Capítulo 5 El Desgaste de la Mentira

La vida continuó para Oliver y Julia bajo la misma fachada, pero el desgaste comenzó a ser palpable en cada rincón de sus interacciones. El matrimonio de mentira, que al principio parecía una solución práctica a la presión social y familiar de Oliver, pronto se convirtió en una rutina difícil de mantener. Aunque seguían desempeñando sus papeles como la pareja perfecta ante los ojos de todos, en privado las cosas ya no eran tan sencillas.

Durante las semanas que siguieron al evento de gala, las tensiones se hicieron más evidentes. A pesar de los intentos de Julia por mantener todo en su lugar, Oliver sentía que cada día que pasaba, la mentira se volvía más pesada. La química entre ellos, que al principio había sido un juego de imágenes perfectas, ahora se estaba tornando en algo confuso. En privado, los momentos de cercanía ya no eran solo por obligación. Cada vez que se encontraban cerca el uno del otro, había una energía que no podían ignorar, algo que ni ellos podían negar.

Esa noche, después de una reunión con los inversionistas, Oliver volvió a casa tarde. Había sido un día largo y agotador, pero lo que más lo preocupaba era el informe que acababa de recibir sobre los resultados de la empresa. Su imagen, su reputación, todo se basaba en su habilidad para mantener el control. Pero en su mente, algo más lo consumía. La desconexión que sentía con Julia, en los momentos en que no estaban rodeados de gente, había comenzado a calar hondo en su corazón.

Cuando entró en la mansión, se sorprendió al ver a Julia en el salón, sola, con una copa de vino en la mano. Ella estaba sentada frente a la chimenea, mirando las llamas bailar mientras parecía sumida en sus pensamientos. Oliver se acercó con pasos lentos, sin saber exactamente qué decir, pero sintiendo la necesidad de romper el silencio que había comenzado a asentarse entre ambos.

-¿Todo bien? -preguntó él, rompiendo la quietud de la noche.

Julia giró lentamente hacia él, con una sonrisa vacía en el rostro.

-¿Todo bien? -repitió, como si la pregunta fuera absurda. -Ya no estoy tan segura. ¿Qué estamos haciendo, Oliver?

Oliver la miró fijamente, sintiendo el peso de sus palabras. Aunque lo había estado ignorando, en el fondo sabía que las cosas no estaban bien. La tensión en su voz, en su postura, le decía que Julia también sentía lo mismo.

-Lo que teníamos que hacer -respondió con una leve sonrisa, intentando restarle importancia al asunto.

-Sí, pero no me refiero a eso -dijo Julia, dejando la copa sobre la mesa y levantándose. Caminó hacia él, sus pasos suaves sobre el piso de madera. -Me refiero a esto... A este matrimonio falso. A esta mentira.

Oliver no sabía qué responder. Había intentado convencerse a sí mismo de que todo era solo un juego, pero ahora, con la cercanía de Julia, las palabras le faltaron. Algo en su interior, algo que había estado ignorando durante todo este tiempo, comenzaba a emerger con fuerza. Julia ya no era solo su amiga, su compañera de juego. Comenzaba a ser alguien que ocupaba más espacio en su vida de lo que debería.

-Julia, sabes que esto es solo por un tiempo. Solo necesitamos que todo se calme, que la empresa no se hunda, que mi familia y los inversionistas estén tranquilos -dijo él, intentando racionalizar la situación.

-Lo sé, Oliver -respondió ella, mirando el fuego con una intensidad que parecía profunda. -Pero, ¿y si esto empieza a afectarnos más de lo que pensamos? Estoy empezando a sentir que la mentira nos está consumiendo. Cada vez que te miro, me pregunto si todavía te importo... o si esto ya no es solo una fachada para ti.

Las palabras de Julia lo golpearon como un puño. Sus dudas, que había estado guardando para sí mismo, ahora salían a la luz. ¿A qué punto habían llegado? ¿Estaba ella en lo mismo que él? La idea de que Julia pudiera estar comenzando a cuestionarse el propósito de su matrimonio falso le inquietaba profundamente. Por un momento, se preguntó si había llegado el momento de sincerarse, de poner las cartas sobre la mesa y confrontar la verdad.

Pero no podía. No aún. La empresa, la imagen de su familia, el futuro que había trabajado toda su vida para construir, todo eso dependía de la perfección de este matrimonio. Si se caía, todo se caería con él. Y no estaba dispuesto a arriesgarlo.

-Julia, lo que estamos haciendo es necesario. Solo necesitamos un poco más de tiempo, y todo se resolverá -dijo él, con una firmeza que no sentía en su interior. -Nada más que eso.

Pero Julia no lo miraba con la misma convicción. Ella lo observó en silencio, como si estuviera decidiendo si confiar en él o no. Después de un largo momento, finalmente habló, con una voz que temblaba ligeramente.

-Oliver, estoy cansada de fingir... No sé cuánto más podré seguir con esta farsa. Y no estoy segura de si... si alguna vez volveré a verte de la misma manera.

Oliver sintió un dolor punzante en el pecho al escuchar sus palabras. No podía negar que, en cierto modo, compartía su frustración. El peso de la mentira que ambos arrastraban estaba comenzando a hacer mella en ellos, en su relación, en sus emociones. Pero él no estaba preparado para enfrentarlo aún. No podía. No de esa manera.

-Lo sé, Julia. Pero esto... tenemos que seguir así, al menos por ahora. No tenemos otra opción.

Ambos se quedaron en silencio por un largo rato, solo el sonido del crepitar del fuego rompiendo la quietud. Finalmente, Julia suspiró y se acercó a él.

-Te entiendo, Oliver. Pero te advierto, no podremos seguir con esto por mucho más tiempo si seguimos mintiéndonos a nosotros mismos.

En sus palabras había un peso que Oliver no pudo ignorar. ¿Y si ella tenía razón? ¿Y si todo lo que estaban haciendo los estaba destruyendo por dentro? Se dio cuenta de que lo que en un principio parecía ser un simple acuerdo entre ellos, ahora se había convertido en una lucha interna, no solo para mantener las apariencias, sino también para protegerse de lo que estaban comenzando a sentir.

Esa noche, cuando se acostaron, la distancia emocional entre ellos parecía más grande que nunca. A pesar de que compartían la misma cama, la barrera invisible entre ellos era más fuerte. Oliver se dio cuenta de que algo dentro de él estaba cambiando. Tal vez Julia tenía razón: no podían seguir mintiendo por mucho más tiempo. Algo tenía que cambiar. Pero ¿estaba él listo para enfrentarlo?

Se quedó despierto largo rato, mirando al techo, dándose cuenta de que el verdadero desafío no era el matrimonio falso en sí. El verdadero desafío era lo que este había despertado en su corazón.

                         

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