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Clases de amor, para el diablo
img img Clases de amor, para el diablo img Capítulo 1 PROLÓGO
1 Capítulo
Capítulo 15 La ira de Damián img
Capítulo 16 Una palmada img
Capítulo 17 Detectora de... img
Capítulo 18 Un encuentro amenazante img
Capítulo 19 Si quieres irte, vete img
Capítulo 20 Encerrada img
Capítulo 21 Al fin serás para mí img
Capítulo 22 Su primera vez img
Capítulo 23 Tú eres mi infierno y yo tu cielo img
Capítulo 24 Sorpresa img
Capítulo 25 Eres el sol que ilumina mis días img
Capítulo 26 Información preocupante img
Capítulo 27 Seducción img
Capítulo 28 El nuevo Damián img
Capítulo 29 Invitación img
Capítulo 30 Eres mi complemento img
Capítulo 31 Clases de sexo img
Capítulo 32 Día de celos img
Capítulo 33 Enojada img
Capítulo 34 No más peleas img
Capítulo 35 Encuentro apasionado img
Capítulo 36 Sin ella no sabría vivir img
Capítulo 37 Inquietudes img
Capítulo 38 Sorpresa parte I img
Capítulo 39 Sorpresa II img
Capítulo 40 Sorpresa parte III img
Capítulo 41 No me dejes nunca img
Capítulo 42 Lolo img
Capítulo 43 Mujeres desquiciadas img
Capítulo 44 Atentando en contra de Antonella img
Capítulo 45 Mi vida es tuya img
Capítulo 46 Obsequio del enemigo img
Capítulo 47 Reconsiderando tu propuesta img
Capítulo 48 Nuevo problema img
Capítulo 49 Una confesión de amor img
Capítulo 50 Felicidad img
Capítulo 51 Celos img
Capítulo 52 Amor y más amor img
Capítulo 53 Ataque inesperado img
Capítulo 54 Desesperación img
Capítulo 55 Una visita problemática img
Capítulo 56 Las amantes de su pasado img
Capítulo 57 Suplicando perdón img
Capítulo 58 Una mentira publicada img
Capítulo 59 Una buena noticia img
Capítulo 60 Es él img
Capítulo 61 Cara a cara con el enemigo img
Capítulo 62 Traición entre amigos img
Capítulo 63 Entre la vida y la muerte img
Capítulo 64 A salvo img
Capítulo 65 Culpabilidad img
Capítulo 66 Mi viejo amigo img
Capítulo 67 Aniversario img
Capítulo 68 La mejor noticia img
Capítulo 69 EPÍLOGO img
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Clases de amor, para el diablo

Autor: Yuleisy Bandres
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Capítulo 1 PROLÓGO

Antonella

-¡No! -gritan mi padre y mis hermanos ante la propuesta de este sujeto.

Su nombre es Damián Lancaster, un ser engreído y prepotente. Él cree que por tener millones en su cuenta bancaria puede venir a mi casa a proponernos un contrato como ese. Podrá estar muy buenmozo, muy apetitoso y todo. Podrá ser el hombre más anhelado por las mujeres de la ciudad y el hombre con quien muchas fantasean, pero para mí es solo un idiota oportunista que se aprovecha de la situación que tiene mi familia. Para mí, es mi peor pesadilla.

-Jamás dejaremos que eso pase. ¡Estás loco, Damián!¡Te creí mi amigo! -brama mi hermano Renzo, enfadado, al borde de querer golpearlo.

-¿Entonces prefieren dejar que la empresa se vaya a la quiebra?

No aparta su vista de mí.

Todos aquí estamos en shock, más que todo yo, que soy la más afectada, porque seré yo ese sacrificio humano. A pesar de que mis hermanos y padres se opongan, soy la presa que él quiere cazar.

-Sí, preferimos eso. Preferiremos perder la casa y todo, pero jamás te entregaremos a nuestra hija.

Sophia De Castelo, mi hermosa madre, aquella que siempre está para defenderme ante todos. La cuestión es que esta vez no creo que pueda lograrlo.

-¿Qué te sucede, Damián? Eras como de la familia.

Ahí está Alan Castelo, mi héroe, mi otro hermano bello y hermoso, que también se opone a la idea absurda del contrato.

-Eras nuestro amigo -prosigue.

El idiota de Damián sonríe como si nada le importara, como si los que están en contra de su propuesta sean una burla.

-Entonces, ¿no van a aceptar?-pregunta con ese eje de imponencia.

-¡No! -contestan todos, menos yo.

¿Qué podré decir ante esto? Ni palabras tengo para expresar.

-Bien, me voy. Intenté ser cordial. -Camina en mi dirección y se detiene a mi lado sin mirarme-. Espero que tu padre no caiga en depresión, Antonella. -Cierro mis ojos-. Perder todo por lo que ha luchado acabará con él. Has visto cómo muchos millonarios sufren tras las pérdidas de sus empresas, y él caerá en lo mismo si no lo salvas. Queda en tus manos.

Sigue su camino, dejándome con muchas dudas.

No podría ver a mi padre sufrir, no me lo perdonaría.

-Espera -digo con mi vista en el suelo. Luego la alzo.

Él se detiene y mira sobre su hombro.

Desde aquí puedo apreciar cómo se mantiene una sonrisa en sus labios ya de victoria.

-Hija, ¿qué haces? -Mi padre camina hasta donde estoy-. Antonella, ni...

Lo callo cuando alzo mi mano.

-Todos ya hablaron y dieron su opinión, excepto yo -hablo con firmeza-. Mi opinión cuenta en esta casa, y creo que es la más importante de todas, a fin de cuenta -expreso con mi corazón casi saliéndose. Estoy tan nerviosa, tan aterrada.

-Hermanita, es...

Callo a Renzo también.

-Acepto el trato, pero con una condición. -Se gira y asiente para que yo continúe-. Quiero que la empresa quede completamente a nombre de mi padre y que nunca intentes quitársela. Quiero que todo el dinero que le des no se lo cobres nunca, porque para eso me casaré contigo. Tu paga seré yo, y eso debe ser suficiente para ti.

Camina en mi dirección, y yo ni puedo mirarlo a los ojos. Es tan imponente su mirada que me intimida.

-Acepto tu condición, mi hermosa Antonella -contesta tras obligarme a verlo-. Haré todo lo que me estás pidiendo. Nos casaremos para la semana que viene, y ese mismo día tu padre recuperará su empresa. Soy un hombre de palabra. Tengo todo el poder suficiente para que tu padre tenga en sus manos lo que es suyo.

Mi mentón tiembla.

-¡No! No puedes aceptar, hija -suplica mi padre, pero ya era tarde, ya estoy negociando con él.

-Es mi decisión, y nadie debe oponerse. -Estiro mi mano, y Damián hace lo mismo-. Quiero un contrato escrito, Damián.

-Lo tendrás.-Observa a toda mi familia-. Me gustaría hablar a solas contigo.

Ninguno quiere moverse.

-Déjennos a solas, por favor -pido.

Por un momento dudan, hasta que salen de la sala.

Estar a solas con él me pone nerviosa.

-Deja de temblar, no voy a hacerte daño. -Trago con dificultad-. Eres tan hermosa, Antonella.

-¿Quieres un mérito por tu halago? -Soy cortante.

-Mejor un beso.

-Ni en tus sueños, viejo -ofendo su ego.

-¿Me llamaste viejo? -Su tono es molesto.

-Sí, te llamé viejo. ¿Es que acaso no lo eres?

Ladea sus labios.

-Eres atrevida, me gusta.

Elevo mi ceja.

-¿Y qué con eso?

-No tienes ni idea de lo que este viejo te puede hacer.

Abro los ojos, una forma de fingiendo sorpresa, y luego sonrío.

-Tampoco me interesa saberlo, dudo que sea interesante.

Me doy la vuelta para irme, pero me detiene de la cintura para susurrarme al oído:

-Eso no dirás cuando te tenga debajo de mí, ardiendo de placer en mi infierno.

Mi piel se eriza por completo y todo en mi cuerpo se estremece.

-¿Qué te hace pensar que eso pasará? ¿Te crees el diablo?

-¿Quieres saber? -Con sus dedos roza mi suave piel.

-No, gracias.

Sostiene mi mentón y alza mi rostro para mirarme a los ojos.

-Te haré llegar al infierno para luego enviarte hasta el cielo, princesa.

Esas son sus últimas palabras, las cuales me dejan sin aliento.

            
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