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El día de la boda de mentira llegó con una mezcla de anticipación y estrés que Oliver no podía ignorar. Aunque había estado involucrado en cada detalle del evento desde las decisiones sobre el lugar hasta los colores de la decoración, el peso de la situación se hizo más real a medida que se acercaba la hora. Su vida, su imagen pública, todo estaba a punto de ser definido por esta farsa, y no podía dejar de sentirse una especie de impostor.
La mansión donde se llevaría a cabo la ceremonia era la misma que Oliver había visto en tantas ocasiones en revistas de lujo. Un edificio imponente en las afueras de la ciudad, con jardines cuidadosamente cuidados y una arquitectura que emanaba una riqueza inalcanzable. De alguna manera, se sentía irónicamente apropiado que su boda, aunque no real, tuviera lugar allí. Estaba en un lugar que representaba el pináculo del éxito, pero a la vez sentía que todo lo que estaba construyendo sobre esa base estaba vacío.
La noche anterior, Julia había llegado a su apartamento, un vestido largo y elegante en las manos, que se despliega como una tela de seda dorada, mientras le contaba sobre las últimas confirmaciones de los invitados y el plan para hacer todo lo "real". Aunque la idea de la boda falsa parecía una locura, Julia había logrado, a través de su aguda habilidad para manipular las apariencias, que Oliver creyera que sería más sencillo de lo que parecía. Solo tenían que jugar el papel durante unos meses. Una vez superada esa etapa, la verdad quedaría oculta, y ambos continuarían con sus vidas como si nada hubiera sucedido.
La boda fue transmitida en vivo por los medios de comunicación y era un evento importante tanto para la familia Montenegro como para la sociedad de élite en la que Oliver se movía. Pero a medida que los periodistas y las cámaras se agolpaban alrededor de ellos, la sensación de estar atrapado en una mentira comenzó a atenazarlo.
Julia llegó al altar antes que él, como una visión brillante en su vestido blanco, perfectamente impecable, con una sonrisa falsa que parecía demasiado ensayada para ser sincera. Oliver no pudo evitar notar lo que veía, la suavidad con la que se movía y la manera en que sus ojos brillaban bajo la luz brillante de la iglesia. Julia había dicho que fingirían estar enamorados, pero no dejó de preguntarse si alguna vez, por un momento, algo en ella podría ser más que una simple actuación. ¿Era posible que sus sentimientos se confundieran en medio de este caos?
Mientras Oliver se acercaba al altar, con su elegante traje negro perfectamente ajustado y la cara impasible, pensó por un segundo que todo aquello era tan absurdo. La belleza de Julia, la decoración lujosa, las sonrisas perfectas de los invitados, todo parecía sacado de un cuento de hadas, solo que él sabía que se trataba de una mentira elaborada.
En el altar, los ojos de los dos se encontraron. Julia, con una sonrisa calculada, lo miraba fijamente, esperando que todo se desarrollara como se había planeado. Él, sin embargo, estaba viendo más allá de todo eso. ¿Qué haría si algo cambiaba en su interior? ¿Qué pasaría si se enamoraba de la persona equivocada?
-¿Aceptas a Julia, como tu esposa? -preguntó el sacerdote, con una voz profunda que resonó en la sala silenciosa.
Oliver abrió la boca para responder, y en ese preciso momento, la presión lo abrumó. ¿Qué significaba el "aceptar" a Julia? Estaba aceptando un contrato, una actuación, pero por alguna razón, el término "esposa" le parecía mucho más serio de lo que era. Cerró los ojos por un momento, recordando que no había más salida. Necesitaba hacer esto bien.
-Sí -respondió finalmente, su voz resonando con la firmeza de un hombre que, aunque no creía en lo que estaba haciendo, sabía que no podía retroceder.
La ceremonia continuó como estaba planeado, entre sonrisas falsas y miradas cómplices. Cuando el sacerdote los declaró marido y mujer, el aplauso estalló en la iglesia, y las cámaras hicieron su trabajo, capturando cada gesto, cada palabra, como si fuera la historia de un cuento de hadas moderno.
La primera mentira estaba completada. Ahora vendría la parte difícil.
Después de la ceremonia, la fiesta continuó en una gran recepción llena de lujos y expectativas. Oliver se encontró rodeado de amigos, familiares y colegas de la alta sociedad, todos felicitándolo por su nueva "esposa". Julia, radiante en su vestido, se comportaba como la perfecta esposa, pero Oliver notó que, detrás de su sonrisa perfecta, también había algo que no lograba identificar. Julia había sido su amiga durante años, pero ahora, en medio de este nuevo juego, había una barrera invisible entre ellos.
-Estoy cansada -dijo Julia al oído de Oliver mientras se alejaban de la pista de baile, después de un par de horas en las que ambos habían sido el centro de atención. -¿Te das cuenta de lo que estamos haciendo? Esto no es normal.
Oliver la miró con una mezcla de sorpresa y alivio. Por un momento, parecía como si finalmente compartieran el peso de la farsa.
-Sí, lo sé. Esto no es lo que pensaba que sería. Pero... ¿y si esto sale mal, Julia? ¿Qué si alguien comienza a notar que todo es una actuación?
Julia lo miró, comprendiendo la preocupación en su voz.
-No va a salir mal. Mientras estemos juntos, actuando como si estuviéramos enamorados, nadie sospechará nada. Es todo parte del espectáculo. Lo hemos planeado para que todo parezca perfecto.
Pero Oliver no estaba tan seguro. Algo en su interior, algo que no podía explicar, le decía que había más en esta historia que lo que podía ver a simple vista. ¿Y si, al final, esta mentira no solo dañaba su imagen, sino algo mucho más profundo en su vida? Se preguntaba si estaba jugando con fuego, si era capaz de seguir en este camino sin que sus propios sentimientos, los cuales había estado reprimiendo por años, comenzaran a salir a la superficie.
Esa noche, mientras Julia dormía plácidamente en la habitación de su mansión, Oliver se quedó mirando el techo en la oscuridad. Estaba en un matrimonio ficticio, pero algo en él le decía que no podía continuar así sin enfrentarse a lo que estaba comenzando a sentir. El plan había comenzado, sí, pero él no estaba seguro de cuánto más podría seguir fingiendo que todo era un juego.
Porque en algún lugar dentro de él, algo había comenzado a cambiar.