Género Ranking
Instalar APP HOT
Clases de amor, para el diablo
img img Clases de amor, para el diablo img Capítulo 6 La fiesta
6 Capítulo
Capítulo 15 La ira de Damián img
Capítulo 16 Una palmada img
Capítulo 17 Detectora de... img
Capítulo 18 Un encuentro amenazante img
Capítulo 19 Si quieres irte, vete img
Capítulo 20 Encerrada img
Capítulo 21 Al fin serás para mí img
Capítulo 22 Su primera vez img
Capítulo 23 Tú eres mi infierno y yo tu cielo img
Capítulo 24 Sorpresa img
Capítulo 25 Eres el sol que ilumina mis días img
Capítulo 26 Información preocupante img
Capítulo 27 Seducción img
Capítulo 28 El nuevo Damián img
Capítulo 29 Invitación img
Capítulo 30 Eres mi complemento img
Capítulo 31 Clases de sexo img
Capítulo 32 Día de celos img
Capítulo 33 Enojada img
Capítulo 34 No más peleas img
Capítulo 35 Encuentro apasionado img
Capítulo 36 Sin ella no sabría vivir img
Capítulo 37 Inquietudes img
Capítulo 38 Sorpresa parte I img
Capítulo 39 Sorpresa II img
Capítulo 40 Sorpresa parte III img
Capítulo 41 No me dejes nunca img
Capítulo 42 Lolo img
Capítulo 43 Mujeres desquiciadas img
Capítulo 44 Atentando en contra de Antonella img
Capítulo 45 Mi vida es tuya img
Capítulo 46 Obsequio del enemigo img
Capítulo 47 Reconsiderando tu propuesta img
Capítulo 48 Nuevo problema img
Capítulo 49 Una confesión de amor img
Capítulo 50 Felicidad img
Capítulo 51 Celos img
Capítulo 52 Amor y más amor img
Capítulo 53 Ataque inesperado img
Capítulo 54 Desesperación img
Capítulo 55 Una visita problemática img
Capítulo 56 Las amantes de su pasado img
Capítulo 57 Suplicando perdón img
Capítulo 58 Una mentira publicada img
Capítulo 59 Una buena noticia img
Capítulo 60 Es él img
Capítulo 61 Cara a cara con el enemigo img
Capítulo 62 Traición entre amigos img
Capítulo 63 Entre la vida y la muerte img
Capítulo 64 A salvo img
Capítulo 65 Culpabilidad img
Capítulo 66 Mi viejo amigo img
Capítulo 67 Aniversario img
Capítulo 68 La mejor noticia img
Capítulo 69 EPÍLOGO img
img
  /  1
img

Capítulo 6 La fiesta

Antonella

Regreso a casa luego de haber salido una hora a trotar como siempre suelo hacerlo, dejo sobre la mesa mi pote de agua y enciendo el equipo de sonido para escuchar a uno de mis cantantes favoritos. Subo el volumen de la música y comienzo a mover mis caderas al escuchar mi canción favorita. Alzo mis brazos al aire, dejando que el ritmo se apodere de mi cuerpo y lo haga cobrar vida, y canto a todo pulmón, metiéndome en el papel, hasta que alguien corta mi esplendida emoción.

-¡¿Por qué le bajaste el volumen?!

Se coloca una mano en la cintura y con la otra me señala de forma acusadora.

-Intento dormir y tu escándalo no me deja. -Apaga el sonido.

-¡Fácil! -Señalo la puerta-:Vete de mi casa y duerme en un hotel.

Damián parpadea y entre abre sus labios, buscando qué decirme.

«¿Cómo pudo cortarme mi inspiración?».

-Esta también es mi casa, y no me gusta el escándalo, Antonella. Sabes muy bien que me gusta dormir hasta tarde los fines de semanas.

Elevo mi ceja y me acerco lo suficiente para liberar mi veneno.

-Escucha con atención, Lancaster, te voy a dejar algo muy en claro: la señora de esta casa soy yo, así que yo decido si hacer o no escándalo. ¿Querías una esposa? Aquí la tienes. Ahora te toca soportar mis actos.

-No jodas, Antonella.-Se cruza de brazos-. A ver, señora Lancaster, ¿de qué más eres dueña? Pregunto para tenerlo bien en claro.

-De todo lo que tú posees, querido -contesto muy sonriente-, hasta de ti.

Se burla con sarcasmo.

-En eso te equivocas, hermosa, yo soy tu dueño.

-Pobre iluso, ni siquiera puedes controlarme, no al menos como yo te controlo a ti.

Tensa su mandíbula.

Me encanta ver cómo Damián suele perder la paciencia tan rápido.

Mi comentario lo hace arder. Sabe que tengo razón y que no ha podido tener poder sobre mí como suele estar acostumbrado con otros. El problema de Damián es creer que yo soy como todos esos idiotas, que él puede gobernarme y someterme a su antojo. Eso sucedió una sola vez, pero desde entonces he sido yo quien lo ha controlado.

Su vista molesta se posa sobre la mía.

Cuando da un paso al frente, yo retrocedo.

No sé qué pasa por su mente ni lo que pretende hacer. Sea lo que sea, no lo permitiré.

-¿Qué crees que haces?

Me atacan un poco los nervios. Esa mirada no me gusta en lo absoluto.

-¿Tienes miedo, ratoncita? -Sujeta mi cuerpo.

Libero un grito.

-No, no me toques, suéltame -pido mientras le doy manotazos innecesarios.

-¿Cuánto tiempo me vas a hacer esperar? Estoy ansioso -susurra cerca de mis labios-. Seré cauteloso.

Respiro agitada al tenerlo tan cerca de mí, más aún cuando mis manos están sobre su amplio y duro pecho.

-No, todavía no estoy preparada. Necesito tiempo, Damián. Prometiste darme el tiempo necesario...

Ignora mis súplicas, y con debida razón, porque no me esforcé en lo más mínimo para demostrar que tengo miedo. Damián se adueña de mis delicados labios e introduce su lengua hasta casi el fondo de mi garganta. Una vez que siento su calidez y su suavidad, le correspondo, pero todo acaba cuando una de sus manos viaja hasta la zona prohibida de mi delgado cuerpo.

-¡Ni se te ocurra! -le doy un empujón-. No vas a tenerme así tan fácil, Damián, deberás esforzarte un poco más.

Maldice luego de que paso por su lado.

Es miércoles y Damián se encuentra en un viaje de negocios. Supuestamente, no volverá hasta dentro de una semana, lo que quiere decir que tendré paz por estos días. Se supone que las clases de amor deberían ayudar a que mejore, pero los resultados son negativos. Es un hombre de poca paciencia y termina obstinado o alguien requiere su presencia y se marcha antes. Y yo desisto poco a poco. No sé si en verdad podremos llegar a un acuerdo. Quiero salir corriendo y hacer mi vida lejos de ese hombre.

Desde el día que nos besamos he evitado también acercarme a él, no por miedo, sino por el hecho de que parte de ese beso me gustó. Aún no estoy lista parar ser yo quien tenga sentimientos por él, menos cuando no quiere mejorar su actitud.

-Te agradeceré mucho si no haces nada tonto estos días en mi ausencia.

Conversamos a través de una videollamada.

-¿Qué pasa si no lo hago? -indago.

-¿Siempre tienes que retarme?

Me encojo de hombros y llevo una cucharada de helado a mi boca.

-Lo que me molesta es que a mí me pidas que me comporte, mientras tú andas haciendo de las tuyas.

Él me considera tonta por ser más joven, pero no lo soy, conozco muy bien quién es Damián.

-Es por un viaje de negocios. Observa, estoy en mi habitación solo, sin compañía.-Me muestra todo el lugar, como si eso sirviera de algo.

-Mira, yo también estoy en mi habitación. Más tarde, cuando cuelgues la llamada, ya no será así, me lanzaré por la ventana para huir -digo con sarcasmo.

-¿Celosa de que pueda estar con otra mujer?

Suelto una risa sarcástica.

-Sí, tengo celos de que tú sí puedas tener la libertad que quieras y a mí no me lo quieras permitir.-Dejo mi helado a un lado.

-No estoy con nadie y tú tampoco estarás con otro. Además, ese idiota nunca será lo suficiente para ti.

Niego resignada.

-Iré a dormir. -Y me despido.

-No me extrañes mucho.

-¿Y así quieres que me enamore de ti? Qué vacío eres, Damián.

-¿Y qué se supone que quieres que digas?

-Escucha, si en serio queremos que esto funcione, deberás empezar por ser más cariñoso, como desearme buenas noches, que me cuide en tu ausencia y que estarás llamando a cada instante para saber cómo me encuentro. Es tan sencillo.

-Adiós. Nos vemos luego. -Cuelga la llamada.

Y yo solo me tumbo en la cama bocarriba, miro el techo y pienso qué demonios voy a hacer con ese idiota. Su comportamiento solo ocasiona que yo actúe en contra de su opinión. Es irritante, y sabe que me molesta, pero verá de lo que seré capaz.

«Ya verá».

Una vez que se hace media noche, toda la casa está minada de compañeros universitarios. No me encuentro, digamos, en mi sano juicio debido al nivel de alcohol que tengo en mi sangre, pero ¿a quién le importa eso? ¡Que se vayan al demonio todos, en especial Damián! Por su culpa tengo que hacer estas cosas y comportarme como una niña infantil.

La fiesta, admito, está muy buena. Ni siquiera me gustan las fiesta, y miren todo lo que tengo que hacer para al menos olvidar qué horripilante vida tengo. También enfureceré a un hombre que no debería importarme ni un bledo. El problema es ese, que en realidad me está comenzando a importar, y detesto que eso suceda.

Mi amiga Dalia golpea sobre mi hombro un par de veces para hacerme girar. Cuando lo hago, abro mis ojos y sonrío de oreja a oreja. Esto lo va a molestar.

-¡Cariño! -Estúpido licor, hace que mi lengua se enrede-. ¡Has vuelto! -Llego a su lado y le doy un beso en los labios.

-¿Qué significa esto, Antonella? -me pregunta en un tono molesto.

-Una fiesta, supongo. -Abro y cierro mis ojos al sentirme tan mareada. Estoy borracha, pero consciente de todo. Eso creo-. ¿Me extrañaste? Porque yo no.

Damián pasa la mano por su rostro, armándose de paciencia.

«Sí, enójate, idiota».

-Claro que sí, mi amor. -Me da un beso. «Ay, no, Nella, no seas fácil»-. No estás muy bien. Mejor dejemos la fiesta hasta aquí para que te vayas a dormir -susurra calmado.

-¡¿Qué?! -Frunzo mi ceño-. No, amor, ven, anda. -Agarro una botella de licor y le ofrezco-. Bebe conmigo, ¿sí? -Coloco la botella en su boca, y él de un solo manotón la tira al suelo-. Qué grosero eres.

-¡Todos fuera de mi casa ya mismo!

Salen corriendo como cobardes. No sé por qué le tienen tanto miedo.

-No, no se vayan... ¡Oigan, espérenme! -Sigo al grupo, pero él me sostiene de la cintura-. ¡No sean malos, espérenme!

-¡¿Qué carajos te pasa, Antonella?! -me grita fuerte.

Solo me causa gracia.

-¿Te molestó mi pequeña reunión? -señalo el lugar-. Bueno, mi ex reunión, porque los corriste a todos. Te encanta estropearme mi felicidad, ¿verdad? -Parpadeo cuando siento que mi cuerpo se va de un lado a otro.

-¿Has visto todo el desastre que dejaron en mi casa, Antonella?

No hace falta ni mirar cuando yo participé.

-No importa, mañana alguien se encargará de limpiarlo.

-¡Estás siendo infantil! -exclama, y eso acaba con mi buena gentileza.

-¡¿Infantil?! -bramo de igual modo-. ¡Pues nadie te mandó a casarte conmigo! ¡¿Qué quieres que haga?! ¡Tengo 22 años, señor, y lo único que quiero es disfrutar de mi vida, y tú no me lo permites porque me robaste mi libertad atándome a tu vida! ¿Te has preguntado si soy feliz? ¡Déjame decirte que no lo soy y que tú no haces nada para que yo lo sea! -Me doy un trago-. Eres pésimo esposo. -Bebo de nuevo-. Tú no me quieres nada ni tampoco lo intentas. Estoy poniendo de mi parte en hacerte un mejor hombre y lo único que haces es ignorarme, Damián, ignorarme . -Me dejo caer en el sofá a llorar como idiota en frente de él-. Tú no sientes nada por mí más que obsesión y deseo. Te odio tanto. Tú no sabes querer. Tú no conoces el amor y nada de eso. Tú... tú eres seco, ordinario. Eres una catástrofe en los sentimientos. Estás vacío por dentro. Y yo soy quien tiene que tolerar todo eso. Soy yo quien se lleva la peor parte de ti. -Callo.

Él no dice nada, solo me toma entre sus brazos y me mira por un momento.

-Será mejor que descanses, Antonella. Mañana continuaremos hablando.

Damián sabe que tengo razón. Él no es hombre de sentimientos, nunca lo se lo ha demostrado a ninguna mujer que no fuese su madre y hermana. Esas son las únicas mujeres a las que él ama y tiene clavadas en su corazón. Su vida gira en torno a ellas y su estúpido imperio. De resto, todo le da igual, le damos igual. Soy un capricho, nada más, de un hombre millonario.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022