Género Ranking
Instalar APP HOT
La Abogada Traicionada: Renace Fénix
img img La Abogada Traicionada: Renace Fénix img Capítulo 3
4 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 3

Esa misma tarde, mientras revisaba unos documentos en mi despacho en casa, escuché a Ricardo llegar. Entró directamente a su estudio, que estaba al lado del mío, y cerró la puerta. Era inusual. Normalmente, vendría a saludarme primero.

Agudicé el oído. Gracias a las paredes delgadas de la casa antigua, a veces se podían escuchar conversaciones. Escuché el murmulullo de su voz, bajo y apresurado. Me levanté en silencio y me pegué a la pared que compartían nuestros estudios.

"...no puedes llamarme así, Valeria. Estoy en casa".

Había una pausa. Podía imaginar a la mujer al otro lado de la línea, probablemente quejándose.

"Ya sé, ya sé que te lo prometí... No, no puedo ahora. Sofía está aquí".

Otra pausa, más larga esta vez. Su voz se volvió un susurro tenso, cargado de deseo y frustración.

"Escucha, me muero de ganas de verte. De tocarte... Sí, justo como anoche. No digas eso, me vas a volver loco".

Escuché un sonido gutural, un suspiro contenido. El sonido de un hombre luchando contra su propio cuerpo. Me sentí sucia solo por escucharlo, una oleada de asco me recorrió entera. Era real. Todo era real.

"Tengo que colgar. Te llamo más tarde. Sí... yo también".

Colgó. Hubo un silencio denso. Luego, escuché el sonido del grifo de su baño privado abriéndose a toda presión. El ruido del agua fría salpicando con fuerza. Me lo imaginé allí, con la cara bajo el chorro, intentando apagar el fuego que esa mujer había encendido en él. Qué patético. Qué hipócrita.

Me alejé de la pared, sintiendo un frío glacial en mi interior. No había dolor, no había lágrimas. Solo una claridad cortante. Cada palabra que había escuchado era una pieza más de evidencia, un clavo más en el ataúd de nuestro matrimonio.

Unos minutos después, la puerta de su estudio se abrió. Salió con el pelo ligeramente húmedo y una sonrisa forzada.

"Hola, mi amor. Perdona que no te saludé antes, una llamada urgente del trabajo. Un cliente con problemas".

"No te preocupes", dije, sin levantar la vista de mis papeles. Mi voz sonó increíblemente calmada.

"¿Qué haces?", preguntó, acercándose.

"Revisando el caso de los laboratorios farmacéuticos. Es complicado".

"Déjame ver. Quizás pueda ayudarte".

Se inclinó sobre mi hombro para mirar los documentos. Su cercanía me repugnaba. Olía a mentiras.

"No, gracias. Puedo con ello", dije, un poco más cortante de lo que pretendía.

Él se enderezó, sintiendo de nuevo mi rechazo. Su rostro mostró una sombra de irritación, pero la ocultó rápidamente.

"Como quieras, campeona. Oye, estaba pensando... ¿y si esta noche pedimos comida tailandesa? Tu favorita".

"Claro", respondí, aunque la idea de compartir una comida con él me revolvía el estómago. "Lo que tú quieras, Ricardo".

Él sonrió, creyendo de nuevo que todo estaba bajo control. No tenía ni idea de que yo estaba observando cada uno de sus movimientos, cada una de sus mentiras, archivándolas en mi mente como si fueran expedientes para un juicio. Y el veredicto ya estaba decidido. Culpable.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022