Estaba sentada en el borde de la cama, mirando el vestido que Elena había dejado para mí, era un vestido formal, de un color beige aburrido, el uniforme de una vida que no sentía mía, mi celular vibró sobre la colcha, rompiendo el silencio tenso.
Lo tomé sin ganas, pensando que era otro mensaje de ánimo de mis padres, pero el nombre en la pantalla me heló la sangre.
Miguel.
Era imposible, Miguel, mi hermano mayor, había desaparecido hace tres años, se fue a Estados Unidos buscando una vida mejor para nosotros dos, prometió que volvería por mí, pero nunca lo hizo, las autoridades lo dieron por muerto, mis padres adoptivos me dijeron que lo aceptara, que siguiera adelante.
Pero yo nunca lo creí.
Mi pulso se aceleró, mis dedos temblaban mientras abría el mensaje, eran solo unas pocas palabras, pero cada una de ellas se clavó en mi mente.
"No vayas al examen. No confíes en ellos. Te estoy buscando."
Leí el mensaje una y otra vez, mi respiración se atoraba en mi garganta, era su forma de escribir, corta, directa, la misma que usaba cuando me dejaba notas en el refrigerador en México, era él, tenía que ser él, la esperanza que había mantenido enterrada por tres años explotó dentro de mí, una mezcla de alegría y pánico.
Miguel estaba vivo, y me estaba advirtiendo.
Sin pensarlo dos veces, intenté llamar al número, el corazón me latía tan fuerte que lo sentía en los oídos, esperaba escuchar su voz, la voz que tanto extrañaba.
Pero una grabación automática y fría me respondió.
"El número que usted marcó no existe."
La frustración me golpeó como una pared, ¿cómo era posible?, ¿era una broma cruel?, miré el mensaje de nuevo, no, no podía ser una broma, el sentimiento era demasiado real.
La puerta de mi cuarto se abrió de golpe, era Elena, su sonrisa era amplia, pero sus ojos no sonreían, eran duros, insistentes.
"Sofía, ¿ya estás lista? Javier nos está esperando abajo, no puedes llegar tarde a un día tan importante."
Mi mente trabajaba a toda velocidad, el mensaje de Miguel, la advertencia, la presión de Elena.
"No confíes en ellos."
Mi celular vibró de nuevo en mi mano, lo escondí rápidamente bajo la almohada, pero no antes de ver el nuevo mensaje del mismo número desconocido.
"¡ES UNA TRAMPA! ¡NO VAYAS!"
El pánico se apoderó de mí, necesitaba tiempo, necesitaba pensar.
Me levanté de la cama, forzando una sonrisa.
"Sí, mamá, solo... solo me sentía un poco nerviosa, voy al baño a refrescarme y bajo en un minuto."
Caminé hacia el baño, sintiendo su mirada en mi espalda, cada paso se sentía pesado, como si caminara sobre lodo, cerré la puerta y me apoyé contra ella, tratando de calmar mi respiración, abrí la llave del agua para hacer ruido y me miré en el espejo, mi reflejo era el de una extraña, una chica pálida con los ojos llenos de miedo.
¿Qué estaba pasando?
La voz de Elena sonó desde el otro lado de la puerta, impaciente, dura.
"¡Sofía! ¿Qué tanto haces? ¡Se nos hace tarde! ¡Javier está perdiendo la paciencia!"
Su tono ya no era amable, era una orden, la misma autoridad que usaban para controlar cada aspecto de mi vida desde que llegué aquí.
Respiré hondo, tenía que salir de ahí, tenía que averiguar la verdad, por Miguel, por mí.
"Ya voy," respondí, tratando de que mi voz sonara normal, "ya bajo."
Apagué el agua y abrí la puerta, lista para enfrentar lo que fuera, la mentira que era mi vida estaba a punto de romperse.