, mi nuevo compañero de celda -susurro, indicando el lado desordenado de la habitación-. Y no, no es una estatua, solo es increíblemente grosero y apático.

-Vaya. Pues sí que te ha tocado la lotería -dice Jordán, encogiéndose de hombros. Luego, se aclara la garganta. -¿Qué tal, Alex? Soy Jordán. Amigo de la infancia del aburrido de aquí.

Alex finalmente se digna a girar la cabeza, mira a Jordán de arriba abajo, y vuelve a su caja sin decir una palabra. Ni siquiera un asentimiento.

-Oye, ¿estás bien? -pregunta Jordán, su tono de broma desapareciendo.

-Ignóralo, Jordán -susurro, tomándolo del brazo. Me acerco a su oído-. Ya sabes cómo es. Solo no toques nada de su lado, ¿de acuerdo? No quiero más drama hoy.

-Entendido. Mensaje recibido. Este es un tipo de pocas palabras. O de ninguna, a menos que se trate de establecer fronteras -dice Jordán, dándole un golpe suave a mi brazo-. Oye, ¿por qué no vienes conmigo? Acabamos de salir de clase, no has visto nada del campus.

La idea de salir de la habitación, lejos de la energía tensa de Alex, es tentadora. Además, necesito aire fresco después del incidente en la cafetería.

-Está bien. Vamos a dar ese paseo. Pero no te pases de la raya con nadie más. Ya tuvimos suficiente drama por hoy.

-Prometido. Solo yo, tú y el campus. Y quizá algo de café. Necesito despejar la cabeza de toda esa tonta pelea en la cafetería.

Dejo la puerta cerrada tras de mí, sintiendo un alivio instantáneo al escapar de la atmósfera pesada de la habitación. Por el momento, la actitud de Alex y el misterio de Emily tienen que esperar.

Jordán me guía a través de los pasillos llenos de gente. La universidad Likton es enorme. Mucho más grande de lo que parecía en las fotos del folleto. La cafetería queda atrás, con su murmullo de conversaciones, y salimos a una gran plaza central, flanqueada por edificios antiguos de piedra gris que contrastan con los modernos laboratorios de cristal.

-Mira ese -dice Jordán, señalando un enorme edificio con una cúpula de cobre-. Ahí es donde tú, el ratón de biblioteca, pasarás la mayor parte de tu tiempo. La biblioteca central. Se rumorea que tiene un sótano entero dedicado a manuscritos raros, aunque para mí, es solo un sitio tranquilo para dormir.

-Es impresionante -admito, pero mis ojos no se centran en el edificio, sino en el flujo de estudiantes. Todos parecen ir a algún sitio con un propósito, excepto yo, que me siento desplazado.

Caminamos por un sendero rodeado de árboles que pierden sus hojas, dirigiéndonos hacia una zona de asientos al aire libre.

-¿Y tú? ¿Dónde vas a pasar la mayor parte de tu tiempo, fiestero? -pregunto.

Jordán sonríe, el brillo travieso en sus ojos regresa. -Yo voy a pasar mucho tiempo en la sala de juegos del centro estudiantil, en el gimnasio, y, si tengo suerte, visitando a ciertas chicas en sus dormitorios. Hay una de Estudios Creativos que tiene un perfil muy interesante en el sitio de la universidad.

-No cambias. ¿Y los estudios?

-Los estudios son la excusa. Sabes que mi familia me paga la beca siempre que apruebe, ¿no? Yo estoy aquí para la experiencia completa, Luck. Tú en cambio... sé que viniste a conseguir ese título de honores que tu padre quiere.

-Ya sabes cómo es mi padre -contesto, sintiendo una punzada de amargura. Evito su mirada, centrándome en la grava bajo mis pies-. Para él, el único propósito de estar aquí es conseguir la matrícula de honor, ser el mejor y no desviar la atención ni un segundo en tonterías. Si me distrajera o, peor, suspendiera algo, sería el fin del mundo.

-Vaya presión, amigo. Aunque si alguien puede conseguirlo, eres tú -dice Jordán, tratando de aligerar el tono, aunque noto un poco de seriedad en su voz. Me da una palmada en el hombro.

-Tengo que hacerlo. Pero no puedo evitar sentir que algo no encaja aquí.

El recuerdo de Emily, con ese cabello rubio y una mirada directa, vuelve a colarse. La forma en que me desafió y luego trató de poner paz.

-Oye, ¿viste si Emily está en alguna de nuestras clases de la tarde? -pregunto, intentando sonar casual.

Jordán se detiene en seco. -¿Emily? ¿La que te hizo llegar tarde? Creí que la odiabas.

-No la odio. Solo me irrita. Pero me gustaría saber más de ella. Siento que esconde algo.

Jordán se ríe. -Amigo, tú estás loco. Pero me gusta el misterio. Ya sabes, los que parecen perfectos siempre tienen el mejor drama.

-Y como a ti te gusta todo el drama y el misterio, pues por eso te pregunto a ti -contesto, rodando los ojos y dándole un empujón suave para evitar que choque contra un poste-. Seguro revisaste el horario de todas las chicas de primer año antes de poner un pie aquí.

-Eso es completamente falso. Solo revisé el horario de las que viven cerca y de las que tienen más de tres likes en sus fotos de perfil... pero sí, es un buen punto. Dame un segundo -dice, mientras saca su teléfono y empieza a teclear con una velocidad alarmante-. A ver... Emily... Emily...

-Date prisa, y deja el espectáculo. La pregunta era en serio -murmuro, impaciente mientras veo sus dedos volar sobre la pantalla.

Llegamos a unos bancos de piedra a la sombra. Por un momento, me permito relajarme, mientras observo cómo el sol de la tarde se filtra entre las hojas rojizas de los árboles. El campus está lleno de vida; grupos de estudiantes ríen cerca de una fuente, otros se apresuran a entrar en los laboratorios de cristal. Es una energía vibrante que contrasta con la quietud forzada de mi nuevo dormitorio.

Jordán se sienta de golpe en el banco de piedra, su rostro absorto por la luz azul del teléfono.

-Vale. Es complicado. El sistema de la universidad está diseñado para ser deliberadamente oscuro con los datos personales, pero ya sabes que tengo mis métodos.

-¿Y bien? ¿Está en alguna de nuestras clases de la tarde? -pregunto, con una urgencia que me molesta. No es típico de mí interesarme tanto por alguien. Pero algo veo en esa chica y quizá no es tan solo el misterio..

Jordán alza la cabeza, me mira por encima del borde del teléfono.

-Mira, está matriculada en la misma clase que tuvimos esta mañana. Lo cual confirma que la vamos a ver a diario. Pero, sorpresa...

Siento la punzada de la curiosidad. -¿Qué?

-Lo que me aparece después es que tiene su horario cargado con asignaturas de Estudios Clásicos y Ciencias de la Computación... Y no son optativas; son materias serias.

Frunzo el ceño. -¿Está cursando dos carreras a la vez? Eso es una locura.

-Locura, sí. O la está forzando un padre controlador, como al de cierta persona que conozco, o está buscando el título de honores por el camino más difícil -dice Jordán, encogiéndose de hombros.

Me quedo en silencio. La idea de cursar dos carreras tan dispares es agotadora, incluso para alguien ambicioso como yo. Ella no es una estudiante normal, es una máquina.

-Es una rata de biblioteca de alto nivel -finalizo, cruzándome de brazos.

Jordán, sin quitar la vista de su teléfono, se ríe. -Una rata de biblioteca rubia y con un temperamento interesante, sí. Vaya, Luck, te has encontrado con una rival formidable.

-No es mi rival -protesto de inmediato, sintiendo un leve calor en las orejas-. Solo me intriga que alguien tan... obsesivamente enfocada se haya metido en una discusión tan ridícula. Hay algo que no cuadra. Se supone que una persona con ese nivel de autoexigencia tiene que ser predecible, no alguien que te hace llegar tarde y luego intenta mediar una disputa tan trivial.

-Piensas demasiado en esa chica, cuidado no vaya a alejarte de tus estudios. -dice él.

-No digas tonterías, es porque no me cuadra esa situación, algo esconde, solo eso. -dije mientras lo miraba seriamente.

-Claro... claro... -responde Jordán, con un tono lleno de incredulidad.

-Olvídalo. Mañana la buscaré. Necesito ir a imprimir algunos documentos antes de que cierren.

-¡Perfecto! Yo quería ir de todos modos -se pone de pie, guardando el teléfono-. Tienen la mejor sala de juegos de toda Likton. Y a lo mejor, te consigo un café que te quite ese aire de neurótico.

Asiento, poniéndome de pie. El sol ya empieza a caer, tiñiendo el cielo de naranja y púrpura. El campus ahora se siente menos hostil, pero los misterios que ha revelado solo han crecido.

Me voy con él, pero mi mente se queda atrás, centrada en ese enigma rubio. La universidad no solo me ha dado un compañero apático y un título que conseguir; me ha dado un enigma y una obsesión por resolverlo.

Pero sé que no importa cuánto me distraiga Jordán, esa duda sobre Emily, y ahora sobre Alex, ya está instalada en mi cabeza. El primer día de universidad me ha dado más misterios que respuestas.

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022