QUIÉREME, SÁLVAME

5 Capítulo
Capítulo 6 CAPITULO 5 R E I N I C I O img
Capítulo 7 CAPITULO 6 R E E N C U E N T R O img
Capítulo 8 CAPITULO 7 BUENAS INTENCIONES img
Capítulo 9 CAPITULO 8 img
Capítulo 10 CAPITULO 9 img
Capítulo 11 CAPITULO 10 img
Capítulo 12 CAPITULO 11 img
Capítulo 13 CATORCE MESES ANTES img
Capítulo 14 CAPITULO 12 YARITZA img
Capítulo 15 CAPITULO 13 img
Capítulo 16 CAPITULO 14 img
Capítulo 17 CAPITULO 15 img
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Capítulo 5 CAPITULO 4 D O L O R

Viernes.

Me había entregado a él, el viernes.

Lejos de sentirme como toda chica alegre que por fin lograba algo con el amor de su vida, me sentía vacía, no lo esperaba. Las cosas no sucedieron así. Me sentía herrada.

Él no me obligó, aunque podría ser una buena alternativa para excusar mi malestar, no lo hizo. Fue un poco impaciente al principio, me preguntó en todo momento si estaba bien. Acepte. Di mi consentimiento llevando a cabo por fin la entrega de mi alma, mi amor, y mi cuerpo. Mi corazón le había otorgado hace tiempo.

No había sido en un lugar romántico, pero desde sí se había llevado puntos aquel local donde nos conocimos. Para mí fue tan íntimo, y hasta cierto momento quise guardar ese momento eternamente y quedarme envuelta en sus brazos. Una burbuja, fue como estar en una, pero como todos saben, las burbujas no tienen buena resistencia viven apenas unos cortos minutos.

El habernos fijado en el reloj quitó las ganas de seguir echados un rato más, por mi parte. Ya que su actitud desinteresada lo acompañaba a todas partes. Su casaca regada en el suelo debajo de nosotros ya nos acobijaba, mis ropas tendidas encima de un monitor me llamaban insolente por haber mancillado de esa manera el negocio. Inconsciente, me lo merecía.

Había llamado a la jefa diciendo el porqué de la tardanza al abrir el local, porque si, se llegaron a enterar de que abrió una hora después.

Dije que me encontraba dado mantenimiento a distintas maquinas que estaban fallando, también porque no creía que podía asistir el sábado, estaba un poco indispuesta. Me creyeron y desearon que no sea nada grave, Karol se encargaría por mí.

A mamá también le dije lo mismo acerca de mi inasistencia de hoy, por supuesto que no me creyó, aun así, no ahondó más en el tema.

Esperaría la llegada de Yari, estaba muy próxima a llegar y eso me ponía de mejor humor, aunque Josué no podía venir, cualquiera me era una buena compañía ahora.

***

-Al menos usaron protección, ¿no? -llevaba diez veces preguntando lo mismo.

-Sí, tan estúpida no soy -vuelvo a repetir.

-Menos mal -suspira -nadie quiere que ese hijo de puta se reproduzca ni por una sola vez en su vida.

-No soy tan irresponsable.

-Pero él si lo es Belisa.

-¿Cómo le puedes tener tanta cólera sabiendo que yo fui quien insistió al estar tras él?

-Es tres años mayor que tú, fácilmente lo puedo pudrir en la cárcel. Encima es un mantenido de mierda.

-No ayudas -inquiero exhausta.

-Dime la verdad, ¿te obligó? -esa pregunta ya la había escuchado muchas veces antes también.

-No.

-Bueno, tan hijo de puta no es.

-Fue por amor -musito con la garganta quemando. Fatal era poco para describir como en realidad me sentía.

-No puedes sentir amor por otra persona, sin amarte a ti primero -culmina estrechándome en sus brazos, acompañándome a llorar.

***

Los días pasaron veloz, si bien mi ánimo no había mejorado mucho, ya estaba normal, podía fingir todo lo que quisiera. Nadie de mi familia preguntó sobre los primeros días que casi no probaba bocado, preferían darme mi espacio y eso lo agradecía. Tanto como a Josué, quien se aguantó las ganas de ir a matar a Nicolás, él si pensaba que me había obligado. A principios dudó un poco de mi respuesta-sigue dudando-, luego decidió darse por vencido y dejar las cosas tal cual.

Casi tres semanas donde me había vuelto sexualmente activa, y eso no me impedía el poder visitar boticas y consultorios de planificación familiar, servía de mucho prevenir un bebé no deseado, así como enfermedades de transmisión sexual. La excusa de que me quedaba conversando con un amigo, me funcionaba.

Había notado en estos días algo que también se hacía frecuente, pues Nicolás solo pasaba las mañanas por ahí, y después de pasar el rato conmigo se despedía hasta el próximo día. No vi necesario preguntar, pues sus motivos tendría, y el andar de chismosa solo podría causar problemas en lo que estábamos formando. Estaba ilusionada, un poco tonta dada la situación como se llevaba, pero enamorada.

Su trato hacia mí no había cambiado, me había ganado un par de gritadas, pero eso era todo, él vendría al día siguiente como si nada hubiera sucedido día antes.

-Ya es tu hora de salida Beli, te puedes retirar -Cecilia, la dueña del local, está lista para tomar mi cargo.

-De acuerdo -contesto alistándome para salir, no sin antes mostrarle las horas de cada cabina que estaban cumpliendo a través de mi monitor-. Hasta mañana señora Ceci, que tenga buena noche.

***

Algo no iba bien definitivamente, lo supe cuando Josué me llamo hoy a la media noche. Se suponía que él se iba de fiesta los viernes por la noche y apagaba su celular hasta el sábado por la tarde, en cambio recibir una llamada a estas horas, no avecinaba nada bueno.

Ojos bien abiertos, calmada y al centro de mi cama, dejar sin seguro la ventana.

Sus palabras tampoco disminuían la ansiedad y curiosidad así que moría por saber de qué se trataba.

Otra de sus llamadas estaba entrando. Pulso en contestar.

-Beli, necesito que prestes atención a lo que te va llegar, y esperes a que Yari vaya hacia allá, demoraré un poco, pero espérame preciosa-. Su voz sonaba preocupada, hasta casi lo imaginaba maldiciendo.

-¿Qué es lo que sucede? -aún me encontraba media dormida, pero notaba su angustia.

-Es cuestión de minutos... -hay un silencio a través de la otra línea -¿sigues en el grupo de Whatsapp de tu familia?

-Sí ¿por?

-Salte.

-¿Por qué? -cubro mis ojos al ver como mi pantalla se enciende varias veces avisando una notificación, justo me da en el lateral del ojo derecho.

-Solo salte de ese maldito grupo Belisa -el tono de voz ahora es severo, sin quitar su preocupación de por medio.

-Me acaba de llegar una notificación -digo viendo el aparato -al parecer es un video.

-Mierda. Escúchame, no lo abras hasta que llegue Yari ¿vale?

-Está bien -contesto para no hacerlo renegar-. Esperaré a Yari, gruñón. -replico algo divertida, bostezando.

-Eres mi mejor amiga Beli, sabes que te amo, y que todo lo que hago es por tu bien, ¿cierto? -mi sonrisa crece al escucharlo decir eso.

-Yo también te amo Jos, eres mi mejor amigo -finalizo la llamada.

E pronto creo que me va a dar un bajón, me siento un poco sentimental, al parecer mi periodo está próximo a llegar, no hay otra razón para explicar la melancolía que me llega de sopetón. Son pocas veces las que me lo dice, y siempre me causa ternura que lo haga, es ahí cuando olvido lo imbécil que es de vez en cuando.

Mi celular no deja de brillar por las notificaciones que llegan. Pienso un poco si debo abrir o no la ventana de chat, Josué dijo que no. Yari viene en camino. ¿Por qué?

Ups

Sin querer mi dedo se resbala por la ventana que tiene como nombre Castañedas y abre la conversación.

Solo veo felicitaciones de mis tíos a Laura Raquel-conocida como Lara-, unos mensajes un tanto secos como los de mi madre y otros burlones como de mis hermanos. ¿Es que todos están a esta hora en el celular?

Subo los mensajes hasta encontrar el video causante de las felicitaciones a mi prima. Doy en descargar y espero impaciente a que termine, lo que parece imposible ya que no sigue del 70 por ciento donde se queda trabado.

-Vamos basura -murmuro para mí. Quizá sea un curso que haya llevado en el año y lo anda alardeando.

¿Pero qué caso tendría enviarlo a esta hora?

Observo con detenimiento cuando el recuadro donde carga el video aclarece. Ahí aparece mi prima, sosteniendo a un chico rodeando su cuello con un brazo, quien tiene la cara obstruida por el botón de play.

99 %

100%

El video se reproduce automáticamente, mostrando a mi prima, quien al parecer está en una fiesta, las luces y la música a alto volumen lo dicen todo.

Sonríe, ella tiene una bella sonrisa tatuada en su rostro, una que contagia. Hace una seña con la mano encima de la cámara llamando a otra persona.

Mi sonrisa poco a poco se cae.

No.

Todo menos esto.

No. puede. ser.

No escucho nada más, solo veo cuando él la coge de la cabellera y une sus labios con los de ella.

No soy consciente cuando entra Yari y me quita el celular, las mismas imágenes se repiten en mi cabeza, y con ello el audio que creí no haber escuchado.

«Tenemos seis meses de relación, y hoy quería que lo supiera todo el mundo. ¡Soy muy afortunada de tenerte mi Nico!»

Nico.

Su Nico.

Y no el mío.

-No -murmuro, las lágrimas empañan mis ojos, pero no son capaces de salir. Yari pega mi rostro a su pecho, eso no implica que mis lamentos silenciosos cesen.

-¡No! -repito otra vez, pero más fuerte.

-Beli -toma mi rostro en sus manos.

No, no quiero escucharla.

-¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡ESO NO ES CIERTO! ¡NO ES ÉL! -mi garganta suelta un agudo grito que es escuchado por toda la habitación-. ¡MALDITA SEA, NO! - me aparto de ella luchando porque no me toque.

Cojo el celular desesperada y lo lanzo contra la pared con furia, para después verlo caer en añicos. Sin embargo, la imagen sigue ahí, repitiéndose una y otra vez en mi mente.

Cojo mi cabeza con ambas manos desesperada queriendo desechar cada recuerdo.

Mi Nico.

No me puede estar pasando esto a mí, todo iba bien.

No. es. cierto.

Él besándola.

Ella correspondiéndole.

Que idiota fui. Que idiota soy.

-¡NO! -Le digo a quien sea y jalo mis cabellos -¡NO ES ÉL! ¡NO ES ÉL, YARITZA, NO PUEDE SER, MALDITA SEA! -solo soy capaz de escuchar mi llanto y ver de manera borrosa como entra mi familia al cuarto.

Todos lucen asustados, estáticos. No los escucho, no quiero hacerlo.

¡No quiero ver a nadie!

-¡VÁYANSE! -Rujo con fuerza -¡DÉJENME SER INFELIZ SOLA!

Mamá intenta detenerme, pero la aparto tratando de no ser brusca, papá es el siguiente quien consigue retenerme, hasta que me zafo de sus brazos y corro por la habitación.

Golpeo todo lo que se me cruza alrededor, doy con la lámpara de mi mesa de noche, el espejo empotrado a la vitrina. Siento que intentan retenerme y es imposible, araño, pateo, muerdo, hasta recibo un par de bofetadas, más no lo siento.

Josué es al último que veo ingresar por mi ventana después de un rato. Siento como la sangre drena en velocidad por mis venas y mis arterias, mi respiración se encuentra acelerada tal como mi frecuencia cardíaca, que a cada paso que da se van regularizando. Su presencia me trae calma aún sin disminuir mi dolor.

Caigo de rodillas al suelo cuando se acerca a mí y se coloca a mi altura.

Lo entiendo todo, él me estaba preparando por teléfono, sabía lo que había ocurrido. Quizá se encontraba en la misma fiesta.

Todo ese tiempo Nicolás no fue sincero solo conmigo, me rompió en el camino, creí en la mayoría de sus palabras cuando no estaba enojado. Dejé que me tuviera, mi primer amor, mi primer beso, mi primera vez. Todo ese tiempo que estuvo con mi prima, no me convertí solo en la amiga, era la otra, y quien sabe si había cuántas más.

Quizá no había sido obligada a estar con él, pero de que había manipulado mis sentimientos desde el principio, si estaba segura.

La curiosidad mató al gato.

Pero a mí me destrozó.

Lloro. Lloro en su pecho todo lo que puedo, me es imposible pronunciar palabra sin quebrar mi voz. Debí hacerles caso cuando me dijeron. Estaba pagando muy caro las consecuencias.

-Me duele -sollozo con el corazón desgarrado, después de horas sentada en la misma posición-. Duele Josué -repito las palabras que me saben amargas con mis manos convertidas en puño tocando mi pecho.

Si pensaba que había conseguido que las lágrimas cesaran, fue cosa de momento, seguí ahogándome en el llanto que suavemente fue amortiguado por las confortables palabras de mi mejor amigo.

A veces somos tan ilusos, inocentes, carentes de personalidad. Lo damos todo ante la primera persona que dice poder bajarnos la luna o llevarnos a las estrellas, discutimos con el mundo para darle la razón a la otra persona, buscamos refugio en sus brazos cuando muchas veces ellos mismos no saben el significado de hogar. Lloramos más de lo que reímos y retrocedemos en vez de avanzar. Y cuando llega el momento de darnos cuenta, de aterrizar, caemos. Se convierte en un viaje sin retorno, donde rezas por regresar y actuar de distinta manera, ignorar sus palabras, rogar porque ni siquiera te toque o pose su vista sobre ti. Pero es tarde, nos hemos caído, el choque es tan fuerte que te ves difícil poder ponerte de pie, lamentas el tiempo perdido, e incluso a las personas, pero más a uno mismo, ese choque llega al alma y el dolor, sin duda es el más mortal, letal.

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