-¡Silencio! Sabes muy, que lo nuestro, solo es sexual.
Durante los cuatro años, que ambos llevaban como amantes. Matthew jamás ha permitido un beso o una simple caricia, tiene claro, que esas acciones, despertarían en él, un lado que ya se marchitó.
-¿Ahora sí, me dieras, la razón de tu enojo? -ella intentó abrazarlo.
-No te importa -replicó-. Y ya que terminamos, continúa con tu trabajo.
-¡Eres un idiota! -lo abofeteo-. ¿No comprendes que te amo? ¿Por qué me haces esto?
-Desde que iniciamos, fui muy claro. No me vengas, con reclamaciones sin sentido.
-Créeme, un día de estos. Te haré arrodillar, ante mí.
-Como sea. Ya lárgate.
-¡Te detesto! -Mia salió destrozada, por más que ella trató de no enamorase, le fue difícil, no traicionarse a sí misma-. Pronto, llegará mi venganza.
Amar, no siempre resulta en un momento dulce. Aferrarte a las ilusiones que te has creado, al final, solo te consumen.
A la mañana siguiente, Alondra empezó su primer día de trabajo. Y de cierta forma, se sentía un tanto intranquila.
-Buenos días, señorita Taylor. Es un placer que esté aquí -Matthew se mostraba amable, de alguna forma debía resarcir el daño causado-. Él es mi abogado, Frederick Davis. Está aquí, porque es el encargado de explicarle, el contrato que debe firmar, por favor siéntese.
-Mucho gusto, señorita. Espero que su instancia en esta empresa sea de su agrado. El contrato es sencillo; en él están consignados sus derechos y deberes como empleada.
-Comprendo -asintió Alondra.
-Eso sí, al estar en una de las empresas número de la ciudad y sus alrededores, usted debe firmar una cláusula de cooficialidad, todo lo que vea o escuche, no debe filtrarse.
-Cumpliré todos sus mandatos -afirmó Alondra.
-Me alegra oírlo. Cumplido mi deber es momento de retirarme.
En el momento que tuvieron privacidad, Matthew sorprendió a Alondra de la forma menos inimaginable.
-Espero que te gusten, en la tienda me dijeron que son colores unisex.
-¡¿Por qué lo hizo!? Mi hijo no es su responsabilidad.
-Claro que sí. Ya hace parte de mi equipo de trabajo.
-Exacto, solo soy una simple empleada.
-No es así. Te utilicé, de la peor manera, y tengo que reparar los estragos que cause.
-Permita que me ocupe de su bebé. Así estaré en paz conmigo mismo.
-Bien, ya tomo una decisión, y no hay nada que lo haga cambiar de parecer. Entonces, tenga muy presente; no soy ni su esclava, ni su juguete, ni una muñeca que use a su antojo.
-Soy consciente de que es difícil para usted, sin embargo, le pido que confié en mí.
-Trataré de hacerlo. Aunque... -en su interior la desconfianza era latente-. Ya que las reglas están sobre la mesa ¿Cuál será mi primera a labor?
-Quédese unos momentos en la oficina, la voy a instruir sobre los conceptos básicos.
Alondra y Matthew permanecieron dos horas juntos; tiempo en el que él, la guío sobre cómo: manejar su agenda, llevar el control de archivos, entre otras funciones.
-¡Veo que es muy inteligente! -exclamó él.
-Gracias, por su halago. Cuando estaba en secundaria, siempre me atrapo el mundo de la computación, soñaba con ser una gran informática o diseñadora gráfica.
-¡¿Y qué pasó con su ilusión!?
-Eso es cosa del pasado. No me gusta hablar sobre ello, ¿se le ofrece algo más?
-No. Vamos, te mostraré tu lugar de trabajo. ¿Qué opina? ¿Es de su agrado? Me tomé el atrevimiento de adecuarlo. Ten presente, que puedes hacer tu pausa activa, el baño está cerca, por si sientes algún malestar, y cuando se sienta muy agotada, no dude en llamarme.
-Bueno... es más de lo que esperaba.
-¡¿Quién es esta perra!? -gritó desesperada Mia, quien estuvo observando a Matthew con detenimiento.
-¡Es mi nueva asistente! -replicó-. ¡Respétala!
-¡¿Así que esta es tu nueva adquisición?! No sabía que te gustasen, tan simples.
-¡Un momento! Usted no me conoce, no le he dado motivos, para que me trate de esa forma. Está siendo muy altanera, no me provoque, le aseguró, que sé defenderme -aseguró Alondra. Y es que una de las cosas que aprendió estando encerrada, fue el defenderse.
-¡Imbécil! ¿Con qué derecho, me hablas de esa forma?
-Usted fue quien inicio. Y le pido, que me deje en paz, tengo trabajo por hacer.
-¡Tú...! -Mia alzo su mano derecha, con la intención de agredirla.
-¡Detente! ¡No olvides quién eres! -Matthew se la llevó a su oficina-. ¡¿Qué demonios fue eso?!
-¿Quién es la zorra?
-¡No es tu asunto!
-¡Soy tu mujer! -gritó-. Y merezco respeto.
-¿Quién te dio ese derecho? Eres la que calma, mis ganas, solo eso.
-¡Imbécil! -Le escupió la cara-. ¡Te odio maldito! He sido una tonta, por pensar que algún día me amarías. Tú nunca podrás, ¡estás marchito, por dentro!
-Tus palabras no pueden herirme, y sí, tienes razón, estoy muerto en vida. Entonces, no pierdas tu tiempo conmigo.
-¡¿Por qué actúas de esa manera?! Sí lo intentamos, tal vez funcione -lo abrazó.
-Mía -se acercó a ella, y acaricio su rostro-. No pierdas, tu tiempo conmigo, no soy lo que buscas.
-¡Te amo! -replicó.
-Crees que lo haces. Pero no es así, es mejor, qué que todo acabe aquí.
-¡No te vas a deshacer de mí!
El corazón de mia se desgarró en mil pedazos. Todos sus anhelos se desmoronaron. No obstante, ella se encargaría de cobrar, sus lágrimas.
Continuará