Capítulo 4 Gabriela 2

Con toda la fuerza que mis piernas tuvieron me levanté para ir al baño y fue en ese momento que aborte a mi hijo, pude ver la sangre corriendo por mis dos piernas y no sabía que sentir ¿Miedo? ¿Tristeza? ¿Qué debía sentir? Había leído y escuchado muchas veces sobre el aborto, pero nunca imaginé que debería vivirlo en carne propia.

Mi madre me llevo directamente al hospital para que me realizaran el correspondiente legrado para retirar el resto del embrión que aún continuaba en mi interior, como una mujer enamorada e ilusa creí que Francisco me recibiría con los brazos abiertos llenos de amor y comprensión, pero fue muy distinto a lo que yo pensaba lo que obtuve a cambio fueron reclamos, insultos y malos tratos, él me culpaba por lo sucedido cuando la verdad era que los dos teníamos la culpa. Creo que lo que sucedió jamás podré perdonárselo y tampoco podré perdonarme a mi misma porque si yo hubiera puesto un alto a tiempo ese aborto no habría pasado.

Luego de esos horribles sucesos hubo un lapso de tiempo donde pudimos ser felices como pareja, fuera de su actitud hacia mí cuando salí del hospital casi no peleábamos y la paz por fin reinaba en nuestras vidas, fue la época más feliz para nosotros dos por lo que nos dimos la oportunidad y unos meses después me embarace de mi primer hija, pero no sería sencillo, fue un embarazo muy difícil no por el hecho de que él y yo tuviéramos los mismos problemas que con el anterior embarazo, está vez eran situaciones diferentes, él no tenía un trabajo y vivíamos con mi madre por lo que él creía que ella nos reprochaba todo lo que nos daba. Antes de que mi hija naciera me enteré de algo que realmente no me sorprendió, él mantenía una relación con otra mujer e incluso me lo confesó o más bien me lo grito a la cara y por eso mismo creo que mi fortaleza es muy grande más de lo que yo creo, estando embarazada recibí una noticia como esa cuando lo único que debía preocuparme y agobiarme era mi bienestar y el de mi bebé.

Estúpidamente, porque no puedo decir otra palabra me quedé a su lado, quería que mi hija pudiera tener un hogar unido donde hubiera un padre y una madre que la criaran juntos y ese fue el error, el tener una familia unida no era una clase de garantía de que todo sería siempre perfecto y mágico.

Tras el nacimiento de mi bebé él finalmente encontró un empleo, pero con ese trabajo también conoció a varias mujeres con las que estoy casi segura tuvo una relación romántica, una de esas muchas mujeres que él tuvo fue alguien que yo misma conocí y recuerdo muy bien que una tarde en la que él estaba descansando su celular no dejaba de sonar así que creí que sería algo de suma importancia, con mucho cuidado tome su celular en mis manos y abrí la bandeja de mensajes y al instante miles de mensajes aparecieron ante mis ojos, pero hubo un mensaje en especial que llamó mi atención, era una mujer que deseaba verlo pronto y mucho más textos inapropiados para un hombre con una hija y una esposa esos precisos mensajes fueron el inicio de una enorme discusión en la cual yo amenazaba con irme de donde vivíamos, ya que nos estábamos quedando en casa de mis suegros y la que debía salir de ahí era yo. Él jamás fue a buscarme para darme una explicación o para pedirme perdón, siempre fue su madre la que me rogaba para que volviera, quizás ella no deseaba que su hijo repitiera el mismo patrón que ella y su esposo vivieron cuando eran más jóvenes, aunque claramente sus intentos fueron en vano, porque él repitió el mismo patrón de vida que el de sus padres.

Él me pidió muchas veces perdón, pero ahora me mantuve fuerte a diferencia de otras ocasiones en las cuales solo bastaban unos minutos para que yo lo perdonará, pero mi corazón fue débil y se ablandó con sus palabras de disculpas y volví a caer en el mismo juego de siempre.

Los momentos malos y los buenos continuaron, pero hubo un corto tiempo en el que nos mantuvimos en una repentina calma fue cuando él me sugirió que tuviéramos otro hijo y fue así como quedé embarazada por segunda ocasión.

Mi segundo embarazo se dio mucho más rápido de lo que yo pensaba, me sentía feliz por mi nuevo bebé, pero para mi madre tener un bebé tan pronto era algo que debía pensar con mucha más cautela, pero aunque ella me hizo muchos reclamos mi pequeña ya estaba en camino.

Y una vez más volvió a quedarse desempleado, pero con mucha suerte él volvió a encontrar un nuevo empleo y una vez más volvió a enredarse con más mujeres, quise en muchas ocasiones hablar con él acerca de las relaciones que yo sabía que mantenía, pero nunca admitió y negó todo, por eso mismo siempre había problemas y esas discusiones que ambos teníamos fueron detonantes para que mi hija naciera mucho antes de lo debido. Me arrepiento mucho de todo lo que pasó, si yo no le hubiera tomado importancia a todo lo que sucedía con él y sus mujeres mi niña no habría nacido prematura y tampoco habría perdido tanto tiempo con mi hija mayor Sofía, estuve casi todo mi embarazo en el hospital por amenazas de aborto por lo cual no pude compartir muchas cosas con Sofía.

Todo el tiempo en el cual permanecí en el hospital fue mi suegro y mi madre quienes me llegaban a ver con frecuencia y se preocupaban por mi bienestar, ellos pensaban más en mí que el mismo Francisco.

Las pocas ocasiones en las que él llegaba a verme era para reclamar y culparme de todo lo que sucedía cuando yo no tenía la culpa, pero como estúpida acepte y baje la cabeza ante sus acusaciones erróneas y finalmente mi hija nació y tuvo varias complicaciones las cuales afronte sola, él me dejó sola llevando toda la carga que ambos debíamos cargar juntos.

Creo que ese hubiera sido un momento adecuado para ponerle punto final a nuestra relación, me estaba demostrando con todas sus acciones que ni sus hijas ni yo le importábamos en lo absoluto, pero una vez más con palabras y demás cosas logro que volviéramos a estar juntos aunque ahora parecía odiar a toda mi familia y tenía como meta personal que yo me alejara de todos y lo sabía, sabía que él quería que me alejara de todos, pero aun así quise aferrarme a él, a la familia que habíamos formado juntos.

El último calvario que viví al lado de Francisco antes de nuestra separación definitiva lo recuerdo a la perfección, cada detalle quedo grabado en mi mente volviéndome incapaz de poder borrarlo de mi cabeza, era un día viernes y mi suegra me pidió acompañarla junto a mi cuñada a comprar unas cosas para la casa así que sin pensarlo mucho las acompañe y mientras caminábamos por la calle le pregunté con curiosidad a mi suegra donde se encontraba Francisco, había salido hace ya varias horas y aún no había vuelto, ella me explico que había salido a jugar fútbol y que no debía tardar en regresar, pero aún escuchando lo que ella dijo decidí ir a verlo por cuenta propia.

La mujer causante de mi último infierno se encontraba junto a él y junto a otras personas que en realidad desconocía, podía presentir de alguna manera que la forma en la que él la trataba y miraba era diferente, era como una pequeña espina que permanecía en mi interior advirtiéndome que algo andaba mal entre ellos dos. Me molestaba en gran manera que estuviera junto a ella tantas veces durante tanto tiempo, pero nunca dije nada, estaba ciega y quería creer en él.

Aquel jueves por noche quizás fue el momento donde finalmente pude abrir los ojos y dejé la negación en la cual estaba hundida, algo definitivamente pasaba entre ellos dos. Llovía con fuerza y debíamos ir al partido de las 7, yo había entrado al equipo femenino y estaba muy emocionada por el tan esperado juego, pero aún hacía falta una persona para que pudiéramos completar el equipo así que Francisco propuso que Jessica jugará con nosotras ¿Por qué precisamente ella y no alguien más? La espina en mi corazón comenzó a doler ante su descarada sugerencia, él fue con rapidez a buscarla y no quiso llevar compañía consigo en todo momento insistió en ir solo. Todos estábamos ya en la cancha cuando él apareció caminando con Jessica a su lado y por supuesto que me dolía verlos juntos, pero llegué a mi límite cuando note que ella traía puesta su camiseta ¿Acaso los dos creían que yo era una estúpida?

Los mire con atención sin hacer ningún comentario mientras en mi cabeza los asesinaba, estaba muy enojada y ya no quería soportar verlos tan acaramelados así que tome mis cosas, estaba dispuesta a irme, pero mis demás compañeras me suplicaron tanto que termine quedándome a regaña dientes. Durante el partido una de mis compañeras se lastimó el tobillo jugando así que Jessica tuvo que entrar en su lugar, ella debía jugar como defensa y, por lo tanto, debía estar frente a mí. Mire hacia el cielo y dije "Dios por favor, si yo no la lastimó que se lastime ella o que la lastime alguien más" fue como una señal ella quiso tocar la pelota y al instante cayó al suelo rompiéndose la rodilla, yo pude haberla ayudado, pero estaba impactada, Dios había escuchado y cumplido mi petición, Francisco al verla caer al suelo herida corrió desesperado para intentar ayudarla y yo simplemente observé cómo él y otras personas la ayudaban a levantarse fue cuando me acerque hasta donde estaban con una mirada fría y le pregunté "¿Te quedarás aquí?" Él respondió en automático un sí ya que quería quedarse con ella para ayudarla al instante mi sangre empezó a hervir, pero siempre mantuve la calma "está bien, hablaremos en casa" le conteste cortante y me di la media vuelta. No pasaron ni siquiera cinco minutos y él había llegado a casa tras de mí y fue ahí cuando empezó la discusión de siempre, después de eso nos separamos y volvimos varias veces, él continuaba buscándome y yo lo aceptaba de vuelta y estuve de acuerdo con lo más denigrante que me pudo haber pasado en toda la vida, acepte que él saliera con Jessica.

Él me decía que estaba con ella por simple interés, ella le daba muchos beneficios económicos y ese ingreso me servía a mí también pero desde qué acepte esa relación empecé a firmar mi carta de renuncia, para renunciar a todo lo que se refería a él, entre ambos ya no existía ningún tipo de intimidad y todo era simple monotonía algo que él sabía, lo podía notar en mi comportamiento.

Continuaba viéndola, pero al parecer mi indiferencia era algo que le pesaba, él sabía que me estaba perdiendo y no había vuelta atrás, comenzó a darme explicaciones las cuales ya no le pedía ni exigía, ya no me interesaba lo que hiciera con ella o con cualquier otra mujer. Todas las noches le rezaba a Dios para que todo terminará pronto, ya no quería que ni mis hijas ni yo estuviéramos en ese lugar. Sin mencionarlo a nadie una tarde yo me comunique directamente con ella, tome todo el valor que pude y le escribí un corto mensaje, no esperaba realmente que ella fuera a responder, pero aun así lo hizo, en primera aclare quien era y desde el principio le pedí sinceridad acerca de lo que sucedía, quería aclarar las cosas de una vez por todas, pero ella se negó totalmente, estaba segura de que Francisco la habría amenazado y por eso tenía tanto miedo de hablar sobre su relación. Ella por fin lo admitió y me aseguro que mantenía una relación formal con Francisco, fue un trago muy amargo, pero no reclamé nada, la confesión de ella solo logró que yo detestara aún más la convivencia que él y yo manteníamos. Le rogué incontables veces a Dios para que pusiera punto final a nuestra relación, yo merecía vivir en paz y tranquila al igual que mis hijas, aunque eso significará que él se fuera de nuestras vidas. La última vez que peleamos fue algo muy fuerte tanto así que incluso mi madre tuvo que intervenir, quizás fue porque era la última discusión, pero fue más dolorosa, pero después de verlo desaparecer por la puerta una sensación de libertad me invadió. Y ahora me encuentro aquí contando mi historia, soporte miles de humillaciones, pobrezas, golpes, insultos, soporte que provocará inseguridades en mi misma, traiciones, soporte todo por amor y no conseguí nada a cambio. Él nunca me volvió a buscar ni a ninguna de mis hijas y por eso me he preguntado muchas veces y me desconcierta el hecho de que ¿Dónde está el amor por sus hijas? ¿Acaso su deber como padre era algo que había olvidado? Si pudiera regresar el tiempo volvería con Lucas, creería todo lo que en ese entonces me dijo acerca de Francisco, si yo pudiera hablar con él una vez más le daría toda la razón del mundo, si hubiera escuchado su consejo habría evitado esos siete años de sufrimiento que viví al lado de Francisco. Fue un amor tóxico, malo, donde intente aferrarme tanto a mi matrimonio y me aferre a la idea de estar con el que hoy en día me arrepiento y me digo a mi misma que tonta y estúpida fuiste, porque ni los propios hijos ni nada más logra atar a nadie, lo único que te puede atar es el deseo de estar con la persona que amas, el amor, un amor, sano y lleno de respeto. En este punto de mi vida no me interesa tener otra relación, ¿Por qué? Bueno, esa pequeña espina que Francisco sembró en mi interior aún continua presente, me llena de miedo y comprendo que no todas las personas son malas ni iguales a él, pero siempre tendré esa desconfianza dentro de mí.

No hice nada con mi vida además de tener a mis dos hermosas hijas, no continúe estudiando y durante mi matrimonio no obtuve nada propio siempre viví de la caridad ajena. Si tuviera que contar esto un año atrás las lágrimas se desbordarían

de mis ojos, pero para mí la herida que antes palpitaba de dolor ya se ha cerrado aunque no ha sanado por dentro aún. Ya no tengo miedo de la soledad, sé que Dios me ayudara siempre y podré superar ese lapso de mi vida que estuvo lleno de oscuridad, si mi yo del presente pudiera hablar con mi yo de hace siete años intentaría abrirle los ojos a toda costa. Ningún amor puede ser más valioso y más grande del que te tienes a ti misma y esa fue mi gran equivocación, yo perdí mi amor propio, yo me perdí a mi misma, yo me enterré en lo más profundo y creo que a mí yo de antes nunca más podré sacarla de donde la dejé en el pasado, yo me mate y me sepulte mil metros bajo la tierra y nunca debí hacerlo, nunca me sentí superior a los demás, pero amaba cada parte de mi misma, me amaba tal cual era y me perdí, perdí en el horizonte ese amor que construí y se lo entregue todo a él y ese es el peor error que una mujer puede cometer, perder su amor propio por entregárselo a alguien más o pretender que alguien más le dará ese amor cuando tú misma debes cultivarlo dentro de ti.

Deje de maquillarme, de vestirme como quería simplemente por darle gusto a él y hacerlo feliz a costa de mis propios sentimientos. Ahora la que decide sobre mi vida y cuerpo soy yo, nadie debe juzgarme ni detenerme porque finalmente soy libre.

            
            

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