Capítulo 4 Mi primer hogar.

Todos los recién llegados fueron ubicados en carpas temporales que habían habilitado; los heridos llegaron horas después y fueron atendidos. Daría y sus padres, ellos fueron a la que había sido años atrás su hogar.

-Bienvenidos-dijo Alina.

Ella estaba feliz, había tenido todo exactamente igual, para cuando ellos regresaran.

-Gracias -contestaron Daría y su padre.

E ingresaron a la que había sido su hogar años atrás.

La casa, contaba con dos plantas. Era una casa hermosa, con estilo rústico, donde reinaba la madera, rodeaba de vegetación. En la parte de atrás de ella se unía con el bosque.

**

Daría.

Alina era una mujer sencilla y hermosa, podía sentir el amor que nos tenía a mi padre y a mí, era así como un vínculo.

Ella nos preparó para comer. En lo que mi padre y yo mirábamos fotos en un viejo álbum, en él pudimos ver muchas fotos de mi padre y de ella.

Algunas de ellas eran de su matrimonio y otras fueron en mi nacimiento, confirmándome que sí era su hija.

-¿De verdad es mi madre? -dije casi llorando.

-Así es-dijo mi padre.

-La comida está lista -gritó desde el comedor.

Mi padre y yo nos miramos y sonreímos, se sentía como si nunca hubiésemos estado separados.

Corría hasta la cocina y la abracé, era ese abrazo que siempre había soñado, deseaba saber todo de ella y contarle lo que han sido estos diecisiete años lejos de ella.

-Mi niña -me dijo dándome muchos besos en la cabeza-. No sabes cuánto los extrañé, todos los días fueron un infierno sin ustedes; lo único que me mantenía con vida, era el saber que seguían vivos.

-¿Cómo lo sabías? -pregunté limpiando una lágrima que se me había escapado.

-Cuando tienes a tu mate, el vínculo es fuerte y puedes sentir lo que siente tu pareja, así que sabía que él estaba vivo -dijo mirando a mi padre con amor-. Visité todas las manadas, pero no pude hallarlos y me duele saber que estuve tan cerca de ustedes todos estos años.

-Recuperaremos el tiempo perdido, ahora estamos juntos -dijo mi padre.

-Pero tú no te acuerdas de mí -dijo mi madre, llena de tristeza-. ¿Cómo pudiste olvidarme?

-Lo siento -susurró mi padre.

Era increíble cómo el vínculo hacía lo suyo; mi padre y mi madre actuaban como si llevaran años juntos.

Era evidente el amor y eso me hacía feliz e incluso llegué a imaginar cómo sería encontrar a mi paraje.

Comimos en familia, mi madre nos mostró la casa y nos contó anécdotas de cuando vivíamos juntos.

Mi habitación era linda, había muchos juguetes y fotos de mi madre embarazada, pero era imposible que durmiera en la pequeña cuna.

-Esta noche dormiremos juntos -dijo mi madre-. Mañana iremos a comprar muebles nuevos y ropa.

Yo asentí con una enorme sonrisa, después de tomar una ducha y conversar un largo rato, me quedé dormida en medio de mis padres. Nunca había sentido tanta tranquilidad, me sentía protegida.

Estar cerca de mamá me daba mucha paz, ella se había convertido en mi lugar seguro.

A la mañana siguiente me despertó un rico aroma a tocino frito, abrí los ojos con pereza. Mamá y papá ya no estaban a mi lado, así que me levanté y fui al baño.

Después de tomar una ducha, busqué algo entre la ropa de mamá que me dará, luego bajé. En mi rostro había una gran sonrisa, sonrisa que se agrandó más al llegar a la cocina y ver cómo mamá y papá bailaban al ritmo de la música que salía de un pequeño parlante que estaba encima de la mesa del comedor.

Los observé un largo rato, hasta que mamá se acercó a mí para tomarme de la mano, uniéndome a su gracioso baile.

-Soy la mujer más feliz, gracias por volver a mí-dijo llena de felicidad.

Los tres nos abrazamos y lloramos. Después de desayunar, salimos a comprar todo lo necesario para mi nueva habitación y mucha ropa.

Recorrimos gran parte de la manada, increíblemente había cosas y lugares que papá reconocía, dándole esperanza a mamá de que sus recuerdos llegarán poco a poco.

Mi cabello llamaba mucho la atención, era incómodo tener la mirada de todos en mí, traté de no darle importancia, pero no estaba acostumbrada.

En mi manada, todos estaban acostumbrados a mi apariencia, por lo que no tuve que vivir algo parecido, así que me costará acostumbrarme.

La manada estaba muy bien desarrollada, hay lugares increíbles, me sentía en casa.

Cerca del mediodía nos dirigimos al campamento a brindar ayuda.

Había mucho por hacer, así que estuvimos el resto de la tarde ayudando.

Estaba concentrada ayudando a mi madre a clasificar unos medicamentos. Cuando sentía que era observada, con la mirada busqué por todos lados, pero no vi a nadie. A pesar de todo, no me sentía rara, era una sensación increíble, que hacía que mi piel se erizara.

-¿Sucede algo? -preguntó mi madre.

Negué con la cabeza y seguí en lo mío. El resto del día sentí lo mismo, hasta que llegó el momento de ir a casa.

Los días fueron pasando y cada día íbamos a ayudar a los campamentos, hasta que fueron dados de alta a todos los pacientes, después de eso.

El alfa William nos dio la oportunidad de ingresar a clase, así mismo a los adultos les dio un trabajo.

Todo sería temporal en lo que nuestro alfa lograba reconstruir la manada o conseguir un terreno que pudiéramos habitar.

Me organicé para lo que sería mi primer día de clase, sabía que sería algo incómodo, pues aquí somos unos parecidos, solo esperaba que todo saliera bien.

Busqué algo cómodo y lindo para usar. Mamá se había vuelto loca comprándome ropa.

Papá y yo tratamos de detenerla, pero dijo que debí comparar la ropa que no me había comprado todos estos años, así que no hubo cómo deberla.

Así que ahora tengo mucha ropa y zapatos. Después de tanto buscar, me decidí por un vestido blanco; era ligero y sencillo. Acomodé mi cabello en un moño.

No me maquillé, pues no es algo que me guste. Ya lista, bajé y desayuné con mis padres. Papá se integró a los guerreros, así que trabajara bajo el mando de mamá. Los dos me dejaron en la entrada de la escuela. 

            
            

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