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Nivel Cero Amor
img img Nivel Cero Amor img Capítulo 2  Frente a frente, por primera vez
2 Capítulo
Capítulo 6 Me vigilan img
Capítulo 7 Primer encuentro frío img
Capítulo 8 Lucía investiga el área restringida de la empresa img
Capítulo 9  Bruno le advierte a Lucía img
Capítulo 10 Tareas confidenciales img
Capítulo 11 Dudas y primeros cuestionamientos img
Capítulo 12 Bruno muestra su lado vulnerable img
Capítulo 13 Lucía observa la soledad de Bruno img
Capítulo 14 Bajo presión img
Capítulo 15 Amenaza interna img
Capítulo 16 Contacto Directo img
Capítulo 17 La línea se tensa img
Capítulo 18 Primer momento de complicidad inesperada img
Capítulo 19 Lo que no puede negar img
Capítulo 20 Bruno lucha contra sus propios sentimientos img
Capítulo 21 Ver lo que no se debe img
Capítulo 22 Un silencio mortal img
Capítulo 23 La confrontación inevitable img
Capítulo 24 Flashback img
Capítulo 25 La crisis de conciencia img
Capítulo 26 Movimientos en el subsuelo img
Capítulo 27 Bajo la superficie img
Capítulo 28 ¿Segura img
Capítulo 29 El rastro img
Capítulo 30 La tensión explota img
Capítulo 31 La fugitiva img
Capítulo 32 Vox cero img
Capítulo 33 Lealtades partidas img
Capítulo 34 Silencio terminal img
Capítulo 35 Zona fantasma img
Capítulo 36 Códigos de humo img
Capítulo 37 El asiento vacío img
Capítulo 38 La grieta img
Capítulo 39 Inicio img
Capítulo 40 Interrogatorio img
Capítulo 41 La Lista Negra img
Capítulo 42 Lucía está en la lista img
Capítulo 43 Huir por una noche img
Capítulo 44 Que crean que no hay nada entre nosotros img
Capítulo 45 Desde la sombra img
Capítulo 46 La llamada del fundador img
Capítulo 47 La sombra del fundador img
Capítulo 48 Heridas invisibles img
Capítulo 49 Ojos que observan img
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Capítulo 2  Frente a frente, por primera vez

Lucía se detuvo frente al espejo del baño ejecutivo. La luz blanca, intensa y pulcra del plafón le devolvía una imagen que no parecía del todo suya. Su cabello oscuro recogido en un moño tirante, sin un solo mechón fuera de lugar, enmarcaba un rostro severo y pálido. Bajo sus ojos, las ojeras comenzaban a dibujarse como pequeñas sombras, casi imperceptibles, pero constantes. Vestía una blusa de seda blanca de cuello cerrado, combinada con un pantalón gris perla de corte recto y zapatos de tacón medio: todo cuidadosamente escogido para transmitir profesionalismo, autoridad y distancia.

Inhaló profundamente. Las paredes cubiertas de acero inoxidable reflejaban su figura como una repetición infinita de sí misma. Estaba acostumbrada a ese reflejo. A la imagen de la ejecutiva imperturbable, a la mujer que no titubea. Pero desde el primer cruce de palabras con Bruno Ortega, algo parecía fuera de lugar.

«No pierdas el enfoque», se repitió en silencio. «No eres una más. No viniste a encajar. Viniste a ordenar lo que nadie quiere ver».

De regreso a su oficina, los ventanales ofrecían una vista panorámica de la ciudad encapotada. Era un mediodía gris y ruidoso en el exterior, pero dentro de la NCA reinaba el silencio clínico. Lucía se sentó, entrelazó las manos sobre el escritorio de vidrio y repasó las notas del informe de clima laboral. Todo era una fachada: encuestas manipuladas, testimonios vacíos, sugerencias descartadas. La cultura organizacional era una cáscara brillante que escondía un núcleo podrido.

Un golpe seco en la puerta la sacó de sus pensamientos. Se abrió con precisión. Bruno Ortega cruzó el umbral sin esperar permiso, aunque con una elegancia cuidadosamente medida.

-¿Me esperabas? -preguntó sin sonreír, acomodándose el saco azul marino mientras sus zapatos de cuero negro brillaban bajo la luz blanca.

Lucía no se levantó. Lo observó con la misma frialdad con que evalúa a todos los empleados: desde el peinado -ordenado, sin una hebra fuera de lugar- hasta el reloj de pulsera carísimo que llevaba con una indiferencia casi estudiada.

-Tenía la sensación de que aparecerías -respondió ella, señalando una silla frente al escritorio.

Bruno se sentó con lentitud. Acomodó su portafolio de cuero sobre las piernas y entrelazó los dedos. Parecía relajado, pero Lucía detectó la tensión en sus hombros.

-Entonces ya sabes por qué estoy aquí -dijo él.

Ella asintió, deslizando hacia él una carpeta con el logotipo de NCA grabado en plateado. En su interior, el informe detallado de una intervención crítica.

-Tu departamento encubrió irregularidades en el área de adquisiciones. Mi tarea es revisar cada paso y aplicar correctivos. -La voz de Lucía era suave, pero su tono no dejaba lugar a objeciones.

Bruno abrió la carpeta con parsimonia. Pasó las hojas sin mirarlas realmente, como si ya conociera el contenido.

-Tus informes tienen filo. Cortan con elegancia -comentó con una leve sonrisa.

-No vine a hacer amigos.

-Eso está claro. -La sonrisa se desvaneció. Su mirada se volvió opaca, casi triste por un instante-. Pero sabes que esto no es solo un juego de normas. Hay cosas que... simplemente no salen en las auditorías.

-¿Cómo qué?

-Como los hilos que atan a ciertas personas. Las lealtades que no figuran en los contratos. Las órdenes que no se entregan por escrito. Sabes a qué me refiero, Lucía.

Ella lo miró, tratando de entender si su tono implicaba una advertencia o una confesión. Había algo en la forma en que decía su nombre, sin dureza, casi con respeto.

-Yo no tengo hilos -replicó con frialdad.

Bruno inclinó la cabeza levemente, como aceptando un golpe justo.

-¿Y nunca has sentido que alguien podría verte más allá del papel que interpretas aquí dentro? ¿Que hay algo que se escapa del control y no es necesariamente una amenaza?

Lucía se tensó. Su respiración se hizo más corta. ¿Estaba sugiriendo...?

-Todo lo que se escapa del control es una amenaza -respondió con firmeza.

Bruno asintió, pero sin dejar de mirarla a los ojos. Había algo en su mirada que no era confrontación, sino insistencia suave. Una especie de súplica muda.

Bruno:

«Es implacable. Fría como el acero que cubre estos muros. Pero hay algo en su mirada cuando se siente sola. Un temblor minúsculo que apenas se nota. Me recuerda a mí mismo cuando llegué aquí, con la esperanza de que el trabajo me protegiera del mundo. ¿Y si aún queda algo humano entre tanta estructura? ¿Y si no estoy completamente solo?»

-Lucía -dijo él en voz baja-. Tal vez lo que ocurre aquí no sea solo trabajo. A veces uno sobrevive aferrándose a otra cosa. Aunque esté prohibido.

Lucía:

«¿Qué está insinuando? No puede estar hablando de... ¿nosotros? No hay un nosotros. No puede haberlo. Esta cercanía me incomoda, pero al mismo tiempo... es la primera vez en años que alguien me habla como si me viera. No como una herramienta, ni una amenaza, sino como una persona. ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué me hace sentir vulnerable con una sola frase?»

Ella rompió el silencio con un tono más suave.

-No deberías insinuar eso. Sabes las políticas. Las relaciones están prohibidas dentro de la corporación.

Bruno se puso de pie lentamente. La carpeta quedó olvidada sobre la mesa.

-No insinué nada. Solo dije que algunos se aferran a lo único que les queda -y la miró con una intensidad que le provocó un escalofrío.

Lucía no respondió. Su cuerpo seguía perfectamente inmóvil, pero algo en su interior temblaba. No tenía miedo. Era otra cosa. Una grieta mínima. Apenas visible.

Él caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo.

-A veces, incluso los ejecutores necesitan redención.

Y se fue.

Lucía bajó la mirada hacia la carpeta. Luego, alzó los ojos hacia el ventanal. La ciudad seguía allí, impasible. Pero por dentro, el edificio comenzaba a crujir.

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