-Solo quería un abrazo-
-Eso sí puedo hacerlo -aseguré, caminando hacia él para abrazarlo. Me quedé así por un largo rato hasta que mi hermano tocó mi hombro porque quería un abrazo. Al abrazarlo lo escuché llorar en mi hombro-. No llores, grandote. Voy a estar bien. Solo prométeme no tocar mis cosas y no ponerle a mi sobrina un nombre horrible-
-¿Sabes que es una niña?-
-Puedo sentirla-
-Queríamos que se llame como mamá-
-No lo hagas. Usa otro nombre. Un bebé no debe tener el nombre de un muerto, porque esa persona ya tuvo su oportunidad y ese bebé debe tener su propia vida y su propio camino-
-Usaremos otro nombre, no te preocupes-
-Bien-
-¿Princesa, podemos hablar? -inquirió Gaia, enseñándome su tablet-
-Sí-
Me separé de mi hermano y me alejé un poco para ver de qué se trataba. Al parecer todo estaba listo para la misión suicida.
-¿El equipo?-
-En posición y listo para su orden-
-Bien-
-Dejamos eso que nos pidió en su casa junto con una persona de confianza para que lo entregue en persona-
-Gracias. Ve a tu posición y estate preparada-
Volví a acercarme a mi padre para quedarme a su lado.
-¿Qué hay en tu casa y para qué debía estar lista?-
-Te dejé algo en mi casa y por lo demás no tienes que preocuparte-
-Quiero saber. Soy tu padre y tengo derecho-
-Lo sabrás cuando vayas a mi casa. Ahora debo ir hacia el centro del campo-
-Aún no. Quédate unos minutos más-
Volví a abrazarlo todo el tiempo que me quedaba hasta que un leve escalofrío comenzó a hacerse presente en mi cuerpo, casi al mismo tiempo en el que comenzaba a escuchar murmullos a mis costados. Levanté mi cabeza para ver a mi padre a los ojos antes de comenzar a separarme lentamente de él, mientras retrocedía poco a poco, una mano tomó mi brazo. Era Declan.
Sin pensarlo, lo besé, olvidándome de todos a mi alrededor, y al separarme pegué mi frente a la suya.
-No olvides tu promesa-
-No lo haré, pero no me esperes-
-¿Qué no te espere? ¿Qué significa eso?-
-Ve a mi casa cuando esto termine y lo sabrás-
Me alejé de él poco a poco, dejándolo confuso. Me alejé de todos hasta llegar al centro del campo a esperar a que el lobo apareciera de entre la bruma.
-Vamos, vamos -pedí, apretando mis puños, completamente ansiosa y lista para arrancarle la cabeza a ese infeliz-. Aparece de una vez-
-¿Me has esperado mucho tiempo, no es así?-
Ahí estaba su voz. Su profunda y gruesa voz.
-No tienes idea de lo que esperé para matarte-
-Aquí me tienes. Veamos si eres lo que he estado esperando por años-
Lo vi aparecer lentamente y sentí cómo se me congelaba la sangre, como aquel día. Aún podía escuchar el quejido de mi madre cuando atravesó su vientre con sus enormes garras.
-¿Recuerdas nuestro trato, no es así?-
-Antes de que te mate vas a devolverme el cuerpo de mi madre-
-Primero hay que ver si eres mejor que ella para luchar -se burló, acercándose a pasos agigantados para comenzar a atacarme-. Quiero una buena pelea o voy a tener que matar a tu hija también-
-¡No tengo hijos! -gruñí, tomando su brazo para moverme con rapidez y golpear la parte de atrás de su rodilla para hacer que cayera al piso. Al hacerlo, golpeé con fuerza su nuca para después soltar su brazo y colocarme de costado para soltarle una gran patada en las costillas.
Pude escuchar cómo algo se rompió y casi al instante soltó un gemido muy intenso de dolor. No dejé de atacarlo con toda la ira que tenía acumulada desde hace años. Lo pateé y le di tantos puñetazos como me fue posible antes de perder el control y destrozarlo por completo. Ambos respirábamos con mucha dificultad, pero lo mío era por el enojo y lo suyo era porque apenas estaba con vida.
-Dime en dónde está el cuerpo de mi madre-
-No...-
Levanté mi brazo al aire para dar la señal y unos segundos después podían escucharse a lo lejos el rugir de unas motos. Eso pareció descolocarlo y cuando intentó atacarme rompí su brazo, haciéndolo gritar de dolor.
-¡Dime! -le grité, arrojando su cuerpo contra el piso para después pisar repetidas veces su abdomen-. ¿¡En dónde está mi madre!?-
-Es... está... viva... La necesitaba... con vida-
-¿Ella...?-
Las motos pasaron por nuestro lado a toda velocidad y tomé su cabeza. No podía matarlo hasta encontrarla y si me estaba mintiendo lo destrozaría con mis propias manos y lo colgaría para dar el ejemplo a lo que sea que esté del otro lado.
Miré hacia donde estaban todos y levanté mi mano con el pulgar arriba antes de sujetar al lobo con fuerza y comenzar a caminar hacia la neblina. Me dolía dejar a mi familia, pero quería encontrar a mi madre ahora que sabía que estaba viva.
Arrastré su cuerpo a través de la espesa niebla por lo que creí que fueron minutos, pero quizá pasó menos tiempo. Un instante después comencé a ver una ligera luz color blanca que poco a poco comenzó a volverse más grande y brillante, obligándome a cerrar los ojos, pero aun así no dejé de caminar en línea recta, arrastrando el cuerpo del lobo detrás de mí.
No sé cuánto tiempo pasó, pero abrí los ojos al sentir una pequeña brisa golpear mi cara. Era una especie de pueblo con casas parecidas a las de la película La chica de la capa roja. Mi gente estaba a un lado de sus motos, apuntándoles con sus armas a los... ¿aldeanos?, o como sea que se llamen, los cuales los miraban atónitos sin saber qué hacer.
Arrojé el cuerpo del lobo frente a mí para después caminar por su costado y tomarlo fuertemente de la nuca para que lo observaran. Al hacerlo, los murmullos no se hicieron esperar, al igual que los gritos de horror.
-Si no me dices en dónde está mi madre, mataré a todos en este lugar y quemaré por completo tu maldito mundo hasta encontrarla -gruñí, mirando a todas esas personas-
-Si los lastimas... no la encontrarás jamás-
-¡Si no me dice algo útil en el siguiente minuto, maten a diez personas sin importar el género! -les grité a mis hombres, los cuales dieron unos pasos más hacia adelante, listos para cumplir mis órdenes-. ¿Tiempo?-
-Cuarenta segundos-
-Habla o verás morir a varios, y no creo que quieras eso-
-Quedan treinta segundos-
-No lo hagas... déjame que te...-
-Veinte segundos-
-Habla ahora -gruñí, apretando su hombro dislocado sin soltar su nuca-. El tiempo corre y yo no soy una persona que dé marcha atrás con una orden-
-Diez segundos... nueve... ocho... siete...-
-Apunten -les ordené, y al instante comencé a escuchar algunos gritos de fondo-
-¡No lo lastimes, por favor! ¡Por favor, es mi esposo!-
Levanté mi cabeza para ver de quién era la voz y una mujer de pelo rubio oscuro, con una panza de embarazada, empujó a todos para poder pasar e intentar llegar hasta nosotros, pero un disparo frente a ella la detuvo por completo mientras llevaba sus manos hacia su vientre.
-¿Tu esposo? ¿Cómo hablas mi idioma?-
-Nos lo han enseñado por generaciones-
-¿Por... generaciones?-
-Las mujeres que han venido de la niebla nos han enseñado durante años tu idioma y tus costumbres. Ahora, por favor, deja a mi esposo-
-Lo voy a matar si no me dice lo que quiero y después a todos ustedes, así que habla. La última mujer que llegó desde la niebla, ¿dónde está?-
-¿Cassandra?-
Conocían a mi madre.
-¿¡En dónde está!? -le pregunté, apretando con más fuerza el hombro del lobo, haciéndolo gemir de dolor-. ¡Dime o lo mataré!-
-¡Salió en una misión para buscar comida hace unas horas y aún no ha vuelto, así que por favor no lo lastimes!-
-¿Hace cuánto que llegó?-
-Hace veinte meses, por favor... por favor-
-¿Veinte meses? Imposible. Mi madre dejó mi casa hace veinte años-
-Eso no es posible-
-¿Princesa? Algo no está bien en este lugar -me informó uno de mis hombres, de nombre Alin-. Las brújulas que trajimos no sirven-
-¿Qué quieres decir?
-Que el campo magnético en este lugar es una locura. Las brújulas no sirven-
Solté al lobo con fuerza para ir a ver la brújula y Alin tenía razón: giraba sin control. Eso podría explicar la diferencia de tiempo en este lugar, pero si habían pasado veinte meses eso quería decir que quizá mi abuela y algunas mujeres de mi familia quizás estén vivas.
-¿Qué otras mujeres de la niebla están en este lugar?-
-Solo Cassandra. Isabel murió hace unos meses cuando los lobos salvajes atacaron-
-¿Lobos salvajes? ¿En qué dirección se fue mi madre?-
-No puedes ir tras ella, es demasiado peligroso para alguien que no conoce el lugar-
-No te pregunté si era peligroso, te pregunté hacia dónde se fue mi madre-
-Si te lo digo, ¿dejarás a mi esposo en paz?-
-No estás en posición de exigir nada-
-Yo iré con ustedes -dijo un niño casi adolescente, abriéndose paso entre la gente-
-Noal...-
-Tengo que hacerlo. Mi hermano fue en esa caravana y es la única familia que me queda, Nidel-
Al parecer así se llamaba la mujer rubia, la cual estaba cada vez más cerca del lobo, por lo que me acerqué a ella, pero antes de llegar el lobo sujetó mi tobillo para evitar que llegara hasta ella.
-No la... lastimes, por favor-
-Si mi madre muere ahí afuera, todos en este lugar morirán de igual forma -gruñí, moviendo mi pie para alejarlo de él y ponerme frente a la mujer-. La mitad de mi equipo se quedará en este lugar inspeccionando todo y viendo que no haya ninguna sorpresa. Dejaré que mi médico revise a tu esposo y se asegure de que no muera, pero si vuelvo sin mi madre voy a estar furiosa y créeme que no vas a querer verme de esa manera-
-Si un lobo salvaje te muerde te convertirás en uno de ellos y no podrás volver a transformarte nuevamente.
-Como William -aseguré, recordando la película Inframundo-
-¿William?-
-William Corvinus, un lobo mutante, pero eso no importa ahora-
-Tengan cuidado y regresen antes de que se ponga el sol, ellos salen a cazar de noche-
-Ya está atardeciendo -le avisé, alejándome de ella para ir con mi equipo.
-Está amaneciendo-
-¿Amaneciendo?-
-Sí, cuando vuelvan tu madre te explicará mejor las cosas-
Si es que sigue con vida.
-Bien. Gaia, Alin, Víctor, Owen y Powell vendrán conmigo y llevaremos cinco motos por si hay heridos y debemos salir rápido del lugar. Quiero que estén bien armados y lleven gas pimienta junto con las máscaras. Mientras tanto, el resto quiero que recorra este lugar y que dos de ustedes vigilen a este lobo idiota mientras Charles lo revisa-
-¿Y yo qué hago?-
-Tú ve con el rest... ¿Qué carajos estás haciendo aquí, Maddox? -inquirí, atónita, al ver al pelinegro quitarse el pasamontañas de la cabeza-
-Investigué un poco y decidí que quería ayudar en tu misión suicida. Traje mi propio armamento, comida, medicamentos y algunas cosas más que pueden ser muy útiles-
-Eres un grandísimo imbécil, ¿lo sabías?-
-Sí, pero ¿qué es la vida si no tomamos riesgos?-
-Sigues siendo un imbécil de igual forma. Quédate con el equipo y ve a revisar el lugar. Si alguien se pasa de listo ya saben qué hacer-
Mientras ellos acomodaban lo que debían llevar, yo me terminaba de cambiar y acomodar mi moto, sacando dos de las motos que habíamos traído; todas las demás eran eléctricas, las cuales se cargaban con energía solar gracias a los paneles plegables que habíamos traído.
-¿Qué son esas cosas? -indagó el semi adolescente, observando maravillado mi moto-
-Algo que puede matarte si lo tocas sin mi permiso-
-¿Cassandra en verdad es tu madre?-
-Sí-
-Genial, aunque ella dijo que tenías ocho-
-Tengo veintinueve-
-Yo tengo dieciséis-
-No te pregunté-
-Tienes un carácter muy malo, ¿lo sabías?-
-Ese camino parece muy transitado, ¿lo usan todo el tiempo?-
-Sí, es el único que no está cortado por los árboles que caen en las tormentas, aunque no puedo decir mucho porque nunca me dejan salir-
-¿Entonces para qué voy a llevarte conmigo?-
-Mi hermano hizo dibujos de todos los caminos por los que han ido y yo me los acuerdo de memoria, puedo ayudarte-
-¿Cuántos fueron con mi madre?-
-Solo cuatro personas. Ya no hay muchos que quieran salir de la barrera, últimamente los lobos suelen rodearla y golpearla por horas-
-¿Dijeron que mi madre salió a buscar comida?-
-Sí, hay escasez de alimentos, ya que se prendió fuego uno de los almacenes en donde conservábamos la comida-
-¿Cada cuánto salen a buscar comida?-
-Cada tres o cuatro días, pero nunca traen mucho-
-Eso quiere decir que los lobos los están presionando porque a ellos también les falta la comida. ¿Tienen invierno en este lugar?-
-Sí, en unas semanas, así que es por eso que salieron a buscar comida. Tenemos que almacenar para el invierno-
-Entiendo. Los lobos salvajes, ¿cómo son?-
-Son altos como yo y están en cuatro patas, a excepción del Alfa. Él camina en dos patas y es completamente aterrador. Su pelaje es negro y sus ojos rojos, como si fueran gotas de sangre-
-¿Lo has visto o te lo contó tu hermano?-
-Lo he visto. No aparece muy seguido, pero cuando lo hace es aterrador. Su rugido me hiela la sangre, es como si te congelaras y, por más que quieras, no puedes moverte. Es tenebroso-
Asentí lentamente mientras me subía a la moto. Una vez que la puse en marcha, le ordené al niño que se subiera y, al hacerlo, se sujetó de mi cintura con fuerza.
-Estén atentos y con las armas sin seguro, no sabemos qué puede haber ahí afuera les advertí a mis hombres-
Nadie llevaba acompañante, a excepción de mí, así que nos iba a costar disparar si las cosas se ponían feas, pero ojalá no fuera así porque no quería perder a nadie, y mucho menos sin saber en dónde carajos nos habíamos metido.
Avanzamos por el camino que nos indicó el niño a toda velocidad durante varios minutos, hasta que vimos una especie de carreta semidestrozada y con rasguños bastante grandes por todos lados. También había rastros de sangre que se dirigían hacia el bosque, por lo que todos nos bajamos de las motos y comenzamos a caminar con precaución, ya que no sabíamos qué podíamos encontrarnos o qué podía estarnos observando.
Alin me hizo señas de algo que se movía un poco más adelante, así que corrimos para encontrarnos con un cuerpo completamente destrozado. Al parecer era el de un hombre, ya que se podía ver su miembro desgarrado. Gaia nos hizo señas para que avanzáramos y, al hacerlo, encontramos a un tipo más, semiinconsciente, por lo que Powell lo levantó para cargarlo sobre su hombro y llevarlo a la moto para esperarnos ahí.
Mientras más avanzábamos, más se aceleraba mi corazón, y lo sentí detenerse cuando vi una sombra pelear entre los árboles. Al acercarme, divisé a una mujer algo herida y a un hombre de no más de veinte años sentado contra un árbol. Algo se arrojó contra la mujer y, al hacerlo, le volé los sesos de un balazo, ganándome una mirada de incredulidad de la mujer. Era mi mamá y moría por abrazarla, pero no teníamos tiempo, ya que podía sentir cómo algo se acercaba a nosotros y, por la manera en la que temblaba la tierra, era grande.
-¡Debemos irnos ahora! -grité, empujando al niño y ayudando a mi madre-
Corrimos lo más rápido que pudimos hasta llegar a las motos y, una vez que acomodamos a los heridos, arrancamos a toda velocidad porque esas cosas se acercaban cada vez más. Podía escuchar cómo una enorme jauría se acercaba aullando, gruñendo y lista para matarnos, ya que se podía percibir el olor a muerte en el aire. Podía verlos chocar entre sí para intentar atacarnos y, a lo lejos, una masa de color negro corría en cuatro patas a gran velocidad, por lo que me recosté en mi asiento y comencé a disparar como lo había hecho infinidad de veces a lo largo de estos años en mis entrenamientos.
Disparé hasta vaciar el cargador, y justo a tiempo, ya que estábamos a nada de cruzar la barrera que la mujer había mencionado antes de que saliéramos. Al cruzar, frené lo más rápido que pude para cambiar el cargador de mi arma y estar lista por si alguno cruzaba, pero no. Ninguno podía pasar. Golpeaban la barrera provocando que esta se iluminara por unos segundos.
Un instante después, los lobos se apartaron aterrorizados mientras un lobo aún más grande y aterrador se acercaba a la barrera. Yo no podía dejar de mirar sus enormes manos y sus grandes dientes. Estaba segura de que, de un mordisco, partiría a la mitad a una vaca, y no a una de tamaño pequeño.
Cuando el lobo se paró, golpeó con una fuerza sobrehumana la barrera, haciéndola temblar y a mí del susto. Pero al subir mis ojos hasta los suyos, todo pareció detenerse, e incluso él se detuvo antes de golpear la barrera nuevamente.
-No puede ser... no me jodas -murmuré, sintiendo sus emociones en mi cuerpo-
No me podía estar pasando esto de nuevo. No otra vez.
Esta vez las emociones eran mucho más intensas que con Declan. Su enojo era mucho más fuerte, su ira y su deseo de sangre, el cual se fue alejando poco a poco para dar paso a un deseo de apareamiento muy intenso, haciendo que mi cuerpo reaccionara, calentándose poco a poco, y mi mente quedara en blanco, al punto de acercarme a la barrera y colocar mi mano en ella sin atravesarla.
Un sonido parecido a un pequeño lamento salió de su boca antes de comenzar a buscar la manera de entrar.
Quería aparearse conmigo a toda costa y, aunque fuera algo... raro, yo también quería hacerlo. Deseaba hacerlo. Era como una gran necesidad.
-¿Por qué a mí? -me cuestioné, a nada de salir de la barrera, hasta que sentí a alguien tomándome de los hombros para tirarme hacia atrás.
Me giraron con fuerza. Tardé varios segundos, pero al reaccionar mi mamá estaba frente a mí.
-¿Mami?-
-Mi amor... mi niña-
-¿Estás...?-
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y me abalancé sobre ella, olvidándome por completo del lobo a mis espaldas.
-Estás... viva -musité, gimoteando como una bebé entre sus brazos. La estaba abrazando después de veinte años, estaba aquí-. ¿Estás bien? ¿Te lastimaron? -le pregunté, tirándome un poco hacia atrás para revisarla, pero se veía igual a cuando se fue, a excepción de sus ojeras-
-Estoy bien, mi vida. Tú... tú estás enorme. ¿Cómo es posible? ¿Por qué estás tan grande? ¿Qué estás haciendo en este lugar? Según mis cuentas, solo han pasado veinte meses, no es posible que seas tan grande-
-Años, pasaron veinte años de nuestro lado, mami-
-¿Veinte... años?-
-Sí. Es por eso que me alteré cuando llegué y escuché lo que esa mujer embarazada dijo. No creí que fuera cierto, pero al verte... no sé cómo es esto posible.
-Veinte años lejos de mi familia...-
-Esa mujer dijo que la abuela murió hace unos meses. ¿La encontraste?-
-No. Ella falleció unos días antes de que yo llegara. Nidel dijo que la barrera se achicó, dejando a varias personas del lado de afuera, y ella fue a ayudarlos. La atraparon antes de que pudiera entrar, junto a tres personas más-
-¿La barrera se achica?-
-Casi diez metros en los últimos quince meses. No tengo idea del porqué, pero quedarnos en este lugar es cada vez más peligroso-
-¿No hay más lugares como este?-
-No que sepamos. En los libros que escribieron las mujeres de nuestra familia no saben mucho al respecto, pero hasta donde decían, la barrera llegaba hasta las ruinas que están a varios kilómetros de acá-
-Ya averiguaremos qué pasa. Mientras tanto, quiero abrazarte de nuevo -le pedí, volviendo a hacerlo y escondiendo mi cabeza en su cuello-. Te extrañé demasiado-
-Estás tan diferente, mi vida, tan adulta y tan grande -lloriqueó, masajeando mi espalda-. ¿Tu padre y tu hermano? ¡Dios, mi bebé!-
-Tu bebé ya es padre y va por su segundo hijo -comenté, separándome solo un poco para tomar mi teléfono, que Maddox me estaba pasando con una leve sonrisa-
-¿Qué es eso?-
-La versión mejorada de tu ladrillo-
-¿Mi ladrillo?-
-Tu teléfono celular-
-¿Eso es un celular?-
-Lo es -aseguré, mostrándole las fotos que nos habíamos sacado hace unas horas... al menos para mí eran unas horas-. Este es papá -le señalé, enseñándole la foto que le tomé desprevenido mientras jugaba con mi sobrino-. Y ese es tu nieto, el hijo mayor de Arne-
-¡Dios! -exclamó, tapándose la boca mientras aguantaba las lágrimas-. Mi amor... -musitó casi sin voz, intentando tocar la pantalla-. Se ve tan avejentado-
-No ha vuelto a salir con nadie desde que tú... No he tenido el valor de decirlo, pero aún te está esperando-
Le enseñé fotos y videos hasta que no lo resistió y se puso a llorar en mis brazos, diciéndome lo mucho que me extrañó y lo mucho que me amaba. Nos quedamos abrazadas por un largo rato, hasta que Alin nos informó que el dron estaba listo, así que tuve que explicarle a mi mamá qué era un dron y lo que íbamos a ver en él.
Al elevarlo, lo primero que se vio fue la cantidad de lobos que había a los alrededores. Eran demasiados como para enfrentarlos solos con el equipo que trajimos; nos matarían si lo intentábamos.
-Son demasiados como para enfrentarlos -aseguró Maddox sin dejar de mirar la pantalla-. Nos matarían en minutos si salimos a buscar comida-
-No necesariamente -aseguré, caminando hacia mi moto para buscar algo dentro de mi mochila-. Esto va a hacer que se alejen -les dije con una sonrisa, mostrándoles la enorme bolsa con fuegos artificiales-. Esto va a hacer que salgan corriendo-
-Y nosotros con ellos -se quejó el pelinegro, algo burlón-
-Habla por ti -le respondió Powell, apoyado en su moto con los brazos cruzados-. Nosotros sí tuvimos un buen entrenamiento para esta misión-
-¿Dices que yo no?
-¿Te has enfrentado a ella? -le preguntó, señalándome, mientras yo lo miraba con una ceja levantada-. Por tu cara, creo que no lo has hecho-
-No, pero eso no cambia nada-
-Sí lo hace -intervine, volviendo a guardar los fuegos artificiales-. A Gaia, Powell, Alin, Víctor, Owen, Chase y Park les rompí casi todos los huesos, mientras que a Grace, Román, Stacy, Robín y Dominika solo les fracturé algunos.
-Diría que me sorprendería, pero después de la paliza que les diste a esos monjes y a ese lobo, puedo creerlo sin problemas -comentó, acercándose a ver la pantalla-. Yo también recibí entrenamiento y puedo demostrárselos cuando quieran-
-Seguro que sí, pero aun así estarás bajo mis órdenes o te romperé las piernas, porque no necesito a un Alfa molesto al cual cuidar-
-Trataré de no darte problemas-
-Nada de tratar, hazlo y punto-
-Sí, mi reina-
-No te pases de listo con ella, Vincent, o en verdad va a dolerte -le advirtió Víctor, apretando su hombro-. Un simple golpe y quedarás inconsciente dos días seguidos-
-¿Qué es eso? -pregunté, señalando lo que parecían ser unas ruinas a unos quinientos metros-
-¿No puede subir más esa cosa? -preguntó mi madre, tratando de ver mejor la pantalla-
-Solo puede llegar a una altura de ciento veinte metros -le expliqué, observando los árboles alrededor-. Park, ¿tienes la mochila pequeña?-
-Sí, princesa-
-Dámela, iré a escalar para que se vea aún más el terreno-
-¿Escalar? -indagó mi mamá, hasta que le señalé el árbol a unos veinte metros-. ¿Vas a subirte ahí arriba? ¿Estás loca, hija?-
-Ma, he hecho cosas mucho peores en estos años. No te preocupes, un poco de altura no me va a hacer nada-
-No se preocupe, reina Cassandra, su hija es más fuerte que cualquier lobo en nuestro hogar-
-Y en el mundo, ciertamente -murmuró Park, entregándome la mochilita-