Género Ranking
Instalar APP HOT
Clases de amor, para el diablo
img img Clases de amor, para el diablo img Capítulo 10 Enséñame a quererte
10 Capítulo
Capítulo 15 La ira de Damián img
Capítulo 16 Una palmada img
Capítulo 17 Detectora de... img
Capítulo 18 Un encuentro amenazante img
Capítulo 19 Si quieres irte, vete img
Capítulo 20 Encerrada img
Capítulo 21 Al fin serás para mí img
Capítulo 22 Su primera vez img
Capítulo 23 Tú eres mi infierno y yo tu cielo img
Capítulo 24 Sorpresa img
Capítulo 25 Eres el sol que ilumina mis días img
Capítulo 26 Información preocupante img
Capítulo 27 Seducción img
Capítulo 28 El nuevo Damián img
Capítulo 29 Invitación img
Capítulo 30 Eres mi complemento img
Capítulo 31 Clases de sexo img
Capítulo 32 Día de celos img
Capítulo 33 Enojada img
Capítulo 34 No más peleas img
Capítulo 35 Encuentro apasionado img
Capítulo 36 Sin ella no sabría vivir img
Capítulo 37 Inquietudes img
Capítulo 38 Sorpresa parte I img
Capítulo 39 Sorpresa II img
Capítulo 40 Sorpresa parte III img
Capítulo 41 No me dejes nunca img
Capítulo 42 Lolo img
Capítulo 43 Mujeres desquiciadas img
Capítulo 44 Atentando en contra de Antonella img
Capítulo 45 Mi vida es tuya img
Capítulo 46 Obsequio del enemigo img
Capítulo 47 Reconsiderando tu propuesta img
Capítulo 48 Nuevo problema img
Capítulo 49 Una confesión de amor img
Capítulo 50 Felicidad img
Capítulo 51 Celos img
Capítulo 52 Amor y más amor img
Capítulo 53 Ataque inesperado img
Capítulo 54 Desesperación img
Capítulo 55 Una visita problemática img
Capítulo 56 Las amantes de su pasado img
Capítulo 57 Suplicando perdón img
Capítulo 58 Una mentira publicada img
Capítulo 59 Una buena noticia img
Capítulo 60 Es él img
Capítulo 61 Cara a cara con el enemigo img
Capítulo 62 Traición entre amigos img
Capítulo 63 Entre la vida y la muerte img
Capítulo 64 A salvo img
Capítulo 65 Culpabilidad img
Capítulo 66 Mi viejo amigo img
Capítulo 67 Aniversario img
Capítulo 68 La mejor noticia img
Capítulo 69 EPÍLOGO img
img
  /  1
img

Capítulo 10 Enséñame a quererte

Damián

Doy vueltas por la oficina sin saber qué le diré a Antonella sobre el su supuesto viaje de negocios. Aunque ella no lo demuestre, está más que molesta. Es obvio que fue una humillación. Aparte de eso, debo sumarle la escena de hoy. Estoy consciente de que aquello me terminó de hundir. El rostro de Nella lo decía todo.

-Me estás mareando, Damián, ya deja de dar vueltas -me habla Trino, mi amigo, alguien que conozco desde casi toda mi vida. Diría que es como mi hermano-.Vamos, viejo, ella no te dirá nada. -Bebe un trago de whisky.

-¡Claro que sí, y muchas cosas va a decir! Si tan solo hubieras visto su hermoso rostro cuando vio la nota. Pude notar el dolor en él, Trino, y no solo eso, también vi decepción. Ella se decepcionó de mí.-Paso mis manos por mi cabello-. Ayer hablamos e hicimos un trato, trato que no estoy cumpliendo.

-¿Por qué te preocupa tanto lo que ella piense? -Me observa con curiosidad.

-Sabes muy bien que esa mujer es mi debilidad, y no de ahorita, sino desde hace años. Tomo asiento o le abriré un hueco al suelo.

-¿Te has enamorado?

Lo miro a los ojos.

-No, ella me gusta. Mi deseo por ella es... intenso.

Se ríe de mí.

-Ajá, y yo soy tonto. ¿Te casaste solo porque te gusta? Claro... -Da otro trago y se sirve más-. Nadie se casa por deseo, Damián. -Sonríe.

-Nos casamos por... beneficio. -Me levanto para abrir la puerta. Mi sorpresa es ver a Alan Castelo, el hermano de Antonella-. ¿Alan? -pregunto confundido. A la última persona que esperaba ver en mi vida era a él-. ¿Renzo? -La situación empeora cuando lo veo a él. Tanto Renzo como yo somos similares.

-Necesitamos hablar.

Los invito a pasar.

-Trino -saludan ambos.

-¿Qué tal? -solo dice eso al notar la mala cara de Alan-. No me vean así, su problema es con él -me señala.

Es un traidor.

-Es verdad, aquí el traidor es otro. -Renzo no deja de atacarme.

-¿A qué han venido?

Los invito a sentarse, pero se niegan.

-Vinimos a hacer un trato contigo. -Se miran a los ojos.

-Si tiene que ver con Antonella, mi respuesta es no. -Sus mirada me asesinan, algo que no me importa. Me resbala el odio que sientan por mí-. No la voy a dejar, pierden su tiempo.

Alan empuña las manos.

-¡La vas a lastimar, Damián! -grita Renzo furioso-. Hoy estaba molesta y decepcionada por tu manera de ser. ¿Cómo es posible que ella sepa de tus malditos encuentros con tus mujeres? Ella no es una más. Nella es mucha mujer para ti. Tú no le vas a dar lo que ella necesita; amor, atención y comprensión.

Me levanto del asiento y ajusto mi traje. Esto podría terminar en puños.

-¿Y según tu qué es lo que necesita ella? -Me acerco a él-. Los problemas que tengamos Antonella y yo son solo de nosotros, ustedes no tienen por qué meterse.

Alan se acerca al lado de Renzo.

No me intimida ninguno de los dos.

-Tú no sientes nada por ella, y no creo que lo vayas a sentir. Eres un imbécil con todas las mujeres. -Que descaro de parte de Renzo venir a decirme eso.

-Porque tú eres el mejor, ¿verdad? -Sonrío con sarcasmo-. Lárguense de aquí y no me molesten. No pienso dejar a Antonella. Tendrán que vivir con eso el resto de sus vidas.

Renzo respira profundo.

-Donde tú la lastimes juro que sabrás quién soy.

Sostengo a Renzo por su camisa.

Alan se alerta y Trino igual, que hasta el momento se había mantenido alejado.

-¿Lastimarla? -Trino me sostiene para que suelte a Renzo-. Tú eres quien la lastima, Renzo. Cada vez que ella te ve llega a nuestra casa con el alma destrozada, llorando por cómo la tratas y la ignoras. Tu problema es conmigo, no con ella, así que te voy a agradecer que no la vuelvas a hacer llorar. Si vuelvo a ver a Antonella llegar a casa así, juro que iré a buscarte y te partiré la cara sin importarme la amistad que una vez tuvimos. No interfieras en mi matrimonio con ella. ¿Te quedó claro? -Lo suelto de mala gana, y él ajusta su traje.

-¿Ahora me dirás que te importa mi hermana?

Pierdo la poca paciencia que tengo con Renzo y lo golpeo. Hace rato que deseaba hacerlo.

-¡Claro que me importa!¡Ahora lárgate de aquí!

Trino me sostiene, pues sabe cómo pierdo el control, y quizá no sea conveniente moler a golpes a este idiota. Eso haría que Nella me odie más.

-¡Cálmate, Damián! -me grita Alan-. Siempre tan impulsivo, resolviendo los problemas a golpes. -Ambos me contemplan de forma poco amigable-. Nos iremos, pero esto no se queda así.

Salen ambos de la oficina, y yo me suelto del agarre de Trino para tirar todo lo que había en mi escritorio al suelo.

Ya se hizo de noche. Apenas estoy llegando a mi casa. Debo admitir que a la única persona que le tengo miedo es a Antonella. Pensar en entrar para encontrarme con esa hermosa fiera me da pánico.

Al ya no tener más opciones, entro en la casa. Todas la luces están apagadas. Subo las escaleras y camino por el pasillo hasta llegar a la puerta de mi habitación. La abro con cuidado de no causar ruido, entro y camino silenciosamente para no despertar a mi pequeña bestia. Ingreso al baño para darme una ducha rápida. Una vez que termino, salgo. Al hacerlo, me llevo el susto de verla sentada en la cama frente, con sus brazos cruzados, mirándome molesta.

-¿A qué mujer te has cogido esta vez? Eres experto en eso.

Enciendo la luz para verla mejor.

Sus ojos viajan por todo mi tonificado cuerpo. Traga grueso y muerde su labio tras esta maravillosa escena que tiene frente a ella, o sea, mi persona.

-Solo fui por tragos con Trino -respondo calmado. No hice nada malo, en realidad. Prometí ser un buen hombre para ella.

-¿Por trago? -Enarca su ceja-. ¿Un trago?

No disimula sus celos.

-¿Celosa? -La hago enfurecer mucho más.

-¿Celosa? -Se levanta de su lugar-. Furiosa es lo que estoy. -Apuesto a que quiere gritar, pero no lo hace porque mi hermana está en la habitación de al lado-. ¿Crees que es de mi agrado saber que te andas revolcando con otras?

No sé qué responderle. Nunca antes una mujer me había reclamado por algo así. He sido liberal toda mi vida, y ahora ver a Antonella reclamarme me hace sentir extraño, aunque me gusta verla enojada.

-Nella, te juro que no estuve con nadie hoy. -Me acerco un poco y bajo mi vista.

-Hicimos un trato -me recuerda.

No lo he olvidado.

-Yo estoy cumpliendo. Sé que no debí mentirte en lo de mi viaje, pero ¡por Dios, entiéndeme! -Alzo mis manos-.Antonella, te deseo, y tú... ¡tú te resiste ante mí, mujer! Quiero devorarte toda. Quiero hacerte mía. Necesito que tu cuerpo me pertenezca solo a mí. Quiero que me veas como ves al idiota ese que dices ser tu amigo. -Tomo su rostro entre mis manos-. Quiero que seas solo mía.

Me aleja.

-Es lo único que te interesa, querer cogerme como si yo fuese cualquier mujer, ¿verdad?

Cubro mi rostro

-¡No! -alzo la voz-. Bueno, sí, pero no como tú crees. Vamos, ¿quién no desea coger con la mujer que le gusta? Tú me elevas el nivel de morbosidad como ninguna otra. Me pones duro y firme. Quiero mostrarte lo maravilloso de mi infierno cuando te tenga debajo de mí, ardiendo en llamas.-La pego a mi cuerpo, permitiéndole que sienta mi erección.

-No, no, no. -Busca alejarme-. No se me ha olvidado lo de esas horribles flores. Estoy molesta, Damián. Aunque solo sienta atracción por ti, no quiere decir que siga permitiendo este tipo de cosas. Tú me respetarás y yo también lo haré. Es un trato justo. No voy a tolerar esas humillaciones.-Golpea mi pecho.

Se sintió como una caricia.

-Antonella, te pido perdón por lo que hice. No quise herirte. Soy un idiota, es verdad, pero un idiota que solo siente el deseo de querer estar con su esposa. Perdón por el escándalo de hoy también. Te juro que me molestó lo que ese hombre hizo.

Achica sus ojos al recordar el almuerzo de hoy.

-No tenías por qué llegar tan lejos -me señala-. Estoy cansada de tus arranques locos. ¡Deja de ser posesivo y tan impulsivo en la vida!

-Lo sé. Cambiaré, mejoraré mi modo de ser, pero solo contigo, ¿entendido?

Asiente no conforme.

-Tienes que controlarte, Damián. No está bien lo que haces. Eres muy controlador, y eso no me gusta. Ni siquiera a mis hermanos les he permitido tener control de mi vida como para permitírtelo a ti. Quiero que seas un poco más romántico. Quiero que compartas más conmigo, que llegues a casa en las noches y me saludes con dulzura, que me preguntes cómo me fue en el día, cosas así.

La observo por unos largos segundos, perdiéndome en sus hermosos ojos marrones.

-Enséñame a ser así. Enséñame a ser un buen hombre para ti, Antonella. Quiero aprender de ti y ser el hombre que te haga feliz. No pretendo seguir lastimándote. Me gustas demasiado y estoy dispuesto a aprender tus clases locas de amor. Solo te pido paciencia. Prometo que seré un buen cocinero e intentaré no ser celoso, pero solo lo intentaré con calma y sin presiones. -Me mira aún enojada-. De acuerdo, dejaré de ser celoso, pero, como te dije, tienes que tenerme paciencia. Te dedicaré más tiempo. Te compraré chocolates de tus favoritos y prometo entregártelos en tus propias manos. Jamás volveré a lanzarte uno. -La hago sonreír después de un largo rato-. Quiero aprender de ti y que tu aprendas de mí. -Me acerco un poco a sus labios-. Enséñame a quererte y a ser un buen esposo, alguien diferente.

Siento su respiración abanicar mi rostro.

-Damián, sé que no mejorarás de la noche a la mañana. De verdad esto es importante para mí. Estamos casados, y no porque así lo quise yo, sino porque tú decidiste esto. Tú inventaste esta idea y tú eres quien tiene que conquistarme. Entiendo que eres un imbécil y no tienes idea de cómo hacerlo, ya que siempre has tenidos a las mujeres a tu disposición y ninguna se ha hecho la de rogar como yo. El asunto es que debes poner de tu parte para conquistarme, y no soy tan fácil, como ya habrás visto. Te enseñaré, y tú aprenderás cómo tratar a una mujer.

-Bien. Juro aprender de tus enseñanzas y ponerlas en prácticas, mas no me hago responsable de los resultados.

Ríe fuerte porque sabe a lo que me refiero.

En este momento tomo ventaja y le doy un beso, al cual ella corresponde -es suave y delicado-, hasta que se distancia.

-De acuerdo. Ahora largo de mi habitación.

Frunzo mi ceño.

-¿Qué? -inquiero desconcertado.

-Que te largues de mi habitación. No creas que te he perdonado.

Parpadeo un par de veces.

-Antonella, ¿acabamos de hablar precisamente de eso y ya me estás corriendo de la habitación, que, por cierto, también es mía?

Posa su dedo índice en mi pecho.

-Sé que hablamos, y me pareció todo bien, pero faltaste a nuestro matrimonio y ahora estás castigado. Te quiero fuera de mi habitación.

Niego no convencido.

-¿Por qué te adueñas de todo, mujer? -Se coloca ambas manos en la cintura. Lo cómico de todo es que se ve tan pequeña e indefensa -. ¡Me estás robando todo!

-No te robo nada, esto también es mío. Ahora adiós, que tengo sueño. -Se tumba en la cama-. Quiero dormir sola en mi cama.

No puedo creerlo. En serio que no lo creo.

-Ahora también es tu cama -digo resignado-. ¿Cuándo compraste todo esto?

Ella sonríe.

-El día que me casé contigo. -Toma la cobija y comienza a cubrirse-. Apaga la luz, por favor. -Me da la espalda.

-¡Eres una interesada, Antonella! -Me acerco y pego un mordisco en su trasero.

-¡Damián, duele! -grita fuerte-. ¡Ya para me duele!

Subo sobre ella.

En eso mi hermana grita.

-¡Por Dios, Damián, deja de folla..., que le duele! -exclama Daniela desde su habitación-. ¡Ya dejen de gritar!¡Saldré traumada de esta casa, maldición!

Miro a Antonella, que esta roja como un tomate por la vergüenza.

-¿Te dio pena, chiquita?

-Largo de mi habitación. Bájate de mi cama. -Me empuja hasta hacerme caer al suelo enredado con la cobija-. ¡Estás castigado hasta nuevo aviso!

-No, tú vas a estar castigada por robarme mi casa, mi habitación, mi cama, mi empresa y mi cocina. Y algo más, el día que te tenga debajo de mí, desnuda, te voy a hacer temblar. -Se vuelve más colorada-. Arderás de placer, preciosa, y te va a encantar.-Le guiño un ojo y dejo caer mi toalla al suelo.

-¡Por Dios, oculta esa cosa!

Me burlo con escándalo.

-Esta cosa te hará gritar, hermosa Nella.

Salgo de la habitación sonriente por haberla hecho sonrojar.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022