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El Imperio del CEO y la Esposa Oculta
img img El Imperio del CEO y la Esposa Oculta img Capítulo 3 La asistente invisible
3 Capítulo
Capítulo 6 V entra en escena img
Capítulo 7 El primer chat img
Capítulo 8 La frialdad en casa img
Capítulo 9 El ultimátum médico img
Capítulo 10 Sin ataduras img
Capítulo 11 La oferta a V img
Capítulo 12 El rumor del pasillo img
Capítulo 13 El desdén del CEO img
Capítulo 14 La obsesión crece img
Capítulo 15 La ironía de Victoria img
Capítulo 16 El plan de salida img
Capítulo 17 La trampa de Chloe img
Capítulo 18 La ceguera de Nathaniel img
Capítulo 19 Los papeles sobre la mesa img
Capítulo 20 La firma sin lágrimas img
Capítulo 21 El anillo devuelto img
Capítulo 22 El asiento vacío img
Capítulo 23 El nuevo amanecer img
Capítulo 24 El caos de Nathaniel img
Capítulo 25 La reunión de élite img
Capítulo 26 El encuentro casual img
Capítulo 27 El genio reconocido img
Capítulo 28 La fundación de V-Tech img
Capítulo 29 El ataque cibernético img
Capítulo 30 Condiciones inaceptables img
Capítulo 31 La furia de Nathaniel img
Capítulo 32 La humillación de Chloe img
Capítulo 33 El primer contrato de Victoria img
Capítulo 34 El cara a cara (corporativo) img
Capítulo 35 El shock del exmarido img
Capítulo 36 Celos irracionales img
Capítulo 37 El intento de control img
Capítulo 38 La jugada maestra img
Capítulo 39 La obsesión dividida img
Capítulo 40 El mensaje de V img
Capítulo 41 La duda img
Capítulo 42 El accidente esquivado img
Capítulo 43 La visita al hospital img
Capítulo 44 Confrontación de alfas img
Capítulo 45 La investigación img
Capítulo 46 El secreto familiar img
Capítulo 47 La Gala de la Unidad Forzada img
Capítulo 48 El vestido rojo img
Capítulo 49 El baile robado img
Capítulo 50 La bofetada moral img
Capítulo 51 La trampa tecnológica img
Capítulo 52 El hackeo en pantalla grande img
Capítulo 53 Cerca, muy cerca img
Capítulo 54 La sospecha inicial img
Capítulo 55 Negación img
Capítulo 56 El chantaje corporativo img
Capítulo 57 El ruego del arrogante img
Capítulo 58 El beso robado img
Capítulo 59 El rechazo img
Capítulo 60 El chat nocturno img
Capítulo 61 La respuesta helada img
Capítulo 62 El silencio de V img
Capítulo 63 La sinfonía del caos img
Capítulo 64 El tic nervioso img
Capítulo 65 Uniendo los hilos img
Capítulo 66 La prueba final img
Capítulo 67 El cebo está puesto img
Capítulo 68 La cámara oculta img
Capítulo 69 El mundo se derrumba img
Capítulo 70 El repaso mental img
Capítulo 71 La confrontación inminente img
Capítulo 72 Hola, V img
Capítulo 73 El estallido img
Capítulo 74 Te divorciaste de ambas img
Capítulo 75 La huida img
Capítulo 76 El remordimiento img
Capítulo 77 La noticia pública img
Capítulo 78 El fénix img
Capítulo 79 El nuevo Nathaniel img
Capítulo 80 Rechazo total img
Capítulo 81 La persistencia img
Capítulo 82 El límite de Alexander img
Capítulo 83 La duda de Victoria img
Capítulo 84 El sabotaje de la familia Cross img
Capítulo 85 La defensa pública img
Capítulo 86 La lluvia y la fiebre img
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Capítulo 3 La asistente invisible

El lunes por la mañana, el edificio corporativo del Grupo Cross no era un lugar de trabajo; era una zona de guerra activa.

Desde el instante en que las puertas automáticas del inmenso vestíbulo de cristal se abrieron, Victoria pudo sentir la histeria colectiva flotando en el aire acondicionado. Los teléfonos sonaban en una cacofonía incesante, los ejecutivos corrían de un lado a otro con el rostro pálido y los guardias de seguridad miraban a todos con sospecha.

Victoria entró al rascacielos arrastrando los pies a propósito. Se había encorvado ligeramente bajo un traje de chaqueta color beige opaco que era al menos dos tallas más grande, ocultando cualquier rastro de la figura esbelta que se escondía debajo. Con el cabello castaño firmemente recogido en un moño tirante en la nuca y sus infames gafas de montura negra gruesa, se volvió instantáneamente invisible en aquel mar de pánico, trajes de diseñador y perfume caro. Era exactamente lo que quería.

Tomó el ascensor de servicio hasta el piso veintidós, el corazón de las operaciones administrativas y de archivo. Su escritorio estaba estratégicamente relegado a un rincón lúgubre, junto a las columnas de ventilación, lejos de los ventanales panorámicos que ofrecían vistas a la ciudad. Era el lugar perfecto para pasar desapercibida, pero con un ángulo de visión impecable hacia el pasillo que conducía a la sala de juntas principal.

Nadie podía acceder a los servidores de la empresa. El virus que ella misma había contenido a medias la noche anterior seguía activo, manteniendo la red principal bloqueada como una fortaleza impenetrable. Victoria encendió su anticuado ordenador de oficina, un trasto que apenas servía para procesar textos básicos. Mientras esperaba que el sistema operativo de hace una década cargara, recordó la oferta desesperada que Nathaniel le había enviado a la cuenta de "V" la noche anterior.

No había respondido. Había cerrado el portátil y se había ido a dormir tranquilamente. Quería dejar que el gran CEO sudara un poco más. Quería ver hasta qué punto se resquebrajaba su impenetrable fachada de control.

El intercomunicador de plástico barato de su mesa zumbó bruscamente, sacándola de sus pensamientos.

-Victoria, la red sigue caída y la junta directiva se reúne en diez minutos -ladró la voz tensa y al borde del colapso del jefe de recursos humanos-. Necesitamos copias físicas urgentes del plan de contingencia financiero. Imprime cincuenta juegos completos, engrápalos y llévalos a la sala de juntas principal de inmediato. ¡Muévete!

Victoria no respondió verbalmente, solo pulsó el botón de confirmación. Se levantó en silencio y se dirigió a la sala de copiado. Pasó los siguientes cuarenta minutos frente a la ruidosa y gigantesca fotocopiadora industrial. El olor a tinta caliente y ozono le llenó las fosas nasales mientras apilaba cientos de hojas en pesadas carpetas. Era un trabajo mecánico, aburrido y denigrante para alguien con su intelecto, pero era el disfraz perfecto.

Cuando finalmente tuvo las cincuenta carpetas apiladas en una gran caja de almacenamiento de plástico transparente, la levantó. Pesaba horrores. Los bordes del plástico se le clavaron en los antebrazos, pero apretó los dientes y avanzó por el pasillo principal, manteniendo la cabeza gacha.

Justo cuando se acercaba a las imponentes puertas dobles de roble macizo de la sala de juntas, estas se abrieron de golpe.

Nathaniel Cross salió a grandes zancadas. Era una visión imponente. Llevaba un traje gris marengo de corte italiano que se ajustaba a sus anchos hombros como una segunda piel. Sin embargo, su rostro era una máscara de furia contenida. Sus ojos grises, normalmente calculadores, destilaban un peligro letal. Tras él, trotando para mantener el ritmo de sus largas piernas, iba su séquito de directores.

A la derecha de Nathaniel, caminando sobre unos altísimos tacones de aguja que repiqueteaban contra el suelo de mármol, iba Chloe, la directora de marketing. Chloe llevaba un vestido ajustado de color rojo sangre que dejaba poco a la imaginación, una elección de vestuario claramente diseñada para captar la atención del CEO. Estaba hablando rápidamente, intentando apaciguar a Nathaniel y, de paso, lucirse frente al resto de los ejecutivos en medio de la crisis.

Victoria se hizo a un lado de inmediato. Se pegó a la pared fría del pasillo, sujetando la pesada caja contra su pecho, y bajó la mirada hacia el suelo, adoptando la postura sumisa que se esperaba de un empleado de la categoría más baja del Grupo Cross.

Los directivos comenzaron a pasar de largo sin mirarla.

Pero Chloe no iba a desperdiciar una oportunidad perfecta.

Tal vez fue la frustración de que Nathaniel no le estuviera prestando la más mínima atención, o tal vez fue simplemente su habitual y mezquino deseo de reafirmar su poder sobre los más débiles. Al pasar justo por delante de Victoria, Chloe se desvió un milímetro de su trayectoria recta.

Fue un movimiento rápido, sutil y cargado de una malicia calculada. El afilado codo de Chloe golpeó deliberada y bruscamente el borde superior de la caja de plástico que Victoria sostenía.

El equilibrio se rompió en un instante.

La pesada caja resbaló de los brazos de Victoria, golpeando el suelo de mármol con un estruendo ensordecedor. La tapa saltó por los aires y las cincuenta carpetas se abrieron de golpe, esparciendo cientos y cientos de hojas de papel blanco, repletas de datos financieros confidenciales, por toda la inmaculada superficie del pasillo ejecutivo.

El caos se detuvo. El silencio cayó en el pasillo como una losa de plomo asfixiante. Todos los ejecutivos, incluido Nathaniel, se detuvieron en seco y giraron hacia el origen del ruido.

-¡Por Dios santo! -exclamó Chloe en voz alta, llevándose una mano al pecho en un gesto de falsa sorpresa y consternación-. ¿Eres ciega, niña, o simplemente eres una completa inútil? ¡Fíjate por dónde caminas!

Victoria sintió que un latigazo de calor le subía por el cuello, pero mantuvo la respiración pausada. Levantó la vista lentamente. Chloe la miraba desde su pedestal de tacones con absoluto desprecio, con una media sonrisa de victoria y burla asomando en la comisura de sus labios pintados de carmín.

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