Género Ranking
Instalar APP HOT
Amor secreto del CEO
img img Amor secreto del CEO img Capítulo 5 ¿A salvo
5 Capítulo
Capítulo 6 Detras img
Capítulo 7 Un encuentro img
Capítulo 8 Celos img
Capítulo 9 Una batalla img
Capítulo 10 Una batalla img
Capítulo 11 Discusiones img
Capítulo 12 Gane img
Capítulo 13 ¿Que opción tenia img
Capítulo 14 Un juego peligroso img
Capítulo 15 En el espejo img
Capítulo 16 Desprecio img
Capítulo 17 La Boda img
Capítulo 18 Bienvenida a mi vida img
Capítulo 19 El tiempo pasa img
Capítulo 20 Nada de ti img
Capítulo 21 Celos img
Capítulo 22 Rivalidad img
Capítulo 23 Deseo insaciable img
Capítulo 24 Quiero img
Capítulo 25 Viene por mi img
Capítulo 26 Agua img
Capítulo 27 Quiero creerte img
Capítulo 28 Positivo img
Capítulo 29 A escondida img
Capítulo 30 Libre img
Capítulo 31 Gritos img
Capítulo 32 Mi esposa img
Capítulo 33 Ayuda img
Capítulo 34 No fallare img
Capítulo 35 Amor img
Capítulo 36 Despertar img
Capítulo 37 Secreto revelado img
Capítulo 38 Tormenta img
Capítulo 39 La duda img
Capítulo 40 No estoy loca img
Capítulo 41 Que ocurre img
Capítulo 42 Jugando conmigo img
Capítulo 43 Son img
Capítulo 44 Es tarde img
Capítulo 45 El caos img
Capítulo 46 En una carcel img
Capítulo 47 Una voz img
Capítulo 48 Atrapada img
Capítulo 49 Dos img
Capítulo 50 Un ataque img
Capítulo 51 El escape img
Capítulo 52 Dos img
Capítulo 53 La verdad img
Capítulo 54 Estar muerta img
Capítulo 55 Una nueva vida img
Capítulo 56 Londres img
Capítulo 57 Compras img
Capítulo 58 Araña img
Capítulo 59 En sus brazos img
Capítulo 60 Saludando a papá img
Capítulo 61 ¿Un nuevo peligro img
Capítulo 62 ¿Te estas divirtiendo img
Capítulo 63 Confrontación img
Capítulo 64 Aprendiendo img
Capítulo 65 Un accidente pequeño img
Capítulo 66 Su llegada img
Capítulo 67 Con ella img
Capítulo 68 Nunca existió img
img
  /  1
img

Capítulo 5 ¿A salvo

El aire dentro de la camioneta era denso, y yo no podía dejar de respirar con dificultad. Cada movimiento de los hombres que me rodeaban parecía amplificar el miedo que me invadía. Estaba atrapada, inmóvil, y lo único que podía hacer era intentar recordar las rutas, las caras de los hombres que me vigilaban, pero mi mente estaba a punto de estallar.

Estaba completamente sola, sin posibilidad de defenderme, sin manera de saber si volvería a ver a Ethan, ni si alguna vez encontraría una salida. Mis manos temblaban de nervios, y el silencio de la camioneta, roto solo por el rugir del motor, me estaba volviendo loca.

Intenté mantener la calma, como siempre lo había hecho en situaciones de angustia, pero algo dentro de mí se rompió. El miedo, la ansiedad, la desesperación se mezclaron en un torrente incontrolable que me sobrepasó. Fue como si algo que había estado dormido por años se despertara, algo reprimido. Y antes de darme cuenta, me vi gritando, por primera vez en mi vida.

Mi voz, salida de lo más profundo de mi garganta, resonó en el espacio cerrado de la camioneta. Mis palabras no eran claras, solo gritos de terror, como si tratara de expulsar todo lo que había guardado dentro por tanto tiempo. Mi cuerpo se convulsionaba con cada grito, y por un momento, no reconocí a la persona que se encontraba en ese asiento.

-¡Déjenme ir! ¡Por favor, suéltame! -grité entre sollozos, sin pensar, sin control.

Nunca había hablado de esta manera, nunca había dejado que mi voz llegara tan lejos. Siempre me había limitado a hacer señas, a mantenerme callada, a someterme al silencio impuesto por años de abuso y dolor. Pero en ese momento, ese dolor salió disparado como una flecha, y no pude evitarlo. Mi garganta ardía, mi pecho se sentía como si fuera a explotar.

Los hombres que me rodeaban se miraron entre sí, sorprendidos por mi grito. Nadie esperaba que hablara, mucho menos que lo hiciera con tanta desesperación. Uno de ellos se acercó a mí, me agarró por el brazo con más fuerza, y me obligó a quedarme en silencio. Pero yo no podía. El pánico no me dejaba.

-¡Cállate! -gritó el hombre que estaba a mi lado.

Intenté zafarme, pero no podía. En ese momento, todo lo que deseaba era escapar, huir de esa pesadilla, de esos hombres que me tenían secuestrada. Pero no podía, y me sentí aún más vulnerable al darme cuenta de lo que me había convertido en ese instante: una mujer gritando, quebrada, completamente desbordada.

Mi cuerpo temblaba de miedo, de rabia, de impotencia. Y mientras seguía luchando por respirar, el sonido del motor de la camioneta cambió. En vez de seguir por el camino que habíamos estado recorriendo, nos desviamos, tomamos una curva y nos detuvimos. La camioneta se apagó, y mi corazón se aceleró al escuchar cómo los hombres comenzaban a moverse a su alrededor, como si estuviéramos a punto de llegar a algún lugar, algún destino del cual no tenía idea.

La puerta se abrió con un estruendo y sentí un tirón en el brazo, arrastrándome hacia afuera. El aire frío me golpeó de inmediato, y me cegó por un momento. Estaba tan aturdida que ni siquiera logré ver dónde estábamos, solo sentí las luces brillantes, las sombras alargadas de los edificios, y una pista de aterrizaje. Mi cuerpo estaba rígido, no podía moverme. Estaba demasiado aterrada para pensar, solo quería que todo terminara.

Me empujaron hacia una pequeña avioneta estacionada cerca de nosotros. La rampa estaba abajo, y podía escuchar las voces de los hombres que me rodeaban. Los pasos se acercaban a mí, el ruido de sus botas resonaba en mi oído, pero algo extraño pasó: escuché un sonido familiar. Un sonido que me hizo detenerme por un segundo.

-¡No la toquen! -Una voz firme cortó el aire.

Era Ethan. No podía ser. Mi mente no podía procesarlo, pero al verlo, todo lo que había sentido se desmoronó. Lo vi de pie, frente a mí, con una expresión decidida, pero también sorprendida. No me lo esperaba. Ni siquiera imaginé que él estuviera allí, pero lo estaba. Y lo vi, con sus ojos fijos en mí, su presencia imponente que hacía que los otros hombres se detuvieran en su camino.

Un fuerte alivio recorrió mi cuerpo, pero al mismo tiempo, una ola de incredulidad me golpeó. Había sido él todo el tiempo, la única persona que podía salvarme. No entendía cómo, ni por qué, pero allí estaba, y algo dentro de mí gritó su nombre:

-¡Ethan!

Mi voz salió con una mezcla de alivio, asombro y desesperación. Era la primera vez que pronunciaba su nombre con tanta claridad, y no pude evitar que las lágrimas comenzaran a caer de mis ojos, mezclándose con el sudor frío de mi frente.

Él dio un paso hacia mí, y sus ojos se agrandaron de sorpresa al escucharme. Por un instante, sus facciones se suavizaron, pero rápidamente recobró su compostura. Aun así, su mirada se mantuvo fija en mí, como si estuviera evaluando la situación, intentando entender lo que acababa de suceder.

-¿Lía? -preguntó, como si no creyera lo que estaba viendo.

El silencio que siguió fue penetrante. Mis manos seguían temblando, pero ahora me sentía un poco más fuerte. Algo dentro de mí había cambiado. Y aunque no sabía lo que me deparaba el futuro, en ese momento, sabía que la pesadilla estaba por terminar.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Ethan se giró y dio una orden a los hombres que lo acompañaban. Fueron rápidos, eficientes, y antes de que pudiera darme cuenta, me habían rodeado. Los hombres que me mantenían cautiva fueron reducidos en segundos, y uno de ellos cayó al suelo, desarmado. La confusión reinaba entre ellos, pero Ethan no mostró ni el más mínimo rastro de sorpresa o temor. Su expresión era tan fría como siempre, pero en sus ojos brillaba una determinación feroz.

-Llévatela de aquí -le ordenó a uno de sus hombres, señalándome con un gesto.

Me tomaron del brazo con suavidad, pero firmeza, y me guiaron hacia una camioneta que estaba estacionada a unos pasos. No podía dejar de mirar a Ethan, tratando de comprender lo que había sucedido, de entender cómo me había encontrado en ese lugar tan lejano de la seguridad de su hogar. Pero no había tiempo para preguntas. Todo sucedía demasiado rápido.

Cuando finalmente subimos a la camioneta, Ethan se acercó a mí, sus ojos todavía fijos en mi rostro. Por un momento, las palabras se estancaron en mi garganta. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo explicarle que me había quebrado, que había hablado por primera vez, solo para gritar su nombre? Pero eso tendría que esperar.

-Estás a salvo ahora -dijo con voz baja, su mirada suavizándose por un segundo.

Era todo lo que necesitaba escuchar.

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022