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Un Giro Del Destino
img img Un Giro Del Destino img Capítulo 5 Amanecer
5 Capítulo
Capítulo 6 Una Cita img
Capítulo 7 Tarde De Sol img
Capítulo 8 Proyectos img
Capítulo 9 Invitación img
Capítulo 10 Capitulo 10 Planes img
Capítulo 11 Capitulo 11 Una Invitada Secreta img
Capítulo 12 Capitulo 12 Un Viaje En Puerta img
Capítulo 13 A Media Luz img
Capítulo 14 Impresiones img
Capítulo 15 Viaje Confirmado img
Capítulo 16 Despedidas img
Capítulo 17 Viaje Iniciado img
Capítulo 18 Bienvenida img
Capítulo 19 Melodía Y Presentimiento img
Capítulo 20 Un Gran Día img
Capítulo 21 Pensamientos img
Capítulo 22 El Anillo img
Capítulo 23 Verdades img
Capítulo 24 El Testamento img
Capítulo 25 Reencuentro img
Capítulo 26 El Regalo img
Capítulo 27 Los Cambios img
Capítulo 28 Nubes Oscuras img
Capítulo 29 La Partida img
Capítulo 30 Las Rosas Azules img
Capítulo 31 Las Cosas Nuevas img
Capítulo 32 Brindis Final img
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Capítulo 5 Amanecer

Le hacía reírse cuando ella asumía esa posición, distinguida para darle su opinión, si ella fuera la directora de cocina, serían los almuerzos y las cenas muy distintos, ambos reían a carcajadas, tenía sentido del humor y eso le encantaba.

- ¿Qué harás mañana doctor?

-Mañana tengo turno ocho y treinta, hasta tres de la tarde, tengo unas cirugías en la mañana- una es delicada, las otras son ambulatorias-luego de eso, estaré libre después de tres, claro que me gustaría que me digas Juan Carlos, el título de doctor me hace sentir algo incomodo-igual no estamos en consulta médica- ¿o sí?...

-No, tienes razón en cuanto a que no es una consulta - es por respeto-. Pero si prefieres te llamare por tu nombre-.

Él la condujo de la mano al amplio sofá, se sentaron allí los dos, y poco a poco el sueño se ocupó de ellos. Mientras ella le contaba como había quemado su primer fallido pastel de moras, y el recordaba su primera consulta. Sus ojos se cerraron y el sueño hizo lo suyo, dejarles soñar plácidamente.

Las enfermeras corrían de un lado a otro, por los pasillos de la clínica, los médicos hacían los cambios de guardia, esa mañana estaba colapsada de trabajo, los pacientes iban y venían.

-Es extraño el doctor Juan Carlos, no ha llegado aún, el siempre suele llegar a las siete- aunque estamos a tiempo, son las seis y media, es temprano- decía Leila.

-Tranquila Leila, llegará en punto- dijo Lucila, hoy entra a las ocho y media, así que estará a tiempo, ya lo conoces bien, el doctor Juan Carlos es puntual, además los exámenes que ordenó ayer todos están listos, los quería con urgencia, así que te los encargo extendió el sobre, dáselos personalmente, no los dejes en su consultorio, inmediatamente llegue entrégalos, y por favor tenlos contigo, en cuanto lo veas entrégaselos personalmente-

- ¿Tú crees? Quizás se moleste-

-Dáselos personalmente- aseguró Lucia, sin más que decir.

Continuaron su recorrido, revisando las historias, aplicando los medicamentos, y atendiendo a todos. Se encaminaron cada una a sus puestos, Leila que era la encargada de tenerle todo listo para las cirugías, que se realizarían esa mañana, le envió un mensaje de texto, los colocó en una gaveta, aunque recordó la recomendación de Lucia, buscó sus bolsillos, allí estarían bien resguardados, luego comenzó a llamar para tomar las muestras, una larga fila le esperaba.

Juan Carlos despertó, su mirada quedó fija mirando el reloj, seis y treinta y cinco, había despertado algo tarde, su primera operación seria a las ocho y cuarenta. Ani permanecía allí a su lado cubierta con la manta, con suavidad colocó un cojín acomodando su cabeza con suma delicadeza, se encaminó al baño rápidamente, dándose una ducha, fue a su vestidor, ágilmente en cuestión de minutos estaba impecable, se dirigió a la cocina hizo café, tostadas, huevos revueltos, agregó salchichas mientras leía el mensaje en su teléfono.

Ani se levantó de golpe sobresaltada, por lo que caminó hacia el baño, lavando su rostro acomodó su cabello, se miró varias veces, al menos no tenía cara de trasnocho o secuelas de líneas, bajando las gradas a prisa tomó su mochila y busco en su interior un brillo de labios, el que se aplicó a precisión sin necesidad de espejo, de un pomito crema para el rostro, los primeros rayos del sol entraban en plenitud, esos días el clima era perfecto y exquisito. Se acercó a la terraza divisando el sendero, varios turistas y visitantes disfrutaban de una caminata, iban rumbo a la playa, ella de mil amores se les uniría, pero el deber la llamaba. El olor del café le llevó a la cocina.

-Buenos días- lamento haberme quedado dormida de esa forma- iré a casa velozmente-lo siento-.

-Te acerco a tu casa-. Extendió la taza de café que humeaba. Ella probó la gran taza, exclamando lo delicioso que estaba, a grandes sorbos bebía, se sintió renovada después del café.

-Debes estar de prisa,-Deja así, decía Ani mientras dejaba la taza en la cocina

-Paso por tu casa- te llevo- guarda tu bici en mi cochera y después vienes por ella-.

-No, tranquilo, me voy casi que volando - tu debes estar muy retrasado, así que gracias por todo-.

-Podemos vernos más tarde- le dio su número en un trozo de papel, ella tomando la nota, le extendió la mano y agradeció el café, no le quedaba nada mal, se puso en marcha rumbo a su casa, Juan Carlos se dirigió a la cochera y accionó el control para la apertura del garaje, encendiendo su auto, se puso en marcha hacia la clínica, por suerte solo eran unos quince minutos, estaría en poco en su trabajo, le aguardada un día laboral extenso.

Ani avanzaba a paso rápido, el aire daba en su rostro con fuerza, pero le encantaba, nunca antes la felicidad le había inundado de aquella manera, pedaleaba rápido y veloz, soltando sus pies, hizo algunas maniobras, reía como nunca antes, de hecho los que la veían se quedaban perplejos, cuando se acercaba a casa, bajo velocidad, entró sigilosamente por el jardín, caminando por el costado sin hacer ruido, dejó su bicicleta y caminando con cuidado escuchó la voz de su abuela en la habitación, giró por el pasillo subiendo las escaleras sigilosamente, una vez en su habitación se despojó la ropa, tomó su bata, soltando su cabello lo desacomodo, dando la apariencia de estar recién levantada. Encaminándose al baño se dió una ducha fría ligera, al contacto con el agua se sintió liviana, encendió el secador dando una ola de calor rápida mientras agitaba las ondas de su cabello, Se vistió rápidamente, un toque de crema, rubor, un brillo, mirándose frente al espejo se dio la última aprobación -estás lista, así que serena, pilluela-.

Respiraba profundamente, pero notó que podía llamar la atención, se relajó haciendo como una pequeña rutina de movimientos, bajando las escaleras, se unió al desayuno, tomando su puesto en el comedor.

-Buenos días, Yamila-Uh que delicioso- se estiró perezosamente

-Buenos días, Ani, ha dormido hoy un poco más-eso está bien, siempre madrugadora-.

-Anoche me acosté tarde- recoger todo cuando cenamos en familia es una tarea intensa-.

-Me imagino- la abuela durmió bien, algunos momentos que despertó para tomar agua, se antojó de una manzana y miel-

-La abuela y sus antojos-.

-Bueno pues le di su calmante y durmió tranquila-la verdad es que me quedé dormida unas horas. Desperté sobresaltada a las siete, usted podrá imaginarse mi gran susto, pero la abuela despertó hace poco-.

-Gracias Yamila, es usted un ángel-.

-Coloqué el tocadiscos anoche, lamento si le molestó la música-.

-Dormí profundo-.no se preocupe Yamila-.

-Yamila, querida, gracias por el desayuno, así que ahora lavo los platos, y me dispondré a preparar las cosas para el almuerzo, ya sabes que la abuela al medio día, está rondando por la cocina, tomando los platos para hacerme una huelga por el almuerzo, jajaja, la abue, tiene sus cosas-. Tenía que hacer almuerzo, el aseo estaba hecho, Nancy venia cada día, de nueve a cuatro de la tarde, hacia el aseo, el lavado y le daba una mano en la cocina.

-Esta tarde haré unas diligencias- así que te pediré que estés a las cuatro-podrás-dijo Ani mirando a Yamila.

-Descuide, descansaré hasta las tres, así que unos minutos antes de cuatro estaré aquí-.

-Yamila, eres un amor-

-Ya sabe que lo hago con gusto-dijo Yamila, que recogía su bolso, y despidiéndose de la ella y la abuela, salió por el jardín, cerrando la verja. Ani fue a ver la abuela, veía televisión, tomo el jarrón y cambio las flores, acomodo la sala, los cojines, cambio el mantel de la mesa, miro las flores que Juan Carlos le había entregado la noche anterior, le habían gustado.

La mañana transcurrió sin muchas más variables, en la cocina disponía todo para unas deliciosas albóndigas en salsa blanca, papas a vapor, una crema de cebolla haría ensalada de lechuga y tomates frescos, se daría un paseo por la frutería, algunas moras y fresas terminarían en la mesa en un postre. Y sin más lo definió como el almuerzo del día.

Naomi entro al consultorio de Juan Carlos, tras unos suaves golpecitos en la puerta, abriendo la puerta le saludo, y se dirigió a su escritorio, firmó unas órdenes y las paso a su secretaria.

-Buenos días-dijo Naomi- ¿Cómo te fue anoche de regreso a casa?

-Bien, esa cena fue única, tienes una hermana muy talentosa- ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día hoy? Pregunto cambiando un poco el tema.

-Bien, he tenido un día de locos-. Me encanta que te haya gustado conocer mi familia, pensé que te aburrirías un poco, pero, en fin, que bueno-. Habrá que repetir-es una verdadera lástima que Ani se haya quedado ahí, podría hacer algo más útil con su vida, estudiar alguna carrera profesional, claro que mi hermana después de la segundaria, estudio música, pero no es una profesión- no para mi -muy pocas aspiraciones-dijo Naomi mientras firmaba una ficha que le habían hecho llegar-.

Juan Carlos pensó todo lo contrario, tenía muchos sueños, pero el dedicarse a la abuela de tiempo completo como lo hacía no le daba el tiempo necesario, además les colaboraba a sus hermanos con sus hijos.

-Claro, es el deber de mi hermana-dijo Naomi ahora reflexiva, cuidar de la abuela, se crio con ella, total no tengo la culpa que se dio así, yo siempre fui la consentida de nuestros padres, aparte que estemos claros, no tiene esposo o hijo, es solterona que eso es una gran ventaja para ella, enorme, en fin tiene todo el tiempo del mundo solo tiene veinte y seis años, es joven, ahora está en que quiere ir a Italia, aun, no sé qué, curso de verano de cocina según ella, quiere graduarse de chef, imagínate, la pobre no aspira a algo que de verdad sea útil, derecho, enfermería, pero solo quiere seguir acariciando harina- soltó una carcajada, Juan Carlos se quedó muy serio mirándole -Para venir como chef, no le veo la gracia- Jajaja, no paraba de reír como si estuviera fuera de sí.

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