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Venganza de La Esposa Pura
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Capítulo 2

"Sofía, mi amor, ¿qué haces aquí?"

La voz de Ricardo sonaba falsamente preocupada, pero sus ojos eran fríos, calculadores. Se acercó a ella, intentando tomarla del brazo.

"Solo era una broma, ¿verdad, muchachos? Una broma de mal gusto", dijo Ricardo, mirando a sus amigos con una advertencia en los ojos.

Ellos asintieron, sus sonrisas burlonas apenas disimuladas.

"Claro, Ricky. Solo estábamos bromeando", dijo Javier, acercándose a Sofía con una familiaridad repugnante. "¿No aguantas una bromita, cuñada?"

Intentó tocarle el hombro, pero Sofía se estremeció y se apartó como si su toque quemara. El olor a alcohol y a colonia barata de esos hombres la asfixiaba.

"No... no me toques", susurró ella, la voz rota. Miró a Ricardo, buscando una pizca de remordimiento, de humanidad. No encontró nada. Solo una fría advertencia.

"Sofía, no hagas una escena", siseó él en voz baja, su agarre en su brazo ahora más fuerte, doloroso. "Vámonos a casa y hablemos".

Camila se rió suavemente. "Parece que la princesita es un poco sensible. Quizás no está hecha para nuestro mundo, Ricardo".

Sofía miró a Camila, y luego a Ricardo. Vio la complicidad entre ellos, la forma en que él la miraba a ella, una mirada que nunca le había dedicado a Sofía. Todo era verdad. Cada palabra horrible que había escuchado.

Ella recordó todos los sacrificios que había hecho. Había dejado su carrera, sus amigos, su vida, para convertirse en la esposa perfecta para él. Había soportado su indiferencia, excusado su frialdad, creyendo que con el tiempo y el amor, él cambiaría. Qué ilusa había sido. La habían arrastrado a un pozo de suciedad y mentiras.

Sin decir una palabra, se soltó del agarre de Ricardo con una fuerza que no sabía que poseía y salió corriendo del edificio. Corrió sin rumbo, las lágrimas cegándola, el sonido de sus risas persiguiéndola.

Cuando finalmente llegó a la casa que compartían, que ahora se sentía como una prisión, subió directamente a su habitación. La habitación donde había ocurrido todo. La cama, las sábanas, todo le daba asco. Sus ojos recorrieron el cuarto frenéticamente, buscando. Y entonces la vio.

En una esquina del techo, disfrazada como un detector de humo, había una pequeña lente negra. La cámara.

Un grito ahogado escapó de sus labios. Tomó la lámpara de la mesita de noche y, con toda la furia y el dolor que sentía, la arrojó contra el techo. El plástico se hizo añicos, y la cámara cayó al suelo. La pisoteó una y otra vez, hasta que no fue más que un montón de circuitos rotos.

Luego se derrumbó en el suelo, llorando desconsoladamente. Se sentía sucia, manchada, sin valor. La vida que había soñado se había evaporado, dejando solo una verdad nauseabunda. Ya no tenía ganas de vivir.

Horas después, Ricardo llegó a casa. Encontró a Sofía en el suelo, rodeada de los restos de la cámara.

"¿Qué diablos pasó aquí?", preguntó, su tono más molesto que preocupado. "¿Estás loca?"

Sofía levantó la vista, sus ojos rojos e hinchados. "¿Una broma, Ricardo? ¿Grabarme mientras tus amigos me violaban era una broma?"

Él suspiró, pasándose una mano por el pelo con frustración, como si ella fuera un problema molesto. "No exageres, Sofía. Te lo dije, fue un malentendido. Estábamos borrachos, diciendo tonterías. Te amo, ¿entiendes? Por eso me casé contigo".

La palabra "amor" saliendo de su boca era el peor de los insultos.

"¿Me amas?", repitió ella con una risa amarga. "Nunca me has tocado desde esa noche, Ricardo. Ni un beso, ni una caricia. ¿Por qué? ¿Porque te doy asco después de que tus amigos me usaron?"

La pregunta lo tomó por sorpresa. Su rostro se tensó.

"Claro que no. Es solo que... he estado ocupado con el trabajo", mintió torpemente. "Además, mira, ¡lo logramos! Estás embarazada. ¿Ves? Todos mis 'esfuerzos' de esa noche valieron la pena".

Su sonrisa era cínica, cruel. Reducía el milagro de la vida que crecía en ella a una simple consecuencia de su plan perverso.

Sofía lo miró, y por primera vez, no vio al hombre del que se había enamorado, sino a un monstruo. Un monstruo que la había engañado, utilizado y destruido. Y se dio cuenta de que la pesadilla apenas estaba comenzando.

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