Los padres de Ani habían decidido instalarse en la ciudad de Barcelona, era hermosa, paisajes podían llenar el lente de una cámara. En un viaje a Madrid, sus padres habían sufrido un accidente al cual su madre no había sobrevivido, algo trágico que marcó un antes y un después, pero el tiempo poco a poco cura. Su padre se repuso con el tiempo, la abuela se instaló en Cadaqués, sus hermanos habían adquirido una propiedad de dos plantas, Naomi ocupaba la planta baja, y su hermano el apartamento. Era un lugar acogedor, cálido, con una vista impresionante, se sentía feliz allí, era su hogar y no lo cambiaria, al menos no por el momento.
Mientras recordaba todo, pasó a paso, siguió a la panadería, se acercó a la plaza de mercado, y compro al llegar a la esquina de casa, los jamones y varios quesos, esa noche tendría una gran cena muchos invitados y un desconocido.
Se devolvió a la panadería, no podía faltarle buen pan francés esa noche. En cuanto a cocina, no tenían predilección, todo era recibido con gusto y apetito.
Juan Carlos llegó a urgencias una hora antes de lo previsto, quería revisar varios exámenes que tenía pendientes, había logrado cambiar el turno con una colega. De las ocho horas asignadas solo estaría allí unas cuatro, la señora Nora, no había regresado por los resultados, al verlos comprendió que el tumor era fulminante, le dio sentimiento, su humanidad, cariño y aprecio por sus pacientes, le hacían esforzarse cada día más en su profesión, su tarea consistía en salvar vidas, esta vez no podía hacer nada. No tenía palabras esta ocasión, Nora era una apacible, cálida y afable anciana que le había tomado un cariño enorme. El tumor había avanzado mucho, el tiempo que le quedaba estaba acortándose, tendría que notificar a su esposo e hijos, sería un duro golpe para ellos, era una verdad frontal, devastadora, pero al final la verdad solía ser mejor.
Miro el reloj en la pared marcaba los ocho veinte minutos, una enfermara avanzaba a paso agigantado por el pasillo
-Doctor, -Buenas noches-quería que usted revisara este chiquillo, esta con dolor agudo en el estómago, en esta zona dijo ella señalándolo. - Se que usted hará entrega de su turno en pocos minutos, pero se lo pido por favor-.
El miro al chiquillo, lo entretuvo con algunas preguntas mientras le revisaba, se quedó pensando unos segundos, ordenando exámenes le dejo en manos de la enfermera. Se despidió y a prisa fue en dirección al estacionamiento, su auto estuvo en marcha, y tomo rumbo a casa de la abuela de Naomi, sabía por esta que estaría su hermano, sus sobrinos, la abuela y su hermana menor. Esperaba no fuera una de esas cenas que resulta aburrida, y tediosa.
El horno emanaba un olor exquisito, En el amplio comedor todo se encontraba en orden, era una mesa que se extendía en el centro, dando lugar a tres puestos más. El espacio del comedor era amplio, confortable, de unos tonos hermosos.
La abuela miraba la televisión atentamente, había insistido en cocinar, a lo que Ani le animó, le gustaba, era una cocinera excelente que gustaba sentirse útil siempre que sus males cedieran un poco permitiéndole aquel pequeño capricho, había hecho un estofado de pollo, papas, zanahorias, con un toque de cilantro fresco, ensalada de aguacate y cebollas julianas, repollo con una delicia de mayonesa. Arroz de almendras, filetes de pescado en salsa casera al horno, de entrada, tenía rollitos de queso y jamón, el pan estaba cortado, vino, agua, solo faltaba que todos llegaran.
La abuela tenía otra sorpresa de salsas, pimentones rojos y verdes, champiñones, cebollas en salsa negra, el horno emanaba ese olor que envolvía todo el ambiente.
Ani escuchó el motor de los autos aparcando fuera de casa. Subió a su habitación, eligiendo lo que usaría esa noche, tomó un baño rápido, se dio una mano de crema, perfumes, teniendo eso si en cuenta que fuera una fragancia suave, rosas le vendría bien esa noche, varias botellas de perfume se ubicaban en el tocador, recogió su cabello en un elegante moño y mirándose al espejo se dio a sí misma el visto, su cuello lucía un collar de perlas azules magenta, que le quedaba hermoso, regalo de su padre en su último cumpleaños, la avalancha entro a casa, los chicos que corrían por los pasillos, inundando la cocina, con gran alboroto a su paso.
El pastel de chocolate y avellanas reposaba sobre la mesa auxiliar, Ani extendió su mano, dando una palmada a la mano de su hermana, a quien ya veía con intenciones de untar sus dedos, debería esperar a que llegase el momento de tomar su tajada.
Se agilizó en batir un puré de papas que había hecho para acompañar unos cortes de jamón serrano que tenía listos, sirvió unos rollos de queso, la abuela y los chicos charlaban amenamente.
-Henry ¿Por qué no ha venido Luisa? Dijo Ani.
-Tenía una reunión, pero vendrá en media hora- donde se sentará nuestro invitado, hizo señas hacia la mesa, Henry tomaba unos rollitos, haciendo gestos de aprobación completa.
-Ya veo que Naomi no pudo mantener ese sujeto hoy al margen de la cena familiar -.
-Me gustaría que te presentara al invitado, me parece buena idea, quizás liguen – Tomaré un trozo de jamón y puré lo llevaré a mi boca- acto seguido se saboreó, -aprobado también, mi paladar hoy esta algo antojadizo de todo- por mi madre, esto esta delicioso-
Ani lo hizo salir de la cocina a empujones, o no dejaría nada para la cena, las flores azules que había colocado en el jarrón hacían juego con el mantel naranja pastel que había elegido esa noche, las servilletas de tela blancas, y las fuentes plateadas donde la ensalada cobraba vida lucían hermosas, la bandeja del pan con aquella salsa de untar lucía magnifica.
La abuela besaba a los chicos y les abrazaba cada vez que los tenía allí, los quería enormemente, sus galletas llenaron una fuente que fue bien recibida por la enorme tropa. Les había hecho figuras de leones, cebras, osos, pájaros, y canarios, estaban encantados.
-Ani te has lucido con esta cena- Uh, me gusta el color de todo, el olor, todo me antoja, -dijo Naomi, mientras extendía sus manos a los rollos de queso-
-Deja las manos quietas y alejadas-. Espera en el comedor solo serán unos minutos mientras frío los otros-. Pero puedes llevar el pan, y por favor no te lo comas-.
-Querida que mala que eres-solo déjame probar un bocado-uno solito dijo mientras tomaba la más pequeña rodaja-.
-De paso échales un ojo a los chicos-no los veo-. Ani miraba alrededor buscándolos con la mirada
-Oh, esos diablillos iré a ver que hacen- todo exquisito, hermanita de mi corazón, Juan Carlos va a adorar tu receta- Naomi giró sobre sus altos tacos color rojo, se veía hermosa- Ani esbozó una mueca.
El timbre sonó en ese instante, era Tony el esposo de Naomi, que llegaba junto a Luisa esposa de Henry, quien descendía de su auto al mismo tiempo, se saludaron efusivamente mientras ingresaban a casa, uniéndose a la reunión familiar.
Henry entro en la cocina y alzando a Ani le dio giros, luego le dio un beso en la frente, él había sido como un padre, después de la muerte de su madre, su padre había pasado un tiempo muy depresivo, y su hermano estuvo ahí para ella, le cuidaba y siempre estaba al tanto. Decía que quería todo un caballero para su hermana, en ocasiones le había espantado sus amigos, diciendo que no le gustaban, pero su relación con Henry era estrecha, afectiva, unidos, con Naomi las cosas eran diferentes, en parte porque siempre solía pensar primero ella y se olvidaba en ocasiones de Ani, dejándole a un lado, solo le tenía presente para algunos favores.
-Bien, deberíamos empezar-no veo la hora de devorarme todo- concluyó Tony-
-Tendrás que esperar-Naomi se le dio por invitar alguien a la cena-. ya la conoces-respondió Ani a su cuñado, quien estaba deseoso que comer, era de buen paladar.
-Si, me imagine...Por Dios el hambre que tengo es horrible- Henry hizo expresión de cansancio.
-Amor, ya somos dos-dijo Luisa que en ese momento abrazaba a Henry.
-Sepan que es alguien especial- es médico en la clínica donde hago mis turnos-. Es una belleza de persona- me encanta, estudiado, viajado, culto, que más podría pedirle una mujer, en realidad tengo una amiga que deseo presentarle-Angélica Lerena, ese es el hombre para ella-dijo Naomi con su fuerte acento-.
Ani le miraba con asombro, algo no había sido revelado por su hermana-No entiendo Naomi, invitaste a Angélica a casa y ni me avisaste-tendré que colocar un puesto más-.
-No creí que fuera un problema invitarla-no me confirmó, pero lo seguro es que venga, le dije de quien se trata, y eso parece haberla animado-.
-Buena sorpresa la tuya-.
-Uh, ya veo, ¿pensaste que te iba a presentar a Juan Carlos a ti?
-No digas tonterías-ni siquiera he tenido tiempo para pensar- No digas tonterías-ni siquiera he tenido tiempo para pensar- Y era cierto, el día había sido bastante trabajado, pero los resultados saltaban a la vista.