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El primer día de su nuevo acuerdo, Oliver Montenegro se despertó en su lujosa mansión en el centro de la ciudad, mirando a través de los grandes ventanales la vista panorámica del horizonte. La luz suave de la mañana iluminaba su oficina, donde horas antes había dado su consentimiento a una propuesta que, aunque absurda en su superficie, había llegado a sentirse como la única salida posible.
Casi sin pensarlo, había accedido a casarse con Julia. Pero al despertar, se dio cuenta de que ahora todo lo que había sido su vida perfecta, impecable y controlada, estaba en un curso completamente nuevo. El matrimonio de mentira se sentía menos como una broma y más como una jugada peligrosa. A pesar de las promesas de Julia de que todo sería sencillo, Oliver no podía evitar la sensación de que estaba a punto de perder el control de algo mucho más grande de lo que había anticipado.
Se levantó de la cama con un suspiro y se dirigió al baño. Frente al espejo, se observó durante unos momentos, como si estuviera buscando una respuesta a su propio reflejo. ¿Quién era ahora? ¿Era solo un hombre atrapado en un juego de apariencias, o podía encontrar un camino hacia la libertad que deseaba? El agua fría le dio un pequeño choque, y su mente se despejó un poco.
Pero entonces, el teléfono vibró sobre la mesa de noche. Era un mensaje de Julia.
"Tenemos que hablar. He pensado en todos los detalles. Nos casamos en tres semanas. La prensa lo sabrá en dos días. Mañana empezamos con el vestuario y las fotos. Quiero que todo sea perfecto."
Oliver miró el mensaje con una mezcla de sorpresa y miedo. Tres semanas. El tiempo se acortaba. No había vuelta atrás. La presión, que siempre había estado allí, parecía más intensa que nunca. No solo se trataba de cumplir con las expectativas de su familia o sus inversionistas, sino de hacer creer al mundo que él y Julia eran una pareja enamorada.
Era un pensamiento aterrador. Julia y él siempre se habían llevado bien, sí, pero eso no significaba que fueran una pareja romántica. Y aunque su amistad era sólida, ¿cómo fingirían un amor que no existía?
No podía evitar preguntarse si realmente estarían preparados para hacer frente a las complicaciones que surgirían de su plan.
En la mañana siguiente, Oliver se reunió con Julia en su oficina. Ella llegó con una gran sonrisa en el rostro, pero detrás de esa sonrisa había algo que Oliver no podía leer. Como siempre, ella se veía perfectamente arreglada, pero en su mirada había una chispa de algo más. Tal vez era emoción, o tal vez era el mismo miedo que él sentía, solo que disfrazado de seguridad.
-Bien, Oliver -dijo Julia, tomando asiento frente a él con una taza de café en las manos-. Ya tenemos todo listo. Los vestidos, los trajes, la fecha. Todo está bajo control. La boda será espectacular. Ya hemos contactado a los mejores diseñadores. El lugar será el más exclusivo. Nadie podrá sospechar que no estamos realmente enamorados.
Oliver la miró, con el entrecejo fruncido.
-¿Y tú estás segura de esto? Porque parece... mucho.
Julia lo miró fijamente.
-Yo no estoy segura de nada, Oliver. Pero esto es lo que necesitamos. Lo que todos esperan. Y no te preocupes, yo sé cómo manejar todo. Vamos a mantenerlo sencillo. No tiene que ser algo grande, pero tiene que parecerlo. Si hacemos esto bien, nadie sospechará nada.
Oliver asintió, pero algo en su interior seguía resistiéndose.
-¿Y las fotos? ¿Las entrevistas? Sabes que estarán en cada rincón, esperando algo que no sea real.
Julia sonrió, como si tuviera la respuesta a cada preocupación.
-No te preocupes, todo estará cubierto. Ya les dije a los medios que no vamos a dar entrevistas por el momento, que solo queremos disfrutar de nuestra privacidad. Lo único que tenemos que hacer es actuar en público, estar juntos en los eventos, mostrar que somos la pareja ideal.
Oliver cerró los ojos por un momento, intentando imaginarse a sí mismo jugando esa parte. Él, el hombre exitoso, el CEO que había dominado su mundo con frialdad y control, ahora tendría que pretender ser alguien que no era. Estaba a punto de ingresar en un juego en el que ni él mismo podía confiar.
-Está bien -dijo finalmente, abriendo los ojos y encontrándola. -¿Y cómo comenzamos?
Julia se inclinó hacia adelante, sonriendo con una energía renovada.
-Bueno, el primer paso es que debemos comenzar con la apariencia. Tú y yo necesitamos estar en público como una pareja, como si realmente estuviéramos enamorados. Necesitamos comenzar a mostrar afecto en los eventos, a compartir detalles de nuestra relación. Haremos todo lo posible para que la gente piense que esto es real. Nadie tiene que saber la verdad, Oliver.
Oliver la miró fijamente, sabiendo que, si todo esto fallaba, sería él quien llevara la peor parte de la caída. Pero también sabía que, sin Julia, probablemente no habría salido con vida de esta situación.
-Entiendo -respondió con un suspiro, resignado. -Vamos a hacerlo.
Los días siguientes estuvieron llenos de preparativos. Oliver no podía dejar de pensar en cómo se desarrollaría todo. La idea de fingir un amor que nunca había existido en su vida le parecía ridícula, pero también era la única forma de sobrevivir en ese mundo de apariencias.
La prensa comenzó a publicar rumores sobre su compromiso. No pasó mucho tiempo antes de que las imágenes de ellos dos juntos aparecieran en revistas de chismes. A medida que las semanas avanzaban, la tensión se acumulaba. Los mensajes de su madre, que lo felicitaba por su futura esposa, y los comentarios de su padre sobre cómo todo estaba sucediendo como debía, no ayudaban a aliviar la presión.
Una noche, después de una reunión con inversionistas, Oliver se encontró con Julia en su departamento. Estaba agotado, pero Julia estaba como siempre, impecable, llena de energía.
-¿Cómo te va? -preguntó ella, notando la expresión cansada en su rostro.
Oliver se dejó caer en el sofá, tomando una copa de vino.
-No sé si puedo hacer esto, Julia. Cada vez que nos mostramos juntos, siento que estoy mintiendo más y más.
Julia lo miró con comprensión, pero sin dejar que la situación lo derrumbara.
-Lo sé, Oliver. Yo también siento lo mismo. Pero esto no es para siempre. Solo tenemos que mantener la fachada el tiempo suficiente para que todos se convenzan. Y luego, cuando todo esté listo, podremos seguir con nuestras vidas. Esto solo es temporal.
Oliver suspiró profundamente, mirando a través de la ventana. La ciudad brillaba ante él, pero en su corazón sentía una creciente sensación de vacío. Este matrimonio, aunque de mentira, ya había comenzado a cambiarlo. Y lo peor de todo era que ni siquiera sabía qué esperaba realmente de este experimento. ¿Seguiría siendo el mismo hombre después de esto, o el amor, la mentira, los celos y la presión lo cambiarían para siempre?
Solo el tiempo lo diría.