Respiro con fuerza mientras corro por el bosque, es un juego extraño.
No tengo miedo, sino...
-Huye cuanto puedas pastelito.
Adrenalina pura, corriendo por cada centímetro de mi cuerpo. Me siento tan jodidamente viva.
Mis piernas se enredan entre las ramas pero logro sacarme de ellas cada vez.
Una risa profunda se introduce por la maleza hasta llegar a mi pecho, es... joder, es...
Jadeo cuando finalmente el bosque me lleva de regreso, como si fuera un bucle interminable.
La enorme sombra se levanta sobre mi cabeza, sus ojos me hipnotizan, son diferentes el uno del otro.
-¿Quién eres?.- mis dedos casi pueden tocar su piel sé que casi puedo descubrirlo esta vez, sonríe como si estuviera burlándose de mi.
Ya casi...
Solo un poco mas...
-¿Briella?
Abro los ojos sintiendo la fina capa de sudor que cubre mi frente, cada noche es igual, cuando casi siento que puedo verlo, que mis dedos están a punto de tocarlo simplemente despierto, llegados a este punto es frustrante despertar sin saberlo.
Tan decepcionante.
¿Quién se supone que es él? ¿Por que me atormentaría cada noche?
Parpadeo un par de veces antes de mirar a Zad quien me toca con manos suaves y movimientos cuidadosos.
-¿Zad? ¿Qué haces aquí?
La preocupación se refleja por todo su rostro.
-Escuche tus gritos.
Me despabilo mirando por la ventana, afuera todavía esta oscuro.
-¿Gritos?
-Has estado haciéndolo cada noches desde el día del incidente, ¿va todo bien?
Levanto las cejas, no sabia que había estado haciéndolo.
-Oh... lo siento, por mi culpa no puedes dormir, yo...
Intento levantarme de la cama pero me detiene clavando las manos sobre mis hombros, plantándome en el mismo lugar.
-Briella, has estado actuando extraño desde ese día, ¿estas segura de que no recuerdas nada?
Abro la boca pensando seriamente en si debería decirle la verdad, pero nada me garantiza que no se lo diga al pastor, así que cierro la boca y niego limpiándome el sudor.
Empujo mi cuerpo fuera de a cama al mismo tiempo que me quito de encima a Zad, últimamente se siente extraño tenerlo cerca, antes me llenaba de paz, ahora es solo... ansiedad y mas ansiedad, como si no soportara su calor.
-Lo siento Zad, sé que debe ser decepcionante que no pueda darles información.
Tomo un vaso llenándolo de agua en mi vieja mesa de madera, casi puedo sentir como frunce el ceño.
-No lo es, Bri, solo me importa tu bienestar.
Ácido caliente baja por mi esófago, últimamente, especialmente después de lo del bosque, ¿como podría decirme eso? ¿Es realmente que no sabe las palizas que el pastor nos propicia a todas las monjas? O ¿complemente decide ignorarlo? No quieren mi bienestar solo quieren que cierre la boca.
-Gracias Zad.- finjo una sonrisa.- pero no deberías estar aquí, si alguien te ve puedes meterme en problemas.
Me recargo sobre la silla que esta metida debajo de la mesa dejando solo la parte superior un poco mas alta para que pueda tomar los extremos sin agacharme.
-Esta bien, estaré a solo un grito de distancia, llámame si tienes pesadillas, estoy seguro de que puedo preparar una infusión para ti.
-Muchas gracias otra vez.- Vuelvo a sonreír y me olvido por un momento de la incomodidad, no se porque me siento furiosa, recuerdo que cada vez que algo me sucedía desde que era una niña él siempre estuvo ahí para cuidarme.
"¿Qué esta sucediendo conmigo?"
-Descansa Bri.- su tono amable resuena en mi mente y me hace sentir culpable.
-Buenas noches Zad.
Se levanta de la cama juntando los labios en una fina línea y camina a la puerta, sin decir nada cierra y yo respiro profundo sintiéndome aliviada.
Antes de acostarme me asomo por el pequeño cuadro que tengo por ventana, es entonces cuando creo ver el destello, uno azul y el otro dorado.
Me paralizo, incapaz de decir una sola palabra o de moverme por miedo a perdérmelo.
Luego desaparece en la oscuridad dejándome ahí pensando que me estoy volviendo completamente loca.
***
Salgo del rosario del medio día dispuesta a continuar con mis actividades, llevo al cuarto de lavado uno a uno los canastos llenos de hábitos sucios, las cosas están volviendo a la normalidad, el resto de las hermanas me miran de reojo, la lastima dejo de serlo para pasar a curiosidad, a veces se acercan a mi solo para preguntarme como estoy y si recuerdo algo, todas ellas saben que fue lo que paso o lo que probablemente sucedió pero como siempre respondo
-Oh, ojala pudiera recordar algo, por ahora si ese loco sigue afuera manténganse en sus habitaciones por la noche.
Ellas me miran con lastima, no hay nadie aquí a quien considere mi verdadera amiga, todas somos muñecas de una colección privada.
Mientras atravieso el patio por la enorme fuente justo junto al rosal que invade la estatua de la virgen hay un colibrí, uno de colores tornasol que parece mirarme directamente, dejo la canasta en el suelo para poder prestarle atención, sus alas no se detienen una vez leí que si lo hacían su corazón dejaba de latir, es como si estuvieran eternamente condenados a trabajar sin descanso, no tengo ni la menor idea de si es real o no, pero si lo es debe ser una tortura.
El colibrí paso por mi lado y se aleja en dirección a la enorme cruz que se sostiene sobre la punta de la iglesia.
Una extraña punzada tira de mi pecho mientras lo veo marcharse, incluso cuando esta lejos no puedo evitar sentir una picazón en mi palma, tampoco puedo apartar la mirada, me siento innecesariamente atraída a ese vacío, no hay nada pero todo gira en torno a ese lugar.
Si pudiera brincaría ahora mismo.
Aprieto el puño frunciendo el ceño, ¿que me esta sucediendo? ¿Por que no puedo dejar esta sensación?
Un extraño vacío en mi estomago, podría comer y comer y comer y jamás llenaría el hueco que habita en él.
Niego olvidándome del tema, recojo la canasta de hábitos lista para marcharme.
Creo que es entonces cuando siento que no esta todo en mi cabeza, cuando creo que no me vuelo loca.
A un paso de distancia hay dos plumas de lo que parecen aves.
Una negra y una blanca, demasiado brillantes para ser reales y sumamente largas para ser de un animal.
Las recojo de inmediato como si se tratara de un tesoro guardándolas entre mi habito y los leggins que siempre llevo debajo.
Mi respiración se vuelve pesada, mi mano tiembla y mi cuerpo vibra con una necesidad insoportable.
Quiero algo, no... necesito algo.
Es solo que no se de que se trata.
"Encuéntrame pastelito"
La voz que resuena en mis oídos me paraliza, miro en todas direcciones pero no hay absolutamente nadie, sin embargo, quiero correr, necesito encontrarlo...
Pero, ¿a quien?