La respuesta a su arrebato de dignidad fue brutal y rápida, los Vargas la encerraron en un cuarto oscuro en el sótano, sin ventanas, con una sola bombilla que parpadeaba débilmente.
"Te quedarás aquí hasta que aprendas a respetar a esta familia", sentenció su padre antes de cerrar la puerta con llave.
En la oscuridad, rodeada por el olor a polvo y humedad, Sofía no sintió miedo, por primera vez en mucho tiempo, se sintió en paz, la batalla había terminado, había perdido, pero en esa derrota encontró una extraña forma de liberación.
Su teléfono vibró en su bolsillo, ignoró las llamadas y los mensajes de sus padres, en cambio, se concentró en su futuro, en Milán, en los diseños que llenaban su mente, en la vida que construiría para sí misma, lejos de ellos.
Finalmente, una llamada logró pasar, era su madre.
"Sofía, ¿por qué no contestas?", dijo Patricia, su voz no era de preocupación, sino de reproche. "¿Por qué no explicaste lo del vestido? Tu profesora ya llamó y nos lo aclaró todo, nos hiciste sentir terribles".
Sofía no pudo evitar una risa amarga.
"Valentina está muy arrepentida", continuó su madre, ignorando la risa de Sofía. "Se siente tan mal que hemos decidido llevárnosla de viaje para que se anime, nos vamos a la playa por unos días, te quedarás sola en casa, para que reflexiones sobre tu comportamiento".
"Está bien", dijo Sofía, su voz plana y sin emoción.
"Cuando volvamos, te compraré ese bolso que te gustó el otro día", añadió su madre, como si un objeto pudiera borrar la crueldad. "Pórtate bien".
Sofía colgó, la promesa de un regalo ya no significaba nada, era solo otra herramienta de manipulación, otra cadena que intentaban ponerle.
Se rió de nuevo, una risa que resonó en el pequeño cuarto oscuro, la risa de alguien que finalmente es libre.
Aprovechó la ausencia de la familia como una oportunidad, cuando la empleada doméstica, siguiendo órdenes, le abrió la puerta al día siguiente, Sofía salió del sótano y comenzó su trabajo.
No era un trabajo de venganza, era un ritual de borrado, una forma de eliminar todo rastro de su existencia en esa casa.