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Marcada por el Rey Prohibido
img img Marcada por el Rey Prohibido img Capítulo 4 EL VÍNCULO Y LA CHISPA PREDESTINADA
4 Capítulo
Capítulo 6 EL RECHAZO PÚBLICO img
Capítulo 7 LA ELECCIÓN Y LA MARCA DE SANGRE img
Capítulo 8 CORAZÓN ROTO Y EL GOLPE DE LA TRAICIÓN img
Capítulo 9 LA SENTENCIA DE DESTIERRO img
Capítulo 10 LA HUIDA BAJO LA LLUVIA DE HIELO img
Capítulo 11 CACERÍA HUMANA Y EL JUEGO DEL TERROR img
Capítulo 12 LA HERIDA MORTAL Y EL ABISMO img
Capítulo 13 EL RÍO DE CENIZA Y EL SALTO AL VACÍO img
Capítulo 14 TIERRA DE NADIE Y LA NIEVE NEGRA img
Capítulo 15 LA PRESENCIA Y LA SOMBRA DEL REY img
Capítulo 16 EL REY DE OBSIDIANA Y LA LUZ DE SANGRE img
Capítulo 17 EL RESCATE Y LA VOLUNTAD DEL REY img
Capítulo 18 ENTRE SUEÑOS Y LA LOBA DE NIEVE img
Capítulo 19 EL DESPERTAR EN EL CASTILLO Y LA PIEL DE LUZ img
Capítulo 20 LA PRIMERA CENA Y LA MARCA DE FUEGO img
Capítulo 21 LA DIETA DE SANGRE Y EL ABISMO img
Capítulo 22 LOBA ENCERRADA Y EL LABERINTO DE CRISTAL OSCURO img
Capítulo 23 EL JARDÍN DE CRISTAL Y LA CONEXIÓN MÁGICA img
Capítulo 24 LA BIBLIOTECARIA Y LA PROFECÍA DE LA LUNA DE SANGRE img
Capítulo 25 TENSIÓN EN EL COMEDOR Y LA CONFESIÓN DEL REY img
Capítulo 26 EL ENTRENAMIENTO COMIENZA Y EL FOSO DE CENIZA img
Capítulo 27 HUESOS ROTOS Y LA JAULA DE CRISTAL img
Capítulo 28 EL SECRETO DEL PADRE Y LA AGUJA DE SOMBRA img
Capítulo 29 EL BLOQUEO Y LAS RUNAS DE ALQUITRÁN img
Capítulo 30 ROMPIENDO LAS CADENAS Y EL DESTELLO ESTELAR img
Capítulo 31 LA PRIMERA TRANSFORMACIÓN Y LA QUIMERA DE LUZ Y SANGRE img
Capítulo 32 EL ASOMBRO DEL REY Y LA MESA DE GUERRA img
Capítulo 33 EL RITO DE SANGRE Y LA CAÍDA DEL GUARDIA img
Capítulo 34 EL LADO HUMANO DEL MONSTRUO Y LA CIUDAD DE LOS EXILIADOS img
Capítulo 35 EL PRIMER BESO Y EL ABISMO DEL REY img
Capítulo 36 LA INVITACIÓN Y EL VUELO DEL ÁGUILA DE PLATA img
Capítulo 37 DUDAS Y EL ECO DEL RECHAZO img
Capítulo 38 LA PROMESA DE MALAKAI Y LA ARMADURA DE ESTRELLAS MUERTAS img
Capítulo 39 EL FUEGO DEL PASADO Y LA CORONA DE GUERRA img
Capítulo 40 LA SALIDA Y LA INVITADA DEL REY img
Capítulo 41 LLEGADA A LA CUMBRE Y EL ESTANDARTE DEL ECLIPSE img
Capítulo 42 EL ENCUENTRO Y EL ECO DEL RECHAZO img
Capítulo 43 INCREDULIDAD Y EL JUICIO DE LA REINA BLANCA img
Capítulo 44 LA CENA DE GALA Y EL ASIENTO A LA DERECHA DEL REY img
Capítulo 45 EL ARREPENTIMIENTO DE CALEB Y EL AROMA DEL ABISMO img
Capítulo 46 VANYA EN CRISIS Y EL BAILE DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 47 LA RESPUESTA DE LA REINA Y LA CAÍDA DE LA FALSA LUNA img
Capítulo 48 CONFRONTACIÓN EN EL BALCÓN Y EL ÚLTIMO ECO DEL PASADO img
Capítulo 49 EL RITO DE RUPTURA Y EL CIELO QUEBRADO img
Capítulo 50 EL RECLAMO DE MALAKAI Y EL ECLIPSE DEL NORTE img
Capítulo 51 EL ÚLTIMO ZARPAZO DEL TRAIDOR img
Capítulo 52 LA FURIA DEL REY Y LA SALA DE CENIZAS img
Capítulo 53 EL REGRESO AL CASTILLO Y EL REFUGIO DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 54 LA CONFESIÓN Y EL CORAZÓN DEL ABISMO img
Capítulo 55 EL VÍNCULO DE SANGRE Y LA HEREJÍA ESTELAR img
Capítulo 56 LA NOCHE DE PASIÓN Y EL FUEGO ESTELAR img
Capítulo 57 LA MARCA DOBLE Y EL AMANECER DE LA ERA img
Capítulo 58 LAS CONSECUENCIAS Y LA DANZA DE LAS SOMBRAS img
Capítulo 59 NOTICIAS EN EL SUR Y EL TRONO DE CRISTAL ROTO img
Capítulo 60 EL PLAN DE VENGANZA Y EL PACTO DE LA SANGRE PÚTRIDA img
Capítulo 61 EL ATAQUE DE LAS SOMBRAS Y EL SACRIFICIO DEL ALFA img
Capítulo 62 ELARA AL FRENTE Y EL ECLIPSE DEL REY img
Capítulo 63 LA TRAICIÓN INTERNA Y EL REGRESO DEL FALSO REY img
Capítulo 64 EL DESCUIDO Y LA JAULA DE HIELO img
Capítulo 65 LA MAZMORRA Y EL ECO DEL ABISMO img
Capítulo 66 LA OBSESIÓN DE CALEB Y EL CASCARÓN VACÍO img
Capítulo 67 EL PODER DEL RECHAZO Y EL FUEGO INVERTIDO img
Capítulo 68 TORTURA MENTAL Y EL LABERINTO DEL OLVIDO img
Capítulo 69 EL LOBO DE SANGRE DESPIERTA Y LA FURIA BERSERKER img
Capítulo 70 EL RESCATE Y EL ASALTO A LAS GARRAS DE PLATA img
Capítulo 71 MASACRE Y LA IRA DE LOS GUERREROS DE SANGRE img
Capítulo 72 EL DUELO DE SANGRE Y EL CÍRCULO DE FUEGO img
Capítulo 73 LA VERDAD REVELADA Y EL PESO DE LA PROFECÍA img
Capítulo 74 EL CASTIGO DE LA VIDA Y LA CORONA DE CENIZAS img
Capítulo 75 LA HUIDA DE VANYA Y LA LÁGRIMA DEL INVIERNO img
Capítulo 76 REAGRUPACIÓN Y EL TRONO DE LAS CENIZAS img
Capítulo 77 LA SANACIÓN Y EL MANANTIAL DE ESTRELLAS img
Capítulo 78 LOS PREPARATIVOS Y EL PESO DE LA CORONA img
Capítulo 79 EL DESESPERO DE CALEB Y EL SILENCIO DEL LOBO (Interludio) img
Capítulo 80 LA GRAN PURGA Y EL ECO DE LOS TRAIDORES img
Capítulo 81 EPÍLOGO: LA ERA DEL ECLIPSE Y EL AMANECER DE LAS CENIZAS img
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Capítulo 4 EL VÍNCULO Y LA CHISPA PREDESTINADA

El silencio que envolvió el anfiteatro natural era tan denso que Elara podía escuchar el latido desbocado de su propio corazón reverberando contra sus costillas. Bajo la luz inclemente de la luna llena, el altar de cuarzo blanco parecía brillar con una luz propia, ancestral y fría. Allí, en el centro de todas las miradas, el peso del mundo licántropo se concentraba en cinco jóvenes, pero la verdadera tormenta convergía únicamente en tres personas: Vanya, Caleb y la loba rota que temblaba en la nieve.

La nieve crujía bajo las pesadas botas de cuero de Caleb mientras avanzaba. Cada uno de sus pasos resonaba como un tambor de guerra en los oídos de Elara. La majestuosidad del heredero de los Colmillos de Hierro era innegable; su postura era erguida, sus hombros anchos bloqueaban la luz de las hogueras, y su rostro, cincelado como el mármol, no mostraba emoción alguna. Era el soldado perfecto, el líder impecable que su padre, el Alfa Thorne, había forjado a base de disciplina y sangre.

El ritual dictaba que el macho debía acercarse a las hembras presentadas y dejar que su lobo, guiado por la magia del plenilunio, reconociera el aroma de su pareja predestinada. Si no había vínculo mágico, el lobo podía elegir por conveniencia, marcando a la hembra con su esencia para sellar un compromiso político.

Todo el mundo sabía cuál era el guion de esta noche. La política ya había dictado sentencia.

Caleb se detuvo frente a Vanya.

La hermanastra de Elara levantó el mentón, irradiando un aura de triunfo absoluto. Su vestido de seda roja acariciaba la nieve, y su aroma a sándalo y pino se intensificó, extendiéndose por la explanada como una red seductora. Vanya no esperaba el milagro de un vínculo predestinado; esperaba el reclamo, la corona, el poder de ser la futura Luna de la manada más temida del continente. Extendió su mano derecha, con la palma hacia arriba, esperando que Caleb la tomara y pronunciara las palabras de elección.

El Alfa Thorne asintió desde el estrado, una sonrisa cruel curvando sus labios marcados por cicatrices. Magnus, el padre de Elara, exhaló un suspiro de alivio que fue audible en la quietud de la noche.

Caleb levantó su gran mano, enguantada en cuero oscuro, para tomar la de Vanya. Su expresión era rígida. Su mandíbula estaba tensa.

Pero a milímetros de rozar la piel de Vanya, el movimiento de Caleb se detuvo abruptamente.

Fue como si chocara contra un muro de cristal invisible. Un gemido sordo, casi doloroso, escapó de lo más profundo del pecho del futuro Alfa. No era un sonido humano. Era su lobo. La bestia interior de Caleb estaba arañando las paredes de su cordura, negándose a someterse a una falsedad bajo la mirada directa de la Diosa Luna.

-¿Caleb? -susurró Vanya, frunciendo el ceño, su sonrisa vacilando por una fracción de segundo.

Caleb no respondió. Su respiración se volvió errática. Sus dedos, suspendidos en el aire sobre la mano de Vanya, comenzaron a temblar con violencia. La magia del plenilunio no obedece a las ambiciones de los hombres mortales ni a los tratados firmados por los Alfas. La Diosa exige la verdad.

De repente, una ráfaga de viento helado barrió el jardín, apagando las antorchas más cercanas y haciendo que las llamas de las hogueras danzaran enloquecidas. La densa capa de nubes que había oscurecido el cielo se rompió por completo, y un rayo de luz lunar, puro y plateado, descendió directamente sobre el altar. Pero no iluminó a Vanya.

Iluminó a Elara.

En ese instante preciso, Caleb giró la cabeza. El movimiento fue brusco, instintivo, carente de cualquier gracia aristocrática. Fue el movimiento de un depredador que acaba de oler sangre.

Sus ojos, que segundos antes habían sido del color del ámbar humano, ahora brillaban con un dorado cegador, vibrante y feral. Cuando la mirada de Caleb chocó contra la de Elara, el universo entero pareció fracturarse.

La chispa no fue una metáfora. Fue un estallido físico y sensorial.

Elara sintió como si un rayo le hubiera impactado directamente en el esternón. El aire fue succionado de sus pulmones. El zumbido constante de la multitud, el frío cortante del viento, el escozor del vino rancio en su piel... todo desapareció. El jardín, las hogueras y los rostros crueles de su manada se disolvieron en una niebla gris, dejando únicamente a Caleb en su campo de visión.

Un calor abrumador y delicioso comenzó a irradiar desde el centro de su pecho, extendiéndose por sus venas congeladas y reviviendo cada nervio de su cuerpo. El vínculo, que en el banquete había sido un leve tirón, ahora se tensó como una cuerda de acero, conectando el alma de la loba marginada con la del guerrero del norte.

Y entonces, el aroma golpeó a ambos.

Para Caleb, el olor a vino barato y mugre que Vanya había derramado sobre Elara se desintegró por completo. Lo que asaltó los sentidos del Alfa fue algo tan puro que lo hizo tambalearse: olía a polvo de estrellas, a lluvia de verano sobre piedras de río y a un sutil toque de rosas blancas silvestres. Era el aroma más embriagador que su lobo había rastreado en toda su existencia. Era el olor de suya.

Para Elara, la lluvia ácida y la menta intensa del aura de Caleb la envolvieron como una manta protectora. Su lobo interior, esa criatura que todos creían dormida, defectuosa o muerta, aulló en el fondo de su mente. Un aullido de reconocimiento absoluto. Mate. Pareja. Mío.

Guiado por una fuerza que iba más allá de su propia voluntad, Caleb dio un paso lejos de Vanya. Luego otro.

-Caleb, ¿qué haces? -siseó Vanya, el pánico teñiendo su voz por primera vez. Trató de agarrarlo del brazo para detenerlo, pero el rechazo fue inmediato.

Un gruñido ensordecedor y amenazante brotó de la garganta de Caleb. Los colmillos del joven se alargaron, rozando su labio inferior. Miró a Vanya con una hostilidad tan cruda que la loba dominante tuvo que retroceder, levantando las manos en un gesto de sumisión involuntaria. El lobo de Caleb no permitiría que otra hembra interfiriera en su camino hacia su verdadera pareja.

El murmullo de la multitud se transformó en un jadeo colectivo. El Alfa Thorne se puso en pie de un salto, pateando su pesada silla de roble hacia atrás.

Pero a Caleb ya no le importaba su padre. No le importaban los tratados. Estaba completamente consumido por el llamado del destino.

Avanzó hasta detenerse justo frente a Elara. Ella tuvo que levantar la barbilla para sostenerle la mirada. A pesar de los harapos destrozados, a pesar de estar manchada y humillada, bajo la luz de la luna y ante los ojos dorados de su pareja, Elara se sintió hermosa. Se sintió poderosa.

Caleb levantó una mano, esta vez sin dudar, y rozó con sus gruesos nudillos la mejilla pálida de Elara.

El contacto de piel con piel produjo una descarga eléctrica que hizo jadear a ambos. La chispa del vínculo se selló en ese toque. Elara cerró los ojos, inclinándose instintivamente hacia el calor de su palma. Era el primer toque de genuino afecto y pertenencia que había experimentado desde la muerte de su madre. Una lágrima silenciosa, traicionera, resbaló por su mejilla y mojó el guante de cuero de Caleb.

-Tú... -susurró Caleb. Su voz era ronca, rasposa, la voz de un hombre cuya alma acaba de ser reclamada-. Eres tú. La Diosa... eres tú.

-Soy yo -respondió Elara en un susurro apenas audible, abriendo sus ojos grises, que ahora brillaban con un leve reflejo plateado-. Te encontré.

Durante tres largos e interminables segundos, el tiempo se detuvo. En ese minúsculo fragmento de eternidad, Caleb fue todo lo que Elara había soñado. Sus ojos reflejaban asombro, posesividad y una devoción fiera. Su lobo estaba listo para arrodillarse ante ella en la nieve, marcarla como suya y destrozar la garganta de cualquiera que se atreviera a llamarla débil nuevamente.

Pero el mundo real no desaparece para siempre, y la política no perdona los milagros.

-¡Caleb! -El rugido del Alfa Thorne cortó la noche con la fuerza de un hacha de guerra estrellándose contra un escudo. No era una llamada; era una orden militar cargada de ira letal-. ¡Aléjate de esa basura inmediatamente!

El grito rompió el trance.

Caleb parpadeó. El brillo dorado feral de sus ojos parpadeó, luchando violentamente contra el ámbar racional de su lado humano. Retiró la mano de la mejilla de Elara como si la piel de la chica de repente se hubiera convertido en brasas ardiendo.

Elara sintió el vacío instantáneo. El frío volvió a morderle los huesos, esta vez mil veces peor, porque ahora sabía lo cálido que se sentía el paraíso.

-Padre... yo... -balbuceó Caleb, mirando a su alrededor.

La niebla mágica se había disipado. De pronto, Caleb vio la escena no con los ojos de su lobo, sino con los del futuro Alfa. Vio a los cientos de guerreros de los Colmillos de Hierro mirándolo con confusión y desdén. Vio al Alfa Magnus, sudando de pánico. Vio a Vanya, cuya expresión había pasado del shock a un odio venenoso y asesino.

Y finalmente, bajó la vista hacia Elara.

Donde hace un segundo veía a una criatura celestial bañada en polvo de estrellas, la realidad brutal se impuso. Vio el vestido de lino rasgado, la enagua gris sucia, el vino barato teñiendo de púrpura su piel pálida, y la evidente ausencia de una presencia lupina fuerte que justificara el desafío que acababa de protagonizar.

El vínculo exigía que la protegiera. Pero su mente, moldeada por la crueldad de su padre y la ambición de su cargo, calculaba los daños. Si la elegía, sería el fin de la alianza. Su manada lo consideraría un débil hechizado por una loba sin valor. Perdería el respeto, el trono y el ejército.

Elara vio la transformación en su rostro. Vio cómo la devoción era asfixiada, célula por célula, por el miedo y el orgullo. El lobo de Caleb aullaba en agonía dentro de su jaula, pero el hombre acababa de tomar las riendas.

-Caleb... -susurró Elara, extendiendo una mano temblorosa hacia él, aferrándose al hilo invisible que los unía-. Por favor. No lo apagues.

Pero la chispa que se había encendido con tanta fuerza comenzó a sofocarse. La mirada de Caleb se endureció, transformándose en una muralla de hielo impenetrable. Enderezó la espalda, giró sobre sus talones y le dio la espalda a Elara, dejándola sola bajo la implacable luz de la luna, lista para el matadero. El destino había hablado, sí, pero los hombres tenían el poder de silenciar a los dioses cuando el trono estaba en juego.

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