Capítulo 3 El sufrimiento

Eva, al escuchar el ruido de un motor frente a la casa, sintió un nudo en el estómago. Al asomarse por la ventana y ver a Vicente bajando del vehículo, su corazón comenzó a latir con fuerza. Pero detrás de él, vio otro coche estacionarse. Dos hombres salieron del vehículo, y Eva reconoció a uno: "El Gavilán".

Antes de que Vicente pudiera siquiera tocar la puerta, fue interceptado por los hombres. Uno de ellos lo empujó contra el coche y le exigió que se fuera. Vicente, enfurecido, trató de resistirse, pero "El Gavilán" sacó un cuchillo.

Eva, aterrada, salió corriendo de la casa. -¡Déjenlo! ¡Por favor!- gritó. El corazón de Vicente se llenó de rabia y de amor al verla. -¡No voy a irme, Eva! ¡No sin ti!-

El enfrentamiento estaba cargado de tensión, y Eva se interpuso entre los hombres y Vicente. La situación estaba a punto de escalar. Nancy había subestimado el poder del amor y de la valentía que ambos podrían demostrar.

Eva extendió los brazos, protegiendo a Vicente con su cuerpo. -¡Basta!- exclamó, su voz temblorosa pero decidida. -Si tienen un problema, es conmigo, no con él.-

"El Gavilán" soltó una carcajada burlona, mirándola con desdén. -¿Contigo?- repitió con sarcasmo. -No me hagas reír, Eva. Solo estamos haciendo lo que una persona quiere. Ella no tolera traiciones.-

-No soy su propiedad. ¡Y no voy a seguir bajo su sombra!- respondió Eva con firmeza, encontrando una valentía que ni ella sabía que tenía.

Vicente, aún bajo la presión del segundo hombre, aprovechó un momento de distracción para forcejear y liberar uno de sus brazos. Con un movimiento rápido, empujó al agresor hacia un costado, logrando desequilibrarlo. -No permitiré que la lastimen- dijo con voz firme, poniéndose al lado de Eva.

La tensión crecía. "El Gavilán" empuñaba el cuchillo con una mirada oscura, pero no contaba con que la determinación de Eva y Vicente los había transformado en algo más fuerte que el miedo.

-Déjennos en paz y díganle a esa persona que no tiene poder sobre nosotros- continuó Eva, avanzando un paso hacia los hombres.

De pronto, se escuchó el sonido de una sirena en la distancia. Los hombres intercambiaron miradas nerviosas. "El Gavilán" retrocedió, guardando el cuchillo bajo su chaqueta. -Esto no termina aquí- murmuró antes de subir al vehículo con su compañero. En cuestión de segundos, se alejaron, dejando tras de sí una nube de polvo.

Vicente tomó a Eva de las manos, mirándola con intensidad.te, Eva. Estar contigo es lo único que importa.-

Eva, con lágrimas en los ojos, asintió. -Lo enfrentaremos juntos, Vicente. Ya no más miedo.-

El peligro había pasado, pero ambos sabían que la amenaza de esa persona no desaparecería tan fácilmente. El enfrentamiento apenas había comenzado, y necesitarían más que amor para sobrevivir.

Aún así, Eva, quería que Vicente se fuera de su vida que hombre comprometido no iba estar. A lo que Vicente no entendió absolutamente nada, un poco confundido, por un momento.

-¡No me cansaré! De investigar, tu cambio tan repetino.- dijo Vicente huyendo de lágrimas.

-Lo siento- dijo Eva con lágrimas en los ojos.

Sin embargo, por otro lado, Teresa tenía otro plan para dejar a Eva en la calle sin casita. Teresa, citaba a Nancy en el Sambil, frente de una tienda de ropas de moda casuales, Nancy llegaba muy elegante a la cita del encuentro con Teresa.

-Hola, ¡Suegra! Ando en cómo conquistar a Vicente, su hijo es muy duro.- dijo Nancy sonriendo.

-Lo se, ¡Tranqui! Vengo con otro plan.- dijo Teresa demostrando autoridad.

-¡Si, como cuáles.- dijo Nancy con mas curiosidad.

-¡Dejar sin casa a Eva! Que tal la idea, ya tengo los hombres quienes va hacer el trabajo.- dijo Teresa tranquila.

Vicente salió de la casa de Eva, desconcertado por su actitud. Mientras caminaba por las calles desiertas bajo la luz tenue de los faroles, su mente no dejaba de darle vueltas a las palabras de Eva. ¿Qué estaba ocultando? ¿Por qué se alejaba de él de repente?* Se prometió a sí mismo que descubriría la verdad, sin importar las consecuencias.

Por otro lado, Teresa y Nancy continuaban su maquiavélico plan sentadas en la elegante cafetería del centro comercial. Teresa extendió un sobre sellado frente a Nancy.

-Aquí tienes las direcciones de los hombres que harán el trabajo. -dijo Teresa, inclinándose hacia Nancy con una mirada implacable-. Asegúrate de que todo parezca un accidente. Nadie debe sospechar.

Nancy tomó el sobre con nerviosismo, pero asintió. El brillo de la ambición superaba cualquier rastro de duda en su rostro.

Mientras tanto, Eva estaba sola en su casa, con las luces apagadas. Se miraba al espejo, sus ojos aún hinchados de tanto llorar. Sabía que había tomado la decisión correcta al alejar a Vicente, pero eso no hacía el dolor más llevadero. De repente, un ruido extraño la sacó de sus pensamientos. Se escuchó el crujir de una puerta en la parte trasera de la casa.

-¿Hay alguien ahí? -preguntó Eva con la voz temblorosa.

El silencio respondió. Pero en la penumbra, pudo distinguir una sombra moviéndose lentamente por el pasillo. El corazón de Eva latía con fuerza, su mente llenándose de imágenes de lo peor.

Mientras tanto, Vicente, incapaz de ignorar su preocupación por Eva, decidió regresar a su casa. Al acercarse, notó algo extraño: una camioneta negra estacionada cerca de la entrada y las luces del interior de la casa apagadas. Su instinto le gritó que algo no estaba bien. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la puerta y la encontró entreabierta.

-¡Eva! -gritó, entrando apresuradamente.

Lo que vio lo dejó helado: Eva estaba acorralada por dos hombres enmascarados, uno de ellos sujetando un bate de béisbol. Sin pensarlo dos veces, Vicente tomó un jarrón del pasillo y lo lanzó hacia uno de los hombres, provocando un estruendo que resonó por toda la casa.

La escena se transformó en un caos. Eva aprovechó la distracción para correr hacia Vicente, mientras los hombres enmascarados gritaban entre sí, intentando recuperar el control. Vicente agarró a Eva.

            
            

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