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Marcada por el Rey Prohibido
img img Marcada por el Rey Prohibido img Capítulo 3 EL BANQUETE Y LA TENSIÓN DEL DESTINO
3 Capítulo
Capítulo 6 EL RECHAZO PÚBLICO img
Capítulo 7 LA ELECCIÓN Y LA MARCA DE SANGRE img
Capítulo 8 CORAZÓN ROTO Y EL GOLPE DE LA TRAICIÓN img
Capítulo 9 LA SENTENCIA DE DESTIERRO img
Capítulo 10 LA HUIDA BAJO LA LLUVIA DE HIELO img
Capítulo 11 CACERÍA HUMANA Y EL JUEGO DEL TERROR img
Capítulo 12 LA HERIDA MORTAL Y EL ABISMO img
Capítulo 13 EL RÍO DE CENIZA Y EL SALTO AL VACÍO img
Capítulo 14 TIERRA DE NADIE Y LA NIEVE NEGRA img
Capítulo 15 LA PRESENCIA Y LA SOMBRA DEL REY img
Capítulo 16 EL REY DE OBSIDIANA Y LA LUZ DE SANGRE img
Capítulo 17 EL RESCATE Y LA VOLUNTAD DEL REY img
Capítulo 18 ENTRE SUEÑOS Y LA LOBA DE NIEVE img
Capítulo 19 EL DESPERTAR EN EL CASTILLO Y LA PIEL DE LUZ img
Capítulo 20 LA PRIMERA CENA Y LA MARCA DE FUEGO img
Capítulo 21 LA DIETA DE SANGRE Y EL ABISMO img
Capítulo 22 LOBA ENCERRADA Y EL LABERINTO DE CRISTAL OSCURO img
Capítulo 23 EL JARDÍN DE CRISTAL Y LA CONEXIÓN MÁGICA img
Capítulo 24 LA BIBLIOTECARIA Y LA PROFECÍA DE LA LUNA DE SANGRE img
Capítulo 25 TENSIÓN EN EL COMEDOR Y LA CONFESIÓN DEL REY img
Capítulo 26 EL ENTRENAMIENTO COMIENZA Y EL FOSO DE CENIZA img
Capítulo 27 HUESOS ROTOS Y LA JAULA DE CRISTAL img
Capítulo 28 EL SECRETO DEL PADRE Y LA AGUJA DE SOMBRA img
Capítulo 29 EL BLOQUEO Y LAS RUNAS DE ALQUITRÁN img
Capítulo 30 ROMPIENDO LAS CADENAS Y EL DESTELLO ESTELAR img
Capítulo 31 LA PRIMERA TRANSFORMACIÓN Y LA QUIMERA DE LUZ Y SANGRE img
Capítulo 32 EL ASOMBRO DEL REY Y LA MESA DE GUERRA img
Capítulo 33 EL RITO DE SANGRE Y LA CAÍDA DEL GUARDIA img
Capítulo 34 EL LADO HUMANO DEL MONSTRUO Y LA CIUDAD DE LOS EXILIADOS img
Capítulo 35 EL PRIMER BESO Y EL ABISMO DEL REY img
Capítulo 36 LA INVITACIÓN Y EL VUELO DEL ÁGUILA DE PLATA img
Capítulo 37 DUDAS Y EL ECO DEL RECHAZO img
Capítulo 38 LA PROMESA DE MALAKAI Y LA ARMADURA DE ESTRELLAS MUERTAS img
Capítulo 39 EL FUEGO DEL PASADO Y LA CORONA DE GUERRA img
Capítulo 40 LA SALIDA Y LA INVITADA DEL REY img
Capítulo 41 LLEGADA A LA CUMBRE Y EL ESTANDARTE DEL ECLIPSE img
Capítulo 42 EL ENCUENTRO Y EL ECO DEL RECHAZO img
Capítulo 43 INCREDULIDAD Y EL JUICIO DE LA REINA BLANCA img
Capítulo 44 LA CENA DE GALA Y EL ASIENTO A LA DERECHA DEL REY img
Capítulo 45 EL ARREPENTIMIENTO DE CALEB Y EL AROMA DEL ABISMO img
Capítulo 46 VANYA EN CRISIS Y EL BAILE DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 47 LA RESPUESTA DE LA REINA Y LA CAÍDA DE LA FALSA LUNA img
Capítulo 48 CONFRONTACIÓN EN EL BALCÓN Y EL ÚLTIMO ECO DEL PASADO img
Capítulo 49 EL RITO DE RUPTURA Y EL CIELO QUEBRADO img
Capítulo 50 EL RECLAMO DE MALAKAI Y EL ECLIPSE DEL NORTE img
Capítulo 51 EL ÚLTIMO ZARPAZO DEL TRAIDOR img
Capítulo 52 LA FURIA DEL REY Y LA SALA DE CENIZAS img
Capítulo 53 EL REGRESO AL CASTILLO Y EL REFUGIO DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 54 LA CONFESIÓN Y EL CORAZÓN DEL ABISMO img
Capítulo 55 EL VÍNCULO DE SANGRE Y LA HEREJÍA ESTELAR img
Capítulo 56 LA NOCHE DE PASIÓN Y EL FUEGO ESTELAR img
Capítulo 57 LA MARCA DOBLE Y EL AMANECER DE LA ERA img
Capítulo 58 LAS CONSECUENCIAS Y LA DANZA DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 59 NOTICIAS EN EL SUR Y EL TRONO DE CRISTAL ROTO img
Capítulo 60 EL PLAN DE VENGANZA Y EL PACTO DE LA SANGRE PÚTRIDA img
Capítulo 61 EL ATAQUE DE LAS SOMBRAS Y EL SACRIFICIO DEL ALFA img
Capítulo 62 ELARA AL FRENTE Y EL ECLIPSE DEL REY img
Capítulo 63 LA TRAICIÓN INTERNA Y EL REGRESO DEL FALSO REY img
Capítulo 64 EL DESCUIDO Y LA JAULA DE HIELO img
Capítulo 65 LA MAZMORRA Y EL ECO DEL ABISMO img
Capítulo 66 LA OBSESIÓN DE CALEB Y EL CASCARÓN VACÍO img
Capítulo 67 EL PODER DEL RECHAZO Y EL FUEGO INVERTIDO img
Capítulo 68 TORTURA MENTAL Y EL LABERINTO DEL OLVIDO img
Capítulo 69 EL LOBO DE SANGRE DESPIERTA Y LA FURIA BERSERKER img
Capítulo 70 EL RESCATE Y EL ASALTO A LAS GARRAS DE PLATA img
Capítulo 71 MASACRE Y LA IRA DE LOS GUERREROS DE SANGRE img
Capítulo 72 EL DUELO DE SANGRE Y EL CÍRCULO DE FUEGO img
Capítulo 73 LA VERDAD REVELADA Y EL PESO DE LA PROFECÍA img
Capítulo 74 EL CASTIGO DE LA VIDA Y LA CORONA DE CENIZAS img
Capítulo 75 LA HUIDA DE VANYA Y LA LÁGRIMA DEL INVIERNO img
Capítulo 76 REAGRUPACIÓN Y EL TRONO DE LAS CENIZAS img
Capítulo 77 LA SANACIÓN Y EL MANANTIAL DE ESTRELLAS img
Capítulo 78 LOS PREPARATIVOS Y EL PESO DE LA CORONA img
Capítulo 79 EL DESESPERO DE CALEB Y EL SILENCIO DEL LOBO (Interludio) img
Capítulo 80 LA GRAN PURGA Y EL ECO DE LOS TRAIDORES img
Capítulo 81 EPÍLOGO: LA ERA DEL ECLIPSE Y EL AMANECER DE LAS CENIZAS img
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Capítulo 3 EL BANQUETE Y LA TENSIÓN DEL DESTINO

El jardín exterior de la mansión de los Garras de Plata era un anfiteatro natural rodeado de pinos milenarios, ahora iluminado por docenas de hogueras crepitantes y la luz cruda y platinada de la luna en su cenit. Allí se celebraba el verdadero Banquete de la Luna, la parte de la ceremonia donde las alianzas se forjaban con sangre, carne asada y promesas políticas.

Mientras el Alfa Magnus bajaba los brazos tras la invocación inicial, el silencio sepulcral que había recibido a Elara se transformó en un zumbido denso y sofocante. Las miradas de las manadas aliadas pesaban sobre ella como bloques de plomo.

Había tres manadas invitadas esa noche, pero la atención de todos giraba en torno a una sola: los Colmillos de Hierro del norte. Eran guerreros brutales, lobos enormes criados en las montañas heladas, conocidos por su ferocidad en la batalla y su intolerancia a la debilidad. Su líder, el Alfa Thorne, era un gigante de cicatrices profundas y mirada implacable. Y a su lado estaba Caleb, su único hijo, el heredero que esa noche debía encontrar o elegir a su Luna.

Elara se quedó inmóvil en el borde de la explanada, temblando por el frío de la nieve bajo sus pies descalzos y por la humedad del vino que se pegaba a su piel a través de los harapos de su vestido rasgado. Sentía cada mirada como una aguja clavándose en su nuca.

-¿Esa es la otra hija de Magnus? -gruñó el Alfa Thorne, su voz grave resonando por encima del crepitar del fuego. No se molestó en bajar el volumen; a los lobos fuertes no les importaba que los débiles escucharan sus insultos-. Parece un cadáver que la corriente arrastró hasta la orilla. ¿No tiene olor?

Magnus apretó la mandíbula, sus ojos relampagueando de humillación.

-Es... una anomalía, Thorne. Una deshonra que la Diosa nos ha impuesto probar. Pero no permitas que manche la celebración. Miremos hacia el futuro.

Con un gesto brusco de su mano, Magnus ordenó que comenzara el banquete. Los siervos (los omegas de rango más bajo) comenzaron a circular con enormes bandejas de carne cruda y asada, cuernos de hidromiel y frutas de invierno. La tensión, sin embargo, era tan gruesa que se podía cortar con un cuchillo de plata.

El destino de las manadas pendía de un hilo esta noche. Los Garras de Plata tenían riquezas y tierras fértiles, pero sus ejércitos habían mermado. Los Colmillos de Hierro tenían un ejército imparable, pero sus tierras del norte se estaban congelando, muriendo de hambre. Una alianza matrimonial era la única salvación para ambos territorios. Todos esperaban que la Diosa Luna bendijera la unión entre Caleb y Vanya, la hija fuerte, la loba perfecta.

Elara fue empujada bruscamente por un guardia hacia la mesa de los Iniciados, situada en el nivel más bajo del jardín, lejos del estrado principal. Se sentó en el borde del banco de madera, abrazándose a sí misma, intentando cubrir con sus brazos la piel expuesta donde Vanya le había desgarrado la ropa.

Desde su posición, Elara tenía una vista perfecta de la mesa principal. Observó cómo Vanya se deslizaba hacia la silla contigua a la de Caleb. Su hermanastra reía con elegancia, sirviéndole vino al futuro Alfa, inclinándose lo suficiente para que su embriagador aroma a sándalo y pino lo envolviera. Vanya era el cuadro exacto de una Luna poderosa y deseable.

Caleb, sin embargo, parecía tenso. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que agarraba su copa de plata. De vez en cuando, sus ojos dorados parpadeaban en dirección a la mesa baja. En dirección a Elara.

Cada vez que sus miradas se cruzaban, el corazón de Elara daba un salto traicionero. El vínculo... seguía ahí. A pesar del desastre, a pesar de la humillación pública, la conexión invisible tiraba de su pecho. Podía sentir la ansiedad de Caleb, una tormenta de confusión en su interior. Sabía que él sentía el aroma debajo del vino rancio, el sutil pero inconfundible llamado de las almas predestinadas.

«Mírame», suplicó Elara en su mente. «Ven a mí. Desafíalos. Demuestra que el vínculo es más fuerte que su política.»

Pero la tensión del destino es una cuerda que tira de ambos lados, y a menudo, la política pesa más que la magia.

-Mi hijo necesita una guerrera -le decía Thorne a Magnus, masticando un pedazo de carne sangrante-. Las fronteras del este están inquietas. Se rumorea que los chupasangres se están moviendo, y hay cuentos de sombras en los Bosques de Ceniza. No podemos permitirnos debilidad.

-Y no la tendrán -aseguró Magnus, señalando a Vanya con orgullo-. Mi hija Vanya derribó a tres guerreros veteranos en su último entrenamiento. Su loba está ansiosa por salir. Dará a luz cachorros que harán temblar la tierra.

Caleb escuchaba la conversación, pero su cuerpo estaba rígido. Su lobo interior aullaba, rasguñando las paredes de su mente, exigiéndole que fuera hacia la chica de cabello plateado y vestido destrozado que temblaba en la oscuridad. El lobo de Caleb sabía la verdad: la Diosa había elegido.

Pero el hombre... el hombre estaba aterrorizado.

Criado bajo la bota de acero de Thorne, a Caleb se le había enseñado que la imagen lo era todo. Un Alfa no podía gobernar si su manada no respetaba a su pareja. Si reclamaba a Elara, la pordiosera sin olor, la "anomalía", los Colmillos de Hierro se rebelarían. Sería el fin de su autoridad antes de que siquiera comenzara.

Elara vio la lucha en el rostro de Caleb. Vio el momento exacto en que la duda fue reemplazada por la resignación y, finalmente, por la crueldad.

Caleb se giró hacia Vanya, forzando una sonrisa, y le susurró algo al oído. Vanya soltó una risa cristalina y le acarició el brazo. Fue un gesto calculado, diseñado para que todos en el jardín lo vieran. El mensaje era claro: el futuro Alfa de los Colmillos de Hierro estaba tomando su decisión, y la Diosa Luna tendría que agachar la cabeza ante él.

Un nudo doloroso estranguló la garganta de Elara. La esperanza, esa chispa frágil que había nacido en la buhardilla esa misma mañana, se extinguió, dejando a su paso un frío mucho más profundo que el de la nieve de invierno. No iba a salvarla. La cobardía de Caleb era más grande que su destino.

De repente, un aullido solitario y escalofriante cortó la brisa nocturna.

No venía de ninguno de los lobos presentes en el banquete. Venía de lejos, del sur, más allá del Río de Ceniza, en los territorios prohibidos. Era un sonido tan denso, tan cargado de un poder oscuro y primigenio, que hizo que las llamas de las hogueras parpadearan.

Un silencio absoluto cayó sobre el banquete. Los lobos más jóvenes gimieron, sintiendo un impulso instintivo de someterse. Incluso el Alfa Thorne dejó de masticar, sus ojos fijos en la oscuridad del bosque.

-¿Qué fue eso? -preguntó Vanya, su voz temblando por primera vez en toda la noche.

-El viento en los cañones del sur -mintió Magnus rápidamente, aunque el sudor frío en su frente lo delataba-. No es nada. Ignórenlo.

Pero Elara no lo ignoró. Cuando ese aullido resonó, algo en lo más profundo de su ser vibró. No fue el tirón eléctrico del vínculo de pareja predestinada que sentía con Caleb. Fue algo diferente. Fue como si un cerrojo antiguo, oxidado por años de represión, hubiera crujido dentro de su pecho. Por un microsegundo, la humillación, el frío y el dolor desaparecieron, reemplazados por una sensación de majestuosidad oscura.

Miró su propia mano. Las yemas de sus dedos parecían latir con una extraña energía bajo la piel. Y luego, tan rápido como llegó, la sensación se esfumó.

-Es hora -anunció el Alfa Thorne, poniéndose de pie y rompiendo la tensión que el misterioso aullido había dejado en el aire-. El banquete ha terminado. Es momento de que los jóvenes acepten sus destinos. Es momento de los reclamos y los rechazos.

El corazón de Elara comenzó a latir con la urgencia de un animal acorralado. El verdadero juicio estaba a punto de comenzar.

Los cinco iniciados fueron llamados al centro de la explanada, frente a las mesas de los Alfas. Vanya caminó primero, radiante y segura. Elara fue la última, arrastrando los pies, obligada por la mirada feroz de los guardias a ocupar su lugar bajo la luz inclemente de la luna.

Caleb se levantó de su asiento. Su imponente figura proyectaba una larga sombra sobre la nieve. Caminó hacia el centro, deteniéndose a escasos metros de las dos hermanas. El destino había tendido su trampa. El banquete había preparado el escenario. Ahora, las manadas observaban en un silencio sepulcral, esperando ver si el poder del vínculo vencería al orgullo, o si la política terminaría de destruir el alma de la loba más débil de los Garras de Plata.

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