Miro por la ventana, con la esperanza de encontrar algo, lo que sea.
Paso horas inundándome de ilusión.
Pero ni siquiera se que estoy buscando o a quien demonios estoy esperando.
"Es ridículo Briella"
La vocecita en mi interior me recuerda que puedo estar volviéndome loca o que quizá son los efectos secundarios de estar al borde de la muerte.
Con esto en mente me voy a la cama, respiro profundo el olor a cera gastada y polvo acumulado mientras dejo que el sueño me atrape envolviéndome en sus redes.
Abro los ojos pero no estoy en mi cama, miro a mis alrededores, el bosque espeso se cierne sobre mi cabeza y de nuevo esta esa sensación me pecho, como si estuviera esperando una carrera mientras la cuenta regresiva suena en mis oídos.
Miro mis pies desnudos, puedo sentir el aire golpeando mi piel con brusquedad, puedo sentir la brisa nocturna pasando a través de mis dedos cuando los estiro solo para saber que tan real es.
Un crujido detrás de mis dedos cuando me pone alerta y giro solo para encontrarme con mas y mas oscuridad.
Mi corazón se acelera con la necesidad de encontrarme lo que sea que necesite, lo que sea que mi cuerpo pide.
-Búscame.- susurra en mi oído pero cuando lo hago desaparece.
-¿Cómo?.- pregunto en voz alta.
-Encuéntrame.- Responde jugando conmigo.
Siento que me vuelvo loca.
-Dime como, por favor...
No se de que se trata esto, pero el hueco en mi estomago se hace cada vez mas y mas profundo y el eco de su voz atraviesa mi craneo.
-Encuéntrame.- susurra una vez mas sin responder a mis preguntas, pero lo huelo la madera ahumada la sal marina y las moras.
De pronto hay sangre en mis manos, no duele pero sale de algún lugar a borbotones y no la puedo detener, me asusta muchísimo.
-Ayúdame.- le suplico y el recuerdo de sus ojos me golpea el rostro.
Azul y dorado e intento desesperadamente guardarlo en mi memoria mientras siento unas garras clavándose en mi estómago, una respiración agitada se agolpa en mi cuello, las manos perforan mi estomago y de pronto el color se acumula ahí abajo, en donde tenemos prohibido tocar porque es para uso personal de mi padre, es tan dolorosamente placentero que me retuerzo.
Lo que sea que esta tomándome no es humano porque nos eleva en el aire mientras continuo sintiéndome atrapada, lo extraño es que no quiero que me suelte.
Le rodeo el cuello con mi mano ensangrentada estirándome para alcánzalo en esta posición, mi espalda contra su pecho su mano en mi interior.
De pronto algo explota como fuego artificiales haciéndome ver colores.
-Mierda.- susurra antes de olerme profundamente una vez.- Se acabo la diversión pastelito.
Es entonces cuando me suelta, dejándome caer, no tengo miedo de morir, tengo miedo de jamás descubrir quien es o mejor dicho... que es, así que abro los ojos para intentar capturarlo pero no hay nada.
Nada, nada, ¡NADA!
-¡Briella!
Suelto un jadeo, mi respiración acelerada hace que me duela el pecho e instintivamente me llevo una mano al mismo.
Reviso con la mirada cada rincón de mi habitación, pero esta tan vacía como tranquila, luego miro a Zad, sus manos están al rededor de mis brazos, me mira lleno de preocupación y todo lo que puedo pensar es en saltar por la ventana e ir a buscar lo que sea que...
Me toco la cabeza.
"¿Qué estaba buscando?"
"¿Qué fue lo que soñé?"
-Zad...- digo derramando lagrimas llenas de frustración.- ¿Qué esta pasando conmigo?
Sus ojos enmarcan mi silueta temblorosa, es entonces cuando me abraza, con fuerza y algo parecido a La Paz se desliza por mi columna.
-Lo averiguaremos Bri, prometo que voy a ayudarte.
Me deja llorar en en su pecho hasta que termino de vaciarme.
***
La incomodidad todavía persiste bajo mis pijamas, tengo que frotarme mis muslos para calmarme, es extraño porque nunca tuve esta extraña necesidad de tocarme... ahí.
Tuerzo los labios e intento quedarme quieta cuando Zad vuelve con una taza humeante de té, es una maravilla como siempre se ve dorado, como si le pusiera brillantina a todo, me la entrega con una pequeña sonrisa en los labios.
-Gracias.- soy sincera con él.
Su mano limpia mis mejillas, hasta ahora no había notado que lloraba.
-¿Qué sucede en tus pesadillas?
Lo que pasa es que no son pesadillas son sueños que al final no puedo recordar, sueños que me dejan la amarga sensación de querer seguir ahí, una dulce y lenta tortura a la que me sometería una y otra vez, el problema es que no se porque, como si solo pudiera seguir el hilo de la historia mientras estoy ahí y cuando despierto comienza la verdadera pesadilla.
-No puedo recordarlas.
-¿Ni un poco?
Niego dandole un sorbo a la bebida, sintiéndome inmediatamente alterada, suelto la taza quemándome la mano en el proceso, la palma de mi mano arde, demasiado, como si en lugar de té hubiesen puesto lava caliente.
Zad se levanta de inmediato para limpiarme pero cuando toma mi mano ahí esta esa voz.
-No dejes que te toque.- susurra en mi oído.
Le arrebato mi mano acercándola a mi cuerpo, ni siquiera se porque obedezco pero lo hago.
-Lo siento... es solo que... arde, siento haber derramado el té, yo...
Su mirada se enternece, toma un par de pañuelos de la vieja mesa y se acerca entregándomelos.
-Bri, esta bien, fue un accidente, no tienes que disculparte.
-Aún así lo siento mucho.- digo limpiando todo como si pudiera secar el ardor.
-Has pasado por muchas cosas las ultimas semanas, es normal sentirse extraña, las cosas volverán a ser como eran, solo tienes que tener fe.
Tener fe... como si eso me hubiera ayudado alguna vez.
Tuerzo los labios en una sonrisa y asiento.
-Quizá deba dormir ahora.
-¡Oh! Claro, lo siento...
Se pasa una mano por el cabello y veo lo guapo que es, nunca había pensado en él de esa manera pero ahora se siente extraño verlo como un hombre.
Cierto los ojos negando.
"No, no lo hagas Briella"
-¿por que no? ¿No te gusta?.- esa voz, esa maldita voz.- piensa en como te tocaría, en como se sentiría tu dulce coño.
-¡No!.- grito deteniendo a Zad.
-¿Qué?
Pienso en una excusa rápida.
-No apagues la luz.- miento.
-Oh...
-Eres tan sucia como creí pequeño pastelito.- la voz da vueltas en mi cabeza mareándome.
-Buenas noches Bri.
-Buenas noches Zad.
Cierra la puerta en silencio mientras mi entrepierna esta desesperada por ser tocada.
Y eso es justamente lo que quiero darle.
Por primera vez necesito un poco de lo que todo el mundo llama placer.
Y lo que mi padre llama pecado.