Género Ranking
Instalar APP HOT
Amor Traicionado: La Bestia Despertó
img img Amor Traicionado: La Bestia Despertó img Capítulo 4
5 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 4

Sofía no siempre había sido así. O quizás, la crueldad siempre estuvo latente, esperando la excusa perfecta para salir a la superficie.

Rodrigo no era su amigo de la infancia. Era el hijo huérfano de una lejana prima de su padre, un niño que sus padres habían acogido cuando él tenía diez años y Sofía quince. No era un hermano, sino más bien un protegido, un proyecto. Sofía, ya una adolescente con aires de grandeza, lo había tomado bajo su ala. Le enseñó a vestir, a hablar, a moverse en los círulos sociales a los que aspiraba. Él era su creación, su muñeco viviente.

Cuando Sofía cumplió dieciocho años, Rodrigo, que entonces tenía trece, le confesó su "amor" en una carta torpemente escrita. Sofía se rió, lo trató como un niño tonto y guardó la carta como un trofeo. Poco después, sus padres lo enviaron a un internado en el extranjero para que "recibiera una educación adecuada" .

Años más tarde, Rodrigo regresó. Ya no era un niño escuálido, sino un hombre esculpido por horas de gimnasio, con un rostro que ahora era popular en las redes sociales. Regresó con una historia de éxito y una nueva estrategia. Se presentó ante Sofía no como un pretendiente, sino como su devoto admirador, su "hermano del alma" , el único que la entendía de verdad. Y en un momento de debilidad, después de una pelea con sus padres, Sofía le confesó que ella también lo "amaba" , de una manera platónica y retorcida. Él se fue al día siguiente, diciendo que no podía soportar amarla en secreto, dejándola con un sentimiento de anhelo y drama que a ella le encantaba.

Fue durante esa ausencia de Rodrigo que conoció a Miguel Ángel.

Se conocieron en un parque. El perro de una anciana se había soltado y corría hacia una avenida con mucho tráfico. Miguel Ángel, que pasaba por allí, no lo dudó. Se lanzó delante de un coche, agarró al perrito y rodó por el asfalto, raspándose los brazos pero salvando al animal.

Sofía, que lo vio todo desde su auto de lujo, quedó impresionada. No por el acto heroico en sí, sino por la falta de miedo de Miguel Ángel, por su conexión innata con los seres vivos, algo que a ella le era completamente ajeno y, por tanto, fascinante.

Él era un tatuador de renombre, un artista. Su cuerpo era un lienzo de historias y su estudio, heredado de su abuelo chamán, era un santuario de misticismo y arte. Sofía se sintió atraída por su autenticidad, por ese mundo tan diferente al suyo, lleno de superficialidad y apariencias.

Se casaron rápido. Miguel Ángel estaba genuinamente enamorado. Sofía estaba enamorada de la idea de él, del trofeo que representaba: un hombre talentoso, sensible y conectado con algo más profundo.

El problema empezó cuando Miguel Ángel descubrió la caja donde Sofía guardaba las cartas y fotos de Rodrigo. Vio la devoción casi adolescente en las palabras de ella, la obsesión en las de él. Cuando la confrontó, Sofía lo acusó de celoso y paranoico.

"¡Es mi pasado! ¡Él es como un hermano para mí!" , le gritó.

Pero la confianza de Miguel Ángel se había roto. Sutilmente, empezó a notar cómo Sofía lo comparaba con Rodrigo. La forma en que se vestía, la música que escuchaba, sus opiniones. Todo era sutilmente juzgado y encontrado deficiente en comparación con el idealizado Rodrigo.

Fue entonces cuando Miguel Ángel, en un acto silencioso de autopreservación, decidió que no quería traer un hijo a ese matrimonio. Sofía quería un heredero, alguien para consolidar su estatus. Él empezó a asegurarse de que eso no sucediera, usando protección en secreto. Cuando Sofía se dio cuenta después de un año sin resultados, la furia fue monumental. Lo vio como la traición definitiva, una negación de su deseo. La relación se agrietó sin remedio.

Y justo en ese momento de máxima tensión, Rodrigo regresó.

Regresó con una historia dramática: una enfermedad cardíaca rara y terminal. Los médicos, según él, le daban pocos meses de vida.

"Solo volví para despedirme de ti, Sofi. Eres lo más importante que he tenido" , le dijo, con lágrimas en los ojos.

La noticia destrozó a Sofía y la llenó de una determinación feroz. Su proyecto, su creación, no podía morir. Se obsesionó con salvarlo. Gastó fortunas en los mejores médicos, que siempre parecían perplejos ante la "rara" condición de Rodrigo, cuyos síntomas cambiaban constantemente.

Fue Rodrigo quien, sutilmente, plantó la idea. Un trasplante. Pero no de un donante cualquiera. Necesitaba un corazón "compatible" , uno que tuviera una "conexión espiritual" con él.

La mirada de Sofía se posó en Miguel Ángel. Él era fuerte, sano. Y, en su mente retorcida, le debía algo. Le debía una vida.

Una mañana, lo despertó con una sonrisa y una taza de café.

"Mi amor, los médicos de Rodrigo quieren hacer pruebas de compatibilidad a todos los cercanos. Es solo un protocolo. ¿Podrías ir a hacerte unos análisis de sangre? Por mí" , le pidió con una dulzura que no había usado en años.

Miguel Ángel, a pesar de sus sospechas, accedió. No podía negarse a algo que parecía un acto humanitario. En la clínica privada de Sofía, una enfermera le sacó no uno, sino diez tubos de sangre. Él se sintió débil y mareado, pero lo atribuyó al ayuno.

Esa misma tarde, harto de la farsa y la tensión, le pidió el divorcio.

"No puedo más, Sofía. Esto no es un matrimonio, es un infierno. Te daré lo que quieras, pero déjame ir" .

La reacción de Sofía fue helada.

"¿Divorcio? ¿Ahora? ¿Cuando mi Rodrigo se está muriendo? Eres un egoísta. No te irás a ninguna parte. Me debes" .

Fue entonces cuando Miguel Ángel, con el alma flotando en la oscuridad de su tumba sin nombre, lo comprendió todo. La sangre no era para pruebas. Era para debilitarlo. El plan de matarlo no había sido un arrebato de ira. Había sido premeditado. El ataque de pánico de Rodrigo, la pelea por "El Guardián" , todo había sido una puesta en escena para justificar lo que ella ya había decidido hacer.

Lo habían matado por un corazón. Un corazón que ni siquiera necesitaban, para un hombre que no estaba enfermo, todo orquestado por una mujer que había confundido la obsesión con el amor y la crueldad con la fuerza.

Su espíritu aulló de dolor y rabia.

¡Tú me engañaste! ¡Me mentiste! ¡Pateaste a mi perro hasta matarlo! ¡Me encerraste en un sótano para que me devoraran vivo! ¡Y todo por un mentiroso! ¡Tú no eres una mujer, eres un monstruo!

Pero sus gritos seguían siendo silenciosos, ecos perdidos en la eternidad.

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022