-Es bueno saberlo -respondió Alondra, esbozando una pequeña sonrisa.
-Entonces, me retiro. Muero por ver lo que me espera -al estar en su oficina, Matthew se sintió conmovido-. ¿Qué es esto? ¿Flores y chocolates? - sonrió para sí mismo-. ¡Es única!
Este hecho provocó en él un sentimiento de calidez, el cual se vio interrumpido por la llegada inesperada de Han Fletcher, su amigo de más de diez años.
-¡¿Qué es esto?! ¡¿Flores y chocolates en tu oficina?! -exclamó Han Fletcher, quien ha sido su amigo por más de diez años-. ¿Desde cuándo eres tan cursi?
-Deja de molestarme. ¿Qué haces aquí?
-¡Ey! Acabo de llegar de Australia, vine a verte en primer lugar porque te extrañé. ¿Y así me recibes?
-¿Quién es el cursi ahora? Pareces una novia abandonada.
-¡No me llamaste!
-Solo fue un mes. ¡No seas berrinchudo!
-¡Qué mal amigo eres! En fin... vine porque quiero invitarte a una fiesta que haré; debo festejar mi regreso por todo lo alto.
-¡No iré! -afirmó.
-Claro que irás. Y llevarás a tu nueva secretaria. ¡Es una bomba sexy! Tienes que presentármela.
-¡Ni lo pienses! -Matthew se levantó de su asiento y lo agarró del cuello-. ¡Ella no es un juguete!
-¡Me estás lastimando! Cálmate, era una broma.
-Esa mujer es mi protegida. Puedes meterte con quien desees, pero a ella, no la toques.
-Entendido. Te espero en mi casa -Han salió de la oficina-. ¿Así que tú eres su nueva adquisición? -preguntó mientras admiraba a Alondra.
-¿Disculpe? ¿En qué le puedo ayudar? -Ella se mostró algo confundida.
-Descuida. Solo quería ver qué es lo que te hace tan especial.
Sigo sin comprender. ¿Qué desea?
-Olvídalo. -Han se marchó, pero esa no sería la última vez que se cruzaría en el camino de Alondra.
Cuatro horas después.
-Disculpe, señor, no sé cuáles son sus platillos preferidos. Me tomé el atrevimiento de pedir unas alitas de pollo con salsa búfalo -al ver que Matthew no había salido, ni siquiera para tomar un descanso, Alondra se sintió preocupada por él-. Por su cara, veo que no es de su agrado. Era de suponer, está acostumbrado a comida más gourmet.
-Un momento, no me malinterprete. No me esperaba esto. Venga, almuerce conmigo.
Conforme pasaron los minutos, Matthew se percató de lo asombrada que se mostraba Alondra por el diseño.
-¿Esto hace parte de su próxima presentación?
-Así es, ¿qué tienes por decir?
-Nada, yo... -ella se sintió atemorizada-. Mi opinión no tiene validez.
-En mi empresa, todos pueden dar sus ideas.
-Bueno, esto... solo me quedé pensando que, si van a hacer un hotel con vista a la playa, no está de más que respeten el medio ambiente; podrían usar energía solar. Quizás los paneles sean costosos, pero el ahorro en cuanto a desgaste energético ya es mucho. También podrían implementar un descuento para los clientes, algo así como hacer un canje por los desechos que estos produzcan.
-Interesante. Continúa.
-También sería ideal que implementaran una huerta donde cultiven los vegetales más necesarios para ofrecer en sus restaurantes. De igual forma, no se olviden de las personas que viajan solo con sus mascotas y batallan para encontrar un lugar donde se los acepten. Integrar una guardería donde se brinde cuidado a estos compañeros sería un plus de publicidad.
-Eres... -Matthew le aplaudió. Estaba deslumbrado ante su creatividad-. De haber sabido que usted era una cajita de sorpresas, desde hace mucho la hubiese traído conmigo.
-Solo me emocioné. Hablé de más, no me haga caso.
-¿Por qué se desvaloriza así misma?
-Es una tonta costumbre. Sí, ya no me necesita, recogeré las cajas de comida -al dar un paso en falso, Alondra terminó por tirar restos de comida sobre Matthew-. Lo siento, no fue mi intención. Deme su camisa, la lavaré esta noche.
-Tranquila, fue un accidente, además puedo cambiarme aquí mismo. En mi cuarto, tengo ropa.
-No sabía que tuviera un piso arrendado cerca de aquí.
-No es así. Venga conmigo, para que entienda.
Estando en el cuarto especial de Matthew, Alondra fue invadida por una sensación de vergüenza y deseo.
-¡Oh, lo siento! ¿Te incomodé?
-No, para nada, yo... -cuando ella quiso retirarse, Matthew la arrinconó contra la pared para darle un dulce beso.
-Tus labios son suaves. Y viéndote más de cerca, puedo apreciar lo hermosos que son tus ojos.
-¡Por favor...! -ella no sabía cómo actuar-. Déjame ir, si seguimos, romperemos la promesa que hicimos.
-¡Al diablo con lo que dije! -Matthew la tomó por su cintura; lentamente la fue envolviendo en sus caricias.
-¡Alto! No me hagas esto, de lo contrario...
-¿Me detengo?
-¡No lo sé, maldita sea!
La mente de Alondra, era dominada por la confusión; si bien era cierto, que en el pasado ella había experimentado, repulsión, al momento de tener intimidad. Josh fue consciente y precavido, hasta que ella se sintiera segura.
-Dime lo que deseas. No te forzaré -besó su hombro.
-Haga lo que quiera -afirmó, en medio de la excitación, y a medida que sus gemidos aumentaban. Matthew la embestía con ferocidad-. ¡Ugh...!
-¿Quieres que esto acabe?
-No -imploró-. Sí, se detiene, lo odiaré.
En cuanto el éxtasis los elevo al cielo. La culpa, no tardó en aparecer.
-No llores. Perdóname, asumiré mi responsabilidad -limpio su rostro.
-Es que usted no entiende. ¡Soy una basura! Él está en una camilla. ¿¡Cómo pude hacerle esto!?
-El único culpable, soy yo. Que quede claro, no te mortifiques más.
-¿Ahora qué haré?
-Por lo pronto, límpiate. En el segundo cajón, hay toallas húmedas para el aseo corporal, usa las que necesites. -Matthew la dejó a solas, él también, debía organizar sus pensamientos-. ¡Qué porquería resultaste! -se insultó a sí mismo-. ¿Dónde quedó tu palabra? No vales nada.
Él se prometió que mantendría distancia. Sin embargo...
Continuará