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Mi Perro, Mi Venganza
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Capítulo 1

Sabía que mi vida se había roto en mil pedazos, pero nunca imaginé que la reconstrucción sería tan dulce, tan satisfactoria. Hoy, parada en el balcón de mi penthouse con vista a toda la ciudad, con una copa de vino en la mano y el éxito como mi única compañía, a veces recuerdo ese día, el día en que todo se derrumbó para dar paso a lo que soy ahora, una mujer libre, una abogada temida y respetada, una reina en mi propio castillo. Pero para llegar aquí, tuve que caminar sobre las cenizas de mi antigua vida, una vida que resultó ser una mentira podrida hasta la médula.

Todo comenzó en nuestro décimo aniversario de bodas, o al menos, lo que yo creía que era una celebración. Ricardo, mi esposo, me había enviado un mensaje por la mañana.

"Mi amor, esta noche tengo una sorpresa para ti. Ponte hermosa. Te veo en el restaurante 'La Cima' a las 8. No puedo esperar a celebrar contigo."

Mi corazón se llenó de una calidez familiar, una alegría ingenua. Durante diez años, había dedicado mi vida a él y a nuestra hija, Valentina. Trabajaba sin descanso en mi carrera como abogada, no por ambición personal, sino para darles la mejor vida posible. Creía firmemente que éramos un equipo, una familia unida. Qué tonta fui.

Esa noche, elegí mi mejor vestido, un elegante diseño rojo que Ricardo siempre había dicho que le encantaba. Me arreglé el cabello y me maquillé con esmero, sintiendo mariposas en el estómago como una adolescente. La idea de una noche romántica solo para nosotros dos me hacía sonreír. Al llegar al exclusivo restaurante, el mesero me guio hacia una terraza privada, adornada con velas y pétalos de rosa. La escena era perfecta, sacada de una película romántica. Pero la película no era la mía.

En el centro de esa escena perfecta, vi a mi esposo, Ricardo. Pero no estaba solo. Estaba de pie, muy cerca, de una mujer que reconocí al instante, Isabella, su novia de la universidad, su "gran amor perdido". Él le susurraba algo al oído y ella reía, una risa que resonó en mis oídos como una burla. Luego, él le entregó una pequeña caja de terciopelo. Mis piernas se sintieron débiles, el aire se escapó de mis pulmones. Esto no era una sorpresa de aniversario para mí, era una celebración para ella.

Me escondí detrás de una columna de piedra, el corazón martillándome en el pecho con un dolor agudo. Quería gritar, correr hacia ellos, pero algo me detuvo. Fue entonces cuando escuché a mi hija, Valentina, que salía de la penumbra.

"Papá, ¿le gustó el regalo a Isa?"

La voz de mi hija, llena de complicidad, fue un golpe aún más duro.

Ricardo se giró y le sonrió a Valentina. "Le encantó, mi amor. Y espera a que pruebe el platillo especial que preparamos."

Isabella miró a Valentina con una sonrisa calculadora. "Sí, Vale. Tu papá me dijo que el ingrediente principal es algo que tu mamá odiará. Eso lo hace aún más delicioso."

Valentina se rio. "Sí, el estúpido de Churro. Por fin nos deshicimos de ese perro molesto. ¡Ya era hora!"

Un frío helado recorrió mi cuerpo entero. Churro. Mi pequeño chihuahua. Mi compañero fiel, la única criatura que me recibía con alegría incondicional cada día. No podía ser. Era una broma de mal gusto, una pesadilla.

Escuché a Ricardo añadir con desdén: "Tu mamá siempre amó más a ese perro que a las personas. A ver si con esto aprende cuál es su lugar."

La conversación continuó, pero yo ya no escuchaba. Las palabras "ingrediente principal", "platillo especial" y "Churro" se repetían en mi cabeza como un eco infernal. La imagen de mi perrito, sus ojos llenos de confianza, su pequeño cuerpo temblando de emoción cada vez que me veía, se superpuso con la imagen de la comida que pronto servirían en esa mesa. El horror me ahogó, un nudo de pura náusea se formó en mi garganta. Mi familia, las dos personas que más amaba en el mundo, no solo me habían traicionado, habían cruzado una línea de crueldad que mi mente se negaba a comprender.

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