Capítulo 3 Bienvenido

Dilangel:

Que haces, me pregunta Eliz un poco nerviosa.

Mientras me acerco a ella, con todo el susto que pueda sentir una persona.

Solo trataba de conocer la casa, si voy a vivir aquí, más vale que la conozca.

Su asombro hizo que me percatara de lo que había salido de mis labios.

-Me encanta que ya aceptes que pronto seremos un matrimonio.

-¿Como que un matrimonio? Le pregunté alejándome bruscamente de su lado. ¿Acaso los papeles que firme no era la acta de matrimonio?

-Calma cariño, obvio que si era nuestra acta, pero ahora nuestra unión será por la iglesia.

- Cada vez me sentía peor. La nota que leí hace un instante, no dejaba de rondar mi mente.

Que fue lo que realmente sucedió como para que la apodaran de esa manera.

Ya había pasado horas y la noche entraba por las ventanas del comedor, ya estábamos cenando entre pláticas y algunas risas, todo aquel momento parecía de lo más normal.

Ella parecía una reina y pues está casa le quedaba muy bien.

Pero yo no terminaba de encajar o quizás no creía que todo esto estuviera pasando.

Quiero un beso. Así tal cual, con su voz suave pero firme.

Pero ya era hora de dejar salir al seductor que traía dentro pues no soy ningún santo, pero como se dieron las cosas me tienen tenso.

Me levanto de la mesa y empiezo a quitar botón por botón mientras le digo cosas que toda mujer desea escuchar.

Voy deslizando la camisa dejando ver mi cuerpo marcado.

Sonrió al ver cómo se muerde sus labios rojos.

¿Te gusta? Le pregunto con tono sensual.

*Piensa que otra cosa puedes hacer dilangel, me decía a mi mismo, ah ya se.

Me quitaba la correa y me la puse por mi cuello.

Mientras caminaba hacia esa mujer, que era toda una diosa.

- No puedo creerlo, ni siquiera te e tocado y tú amiguito quiere salir a jugar.

- miro hacía bajo y veo como mi pene está completamente marcado por mi pantalón.

*Demonio, ella va a creer que soy un mocoso sin experiencia. Que se calienta y ni siquiera lo han tocado.

Empiezo a desabrochar mi pantalón, necesitaba desprenderme de mi ropa.

Empiezo a bailar haciendo movimientos con la correa.

Un baile sexy y movimientos lentos, mientras me tocaba el pene.

Me siento finalmente en sus piernas mientras me muevo hacía delante y hacia atrás, afincando mi miembro a su cuerpo.

En cuanto al beso que me pediste, le decía acercándome a sus labios.

Te lo voy a deber.

Quise quitarme pero ella puso sus manos en mi pene haciendo presión al punto de lastimarme.

Levántate, me decía mientras yo obedecía pero ella aún no quitaba su mano de mi miembro.

Me presionaba a la vez contra la mesa.

-Escúchame muy bien. Me encanta que ya pongas de tu parte, pero lo que acabas de hacer, solo me confirma lo que ya sabía, eres un niño que solo usa técnicas recicladas y monótonas.

Tus técnicas solo funcionan con la mujeres de tu barrio, ellas no saben cómo deben de ser tratadas.

Mas que exitarme, me das ternura. Pero agradezco tu iniciativa.

-Joder no sabía cómo reaccionar y es que me sentía completamente humillado.

Ella retiró su mano pero eso no era lo que ahora me preocupaba.

Sabía que está mujer no era como las demás, ella era la que ponía las reglas.

Y yo tendría que ser el que obedece.

Me sonaba tentador pero a la vez extraño.

Vuelvo de nuevo a la realidad y veo por los escalones de la escalera cada prenda que traía esa mujer.

Y al final de la escalera estaba ella completamente desnuda.

Algo en mi me decía que acabaría muy mal al finalizar todo esto pero estaré dispuesto en arriesgarme.

Sube, escuchaba como me ordenaba.

- Yo, te voy a enseñar cómo debes de tratar a una mujer como yo.

Pero sobretodo a utilizar las herramientas.

Dilangel.

Bienvenido a los juegos del placer.

                         

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