Amaneció el día y como de costumbre mi madre me despertó para que no se me pasara la hora, después de ducharme y hacer mis necesidades y en cuanto salí del baño me vestí con el uniforme del colegio, bajé a las escaleras y me dirigí hacia el comedor y la acompañé en el desayuno, Patricia, la mujer que trabajaba en nuestra casa había ayudado a mi madre con el desayuno ya que hoy no venían las cocineras, así como todas las cosas de la casa. A mi madre no le gustaba depender de la gente y sólo aceptó que una mujer la ayudara en las tareas domésticas por orden de mi padre.
- ¡Mamá, Felipe está aquí, ya voy! - Advertí desde la puerta.
- Que tengas una buena clase.
- Que Dios te bendiga, mamá.
- Que Dios te bendiga hija mía.
Nada más llegar pude ver cómo era la escuela. La situación de la escuela era caótica, varios estudiantes estaban dispersos en el patio central de la escuela, tanto los nuevos como los veteranos. Pedro y Gabriel, los dos amigos de Felipe, en cuanto nos vieron llegar vinieron a acompañarnos y no fue diferente a Lucas y Vitoria. Lucas no tenía buen aspecto, tal vez todavía estaba borracho o tenía resaca.
- ¿Alguien ha visto a la nueva chica? - preguntó Gabriel, buscando en las cuatro esquinas del patio.
- Por su pobre cara, quizá ya esté llegando, ya que al parecer sus padres no tienen ni siquiera una moto para traerla -bromeé.
- ¡Chica, eres cruel! - dijo Aline detrás de mí mientras besaba a Pedro, que es su actual novio.
- Esto se está volviendo ridículo, Trix -me regañó Felipe.
- Deja de ser un pelele, hermano. Tú eres el que más se burla de sus amigos", le recordó Gabriel y él negó con la cabeza.
- Tú también haces bromas -continué mientras el resto se reía.
- Este Felipe ya no está, el actual es bonito.
Había cambiado del agua al vino, y yo creía en su cambio ya que no era un chico de mentiras y cuando decía algo lo decía en serio. Realmente esperaba que este cambio no tuviera que ver con la nueva chica, como también esperaba que nada cambiara entre nosotros, era totalmente dependiente de él y eso nunca lo negaría.
La directora comenzó su aburrido discurso de bienvenida y de cómo cambiaría nuestra vida en este último año de bachillerato, ya que, según ella, era el año de elegir nuestro futuro y tenía razón, aunque yo sabía cuál era mi futuro no me gustaba mucho la idea de descubrir otros ámbitos, lo que me haría cambiar de opinión sobre el primero y llevaría a mi padre a odiarme, ya que soy heredera de la empresa Edwards y la reclamaría fácilmente si tuviera otra hermana o hermano.
- ¿Estás preparado para el juego de inicio de curso? - preguntó Peter a los chicos, lo que me despertó de mi trance y me hizo ver que sólo había prestado atención al principio del discurso de la directora.
- Ya es mañana, ¿no? - preguntó Gabriel.
Felipe era el líder del equipo de baloncesto del colegio, Gabriel y Pedro también estaban en el equipo popular y yo y las chicas estábamos en el equipo de baile, lo que me hacía feliz ya que mañana podría bailar y sólo entonces, hacer honor al apellido Edwards.
- Desgraciadamente, pero tengo confianza, ya que durante las vacaciones nos reunimos mucho con el resto del equipo para entrenar, podéis estar seguros, ¡la victoria es nuestra! - dijo Felipe con seguridad.
- No pertenezco a nadie, sólo a mí. - Esta vez Victoria habló, haciendo reír a todos los de nuestro grupo, lo que me hizo reír a mí también, era muy divertida.
- Bestia, no me refería a ti, y creo que lo sabes -Felipe sonrió y luego se puso a tintinear.
- Quien da la lengua pide un beso, y creo que el trix está disponible para eso - Respondió sonriendo lo que hizo que me diera un largo beso y todos gritaran por lo bajo.
- Eres un auténtico imbécil Felipe - sonreí y le devolví el beso.
- Y tú eres mi princesa.
Nos miramos como dos adolescentes enamorados y la realidad es que lo estábamos, él me hacía feliz y nunca negaría lo mucho que me había salvado.
- Qué tierno - Gabriel puso cara de mareo al igual que el resto de nosotros - vamos a la habitación, ya van todos - llamó y así todos le seguimos.
Nuestros libros ya estaban guardados en nuestras taquillas desde el final del curso, y con las prisas yo era el primero en alejarme para coger mis libros y conseguir un buen sular en el aula, un miope que no llevaba gafas acababa de sufrir.
Me desequilibré con tanta gente que también iba a por sus libros, y en un acto de conseguir equilibrarme de nuevo acabé chocando accidentalmente con una chica más pequeña que yo, y antes de que pudiera disculparme se giró con una mirada de odio y sólo entonces pude ver de quién se trataba, era la chica nueva.
- ¿Eres una chica ciega? - Preguntó ignorantemente como si fuera la persona más fuerte del mundo.
- Mira cómo hablas, ayer no usaste toda tu ignorancia con Carla, ¿por qué? - Pregunté viendo que se ponía incómoda mientras miraba hacia atrás y en cuanto miré entendí por qué, venía Felipe.
- ¿Pasó algo aquí? - preguntó Felipe en cuanto él y el resto se acercaron.
- Chocó conmigo a propósito, lo que hizo que se me cayeran los libros - Habló en tono dulce y señalando los libros que antes no estaban en el suelo.
- Eres una chica insistente, no es exactamente así como sucedió, ¿verdad? - pregunté acorralándola.
- No sé de qué estás hablando". Se hizo la víctima, lo que me hizo enfadar.
- Lo siento, guapa - la defendió Felipe, que casi no piropea a nadie por piropearla a ella - Esto no volverá a pasar - dijo - Sé buena por una vez en tu vida y recoge los libros que has tirado trix - Me miró serio y sonreí.
La chica tiró los libros a propósito cuando se dio cuenta de que venía felipe, al parecer no me había creído, pero yo haría lo que me pedía como el alma bondadosa que era, lo haría con gusto. Pude escuchar una risa irónica proveniente de Caroline, al igual que las miradas incrédulas de nuestros amigos y otras personas que estaban en el pasillo.
- Es un placer, amor. - Dije irónicamente