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Capítulo 4 IV

- No creo que haya más compromisos - suspiré.

- ¿Y por qué piensas eso, querida?

- Felipe ha cambiado con la llegada de un nuevo alumno, no creo que quiera casarse más conmigo -dije con tristeza.

- Tonterías querida, puede ser sólo una coincidencia, él te quiere y siempre te lo ha demostrado -me recordó y sonreí de lado

- Sí, tal vez sea sólo ansiedad, pero contigo sus problemas se resolverán pronto.

- Que el Padre celestial te escuche.

Después de nuestra conversación, cogimos un trozo de tarta de chocolate y nos fuimos a ver películas en el sofá del salón, era curioso cómo podía olvidar mis problemas cuando estaba con mi madre y verla feliz me hacía feliz. Eran más de las seis cuando volví a mi habitación y todavía no había ningún mensaje de Felipe y empezaba a pensar en ir a su casa para saber qué había pasado, y eso es lo que iba a hacer.

Me puse un vestido de flores y unas zapatillas beige, estaba limpia, así que me ducharía a la vuelta, mi familia tenía un chófer privado y era él quien me llevaba. Sus padres tenían un contrato con Edwards, la empresa de mi familia. No era de extrañar que nuestra relación y compromiso fuera aprobado por ambas familias, él también era heredero de la empresa de su familia que poseía varias propiedades y mi padre era el juez y mi madre la abogada de su familia.

- Mamá, me voy a casa de Felipe -le dije nada más bajar y encontrarla en el sofá.

- Muy bien querida, pídele a marcio que te lleve y no vuelvas muy tarde - pidió

- Muy bien, mamá.

Me dirigí en dirección a la casa del personal y cuando llamé a la puerta quien abrió fue el señor Marcio, lo que me hizo sonreír ya que era a quien buscaba. Era un hombre de 55 años que llevaba tres años trabajando como conductor privado para mi familia, siempre nos dio mucha confianza, por eso era la mano derecha de mi padre. Hace poco me enteré de que tenía una hija y que también tenía una esposa, se le permitía volver tres veces a su casa, y a veces se quedaba quince días, era un señor muy responsable y respetuoso, por eso a mi padre le gustaba mucho.

- ¿Qué puedo hacer por usted, señorita?

- ¿Puedes llevarme a la casa de mi prometido ahora? - le pregunté y me sonrió amablemente.

- Su petición es mi orden, señora. Un momento, por favor -pidió él entrando en la casa, era ordenado, así que ella supuso que sólo iba a buscar las llaves de su coche.

No tardó ni un minuto en volver y nos pusimos en marcha en cuanto llegó. Nuestro viaje silencioso duró treinta minutos y cuando llegamos el señor Marcio me hizo el favor de abrirme la puerta, lo consideré como un abuelo ya que fue bastante amable conmigo y con mi familia.

Llamé al timbre y al tercer toque respondió la señora Surya. Surya era la criada de la familia Russo, una anciana que llevaba tres generaciones en la familia y una mujer muy dulce para mí.

- Trix, hija mía, ¡cuánto tiempo sin verte! - Me abrazó en cuanto me vio -¡Pasa, por favor! - Ella me dio permiso. - ¡Cuánto tiempo sin ver a la señora Surya! Echaba de menos tus tartas de limón - era suave al recordar el sabor.

- Siga al Sr. y a la Sra. Russo y le traeré una pieza - Me guió hasta el salón y cuando el Sr. y la Sra. Russo me vieron, vinieron a abrazarme.

- Trix, querida. Hacía mucho tiempo que no nos visitabas. - Cristina me besó en la mejilla.

- Tengo que estar de acuerdo con mi esposa, señorita. Intenta visitarnos más - dijo el Sr. Francisco.

- Prometo que vendré más a menudo, últimamente he estado muy ocupado y no he tenido tiempo para mí.

- Tu madre y yo ya nos encargamos de los preparativos del compromiso, así que no tienes que preocuparte por esa parte -parpadeó.

- Confieso que estoy ansioso. ¿Pero dónde está Felipe? - Pregunté y me miraron confundidos.

- ¡Pensamos que acababa de llegar contigo, querida! - Francisco me hizo fruncir el ceño.

- No, no está conmigo, pensé que había pasado algo aquí, se fue del entrenamiento de baloncesto antes de tiempo. - He dicho.

- Así que supongo que acabó yendo a jugar a las cartas otra vez.

- Este chico, espero que su compromiso lo enderece -el señor Francisco suspiró.

- Está bien, bueno, no quiero quitarte tiempo, he venido aquí porque estaba preocupada por él, pero como no está, me vuelvo a mi casa. - Avisé - Volveré a verte más a menudo - Fue una promesa.

- Qué pena que no te quedes más tiempo, querida, ¡tu compañía nos hace bien! - Cristina habló con dulzura.

- Prometo que volveré pronto.

En cuanto hablé entró la señora Surya con el trozo de tarta de limón que había dicho que traería para mí, y no haría nada sin hacer cuando me quedara unos minutos más, acabé perdido en el tiempo y después de casi una hora, Felipe había llegado contento, lo que hizo que se le borrara la sonrisa en cuanto me vio.

- Mira qué buena visita hemos tenido hoy, hijo - me señaló Cristina y luego le llamó para que se acercara, cosa que hizo.

- Sí, una visita muy agradable", me besó la mejilla como si se estuviera forzando.

- No hace falta todo esto Sra. Cristina, ahora sí que me tengo que ir - dije mirando el reloj - ¿Me puede llevar? - Le pregunté a Felipe.

- Sí, vamos.

Me despedí de sus padres y nos dirigimos a su habitación, sabía que si preguntaba dónde estaba volveríamos a pelear y eso era todo lo que no quería, así que sería mejor evitar mi sufrimiento aunque tenía curiosidad por saber dónde estaba. No habló ni una palabra en el coche, y corrió como si tuviera prisa por algo, pero la ventaja es que llegamos rápidamente. Nos despedimos con un breve beso y me prometió que al día siguiente nos volveríamos a ver, cuando llegué a casa mi madre ya estaba durmiendo, lo que me hizo suspirar aliviada, sólo para que no preguntara cómo estaba en su casa.

Entré en mi habitación y me di una ducha rápida, sólo me lavé del cuello para abajo, después de ponerme el pijama me fui directo a mi cama, hoy había sido un día largo y necesitaba descansar, mis ojos pesaron y luego me dormí y el último recuerdo fue la mirada de Felipe hacia mí.

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