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Nueve meses de esperanza
img img Nueve meses de esperanza img Capítulo 5 El Espejo y el Tiempo
5 Capítulo
Capítulo 6 El Ritmo de los Días img
Capítulo 7 Los Pequeños Detalles que Marcan la Diferencia img
Capítulo 8 La Esperanza que Crece img
Capítulo 9 Camino hacia una Nueva Vida img
Capítulo 10 El Comienzo de Todo img
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Capítulo 5 El Espejo y el Tiempo

Los meses fueron pasando con una lentitud que, al mismo tiempo, parecía volar. Daisy ya podía ver, con claridad, los cambios que el embarazo provocaba en su cuerpo. La barriga, antes discreta, ahora comenzaba a destacarse con suavidad, transformando su ropa y la manera en que se movía. Era un recordatorio constante, físico e innegable, de que una nueva vida se estaba formando dentro de ella.

Pero los cambios no eran solo externos. Internamente, Daisy sentía una verdadera revolución. Había días en los que se miraba al espejo y apenas se reconocía. Veía no solo a la mujer que había sufrido una desilusión amorosa, sino a una futura madre. El reflejo que la observaba parecía más frágil, pero también, de alguna forma, más determinada.

"Estás diferente, Daisy", comentó Lucas cierta mañana, mientras desayunaban. No dijo si era bueno o malo, simplemente lo observó con esa mirada atenta que lo caracterizaba. "Tienes una luz nueva en tu rostro."

Daisy se tocó el vientre, un gesto que ya empezaba a ser automático, casi un instinto de protección. "Es el peso de la responsabilidad, tal vez. O el miedo a no ser capaz."

"Lo vas a lograr", respondió Lucas con firmeza, sirviéndole más jugo. "Porque tienes buen corazón. Y eso vale más que cualquier otra cosa."

La convivencia en la casa de Lucas se volvía cada día más natural. Habían creado una rutina silenciosa, donde cada uno conocía su lugar y sus necesidades. Lucas seguía siendo el apoyo perfecto: le recordaba tomar las vitaminas, preparaba comidas que no le causaran náuseas y, sobre todo, sabía cuándo hablar y cuándo guardar silencio.

Sin embargo, había momentos en los que la soledad apretaba el pecho de Daisy. Incluso con la cálida presencia de Lucas, sentía la falta de tener a alguien con quien compartir exclusivamente esa experiencia. Veía a mujeres en la calle acompañadas de sus maridos o parejas, acariciándose el vientre juntos, y sentía una punzada de envidia y tristeza. Lo que debería haber sido un momento de complicidad a dos, se había convertido en un camino solitario, aunque acompañado.

Una tarde, mientras organizaba algunas prendas que le había regalado la amiga de Lucas, Sofía, Daisy dejó que las lágrimas fluyeran. No era por dolor físico, sino por una melancolía suave, una nostalgia del futuro que había imaginado y que ahora ya no existiría.

Lucas entró en la habitación en ese preciso instante. Al verla llorar, no preguntó nada de inmediato. Simplemente se acercó despacio y se sentó a su lado en la cama, extendiendo el brazo para que ella pudiera recostarse.

"Es difícil, ¿verdad?" susurró. "Tener que ser fuerte todo el tiempo."

"A veces solo desearía poder volver atrás y hacer todo diferente", confesó ella, secándose el rostro. "Tengo tanto miedo, Lucas. Miedo de que crezca sin padre, miedo de que un día me pregunte el porqué de las cosas, miedo a equivocarme."

Lucas tomó su mano y la apretó con cariño. "Mírame, Daisy. Nadie lo sabe todo. Nadie está preparado al cien por ciento. Te equivocarás, claro, porque eres humana. pero acertarás mucho más porque amas a este bebé más que a nada. Y sobre el padre... lo que importa no es quién lo engendró, sino quién lo cría. Quién está aquí, en el día a día, sosteniendo tu mano."

Sus palabras la calmaron como un bálsamo. En ese momento, Daisy se dio cuenta de lo esencial que se había vuelto Lucas. No estaba intentando sustituir a nadie, estaba llenando los espacios vacíos con su propia esencia, con su bondad.

En los días siguientes, Daisy decidió permitirse vivir esa etapa con más ligereza. Empezó a comprar pequeñas cosas para el ajuar, no con tristeza, sino con la alegría de quien prepara un nido. Lucas la acompañaba de compras, dando opiniones sobre colores y telas, riendo cuando ella dudaba entre un modelo de zapatitos u otro.

También empezó a sentir los primeros movimientos del bebé. Eran leves, como mariposas batiendo sus alas dentro de ella. La sensación era mágica, indescriptible. La primera vez que lo sintió con claridad, Daisy llamó a Lucas de inmediato.

"Pon la mano aquí, ¡rápido!" dijo ella, emocionada.

Lucas se acercó, un poco dudoso al principio, y colocó su mano grande y cálida sobre su vientre. Por unos segundos no pasó nada, y entonces, una pequeña patada suave, pero perceptible. Los ojos de Lucas se llenaron de lágrimas y sonrió, una sonrisa amplia y genuina.

"Es fuerte...", dijo, con la voz quebrada. "Está vivo, Daisy."

"Sí, lo está", respondió ella, sintiendo una felicidad plena apoderarse de su ser. "Está vivo y bien."

En ese instante, la atmósfera entre ellos cambió de forma muy sutil, pero muy profunda. Había una complicidad que iba más allá de la amistad, una alianza que se solidificaba cada día. Daisy miró a Lucas y sintió una gratitud tan grande que le dolía en el pecho. Él era su refugio, el hermano que la vida le dio, el amigo que se había convertido en familia.

La ciudad ya no parecía un lugar extraño. Las calles, los parques, la librería... todo eso ahora formaba parte de la historia que ella estaba construyendo. Daisy sabía que el camino aún sería largo, que habría noches de llanto y días de cansancio extremo por delante. Pero también sabía que ya no estaba sola en esa travesía.

Ella acarició su vientre y luego miró a Lucas, que aún mantenía la mano allí, como si estuviera conectado con esa pequeña vida.

"Gracias", dijo en voz baja. "Por no dejarme hundir."

"Nunca lo haría", prometió él. "Vamos a pasar por esto juntos. Tú, yo y él."

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