La sangre hirvió en mis venas, borrando el dolor y dejando solo una furia blanca y pura. Ya no era la esposa abnegada, la madre comprensiva. Era una leona herida, y mi mundo se había convertido en un campo de batalla. Sin pensar, salí de detrás de la columna y caminé hacia ellos, mis tacones resonando en el suelo de mármol como sentencias de muerte.
Sus sonrisas se congelaron al verme. La cara de Ricardo pasó de la sorpresa a la irritación en un segundo.
"Sofía, ¿qué demonios haces aquí? Te dije que nos veríamos en la entrada."
Isabella me miró con una falsa inocencia, aferrándose al brazo de Ricardo como si yo fuera la intrusa.
Valentina frunció el ceño, su rostro juvenil contorsionado por el desprecio.
"Mamá, ¿por qué siempre tienes que arruinarlo todo? ¡Esta era una noche especial!"
"¿Especial?", mi voz salió como un siseo, temblando de ira contenida. "¿Especial para quién, Valentina? ¿Para celebrar que tu padre me engaña con esta mujer? ¿Para celebrar que ustedes dos son unos monstruos?"
Ricardo dio un paso adelante, intentando tomar mi brazo, pero lo aparté con un manotazo.
"No te atrevas a tocarme."
Él suspiró, adoptando un aire de mártir. "Sofía, no es lo que parece. Isabella y yo solo somos viejos amigos, nos encontramos por casualidad. Y Valentina quería darle una sorpresa a su madrina."
"¿Madrina?", repetí, la palabra sabiendo a veneno en mi boca. "¿Desde cuándo esta mujer es su madrina? ¿Desde que se acuesta con su padre a mis espaldas?"
Isabella finalmente habló, su voz melosa y llena de veneno. "Sofía, por favor, no hagas una escena. Estás avergonzando a tu familia."
"¿Mi familia?", me reí, una risa amarga y rota. "Mi familia está aquí, conspirando para servirme a mi perro en un plato. ¿Eso no les da vergüenza a ustedes?"
Valentina intervino, su voz chillona y llena de odio.
"¡Ay, ya vas a empezar con el perro! ¡Siempre el estúpido perro! ¡Lo amabas más a él que a mí, tu propia hija!"
"Eso no es verdad y lo sabes", le respondí, el corazón hecho pedazos al ver el abismo que nos separaba. "¿Cómo pudiste, Valentina? ¿Cómo pudiste hacerle eso a Churro?"
"¡Fue fácil!", gritó ella, con una crueldad que me heló los huesos. "¡Papá dijo que era una prueba para ver si realmente quería a Isabella como mi nueva mamá! ¡Y la pasé! ¡Ella sí me quiere, no como tú, que solo te la pasas trabajando!"
Cada palabra era un puñal. Miré a Ricardo, buscando una pizca de remordimiento, una señal de que esto no era real. Pero solo vi fastidio en sus ojos.
"Sofía, cálmate. Valentina es una niña, no sabe lo que dice. Estás exagerando."
Fue en ese momento que lo entendí. No era una exageración para ellos. Mi dolor, mi amor por mi mascota, mi dedicación de una década, no significaba nada. Yo era un obstáculo, un mueble viejo en la casa que ya no combinaba con la nueva decoración. Todo lo que había construido, cada sacrificio, cada noche sin dormir preocupada por ellos, cada peso ganado para su bienestar, se había disuelto en el aire, como si nunca hubiera existido. Estaba sola, completamente sola, rodeada de los rostros de las personas que se suponía debían amarme, y en sus ojos solo veía desprecio.